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Natalia Oreiro                                                                                      _______                                   __    

                                                                   

“No puedo decir cuáles fueron mis deseos porque si lo hago no se cumplen. Pedí felicidad y en esa palabra se incluye la salud, el trabajo, la familia, pero también está implicito el amor.”

““Soy una romántica de folletín. Una flor y dos palabras lindas bastan para enamorarme.”

Su presencia distrajo a los vendedores en el mercado árabe.

 
   


EN EL MURO DE LOS LAMENTOS, DEJO UNA CARTA CON SUS DESEOS

A pesar de que hace más de dos años vive sacudida por los vaivenes del éxito Natalia Oreiro (23) aún conserva su capacidad de asombro frente a la popularidad. Por eso, cuando el jueves 7 llego a Tel Aviv, capital de Israel, y se encontró con cientos de fans coreando su nombre y con un operativo en el que estaban afectados treinta y cinco agentes de seguridad y trescientos policías, por primera vez dijo la frase que a lo largo de su estadía en Tierra Santa repetiría infinidad de veces: “No lo puedo creer. Jamás imaginé que esto pudiera pasarme a mi, en este lugar. ¿Te das cuenta? Si hasta cantan mis canciones completas en castellano. Es increíble”. Ella no desconocía que su nombre era un fenómeno en Israel. Sabía que su última telenovela, Muneca Brava, actualmente bate récords de audiencia allí. Sin embargo, tal vez no estaba al tanto de que a partir de la transmisión de las novelas latinoamericanas miles de israelíes habían aprendido a hablar castellano a la perfección.

Tampoco sabía que su segundo disco, Tu veneno, vendió en ese país quince mil unidades en solo dos días, ni que en su afán de imitar a Mili –su personaje en la novela–, cientos de jóvenes se decidieron a cambiar su vestimenta tradicionalmente discreta y recatada por sensuales prendas que dejan la panza al descubierto, que muchas usan remeras con la imagen de su cara y que algunas hasta se cortaron el flequillo al estilo Oreiro. Aún consciente de su éxito, Natalia recién descubrió la dimensión de lo que estaba sucediendo en Israel cuando llego a Tel Aviv. “No sabía que la gente iba a ser tan efusiva. Acá me explicaron que quienes viven en el Mediterráneo son así. Desde que llegué hasta hoy fue todo un caos. Por un lado me encanta porque todos los artistas cuando trabajan quieren ser reconocidos y disfrutan de las demostraciones de cariño. Pero por otro lado me apena porque con todo esto ni siquiera pude bajar a la playa. Yo me muero por la playa y por el mar, pero no pude ir a ningún lado. Además, me da pena por los chicos que vienen a verme, son como kamikases: se tiran arriba mío, los de seguridad los sacan y se vuelven a tirar. ¡Me pusieron tanta seguridad! ...Todavía tengo sensaciones muy mezcladas de cuando fui a visitar Jerusalén.. Mi familia es católica y aunque yo tomé la comunión no soy practicante. Creo en Dios, no en la iglesia como institución. Tengo una fe muy fuerte, pero pongo mi fe en las personas. Sin embargo, Tierra Santa es un lugar importante mas allá de la creencia de cada uno. Tierra Santa significa “tierra de paz”, pero yo iba a todos lados rodeada por ocho guardaespaldas y unos cuantos soldados armados. No pude pararme en ningún lugar, no pude vivirlo como yo quería. El mismo religioso que estaba en la puerta del Santo Sepulcro y que cuidaba el lugar donde está la tumba de Jesús me dijo: ‘Natalia,¿no te sacas una foto conmigo, al lado de la tumba?’. La verdad es que me dió mucha vergüenza semejante situación en un lugar sagrado. Me entristeció porque yo trataba de concentrarme en pensar, en agradecer o en pedir lo que tenía ganas, pero cuando hay tanta gente alrededor pendiente de uno es muy difícil ser uno mismo. La verdad es que me encantaría disfrazarme y volver allí algún día.”

