LOS CÁTAROS, UNA AMENAZA
CONSTANTE
Señor Muro,
Me dirijo a usted para realizar una denuncia de un hecho que encuentro, cuando menos, abominable si no censurable. Se trata del modo en que los principales gobiernos y religiones del planeta ignoran una de las mayores perversiones teológicas de la historia: la secta de los Cátaros. En efecto, la historiografía oficial indica que dicha perversión fue suprimida por la Madre Iglesia durante la Edad Media, sin embargo, y para desgracia de la Humanidad, nada más lejos de la realidad. Es cierto que el Santo Padre, con la ayuda del Papa, luchó tenazmente contra estos heresiarcas, pero no consiguieron terminar con ellos.
Después de cruentas batallas, los Cátaros, al ver que a pesar de su gran número no podían vencer a los Católicos de buena fe, ya que no contaban con la ayuda de Dios, decidieron dispersarse, para así poder escapar de la justa persecución y exterminio al que estaban siendo sometidos. Ahora bien, ¿a dónde fueron? Pues bien, oficialmente no se sabe, pero yo, gracias a la cábala y a mis estudios sobre historia clásica y metafísica creo haber conseguido descifrar este enigma que amenaza la Paz Mundial. En primer lugar, tuve acceso a una versión manuscrita de la Historia Ecclesiástica, de Herodoto y comentada por Umberto da Bologna con acotaciones y marginalia de los santos varones Giacommo da Hispalis y Michele da Gravina, impresa en Ámsterdam en 1.415. En dicho documento se señala la migración de los Cátaros en dos ramas principales, una a Oriente y otra a Occidente. Con estos datos en mente, realicé una lectura exhaustiva del evangelio apócrifo de Judas durante la que encontré datos que hicieron estremecerme mi alma. Gran razón tenía el Maestro de maestros cuando dijo que por desgracia, la distancia entre la visión extática y el frenesí pecador, es demasiado corta… Así pues, con la información recopilada y un estudio profundo de la numismática sefardí, pude encontrar los asentamientos Cátaros en ambos mundos, el Occidental y el Oriental. Como suele suceder en estos casos, la verdad era evidente y se mostraba virginal y reluciente ante mis ojos, rodeada de un aura mística que seducía la parte oscura de mi alma a la par que escandalizaba a la parte divina de mi espíritu. Sí, los Cátaros, temibles heresiarcas, no se contentaron sólo con causar el mal de su propia existencia, sino que ni siquiera se molestaron en ocultar su temible delito. No, no dudaron en mostrar, mediante signos evidentes, los lugares malditos en que se asentaron. A través del estudio cabalístico de las raíces semánticas he descubierto que los Cátaros se asentaron, y continúan conspirando aún, en dos regiones bien claras del Globo Celeste: Cataluña y Qatar. Creo que no son necesarias mayores explicaciones ni mayores detalles. Que cada uno aplique su inteligencia y diga si no estoy en lo cierto cuando afirmo que dichos lugares no son más que nidos de corrupción y de latrocinio. El que tenga oídos para oír, que oiga.
Salvador Serrano
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