PERSECUCIÓN
Respetado Muro Parapsicológico:
le remito esta carta porque ya no puedo soportar por más tiempo la persecución sistemática que se está haciendo de mi persona y que se viene produciendo desde que me decidí a hacer públicos los documentos que desvelaban la conspiración más importante que jamás se haya tramado. Estoy muy desesperado y no sé ya a quién recurrir.
Cuando era aún mozo, a los diecinueve años, descubrí que mi verdadera vocación era hacerme sacerdote. Fui al seminario y, tras sufrir las violaciones anales correspondientes, logré centrarme en una línea de investigación que me fue revelada un sábado por la noche mientras oraba en mi celda de aislamiento antibubónico. Debía investigar la misteriosa desaparición de los hunos blancos, cuya estela se extendió durante largos años por Asia central.
Mis averiguaciones me llevaron a sospechar de numerosos personajes públicos de Europa, especialmente de Canadá y Alaska. No era mi intención sacar sus trapos sucios, pero fue imprescindible en aras de la verdad y de demostrar mi honradez. Pero la venganza iba a ser terrible y se dejó notar rápidamente cuando comenzaron a sucederme cosas misteriosas y pavorosas.
El primer indicio que tuve de que me espiaban se hizo notar cuando comprobé que un extraño personaje me perseguía día y noche allá donde iba. Se trataba de una chica joven, ambigua, que vestía pantalones holgados y tocaba la guitarra. Inmediatamente supuse que era una espía contratada por los servicios secretos moldavos, pero nadie me creyó cuando acudí a la policía local a poner una denuncia.
El segundo indicio llegó en forma de mensajes SMS a mi móvil de forma obsesiva. En ellos me amenazaban con matar a diez yugoslavos por cada bielorruso que apadrinara. Denuncié el caso ante Unicef, pero se volvieron a reír de mí.
Las calumnias constantes contra el gremio de chapistas de mi ciudad fueron el tercer indicio inequívoco de la persecución directa hacia mi persona, y más aún sabiendo que yo padecía en esos tiempos de triquinosis. Lo consideré un golpe bajo ante el que no tenía forma de defenderme. Por tanto, no hubo denuncias.
El cuarto indicio llegó cuando construyeron un famoso par de rascacielos en Madrid. Obviamente, el hecho de que estuvieran inclinados era una crítica directa contra mi persona, insinuando que mi miembro viril es curvo. No tengo por qué avergonzarme de esa desgracia congénita ni tampoco tengo por qué soportar que, encima, declararan en televisión en horario de máxima audiencia que se trataba de una crítica constructiva.
Voy a concluir declarando que la persecución contra un español, aunque de pene curvado, es un delito tipificado en el código de catástrofes. Es muy lamentable que alguien que ha contribuido a iluminar al mundo en lo referente a los hunos blancos y a su vudú extraterrestre sea vilipendiado de este modo y que no pueda ni siquiera poner la televisión o dar un paseo por Madrid porque hasta los edificios están construidos para criticarle.
No quiero continuar para que no se me tache de paranoico. Creo que mi exposición ha sido lúcida y muy atemperada y cuento con la colaboración de mis hermanos de Chinchilla de Montearagón y del gremio de enterradores de Jumilla (Murcia). Ellos saben de qué hablo.
La Gran Zanja Parapsicológica.