|
La
economía como toda disciplina científica intenta elaborar
sistemas explicativos y predictivos. En un primer estadío
trata de proveer las claves de inteligibilidad del
comportamiento de un sistema determinado, para que en una
segunda etapa esas claves de inteligibilidad se transformen
en teoría aplicable a predecir el comportamiento de todos los
sistemas de la misma naturaleza que el explicado.
Bajo
este marco conceptual, ¿qué lección nos deja el crack del
sistema económico argentino, que eclosionó a partir de
diciembre del año próximo pasado (2001) y que impactó e
impacta con toda virulencia en los estratos más deprimidos y
desprotegidos de la pirámide social?
Con
toda seguridad los estudiosos de la economía sacarán un sinnúmero
de conclusiones sobre lo que ha sucedido y sucede en nuestra
economía doméstica. Por nuestra parte nos interesa abordar
de manera abreviada un aspecto focal del problema. Esto es, la
crisis del sistema financiero argentino, y
en especial, la captura de los fondos bimonetarios (en pesos y
en dólares) depositados por pequeños y medianos ahorristas,
que a la fecha los bancos se niegan a reintegrar tal como fue
pactado en valores y tipo de moneda, apelando para ello a
diversos argumentos, cuyo análisis excede el alcance previsto
para la presente Ponencia.
Amén
de otras valoraciones, lo concreto es que los bancos en La
Argentina han venido cobrando desde hace un largo tiempo a
esta parte, los tipos de intereses activos más altos del
orbe, que apareados con las tasas pasivas que les han pagado a
los ahorristas, les resulta un diferencial de tasas (spread)
sin parangón en los mercados financieros globales (p.e.:
en la Comunidad Económica Europea el spread oscila
entre 1 y 2 puntos porcentuales).
Esquemáticamente
podemos decir que la tasa de interés normal observada (i)
surge de la sumatoria de dos tasas: la tasa
de interés real (ir), más el premio por la
tasa esperada de inflación (pi).
Esto se conoce como efecto Fisher (Irving Fisher).
A su vez, la tasa de interés real (ir), se
compone de una tasa libre de riesgo (is/r) a
la que se le adiciona el premio o prima de riesgo (pr),
donde hemos de incluir el riesgo soberano o riesgo país, y el
riesgo cambiario. Resumiendo entonces, el tipo de interés
observado será: i = is/r
+ pr + pi
.
La
tasa libre de riesgo (is/r) es la que refleja el
valor tiempo del dinero, es decir la compensación del
prestamista por postergar un consumo presente por la
expectativa de un consumo futuro. Una referencia extendida de
este guarismo es la tasa de interés que pagan bonos de igual duration
emitido por el Tesoro de EE.UU.; por lo tanto, el valor
puntual de la tasa (is/r), ha
sido en los últimos años muy bajo . Por su parte, dado el
funcionamiento de las variables económicas a partir del plan
de convertibilidad del año 1991, el componente inflacionario
(pi) ha asumido el valor 0. En consecuencia, el
factor que ha elevado significativamente el valor final de los
tipos de interés (i) es la prima de riesgo (pr).
Presentado
el tema, nuestro juicio de mérito es el siguiente: ¿cómo
debería haber funcionado el producto de la aplicación de
este premio al riego (en pesos y en dólares)? O dicho de otra
manera ¿qué destino le deberían haber dado las
instituciones financieras a los dineros percibidos por
aplicación de esta última subtasa (pr), en
especial en la elevada cuota-parte asociada al riesgo soberano
o riesgo país? No cabe duda que deberían
haberles dado el trato financiero que se corresponde con toda
prima de seguro (destino cobertura), a los efectos que,
producido el siniestro por el cual cobraron la prima, se
tuviera el respaldo suficiente para restaurar el daño
emergente. En La Argentina el siniestro ocurrió en diciembre
del año 2001, pero los bancos se han negado a reparar el daño
emergente, declarando un default de hecho.
¿Cómo
direccionó la banca los dineros excedentes que han
obtenido por cubrirse del riesgo soberano, que les
permitió elevadísimos spread, atento a la
relación asimétrica que han establecido entre las tasas
activas y las pasivas, en desmedro de estas últimas?
Les han dado tratamiento de superutilidades (abuso
financiero, en este caso), que en mayor o menor cuantía han
invertido especulativamente en bonos del Estado a valores
depreciados con tasas internas de retorno exorbitantes (el
factor de descuento utilizado para determinar el valor actual
de los bonos, también incluye el mentado premio al riesgo)
y/o han remesado a sus casas
matrices en el caso de filiales locales de bancos extranjeros.
Estos últimos, por su parte, ante la crisis han
exteriorizado decisiones que en la práctica implican una
negación de corresponsabilidad en la gestión de sus
sucursales frente a los ahorristas nacionales (habrá que
repasar la jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia
conocida como fallo Parke Davis, que se aplicó en la década
del setenta para resolver la quiebra del frigorífico Swift,
propiedad el grupo Deltec).
Esta
es la explicación que damos del funcionamiento de esta parte
del sistema financiero argentino contemporáneo. Luego,
podemos inferir (predecir) que esta dinámica puntual del
sistema descripto se habrá de repetir en los países como La
Argentina tantas veces como el fenómeno se presente de manera
análoga, si no mediaran decisiones de política que ubiquen
al sistema financiero en el lugar que le corresponde en la búsqueda
de la construcción de una economía al servicio del hombre.
Esto es, que el sistema financiero esté al servicio del
capital productivo, que a su vez debe estar al servicio de la
economía general, y esta al servicio del bienestar de la
comunidad.
|