Tu
Veneno
Músicos: Héctor
D'Aviero y Marcelo Wengrovski, en
guitarras, Daniel Avila en batería,
Julio Morales en percusión, Gustavo
Luciani en bajo, Ervin Stutz en
trompeta, Alejo Vonder Pahlen en saxo,
Juan Scalona en trombón, Magalí
Bachor y Dora Chávez en coros, Diego
Ortells en teclados y dirección
musical.
Duración: 105
minutos
Lugar: Velódromo
Municipal
Bueno
El que se haya ido contento del
concierto que Natalia Oreiro brindó el sábado
pasado en el Velódromo Municipal, al día
siguiente se habrá sentido un poco
decepcionado. Ayer, el programa argentino
Venite con Georgina mostró imágenes del
primer show de la uruguaya en el teatro
Gran Rex de la capital porteña y las
comparaciones dejaban como saldo un mayor
despliegue visual del otro lado del
charco (con piruetas circenses aprendidas
por la ex Cholito en una escuela
especializada), pero más emotividad en
el Velódromo (en su cúspide cuando
entonó el estribillo de Cuando juega la
celeste, de Jaime Roos, sentada al borde
del escenario).
Mucho carisma
Desde que Oreiro hizo aparición con
Tu Veneno, quedó claro que su banda no
la secunda, la guía. Se trata de muy
buenos músicos y de un par de coristas
que la apoyan constantemente, marcándole
el ritmo del espectáculo y perdonándole
errores de principiante como cruzarse
frente al guitarrista en el momento en
que éste interpretaba un potente solo.
Por otra parte, también fue evidente
que derrocha carisma y que no necesita
salir de escena continuamente para
cambiar de vestuario (calculado hasta en
los bises) para ganarse a su público.
Por momentos, el atrevido atuendo de
vinilo negro no hubiera desentonado en un
concierto de Marilyn Manson; pero cuando
se veían volar ositos de peluche,
quedaba claro que si bien canta Tu Veneno,
su público es mucho más naif. Tampoco
le aportan mucho los dos mediocres
bailarines que la rondan en un par de
temas y cuyos movimientos hacen acordar a
los del cuerpo de baile de Susana Giménez.
Oreiro sabe cómo dosificar una simpatía
que roza la demagogia con la modestia más
auténtica: frases como "Montevideo,
¡qué no ni no!" y "Se saben
las canciones del segundo disco, ¿eh?,
yo pensé que no", se escucharon a
lo largo del espectáculo.
También pidió varias veces que
subieran las luces para poder ver a su público
y se dirigió a éste en tono cómplice
para hablarle de amor (preámbulo a De tu
amor), de su infancia (Un ramito de
violetas, que cantaba Gian Franco
Pagliaro en 1977, ella la conoció a través
de su madre), del mundo que les espera a
los jóvenes de 2000 (Aburrida) y del
coraje para luchar por los sueños (Valor).
Pero Oreiro evitó hacer introducción
alguna a Estamos todos solos, un tema de
Bob Scaggs que interpretaba Rita Coolidge
y que se transformó en un clásico de
las rupturas amorosas.
El espectador se podría preguntar cómo
hizo esta actriz de telenovelas de 23 años,
uruguaya y con un disco muy vendido pero
mal reseñado, para convencer a músicos
de la talla de Andrés Calamaro y Juan
Carlos Baglietto de apadrinarla en su
lanzamiento definitivo como cantante. El
autor de Alta Suciedad le compuso la
canción Qué pena me das, en tanto el
rosarino concibió para ella la
escenografía y la puesta de luces, y la
acompañó en vivo durante una de sus
presentaciones bonaerenses.
En cambio, la noche del sábado sólo
una Mama Vieja y un Gramillero, más una
cuerda de tambores —que quedó
apagada por falta de micrófonos—
fueron el apoyo oriental con el que contó
Oreiro. Aparecieron en el set integrado
por el reggae Uruguay (de su primer CD) y
Río de la Plata (segundo corte de Tu
Veneno). Entonces, Oreiro se colocó la
10 de la selección y trató de demostrar
con su actitud la letra del tema; pero
aquello de "soy bien candombera"
sólo fue cierto en ese tramo del show.
Durante el resto del espectáculo primó
el "corazón latino" del que
también habla la canción. Aunque todo
eso se sabía de antemano y no fue obstáculo
para el disfrute de los miles de fans
presentes, que llegaron puntualmente al
recital, muchos acompañados por sus
padres. En la multitud, la familia de
Oreiro fue reconocida por representantes
de las revistas del corazón argentinas y
debió trocar la platea VIP por las
bambalinas.
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