EL ESTONIO: LA LENGUA CONTROVERTIDA AL DESCUBIERTO
Desde hace algún tiempo se viene hablando en círculos lingüísticos alternativos, como en el de Porto Alegre, sobre el origen de algunas lenguas aparentemente poco relacionadas con otras. Conocida ya la noción de que el vascuence es tan rico merced a la superioridad de raza y del rh negativo de sus hablantes, las últimas investigaciones giran alrededor de la familia ugrofinesa de lenguas, y más concretamente en el estonio.
Pero, antes de entrar en materia, remontémonos al origen de las lenguas en el mundo. Es de dominio público que la lengua primitiva en la Tierra fue el romanche, hablado actualmente sólo por un reducido grupo de personas en los Alpes suizos. Esta lengua deriva sin ningún tipo de duda de otra anterior, el Proto-gitano. Pero ésta, a su vez, proviene del Proto-afrogitano, lengua algo tosca de la que se escindió el vascuence poco antes del hundimiento de la Atlántida.
Pues bien, después de la aparición del Proto-gitano en Mesopotamia, hace unos quince mil años, la Humanidad hablaba dos idiomas, uno de ellos el vascuence (lengua bella y superior a todas las demás), y el otro el ya citado Proto-gitano. El mundo continuó así hasta la construcción de la Torre de Babel, momento en el que el Proto-gitano fue convertido en miles de lenguas diferentes por intervención divina. Sin embargo, no se han encontrado indicios de que el estonio surgiera entonces.
Según exhaustivas investigaciones llevadas a cabo por la prestigiosa Asociación Romaní de Chinchilla de Montearagón (muy noble, muy leal y fidelísima villa), la aparición del estonio coincide con el paso del cometa Ejeresa hace varios miles de años. Se baraja la posibilidad de que un fragmento de dicho cometa se desgajara del astro y cayera a la Tierra sin desintegrarse del todo sobre el actual Turkmenistán. Todo apunta a que, junto al meteorito, se encontraron unas tablillas y un diccionario manual Raeliano-Estonio/Estonio-Raeliano. Eso explicaría la irrupción de este idioma maligno de origen extraterrestre en la Tierra.
Pero la cosa no termina aquí, estimados amigos y colegas. El estonio ha influido de forma considerable sobre otras lenguas, como el finés y el español. Es conocida la afinidad del primero con el estonio, pero no tanto la que tiene con el español. De acuerdo con unas recientes investigaciones, el nombre Antonio deriva de la palabra “estonio” (Eesti, en el original). Se aduce que en la antigua Titania del Sur sus habitantes sufrieron una severa hambruna durante tres largos inviernos y que, en sus gélidas y semidesérticas tierras, sólo crecía el pepino albo. Como consecuencia de tanto chupar pepinos, la pronunciación del idioma varió sensiblemente, pasando el prefijo “es-“ a “an-“ debido al extraordinario grosor de los citados pepinos, que impedía que el aire saliera por la boca de forma sibilante y que se recurriera a fonemas nasales como la “n”.
Vicente Barrera Barcaza, licenciado en Lingüística y Filología romaní.
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