AMPLIACIÓN SOBRE EL REY ARTURO

 

 

Respetado Muro,

En primer lugar, felicitarle por su página, que está contribuyendo a expandir los conocimientos de los que muchos llaman ciencias oscuras, ciencias paralelas o paraciencias. He encontrado en la lectura de los artículos y cartas publicadas momentos de solaz y relajo para mi, por otro lado, atormentado espíritu.

Leí recientemente, y con gran turbación de mi alma, la carta en que un humilde y sabio lector descubría la verdad sobre el Rey Arturo. Las lágrimas inundaron mis ojos al ver confirmados en las palabras de tan ímprobo y selecto remitente mis años de estudio.

Sin embargo, y aún a riesgo de pecar de prepotente, quisiera hacer un par de puntualizaciones y ampliar, aún más si cabe, los contenidos de tan iluminadora carta.

En primer lugar, mis cálculos y lecturas cabalísticas indican que el lugar donde se custodia el Cáliz de la Última Cena no es Cali, Colombia, sino la muy Ilustre y muy Honorable villa de Cádiz, faro que ilumina al mundo con su gracejo y su sabiduría popular.

En segundo lugar, explicar el nombre de la residencia del Rey Arturo. El nombre de Camelot no es más que una patraña creada como mofa y burla por los escritores infieles que con inquina e iniquidad mancharon el buen nombre de Nuestro Salvador Jesucristo. La etimología semiticoaltáica de la palabra “Camelot” nos indica que con puede ser el nombre de un palacio Celta, ya que los celtas, al proceder de la actual Vigo, hablaban una lengua parasintáctica de origen insular.

En efecto, “Camelot” viene de la misma raíz que “camello”, y fue una palabra tomada del árabe durante las Cruzadas. Durante estas contiendas, los soldados romanos se encontraban frecuentemente con mercaderes árabes que intentaban venderles camellos (camelos en latín tardío) con mala salud que morían pronto. Debido a la natural inclinación de las razas semíticas a la estaba provocó que rápidamente la palabra Camelo pasara a significar “engaño”. Después de una mutación en la forma de la palabra, “Camelot” fue utilizada por los ingleses para llamar así al palacio de Arturo.

Una vez aclarado este punto, me gustaría resaltar la relación de José de Arimatea con las Guerras Púnicas. Una vez muerto Jesús, los judíos quisieron borrar todas las huellas de su horrendo crimen y mandaron asesinar a toda su familia y amigos. Por fortuna, los apóstoles y la Virgen María consiguieron salvarse, no así María Magdalena ni su hermana Esther. José de Arimatea fue uno de los que lograron escapar a dicha matanza convirtiéndose en refugiado de los Cartagineses. Los romanos, en aquel tiempo, y debido a razones políticas y a otras más oscuras relacionadas con la masonería, eran aliados de los judíos, así que llevados por su sanguinario deseo de venganza, atacaron Sumeria, provocando una guerra con Cartagena, la llamada Guerra Púnica.

Finalmente, y para terminar, aclarar que aunque la historiografía para-oficial afirma que estaba situado en Gales, otros autores afirman que estaba situado en Skopje, actual Escocia.

Sin más, me despido de ustedes, lamentando la muerte de Juan Leal Sanz, a quien tuve el gusto y el honor de estrechar su mano en una ocasión.

 

Atentamente,

Gabriel Rojas, Catedrático de Concupiscencia en la Universidad de Northumbria, Perú.

 

 

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