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Natalia Oreiro                                                                                      _______                                   __    

                                                                   

 

   


Rezo por vos
Escribió cuatro papelitos que, como oraciones, introdujo entre las grietas del Muro de los Lamentos, en el sector destinado a las mujeres. No quiso decir qué le pidió a Dios. Sin embargo, aclaró que “todos mis deseos se relacionan con la felicidad mía y la de mis seres queridos”. Su paso por allí provocó tanto desborde entre sus admiradores como el de Andrea Del Boca en 1994.





Fue a la Iglesia del Santo Sepulcro, donde fue recibida y despedida por el guardián, quien le besó… el codo. Oreiro rezó, se emocionó y partió rumbo al Mar Muerto.





Al dejar el Muro de los Lamentos mostró la contratapa del Maariv, el segundo diario del país, con media página de ella y Facundo Arana.





Su noche
Ganó tres premios por Muñeca Brava y cantó Cambio dolor en castellano. También aplaudió a sus colegas ganadores, Facundo Arana y Carina Zampini. Nati no paró de brillar. Sin embargo, le dijo a GENTE: “La verdad, me costaba sonreír frente a las cámaras”.




Viva la fiesta
La ceremonia Viva 2000 de entrega de premios a las telenovelas.
Cinco rubros componían el encuentro, donde votaron más de 100 mil televidentes. Natalia Oreiro se quedó con tres galardones: Mejor actriz, Mejor tema musical –Cambio dolor– y Mejor novela (todos por Muñeca Brava, de Telefé), estatuilla ésta que recibió con Facundo Arana, quien a su vez se adjudicó la de Mejor actor. El quinto premio, Mejor malvada, fue para Zampini, por su rol de Carla en Por siempre Mujercitas y Ricos y famosos.
 
   


NATALIA OREIRO TRAS SU SEPARACION DE PABLO

La verdad, me costaba sonreír frente a las cámaras –señala con sus ojos al filo de las lágrimas–. Pero qué le vamos a hacer, la vida debe seguir”, completa frente al grabador de GENTE, consciente de que aquí, en Oriente, en Israel, ella, la diosa uruguaya, cambió dolor –el de su reciente separación del codiciadísimo argentino Pablo Echarri–, por libertad –la de volver a estar sola tras 6 años de una relación que lo tuvo todo: enamoramiento ciego; convivencia, distanciamiento y reconciliación mediáticos, planes serios de familia (incluso con casa comprada para compartir) y ahora, ruptura, al parecer, final. Esta es Natalia Oreiro después de la tormenta.

JUEVES DE CONFIRMACION. No bien descendió en el Aeropuerto Ben Gurion y registró el mapa de ruta que la iba a cortejar durante su estadía en Tierra Santa, un ejército de 150 adolescentes se le vino encima para llevarse un recuerdo de la ídola. Tanto que Nati debió demorar el recibimiento oficial con flores, y su desplazamiento hacia la ciudad de Hertzliya, donde el Hotel The Daniel tendría el honor de presentarla con el grupo de artistas llegados para Viva 2000 (los premios a las mejores telenovelas del año). Breve detención en medio de la locura. Pasillo del cinco estrellas. Nati a GENTE:

–Antes de venir no me imaginaba con qué me iba a encontrar. Buscaba que el viaje me sorprendiera. No quiero perder la capacidad de sorprenderme. Las cartas que me llegaban de aquí eran muy fuertes. Pero lo que supuse, quedó corto. Lo de hoy fue un caos, pero un caos divino. Con chicas y chicos vestidos como yo. ¡Qué fuerte!

–Ya que hablás de algo fuerte…
–Dejémoslo ahí. Separarnos fue muy doloroso.

–Pero, ¿por qué se acabó el amor?
–Tanto tiempo juntos. Ya casi éramos como hermanos… Y ahora te dejo porque llego tarde a la conferencia de prensa.

VIERNES DE BENEFICENCIA. El segundo día de Natalia en Israel se vio marcado por la ayuda a niños necesitados. Esta vez, el lugar fue el Hotel David Intercontinental de la ciudad de Tel Aviv, a una cuadra del Mar Mediterráneo y cercano a la antigua ciudad portuaria de Jaffa. El evento –un almuerzo a beneficio de la fundación Yad le Yad (Mano a Mano)– contó con la presencia del embajador argentino Gregorio Dupont, representantes diplomáticos de países latinoamericanos y decenas de personas que adquirieron su entrada para estar cerca de la Muñeca Brava de carne y hueso, la que ven a las 20.15, subtitulada en hebreo, por la pantalla de canal Viva. Esta vez, Oreiro casi no habló al público. Sí con GENTE, mientras se retiraba:

–¿Por qué pensás que surgió esta Natimanía?
–No tengo respuesta. Creo que se sumó lo que prendió Muñeca Brava más la venta de mis discos. Me contaron que el primero anda por el platino, y el segundo vendió 15.000 copias en apenas 48 horas. Ni en la Argentina pasó. Parece como la película The Truman Show, una cosa bizarra, rarísima. Me pone orgullosa haber llegado tan lejos, nunca lo imaginé.

SABADO DE GLORIA. Pero, volviendo a Oriente Medio, si hasta aquí las muestras de idolatría hacia Natalia ya eran una locura, la gran noche de la entrega de los Viva 2000 superó cualquier cálculo. El canal que preside el argentino-israelí Yair Dori tiró la casa por la ventana realizando una ceremonia cuidada, ágil y divertida, donde Nati fue la reina indiscutida. Si las 2500 personas que colmaron el Eijal Hatarbut de Tel Aviv (el teatro más importante de Israel) explotaron en gritos y aplausos con la aparición de Gabriel Corrado y Facundo Arana, cuando Oreiro bajó la escalera con otro de sus vestidos colorados –esta vez, de generoso tajo en la pierna izquierda–, la hinchada se descontroló.

DOMINGO DE RESURRECCION. Por fin llegaba el primer momento de esparcimiento. Una excursión por Jerusalén y el Mar Muerto. Al mediodía, el minibús que había partido de Hertzliya subió los 800 metros de altura y llegó hasta la Ciudad Santa. El recorrido comenzó por la Puerta de Jaffa –una de las siete abiertas de la ciudad vieja– con una nutrida troupe de periodistas, camarógrafos y fotógrafos. Al entrar al Shuk –el mercado árabe– y viendo su dificultad para desplazarse, Oreiro le pidió casi a ruegos a Dolores Barreiro, la conductora de El Rayo: “¡Dolo!, compráte algo por mí!” . Natalia, de top blanco, que luego cubriría con una chalina para protegerse del sol, seguía deslumbrada por las cosas que se ofrecían a su alrededor. Primero fue una camisa verde con dorado, que no la convenció. Más tarde dudó entre collares y sombreros. Al final se encandiló con una enorme tetera de plata que, tras el regateo, compró por 100 dólares.

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por Guillermo Volcovich
fotos: Daniel Cohen y Mikki Kratzman
(desde Israel)





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