La facultad oscura de Filología
A lo largo y ancho del mundo hay diversos enigmas que llevan milenios sin ser resueltos y que nadie se preocupa por resolver. Es una gran desgracia que, en esta era científica de asombrosos adelantos técnicos, haya temas que aún no han recibido respuesta y que muchos de éstos estén cayendo en el olvido a causa de la irresponsabilidad de aquéllos que se dedican a perder el tiempo en asuntos nimios como la investigación del espacio o de las turberas escocesas.
Uno de esos enigmas es casi legendario en la milenaria ciudad de Sevilla, donde mil y un misterios aún yacen ocultos bajo la ciudad y donde otros muchos ya han caído en un olvido total y son imposibles de rescatar. Se trata de la antigua facultad de Filología, fundada por un Monje Negro, oriundo a todas luces de KakóV nhsiV ( que puede verterse al español como Isla Maligna), una isla rocosa cercana a Rodas.
Aparte del interés monumental de la legendaria facultad, se intenta establecer su emplazamiento porque fue allí, en algún momento de finales del siglo XIII, donde un grupo de estudiantes amantes de los idiomas inventaron la lengua inicua. Esos muchachos, ataviados con ropajes oscuros y con capuchas siniestras, se reunían en un callejón malsano cercano a la facultad casi a diario para inventar nuevas palabras con las que intentar controlar el saber mediante la paulatina traducción del latín, del griego y del árabe de los textos más representativos de la civilización.
Según el investigador animista Buenaventura Ígneo Garrote, natural de Badajoz pero residente en Sevilla y amante de esta noble ciudad, la facultad formó también a numerosos herejes de diversa catadura. Algunos, se dice, tenían como norma inyectarse sangre de carnero en los ojos y luego recorrer las calles profiriendo gritos de desesperación escupiendo a todos los viandantes que encontraran a su paso. Otros eran flagelantes, algo típico en la época, otros fingían cojera para así solicitar la compasión de sus conciudadanos y, finalmente, otros vagaban por las calles más estrechas y peor iluminadas, portando cirios negros y recitando de memoria versos de carácter satánico con los iris hacia dentro y, por tanto, los ojos en blanco.
En su ideología corrompida figuraba la defensa de normas como desflorar a las jóvenes a los quince años, perseguir a los musulmanes, comer carne de mono y lamer sapos. Se piensa que ellos observaban rigurosamente dichas normas, que les conducirían a la pureza. ¿Qué hombre podría encontrar esas cosas atractivas? Eso es lo que todos nos preguntamos.
Los numerosos pecados de aquella facultad se perdieron en la noche de la historia cuando más del 80% de sus alumnos fallecieron durante la Peste Negra (también llamada Gran Pestilencia) a mediados del siglo XIV. La facultad resurgiría siglos más tarde para convertirse en un lugar amable de aprendizaje de lenguas, pero muchos aún sospechan que la actual facultad está comunicada subterráneamente con la antigua y que un selecto grupo de profesores ( algunos liliputienses y otros hijoputienses ) se dedica a organizar orgías filológicas en algún lugar del subsuelo de Sevilla cercano al antiguo emplazamiento de la facultad.
¿Quién se va a encargar de investigar estos asuntos ahora? ¿Algún gaditano chirigotero? ¿Algún jerezano equino? ¿Algún cordobá moro? No, señores, lo hago yo y llevo haciéndolo desde que entré en el gremio de filólogos. El problema de base es que allí muchos intentan ser más priapistas que el Papa y las investigaciones iniciadas rara vez llegan a buen puerto.
Augusto Leal Minga, historiador, filólogo y rejoneador.
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Oración para invocar al sátrapa Daniel,
Libro de Estertores y Esputos
Facultad Filología. Sevilla, 1311
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