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El
año pasado, Stiglitz atacó en su libro "La
Globalización y sus Descontentos" las políticas del
Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, lo que lo
convirtió en toda una celebridad en distintos lugares, como
Latinoamérica. Pero algunos en Washington se quejaron de
que aceptó muy poco de su propia responsabilidad cuando
ocupó el puesto de economista jefe del Banco Mundial.
Ahora,
en su nuevo libro "Los Estruendosos Noventa" dice
que el equipo económico del presidente Bill Clinton, en el
que él participó, condenó la misma recuperación que
estaba tratando de engendrar al poner a la par los
intereses de Wall Street con los del país en
general. "Había una fe exagerada, incluso ingenua, en
el mercado", dijo Stiglitz durante una entrevista con
Reuters.
"Tuvimos
la oportunidad de tratar de darle forma a la globalización,
de darle forma al nuevo orden económico con base en una
nueva serie de principios. En cambio, terminamos dándole
forma para reflejar nuestros intereses comerciales y
financieros". Peor aún, Estados Unidos exportó
una versión más dura y extrema de sus errores a las
naciones en desarrollo, con consecuencias
desastrosas, dijo Stiglitz, quien presidió el Consejo de
Asesores Económicos de Clinton de 1995 a 1997.
"Nosotros,
en el gobierno de Clinton, no teníamos una visión de un
nuevo orden internacional tras la Guerra Fría, pero la
comunidad empresarial la tenía. Ellos vieron nuevas
oportunidades de ganancias", dice Stiglitz en su libro.
CUERPOS
DE PAZ VS WALL STREET
Para
Stiglitz, de 60 años, la pregunta de cuál filosofía debería
apuntalar la economía global va mucho más allá de la
batalla teórica entre los mercados libres de restricciones
y las regulaciones gubernamentales. "La batalla es más
profunda que eso. Tiene que ver con la clase de sociedad en
la que queremos vivir", dijo Stiglitz. "Hace
20 años, mis mejores estudiantes iban a los Cuerpos de paz.
En los noventas, todos fueron a Wall Street".
A
pesar de las duras críticas a Clinton y sus asesores económicos,
los recortes de impuestos y el derroche fiscal en gastos de
defensa del presidente George W. Bush no eran exactamente el
tipo de gasto deficitario que Stiglitz tenía en mente.
"Yo califico con base en una curva y aunque soy duro
con Clinton, él se merece una 'A' comparado con lo
que vino después", dijo.
Stiglitz
dijo que los funcionarios de la Reserva Federal,
en lugar de contener los peligrosos excesos que
caracterizaron a la década de 1990, estaban
demasiado ensimismados en sus logros como para
intervenir en el momento adecuado para moderar los mercados.
El
famoso discurso de Alan Greenspan sobre la "exuberancia
irracional" de 1996, cuando advirtió que los precios
de las acciones podrían estar subiendo demasiado rápido,
fue de hecho una prueba de la percepción exagerada que el
presidente de la Fed tenía respecto a sus propios poderes.
"Parecía que esperaba domar la burbuja -y salvar a la
nación del estallido de la burbuja- sólo con palabras. Greenspan
había sobreestimado su influencia", escribió
Stiglitz en el libro.
El
golpe de gracia de los excesos de la década de 1990 fue la
capacidad de los inversores por atraer al juego financiero
al ciudadano medio. A los estadounidenses de clase
media y baja se les dijo que ellos también
podían sacar una tajada del pastel de la Nueva Economía,
si estaban dispuestos a arriesgarlo todo en la bolsa de
valores, incluyendo sus ahorros para el retiro y sus
pensiones. El resultado fue una caída estrepitosa del
mercado, de la que la economía todavía no se recupera
completamente.
Como
antídoto a la exuberancia del libre mercado, Stiglitz
esboza lo que llama un "Nuevo Idealismo Democrático",
que defiende como una alternativa humanista al fervor de los
puristas de la economía. Su propuesta prevé una contínua
dependencia en los mercados pero también un papel activo
del gobierno en la salud, la educación y la creación de
empleos.
"Hay
una visión alternativa, basada en la justicia social global
y un papel equilibrado para el gobierno y el mercado",
escribió Stiglitz. "Es por esa visión por la que
deberíamos esforzarnos".
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