Voz nº 2

Voz núm. 2. Febrer 2005

Voz nº 2. Febrero 2005

 

La Constitución Europea acelerará la deslocalización de la industria

La Unión Europea responderá a la total liberalización del textil con el traslado de industrias al sur y este del Mediterráneo

El 1 de enero la Organización Mundial del Comercio (OMC) eliminó el sistema de cuotas que afectaban al calzado, con la entrada en vigor del Acuerdo en Textiles y Vestidos (ATV); así, ya no habrá un máximo de productos del exterior que entren al mercado europeo. Ante esta perspectiva de apertura a la producción de China, India y Bangladesh, muchos de los empresarios aprovechan el pretexto para bajar la persiana e instalarse en países menos exigentes en costes laborales y medioambientales; y todos ellos reclaman la ayuda estatal (la que pagamos todos) para afrontar la nueva situación.

Todos conocemos el interés de la patronal por deslocalizar la producción para asegurar sus beneficios. Pero no es tan conocido el papel que está teniendo la Unión Europea (UE), en un proceso de consolidación como bloque imperialista que la “Constitución” reforzará.

En 2001, la UE apoyó el ingreso de China en la OMC, después de acordar con ese país una protección -la cláusula de salvaguardia para evitar que sus productos inundasen la UE- y algunas ventajas. Si observamos el crecimiento de las importaciones y exportaciones chinas -muchas de las cuales, por cierto, son elaboradas por firmas europeas- y la excitación de los empresarios europeos por el inmenso mercado que se abre ante ellos, podemos sospechar en qué consisten esas ventajas: facilidades para la inversión y la superexplotación, como ya hacen Nike, Levi’s, etc. en países como Tailandia.

Respecto a la protección acordada, la Comisión (ese gobierno europeo que hace y deshace a espaldas de los ciudadanos) propone cuatro fases de vigilancia de las importaciones chinas (las más cuantiosas). Esa es la famosa protección que nos han estado vendiendo últimamente para que no votáramos contra la “Constitución”. Lo que no cuentan es que la última de esas etapas, la fase roja, que establece un máximo del ¡12,5 %! a las importaciones chinas, sólo será aplicada «si nos vemos inundados por importaciones chinas» (P. Lamy, comisario de Comercio): es decir, cuando la cosa ya no tenga remedio.

Así pues, la gran patronal redondeará su negocio: podrá vender en Asia y, al mismo tiempo, fabricar allí, con lo cual se quitará de encima a una clase obrera más respondona y más cara; y, a cambio, la UE abrirá sus fronteras a una producción que, en buena parte, elaborarán y comercializarán los mismos empresarios occidentales: negocio redondo. La desindustrialización del Estado español responde a una decisión política, en el marco de un diseño del bloque europeo en el que a nosotros nos toca ser los camareros y el geriátrico de Europa.

Pero aún hay una segunda parte: la Europa imperialista quiere asegurarse nuevas zonas de influencia, creando «una zona de libre cambio y de inversiones» en el sur del Mediterráneo. Allí, la UE pretende establecer un “sistema de acceso preferente” que proteja a los países más vulnerables de la competencia asiática; países como Túnez y Marruecos, donde ya se subcontrata parte del trabajo. Así, la UE aprovechará la sacudida de 2005 para integrar bajo su paraguas al arco mediterráneo, asegurándose un área donde invertir con facilidad: es decir, donde poder seguir deslocalizando la industria.

Hosted by www.Geocities.ws

1