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El
estilo Machiavello; el fin justifica los medios.
El
chimpancé se alfabetiza, desarrolla su inteligencia,
acomoda sus valores a la lucha despiadada y construye un
proyecto para el grupo. Es el paso desde el objetivo
personal al proyecto social. En este estilo la acción del
jefe se subordina a la guía de un proyecto que lo
trasciende. Lo que importa es el objetivo y éste es
superior al individuo; los medios y la ética deben
acomodarse a ese propósito. El jefe está al servicio del
objetivo, pero se encarna en él de un modo tan íntimo que
se confunde con el proyecto. El jefe no es el proyecto, pero
el proyecto parece imposible sin ese jefe. Las alianzas
pueden ser tácticas e instrumentales, pero al servicio
transitorio del propósito estratégico. Las reglas de ética
no se justifican por- el beneficio del jefe, sino por su
eficacia para el fin perseguido.
Si
domina el caudillo y el personalismo, lo hace en cuanto es
funcional al proyecto ideológico. Todo gira en tomo a un
proyecto y a una ideología que reclama superioridad y
subordinación. El dominio personal es instrumental al
proyecto, ya no es el objetivo, y el cálculo estratégico
del líder gira en torno a asegurar su éxito, evitar las
amenazas que puedan desviarlo, dividir a la base social
entre partidarios y opositores, hacer uso constante de la
medición de fuerzas políticas sin temor al uso de la
violencia armada, disuadir al oponente mediante el control
de los recursos claves que permiten el control de sus propósitos
y movimientos y establecer una clara distinción entre el
gobierno que manda guiado por un fin superior y la ciudadanía
que obedece por convicción, disuasión o a la fuerza.
Nada
más convincente que el argumento de su máximo
representante para validar la descripción anterior:
"De
aquí que todos los profetas armados venzan; y Iodos los
desarmados se arruinen" (Machiavello, orig. 1513, pág.
54, [29])
El
estilo Gandhi: la fuerza moral y el consenso
El
chimpancé está en proceso de humanización, aunque ya
tiene conciencia de lo que es ser humano. Los valores y la
ética pasan a primer plano y se reconoce que el hombre
tiene derechos que abarcan al oponente, el cual no debe ser
tratado como enemigo. El avance del proyecto está
supeditado al consenso, la cooperación y a los medios pacíficos.
El consenso manda sobre el proyecto y el proyecto manda
sobre el líder. El líder no se reviste de una imagen
superior ni reclama poderes especiales. Es líder porque es
representativo del consenso, busca la cooperación, respeta
todas las posiciones, tiene el respeto de todos, da ejemplo
de modestia y austeridad e intenta gobernar con la confianza
de todos. El jefe no requiere de fuerza física, puede ser
incluso débil, ya que su poder radica en el consenso y el
ejemplo. El proyecto no debe ser alcanzado por cualquier
medio, porque el medio usado marca la legitimidad del
objetivo. Los medios se subordinan al objetivo, y éste
eleva a su condición ciertos medios como la cooperación,
el consenso y el respeto por el otro. El proyecto consiste
en la autorregulación de las aspiraciones y deseos
individuales en una cultura sistémica donde el otro está
siempre presente, no como oponente que debe ser vencido,
sino como campanero reconocido con el cual se debe convivir.
Es el dominio de una cultura socíocéntrica, lo opuesto a
una cultura egocéntrico pero sin imposición del colectivo
sobre el individuo. Por consiguiente, en este estilo la
estrategia privilegia la persuasión, el diálogo, la
negociación cooperativa, la elevación de la cultura, la
desdogmatización, la motivación por el trabajo en común,
el desarrollo de las ciencias que amplían la base
distributiva y la abolición de las desigualdades en la
educación como fuente básica de todas las desigualdades.
Este estilo descansa en reconocer que el otro tiene
intereses legítimos, tan legítimos como los míos. Y si
esos intereses son conflictivos es necesario cambiar el
mundo de los valores y de las ideologías. En vez de
derrotar hay que ganar al oponente. Yo estoy después del
proyecto, el proyecto está después de la convivencia y la
convivencia exige la igualdad de oportunidades basada en la
igualdad de la educación y la cultura.
Gandhi
es la máxima expresión de este estilo.
En
su liderazgo se encama la honestidad, en el más estricto y
amplio sentido de la palabra, encendida como el control de
todos los deseos humanos individuales y la coherencia de la
palabra con la acción (Fischer, pág. 67, [15]):
"
En la raíz de innumerables males de nuestra civilización,
hay una discrepancia entre la palabra, el dogma y la acción.
Es la debilidad de las iglesias, los estados, los partidos y
las personas. Les da a los horribles y a las instituciones
personalidades divididas. " ... "Gandhi tenía
salud mental por que en él la palabra, el dogma y la acción
eran una misma cosa: estaba integrado. "
Por
CARLOS MATUS
Fondo
Editorial Altadir.
Publicado
en: http://www.elagora.org.ar/site/UntitledFrame-2.htm
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