¿Entonces, el éxito es su propia cárcel?
–Yo no estoy diciendo todo el tiempo: qué bueno lo que me pasa. No. Es más, éste es un tema que habitualmente trato en mis sesiones de terapia. Trabajo desde los 12 años y siempre tuve la posibilidad de dejar de hacer lo que estaba haciendo porque nunca necesité de mi trabajo para vivir. Sin embargo, elegí seguir adelante. Y la terapia me ayudó a ser consecuente con mi elección. Aun así a veces se me hace muy difícil. En éste viaje me hubiera gustado bañarme en el mar, estar más tiempo con mis músicos. Soy muy hippie y me encanta ir a las ferias artesanales, pero nunca puedo hacerlo. También soy muy nena y me gustaría ir a un parque de diversiones, sin embargo tampoco puedo. Me pesa que los fotógrafos me esperen en la puerta de mi casa y me persigan para hacerme una foto. Eso me deprime. Esa es la palabra: me deprimo. Yo no estoy feliz todo el tiempo. El éxito trae mucha soledad. El otro día cuando termine de cantar llamé a mi papá por teléfono y no estaba; llamé a mi mamá y no la encontré. Llamé a mi hermano, a mi mejor amiga y tampoco estaban. Y me agarró una tristeza muy grande. Hacía unos minutos apenas había estado rodeada de gente que me aplaudía y gritaba mi nombre y de repente estaba sola. Fue un cambio muy brusco. Después, en seguida me puse bien. Hay muchos artistas que son muy exitosos en su carrera pero muy infelices en su vida personal. A mí me parece que las cosas no tienen por que ser así. Yo, por ejemplo, soy muy alegre todo el tiempo.

Por más de un motivo este será un viaje inolvidable para Natalia. Probablemente recuerde estos días de gloria como uno de sus mejores momentos profesionales. Pero seguramente también los guarde en su memoria como una de las etapas mas dolorosas de su vida personal ya que unos días antes de comenzar su primera gira internacional, Natalia puso punto final a la relación que desde hace 6 años la unía al actor Pablo Echarri (30). Y aunque ella insiste en que no quiere hablar del tema, una sombra cae sobre su mirada cuando se atreve a admitir en publico su separación. Porque en Israel la gente también le pregunta por Echarri.

¿Le resulta difícil vivir este momento de su vida en el que se combinan emociones tan dispares?
–Es difícil. Yo vine acá no solo para trabajar sino también para cumplir con algo que soñé desde muy chica. Vine a empezar mi gira. Además, Israel tiene una energía muy especial. Si a eso le sumamos el hecho de que los cuatro millones de personas que viven en este lugar cantan mis canciones todo esto se convierte en un momento maravilloso. Y porque yo no me sienta feliz en mi vida personal no puedo estar acá desganada. Y no es solo una cuestión de profesionalismo. No puedo dejar de disfrutar las cosas que me pasan en la vida. Disfruto de todo esto y en ese sentido estoy exultante. Por otra parte, todo esto me ayuda mucho para que no esté llorando todo el tiempo. Pero no creas que cuando estoy sola no me pongo a pensar, a recordar o que no me pongo triste. No estoy bien, para que te voy a mentir. Esto no fue una liberación para mí, para nada. Pero la vida es así. Tengo 23 años y quiero mirar para adelante. La gente que mira para atrás y sufre por lo que pasó no avanza. Y yo quiero avanzar. Por otra parte, siento que tengo una vida de película y quiero disfrutar de las cosas buenas.

Por eso, a pesar de su dolor, durante su estadía en Israel, Natalia practicamente no borró la sonrisa de su cara y disfrutó de su visita a Tierra Santa con intensidad. Invitada por el canal de televisión Viva –especializado en telenovelas– llegó acompañada por su representante, una maquilladora, una peluquera y su profesora de canto, Gabriela Torres. Allí cumplió con una larga lista de compromisos: dio algunas entrevistas, tuvo un agasajo de la embajada de Argentina en Israel, brindó una conferencia de prensa en el Hotel Daniel, en Herzliya, tomó clases de canto dos veces por día y ensayó las canciones de su show. Finalmente, el sábado por la noche, asistió a uno de los principales eventos del mundo del espectáculo que este año se organizó en Israel: Viva 2000, una gran fiesta en la que el canal de telenovelas premió a las mejores producciones del año.

