Visiones de diversos tipos
Estimado señor Muro Parapsicológico, me dirijo a usted para contarls algo que me sucedió anoche. Dada la gravedad de la experiencia, desearía que se mantuviera la confidencialidad de mi relato y que no se facilitasen copias a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, que me vigilan día y noche y ya disponen de mis huellas dactilares y de fotografías mías en las que salgo desnudo.
Desde hace un mes vengo sufriendo lo que mi médico de cabecera denomina “alucinaciones paranoides”, pero que un numerólogo y sensitivo amigo mío considera “revelaciones multifásicas”. Obviamente, concedo más crédito a la opinión de mi amigo, porque ha asistido a numerosas convenciones de la Sociedad Ufólogica de Aranjuez y da charlas con frecuencia en una ONG radicada en Peñaranda de Bracamonte, dedicada a la protección de abducidos y, en especial, de mujeres violadas por extraterrestres.
Las revelaciones, que así he decidido llamarlas, tienen lugar casi constantemente. Se manifiestan en forma auditiva y visual, siendo las primeras más frecuentes y persistentes. Como ejemplo pondré mi experiencia en un conocido café de la capital de España. Estando yo sentado allí, tomando mi tradicional café con pastas de las cinco de la tarde, observé que, en un programa sobre la reproducción asistida del lince ibérico se hacía una mención a mí. Nada más y nada menos, se afirmaba que yo era el culpable de que esta especie estuviera en vías de extinción y que, además, tenía un historial muy oscuro como enjaulador de mirlos y avutardas. Naturalmente, llamé por teléfono a la emisora y me dijeron que en ningún momento se había hecho mención alguna a mi persona.
Pues bien, pasaron dos días y, mientras veía el programa de María Teresa Campos, me vi sentado en la mesa de debate vestido de mujer y criticando a George W. Bush. Nuevamente, llamé a la emisora y me dijeron que no, que aquello no había sucedido. Recurrí entonces a mi amigo el sensitivo y me comentó que era más que posible que hubieran habilitado un canal especial subliminal programado única y exclusivamente para criticarme. Como es lógico, creí a mi amigo y me fui a casa preocupado y con una solución temporal sugerida por él: dibujarme una cruz en el pecho con aceite de coche cada noche antes de irme a dormir. Así, me comentó mi amigo, cuyo nombre no tiene importancia, mantendríamos alejados los espíritus bosquimanos que ayudan en la difusión de las ondas hertzianas que contribuyen a que se me critique en televisión.
Quiero dejar claro que no pretendo adquirir fama con mi denuncia, simplemente llamar la atención sobre mi caso y el de otras muchas víctimas de este complot mediático. Somos un colectivo incomprendido y mal tratado por la comunidad médica y exigimos solidaridad y disculpas públicas y que se deje de programar la televisión para insultar directamente a particulares.
Sin ningún otro particular, reciban un cordial saludo de:
Pedro Páramo Rulfo, editor de la revista “Nos vigilan”.