Informe semanal de MUNDO MATERO
n�mero 25

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GLOBALIZACI�N/MUNDIALIZACI�N: EL CORTO Y EL LARGO PLAZO

Un Punto de vista hist�rico-estructural.

La noci�n de "globalizaci�n" es ya patrimonio del sentido com�n. Sin embargo, no parece que se haya convenido en un sentido consensual, m�s o menos claro, de tal forma que se pueda ya considerar a la "globalizaci�n" como un concepto relativamente riguroso, de uso com�n en las ciencias sociales. En todo caso, es necesario diferenciar entre los sentidos que tienen una mayor carga ideol�gica (desde los que encuentran en la "globalizaci�n" la fuente de todos los males, hasta la de quienes la identifican con todas las "bondades del mercado"), de un uso un poco m�s descriptivo, que designar�a a la "globalizaci�n" como el estadio actual de desenvolvimiento del capitalismo. As�, se han propuesto diferenciaciones entre, por ejemplo, "globalizaci�n", en el sentido reci�n enunciado y "globalismo", como el t�rmino apolog�tico por excelencia del capitalismo actual. Del �ltimo, para acentuar el uso m�s ideol�gico, se propone a su vez una noci�n de "globalismo pop", o "versi�n pop del globalismo". O simplemente, se intenta reconstruir diferentes versiones de la "globalizaci�n imaginada".

La globalizaci�n como nuevo orden mundial no es la causa de todos los males de la humanidad (aunque se pueda se�alar un sin fin de problemas que produce el dejar las econom�as a la merced solamente de las fuerzas del mercado), ni tampoco origen de todos los adelantos y logros humanos contempor�neos. Sin embargo, personalmente considero que, en la medida en que a�n no logramos llegar al "fin de la historia", ni al reino de Utop�a, los enfoques de ciencias sociales a este tipo de problemas deben seguir siendo de naturaleza cr�tica, comprometidos con el cambio hist�rico liberador. S�lo as� lograr� el ser humano eventualmente su total realizaci�n como tal, en un entorno natural que no sea destruido por la "mano invisible" (pero ciega e insensible) de "las fuerzas del mercado".

Es necesario, por otro lado, desbrozar poco a poco los nuevos rasgos del mundo contempor�neo, que implican la globalizaci�n como verdadera novedad hist�rica, haciendo de lado modas, mitos y "la fetichizaci�n del fen�meno", as� como diferenciando lo verdaderamente novedoso de lo que viene de largos procesos hist�ricos previos. Se le refiere como una noci�n fetichizada, especialmente, en tanto componente principal de la "ideolog�a neoliberal", la cual propone que los pa�ses en desarrollo deben "insertarse a toda prisa precisamente a la manera neoliberal (con apertura comercial a ultranza, liberalizaci�n de la inversi�n extranjera y retiro del Estado de sus funciones econ�micas como inversionista, regulador, planificador y promotor del crecimiento econ�mico y el bienestar social), so pena de quedar al margen del progreso y del pasaje al primer mundo". Lo que nos interesa recalcar desde aqu� es que, si bien la globalizaci�n puede considerarse descriptivamente como un proceso real, actual y casi "inexorable", es funci�n todav�a de los Estados-naci�n decidir (dentro de determinados l�mites hist�rico-estructurales) las maneras en que se articulan al proceso hist�rico m�s amplio en lo econ�mico, lo pol�tico y en lo cultural. El devenir hist�rico es multidimensional y abierto, no lineal y predeterminado. Hay m�ltiples formas en que la historia puede desenvolverse.

A pesar de su carta de naturalizaci�n en el discurso cotidiano, la globalizaci�n para muchos sigue siendo una novedad, aunque hay quienes sostenemos que el proceso que culmina en este planeta altamente interconectado e interdependiente, no comenz� hace poco, sino que, de hecho, ha ido acompa�ando la expansi�n de la "civilizaci�n occidental" o, m�s precisamente, la del sistema capitalista mundial.

... si el proceso de globalizaci�n comenz� con los exploradores y descubridores de los siglos XV y XVI, ellos anticiparon y ensombrecen los logros de sus contrapartes actuales, en la exportaci�n de la tecnolog�a, los bienes y la industria cultural de su tiempo. Es verdad, entonces fue el Cristianismo en lugar de Madonna, pero ... es importante recordar que la influencia exportadora de bienes econ�micos y culturales ha caracterizado las relaciones internacionales de poder a trav�s de los siglos.