Esa noche, unas tres mil personas se reunieron en el Auditorio Mann de Tel Aviv para ver a Natalia Oreiro y a los otros actores que la acompañaban, entre los cuales estaban Gabriel Corrado, Facundo Arana, Nacha Guevara, Pablo Patlis y Osvaldo Teser. Como no podía ser de otro modo, ella fue la estrella indiscutida de la noche. Después de recibir tres de los cinco premios que se entregaban ese día –a la mejor actriz, a la mejor cortina musical y a la mejor telenovela– atalia cantó el tema musical de Muñeca Brava en vivo y se emocionó cuando escucho al publico vivar su nombre –que pronunciaba “Natalia”, con acento en la “a”–. “Fue una noche increíble. De verdad fue muy emocionante.”, dijo antes de regresar al hotel para festejar su éxito con una cena en la que estuvieron el organizador de Viva 2000, Iair Dori, el resto de los actores y algunos amigos.

A pesar del cansancio, el domingo Natalia se levantó muy temprano para recorrer uno de los sitios más emblemáticos de la historia de la humanidad: la ciudad de Jerusalén. Rodeada por ocho guardaespaldas que no se apartaron un minuto de su lado y que la protegieron del permanente acoso de sus fans, se internó en el mercado arabe. “Comprá por mi”, le gritaba a una amiga entre el tumulto de gente que se empujaba para sacarle una foto o simplemente tocarla. “Comprá vos que yo no puedo.

Aprovechá”. Antes de ingresar al Santo Sepulcro, se puso un saco blanco que había llevado especialmente para tapar sus hombros al descubierto, tal como lo indica la tradición. Apenas entró, la atención de los visitantes se desvió hacia Natalia: también en el Santo Sepulcro ella se había convertido en centro de atención. Allí sus seguidores le pedían fotos y se acercaban para tocarla. Después de recorrer las estaciones de la Vía Dolorosa se acercó al Muro de los Lamentos. En el camino, otras de sus fans comenzaron a abalanzarse sobre ella mientras la saludaban a los gritos y le pedían autógrafos. No era fácil pero, a pesar de todo, ella hacía lo imposible por mantenerse concentrada en la emoción que le producía estar en ese lugar.

Una vez que estuvo frente al muro, sacó de su carterita roja tres papelitos en los que sus seres queridos habían escrito sus deseos para que Natalia los pusiera entre las piedras del muro sagrado. También sacó uno con sus deseos. Mientras meditaba con los ojos cerrados y la cabeza gacha, unos metros más atrás, sus fans hacían lo imposible por sortear a los policías y a los hombres de seguridad para acercarse a ella. Las religiosas que estaban en el lugar no podían creer lo que estaba pasando y se miraban entre ellas con desconcierto. Se tomaban la cabeza entre las manos y oraban a viva voz con desesperación. Jamas habían visto algo semejante y probablemente jamas lo volverán a ver.

¿Que deseos pidió en el Muro de los Lamentos?
–No puedo decírtelo. Dicen que si uno los dice, no se cumplen.
¿No pidió volver a enamorarse?
–Pedí felicidad. Y en la felicidad entran la salud, el amor, el trabajo, la familia. Tengo 23 años, imaginate. En este momento no estoy pensando en volver a enamorarme. De todos modos el amor no se busca, llega. Yo creo en el amor. Soy super romántica, soy de folletín. Y a mi no resulta difícil enamorarme. Con una flor y dos palabras lindas me tenés. No soy una exquisita; soy muy Julieta, creo en el amor. Pero ahora no estoy pensando en volver a enamorarme.




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