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La
conquista es santa; porque el conquistador
es el Bien y el conquistado el Mal. Siendo
Santa la conquista de la pampa, carguémosle
a ella los gastos que demanda, ejercitando
el derecho legítimo del conquistador.
El
Gobierno declara que no tiene dinero en las
cajas fiscales para hacer frente a los
gastos de la compaña, pero en cambio, la
pampa vale dinero: tiene un precio, y la
ofrece en venta al comercio del país,
garantiendo además como premio la seguridad
de la propiedad privada hasta el último
rincón de los territorios conquistados y a
conquistarse.
La
riqueza rural de la Provincia se encuentra
comprometida en esta cuestión, y como
aquélla es la fuente principal de nuestro adelanto
material, todos tenemos el deber de
contribuir a su buen resultado. Está en los
intereses de sus dueños el cooperar por
todos los medios a su alcance, a fin de
asegurar el éxito de la cruzada
civilizadora que se proyecta emprender.
Hay
conveniencia para la ganadería actual que
puebla las tierras fronterizas, en proteger
la expedición. Toda la tierra fronteriza ha
subido de precio, y por consiguiente sus
propietarios están más ricos en valores y
más ricos en cuanto a la seguridad y
garantías de que gozan sus posesiones, les
permiten aprovechar mejor las fuerzas de
producción que les aplican. Los ganados
valen más. Ayer venían a Buenos Aires
locos, despavorizados, los hacendados
fronterizos.
Esa
parte de la riqueza privada quedará
ampliamente garantizada, despejando la pampa
de la presencia asoladora y terrible del
indio. Los hermosos campos en que se
alimentan esas haciendas, duplicarán su
valor. Así, pues, los estancieros están
palpando en sus bolsillos el éxito de la
obra nacional, que a todos obliga porque se
realiza en servicio de todos.
Hoy
se trata de mostrar en la práctica y con el
contingente positivo de los propios
esfuerzos, que somos capaces de todos los
sacrificios que el honor o el amor a la
patria nos impongan. Los
hacendados y comerciantes más distinguidos
de Buenos Aires han ofrecido espontáneamente
su fortuna y su crédito al gobierno, para
realizar el gran propósito.
El
gobierno nacional ha vendido al señor
Martínez de Hoz mil leguas de la tierra que
va a conquistarse, una vez trasladada la
línea de fronteras. La adjudicación de
esta zona considerable se verificará entre
el río Colorado y Bahía Blanca. El
contrato se firmará esta semana, y
enseguida el señor Martínez de Hoz hará
entrega de los cuatrocientos mil pesos
fuertes que importa la operación.
La
generalidad de los suscriptores reclama que
la adjudicación de las tierras tenga lugar
inmediatamente, para garantirse contra el
sorteo futuro o contra cualquiera
circunstancia que los deje en posesión de
un campo malo, de un arenal o de una inmensa
cañada.El señor Luro solicita 200 leguas
sobre el río Colorado, según se dijo en la
Bolsa.
Tenemos
hasta el momento la siguiente demanda:
Señor
Martínez de Hoz y Cía 1.000 leguas
(2.500.000 hectáreas)
Señor
Saturnino Unzúe e hijos 200 leguas (500.00
hectáreas)
Señor
Belisario Hueyo y Cía 100 leguas (250.000
hectáreas)
Total
de pedidos 1.300 leguas (3.250.000
hectáreas)
El
señor Unzúe compra los campos de Guaminí
y el señor Hueyo los de Carhué. Tomamos
estos datos en la Bolsa de Comercio. Allí
mismo se nos asegura que un fuerte
comerciante inglés escribe de Londres
diciendo que tiene pendiente una
negociación para adquirir toda la tierra
que no sea colocada en la república.
Como
se ve, la cesión del valor de la tierra es
una imposición del patriotismo y ella no
importa sacrificio alguno para la Provincia.
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