Voz nº 2

Voz núm. 2. Febrer 2005

Voz nº 2. Febrero 2005

 

¿Por qué una Asamblea de Trabajadores del Vinalopó?

Ya sabemos que el trabajo en nuestras comarcas se caracteriza por la generalización del empleo precario e ilegal. Muchos empresarios (y algún que otro sindicato) llegan a afirmar que, si no se redujeran de esta forma los costes salariales, no sería posible competir y no habría trabajo para nadie. Pero, en el fondo, lo que les preocupa no es que haya trabajo para todos, sino que su tasa de beneficios aumente o no. Por eso, las grandes empresas invierten en países donde el nivel de vida, y por tanto los salarios, son más bajos; o bien, simplemente, traen de allí calzado y otros productos.

De esa forma, nos están presionando para que reduzcamos aún más nuestros salarios y condiciones de trabajo, aunque el mínimo existencial sea aquí muy superior: por ejemplo, el precio de la alimentación y el resto de productos básicos es mucho más alto.
Además, dado que ellos para ganar dinero necesitan vender, han conseguido que consumamos a crédito unos productos que, si bien hacemos nosotros con nuestro trabajo, no son nuestros. Para redondear la tela de araña que han tejido, una necesidad básica, como la vivienda, se ha convertido en inasequible para los jóvenes, a menos que se endeuden de por vida. Así pues, a nuestro mínimo existencial hay que añadir una cantidad importante para pagar vivienda, coche, DVD, ayudar a nuestros hijos...

El resultado es que nos vemos obligados a aceptar lo que nos quieran dar para poder cubrir esas necesidades que nos impone la sociedad (esa que, como un chiste, políticos y politicastros llaman "sociedad del bienestar"). Y, ¿qué nos quieren dar? Condiciones de trabajo similares a las de esos países donde invierten o de los que importan.

Por eso, poco a poco los gobiernos, empezando por el del PSOE y continuando con el PP (muchas veces con la colaboración de ciertos sindicatos), han introducido los contratos precarios, han aumentado los años de cotización necesarios para la jubilación, han reducido el seguro de desempleo, han empeorado la educación pública... Y, lo que es aún peor, han hecho la vista gorda a la generalización del trabajo ilegal y clandestino en sectores como el calzado, donde muchos empresarios se han llenado los bolsillos ahorrándose la Seguridad Social.

Y es que, cuando los trabajadores no tienen contratos estables, cuando el trabajo es precario o ilegal y no tenemos contratos, cuando se trabaja una semana en un taller, fábrica o comercio y se ignora donde se estará la siguiente, los convenios que firman los sindicatos con la patronal no nos afectan: son una comedia que no tiene nada que ver con nosotros. Lo mismo pasa con ese otro mal chiste de que "todo trabajador tiene derecho a una pensión digna", cuando la verdad es que, para subsistir, nos vemos obligados a trabajar sin contrato y por tanto sin cotizar para esa jubilación.

Visto lo visto, aquí no hay nadie que nos saque las castañas del fuego: sólo nos queda ponernos a organizarnos nosotros, sin distinguir si uno pertenece a un sindicato, a otro o a ninguno; y, siguiendo el camino que han empezado los trabajadores de Elche y Elda, formar asambleas de trabajadores que presionen duro.

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