Contra la psiquiatría actual
Estimado señor Muro y demás colaboradores:
He decidido enviarles este escrito ahora que tengo un poco de tiempo y me he tomado unos días de retiro en la Costa de los Arenques. Me dedico a la psiquiatría de forma privada, pero soy cantaor de flamenco y también autor de varios libros de autoayuda que pueden encontrarse en cualquier librería, como: “Astrología y bulería aplicadas a ti”, “Como el quejío puede ayudarte” y “Superar la hidrofobia canina”. Están editados por la editorial Vudú Blanco.
El propósito de mi artículo es poner de relieve los cambios surrepticios que han ido ocurriendo en la psiquiatría en los últimos tiempos y que, es mi impresión, sólo yo he advertido de forma clara. Mis convulsines nocturas, mis poluciones y mis noches de duermevela deberían ser suficiente para justificar la gravedad de lo que voy a relatar, porque la persecución de que soy objeto es un atentado contra la intimidad y un signo evidente de que los rayos cósmicos comienzan a hacerse sentir en ese lugar maldito que no tiene nada que ver.
[Os voy a matar a todos.] Como les vengo diciendo, mis desvelos han sido muchos y mi padecer casi inhumano, pero agradezco ese suplicio infinitamente, porque sé que todos es en aras de la humanidad que no se ve y del amor que el Patriarca Cerúleo nos tiene a todos aunque no lo sepamos con la certeza típicamente notada en círculos de té y de pastas.
Tal y como el Precursor Último anunció cuando las estrellas ígneas cayeron por última vez en la tierra de Sipo Tegor Dosh, tierra natal de Valerio el Areopagita, en el Ciclo Medio de la inclinación orbital de Neptuno Alfa nacerá el Precursor Primero por primera vez para no redimir a la humanidad semicorpórea, sino para fundirse carnalmente con el Bosque Ardiente de Zeta Methis, en la curva máxima del apogeo orbital de Mercurio. [Ya huelo vuestra sangre.]
¿Cómo puede suceder esta locura? Es posible que el perseguidor, simplemente, ocupe el mismo lugar que el perseguido cuando la elipse orbital se cruce con el asteroide perdido de Arión Alonso, el Segundo Profeta frigio que salvará a la segunda humanidad cuando la cuarta dimensión reaparezca. ¿Y qué sucederá entonces? Una legión de ratas carnívoras nos devorarán cuando anochezca por última vez en el Reino de la Concha Negra. Es así de simple, y así de terrible.
¿Y de qué manera salvará a la humanidad el Quinto Figo? Sólo mediante la meditación eterna sobre las hierbas azules de las praderas de la Hungría turkmena podrá suceder. Y ése es el camino fácil. La humanidad está simplemente condenada, y los negros también, porque ellos son la primera humanidad después de los primeros alcornoques de corteza extraíble. Así hablo Arión, y así lo interpretó Juan Leal. [Alabemos a Manuel, en la época de los grandes locos.]
Ni los guiños que se introducen en la programación de la televisión para intentar volverme loco, ni los mensajes crípticos en las emisoras de radio, ni siquiera las ciudades que se construyen sólo para que cuando yo pase por ellas en tren me crea cerca de la civilización humana, podrán apartarme de mis estudios sobre psiquiatría y no evitarán que denuncie que David, ese ser cuya morada existirá por siempre en una isla de una maldad ya conocida por todos, ha secuestrado nuestras mentes y que su visión apocalíptica de la vida en la Tierra no tiene absolutamente nada que ver con esa maravillosa teoría. La psiquiatría es una sucia parodia de una perversión. [Y en el muro blanco se escribirá con sangre: “Él ha llegado”.]
Alberto Berubi Berbiquí. (Psiquiatra, cantaor y escritor).
[Están entre nosotros…]
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