Movimiento para la Unidad del Pueblo

(MUP)

 

 

 

�Por qu� el MUP apoya la propuesta de formar candidaturas republicanas?

En las �ltimas semanas hemos asistido a un intenso debate sobre la propuesta La unidad nos hace fuertes, lanzada por la Plataforma de Ciudadanos por la Rep�blica; discusiones en las que podemos observar posiciones que van desde la carrera por encabezar a toda costa no se sabe muy bien qu�, hasta el enroque en la propia parcela de �poder�, pasando, claro est�, por la acogida entusiasta de esta iniciativa que ahora saludamos. Pero no es s�lo eso: en bastantes localidades ya se est�n dando pasos para dar forma concreta a esta idea, mediante la elaboraci�n program�tica y la construcci�n de alianzas electorales.

El MUP, o Moviment per la Unitat del Poble (Movimiento por la Unidad del Pueblo), surgi� en Elche/Elx hace tres a�os como una candidatura popular, progresista, que hizo de la reivindicaci�n de la III Rep�blica una se�a de identidad desde su nacimiento. Al mismo tiempo, ha venido luchando por poner en el primer plano del debate pol�tico, m�s all� de los t�picos rifirrafes que los partidos mayoritarios dirimen en su torre de marfil, dos cuestiones que finalmente han estallado en las narices de los gestores del sistema: la industria (fundamentalmente, el calzado) y la vivienda; o, lo que es lo mismo, la defensa de nuestro tejido productivo y el urbanismo sostenible: la plena independencia econ�mica y el control social de los recursos.

Entendemos que no hay soluci�n a estos problemas, que son los que realmente sufre la gente normal, sin un cambio de las �reglas del juego� que favorezca a los sectores populares. De nada sirve a los intereses de los trabajadores el que nos limitemos a gestionar el sistema, sin cuestionar la superestructura que da cobijo y sirve a la reproducci�n de represores, corruptos y caraduras: como mucho, ser�n otros quienes, con sus gigantescos medios y propaganda, aprovechen los frutos de ese trabajo. Pero, de la misma forma, tampoco creemos sensato atrincherarse en lo que tenemos hoy, conformarse con la pataleta, apart�ndose voluntariamente de los foros de decisi�n y manteniendo el movimiento republicano como un movimiento social m�s. La rebeli�n espont�nea y m�s o menos instintiva de un pueblo sensato e inteligente contra sus expoliadores, que hemos conocido en los �ltimos a�os, debe dar paso a la coordinaci�n, a la organizaci�n: a la construcci�n, en definitiva, de un proyecto pol�tico rupturista que marque la direcci�n por la que deben marchar las clases populares para liberarse del yugo del silencio, de la ignorancia, del endeudamiento, de esa estulticia que pretenden imponernos los dem�cratas de toda la vida.

No podemos desvincular el republicanismo y la acci�n pol�tica del movimiento social, cayendo en la tesis idealista de las multitudes, tan f�cilmente digerible, en la pr�ctica, por el sistema. Muy al contrario, s�lo si unimos las luchas populares a un proyecto pol�tico que les d� un horizonte (y, por tanto, continuidad y globalidad), conseguiremos que tales luchas, en lugar de agotarse y diluirse, lleven a cabo una labor acumulativa de socavamiento del r�gimen. �Podemos pensar seriamente que s�lo la suma de las luchas vecinales, por ejemplo, junto a las protestas ecologistas, estudiantiles, pacifistas, etc. conseguir�n acabar con las bases del actual r�gimen de dominaci�n? Evidentemente, no: diversos movimientos nos lo han demostrado a contrario con el decaimiento progresivo, por su propio apoliticismo, de iniciativas que encerraban una energ�a potencial gigantesca. Pero, igualmente, el republicanismo no puede, por s� solo, revolver los cimientos del r�gimen mon�rquico aisl�ndose de los anhelos populares, sin apoyarse en sus organizaciones, sin dar respuesta a los problemas de la gente. As� pues, �qu� problema hay para que trabajemos por dar una expresi�n electoral a toda esta efervescencia popular, de forma que se haga visible para todos la ya amplia oposici�n al r�gimen? �A qu� o a qui�n hay que esperar? Y �cu�ntos a�os necesitar�amos, supuestamente, para alcanzar la madurez que permita dar el paso a la lucha pol�tica?

Obviamente, la tarea que se nos presenta no es f�cil. Significa mancharse, desarrollar un trabajo arduo de educaci�n de muchos compa�eros y trabajadores que hoy, despu�s de d�cadas de adoctrinamiento en el apoliticismo, no se consideran republicanos, ni creen que tenga que ver una cosa con la otra. Significa convencer a algunos republicanos de que ahora, una vez reagrupadas las fuerzas republicanas, toca dirigirse a un c�rculo m�s amplio, con sus dudas y sus contradicciones. Significa, tambi�n, llevar a cabo una aut�ntica lucha de l�neas con quienes pretenden despojar a las luchas populares de todo sentido pol�tico para, de esa manera, organizar su voladura controlada cuando as� convenga al chiringuito o al partido de turno (y nunca mejor dicho, si se aplica a estos nuevos canovistas): �qu� sonrojo causa el ver a ciertos compa�eros que, en foros populares, niegan la relaci�n de la Rep�blica con la soluci�n al problema de la vivienda, para en actos electoralistas vestirse de lagarterana con la tricolor!

En el MUP estamos acostumbrados a decir las cosas como son, sin tapujos; a no seguir el juego que marcan los mon�rquicos y a hablar en el idioma de la gente de la calle, tomando el pulso de sus necesidades y partiendo del an�lisis de sus contradicciones; a colaborar en la organizaci�n y movilizaci�n de los trabajadores, estudiantes y clases populares en un sentido progresista. Luchar junto a ellos, codo con codo, se�alando sin cesar las contradicciones y efectos que produce el actual r�gimen pol�tico, en perjuicio del pueblo, es la baza que debemos jugar los republicanos en este momento para conseguir una amplia alianza de estos sectores, en un sentido de ruptura con el sistema mon�rquico. Tenemos la experiencia movilizadora, el programa m�nimo unitario de los ocho puntos para la profundizaci�n democr�tica y el prestigio de una tendencia en crecimiento, para poder ir m�s all� de una mera alianza coyuntural. Tenemos, adem�s, la fuerza de un conjunto de pueblos que han demostrado de lo que son capaces cuando tienen un proyecto pol�tico que defender. Es muy probable que, en 2007, la Rep�blica no sea proclamada en �ibar ni en la Plaza del Sol; de lo que no nos cabe duda es de que se habr� iniciado la cuenta atr�s para que la tricolor ondee en todos nuestros pueblos y ciudades.

Publicado en Ciudadanos por la Rep�blica, n� 20 (julio 2006)

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