EL RECTOR REPRESOR

 

Estimado señor Muro y compañeros:

 

            Les escribo para denunciar lo que sucede en la Universidad de Sevilla y de lo que se han tenido noticias. Nadie se atreve a alzar su voz en contra de la situación y yo, que me considero persona cabal y de buenas costumbres, no puedo callar por más tiempo. He te hablar aunque sea lo último que haga. Confío en que mi arriesgada labor sea reconocida en el futuro.

 

            Hace ya un año hubo movilizaciones generales en la universidad para llamar la atención sobre la problemática de la enseñanza en España, pero todo era una cortina de humo destinada únicamente a desviar la atención del verdadero problema: la represión del rector Florencio.

 

            Señores, es vergonzosa la situación que vivimos en nuestra facultad. Voy a explicar brevemente la problemática para que puedan comprobar el ambiente de represión en el que vivimos.

 

            En primer lugar, el rector represor Florencio o obligado a todos los estudiantes de la universidad a hablar lengua etrusca cuando están dentro de esta institución y sólo se permite el uso de la lengua española en la intimidad familiar y en los servicios, donde también se habla euskera guipuzcoano.

 

            En segundo lugar, el rector ha ido sustituyendo paulatinamente a los bedeles por legiones de androides violentos que maltratan a los alumnos si, por ejemplo, hacen uso de la lengua española. Además, ha ido introduciendo lacayos en los servicios para que pasen papel higiénico a los alumnos y, en ocasiones, a pesar de ser eunucos, tratan de abusar de ellos.

 

            En tercer lugar, nadie se percata de que muchos alumnos son secuestrados por el Departamento del Amor para ser interrogados y torturados, sobre todo se visten ropa interior de encaje en secreto o si sufren epilepsia viciosa. Lo más triste es que a algunos alumnos se les ofrece la alternativa de que se quemen a lo bonzo y muchos acceden con tal de no ser sometidos a las caricias del potro.

 

            Para concluir, les rogaría que negaran siempre el haber leído este artículo de denuncia, pero que procuren desactivar a los androides rociándolos con zumo de manzana, que les oxida los circuitos de forma casi instantánea y fulminante y que procuren en lo posible boicotear las publicaciones en lengua etrusca que circulan clandestinamente por el submundo de Sevilla.

 

           

            Aniceto Sáenz Monteagudo    

           

 

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