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Natalia Oreiro                                                                                      _______                                   __    

Entre el power latino y las baladas, cantó por primera vez en vivo en Buenos Aires. Presentó su segundo disco, Tu Veneno.

Las noches de viernes y sábado en el Gran Rex tuvieron verdadera tensión de debut. No generada ni reclamada por las fans, incondicionales y dispuestas a todo a cambio del placer de ver a su ídola. Pero sí por la propia Natalia Oreiro: su éxito está comprobadísimo en TV e incluso en las bateas pero nunca había tenido que dar pruebas cara a cara. Por primera vez, Natalia, en vivo y sin posibilidad de repetir la escena, debía poner el cuerpo y la voz.

Así salió a escena: demostrando primero sus nuevas habilidades circenses, con un audaz catsuit de cuero negro y el ombligo al aire. Y aunque la idea de desafío suene excesiva para un dispositivo pop de estas características, fue la propia Natalia la que se encargó de ponerlo en esos términos. Después de haberse sacudido inquieta por el escenario (bailó, y mucho, sin exagerar su perfil provocativo), decidió bajar el tono de alarido con que había agradecido a sus fans. Se apartó de un show calculado y ensayado al detalle y dijo: "Antes de salir a cantar, estaba en el baño con un miedo terrible. Pero me dije: Yo soy una chica valiente. Y pensé que a la edad de algunas de ustedes me vine sola de Uruguay para hacer lo que quería. Porque ser valiente no es no tener miedo, sino saber enfrentarlo". Más allá de la moraleja de autoayuda, la Oreiro se explicó a sí misma.

Antes, en la hora y media que duraron los shows, Natalia puso en juego su ecléctico repertorio ante un Gran Rex que estuvo casi lleno el viernes y con cartelito de entradas agotadas el sábado. Sobresalieron sus intenciones de convertirse en una Gloria Estefan rioplatense: Huracán, Caliente y, obviamente, Río de la Plata, con murguita invitada. En Qué pena me das, la canción que Andrés Calamaro compuso para ella, el estilo es decididamente post-Sandro y en la versión de Que sí, que sí llegan hasta un más que aceptable salsoul. Porque, a decir verdad, la numerosa banda se muestra más convincente en ese sonido power latino (como el remix final de Me muero de amor) que en la intrascendencia de las baladas. Aunque también es ahí donde más expuesta queda la voz de Oreiro, estratégicamente secundada por sus coristas.

Los numerosos pero modestos cambios de vestuario y una ajustada puesta en escena étnico-acrobática (más rica en destreza que en despliegue) pusieron las cosas en su lugar: ajustada pretensión, pero cuidada al detalle.

Seguramente, en la ya distendida sonrisa de Natalia estaba el mejor desenlace: esta vez, el reconocimiento no fueron las cifras del ráting sino el grito de "¡Te queremos, Nati, te queremos!". Era el final, ya casi medianoche; y sobre la avenida Corrientes los padres de las chicas esperaban inquietos




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