As�, creemos que la llamada globalizaci�n se debe pensar, en tanto fase actual de desarrollo del capitalismo, desde una perspectiva de "larga duraci�n" en el sentido de: La inserci�n y articulaci�n asim�trica de Am�rica Latina al sistema mundial no habr�a comenzado entonces con la televisi�n, las "nuevas tecnolog�as de comunicaci�n" o la internet. El fin del "largo siglo XVI", a partir de la expansi�n del capitalismo comercial, prefigur� (y configur�) hist�ricamente lo que ahora se conoce como el "moderno sistema mundial". Desde este punto de vista de largo plazo, entonces, el proceso globalizador, cuyo motor principal ha sido la internacionalizaci�n del capital, pero no se agota en los factores econ�micos, ha sido lento aunque en una constante aceleraci�n de los movimientos hist�ricos.

En todo caso, se puede pensar en grandes fases del proceso de expansi�n capitalista: Al irse inventando las naciones, desde el tiempo de la emergencia del capitalismo mercantil, las grandes navegaciones transoce�nicas y las conquistas coloniales a partir de la Europa del Siglo XVI, con el colonialismo ocurre la internacionalizaci�n del capitalismo (Braudel 1991). Ya en el Siglo XX, al final de la llamada "fase imperialista"; se configura la etapa de la transnacionalizaci�n, cuyo motor principal lo constituyen las grandes empresas llamadas transnacionales, que "jalan" y orientan los movimientos del capital, as� como influyen en las relaciones entre estados nacionales. Ahora no se trata solamente del comercio internacional, sino tambi�n de los grandes flujos de inversi�n extranjera directa e indirecta y la mundializaci�n de los procesos productivos mismos. Es tambi�n cuando surgen los desarrollos cient�ficos y tecnol�gicos, que llevar�n a la g�nesis del "paradigma informacional", que est� en la base de la actual "sociedad red". La movilidad tanto de capitales, como de mercanc�as, y la ubicuidad que permiten a unos cuantos la tecnolog�a de informaci�n y las telecomunicaciones, desembocan en la gran interconectividad e interdependencia asim�tricos que caracterizan al proceso ya propiamente de globalizaci�n.

El acelerado proceso hist�rico de las d�cadas m�s recientes ha significado, necesariamente, la redefinici�n, no desaparici�n, del Estado, as� como de la noci�n de soberan�a nacional, ante el surgimiento de nuevos actores multinacionales, transnacionales e internacionales en el panorama geopol�tico mundial. Los acomodos y reacomodos econ�micos y pol�ticos desde la segunda posguerra hasta el final del Siglo XX a su vez han redefinido la hegemon�a mundial, con el advenimiento finisecular de un mundo "unipolar" desde ciertos puntos de vista pol�ticos y militares, y multipolar desde un punto de vista principalmente econ�mico. Se han intensificado los intercambios desiguales en lo econ�mico, lo pol�tico y lo cultural, al tiempo en que por el predominio ideol�gico mundial del llamado "neoliberalismo" se han mercantilizado pr�cticamente todas las esferas de la vida social en el mundo entero.

En t�rminos culturales, la constituci�n del "moderno sistema mundial" ha significado la "occidentalizaci�n" de culturas y civilizaciones, algunas veces mediante la conquista armada, en otras ocasiones por influencia e imitaci�n, la mayor�a de las veces con la mediaci�n de la dominaci�n econ�mica 3. Pero las culturas continentales, regionales y nacionales siempre han resistido o por lo menos han sido siempre creativas, as� que en todo el mundo, en diferentes momentos hist�ricos, han surgido y se han desarrollado "nuevas" versiones, h�bridas o "mestizadas", de las diversas formas dominantes que ha adoptado la "civilizaci�n occidental". Esta, a su vez ubicada en diferentes momentos en diversos "centros hist�ricos de irradiaci�n" (centros hegem�nicos), ha sido influida, modificada y enriquecida por otras culturas y civilizaciones, de tal manera que no hablamos de un "monolito", puro e intocado en su esencialidad, que se imponga hist�ricamente en forma total, borrando en definitiva lo que exist�a antes, a pesar de su dominaci�n en �ltima instancia.

Este siglo, entonces, ha presenciado la aceleraci�n del tiempo hist�rico, en t�rminos de la internacionalizaci�n-transnacionalizaci�n-globalizaci�n de econom�as, pol�ticas y culturas5, en especial ante el surgimiento y desarrollo de las grandes corporaciones transnacionales, que no conocen m�s fronteras que las de la rentabilidad a escala global, y mediante la emergencia de la "tercera" revoluci�n tecnol�gico-industrial. Todo este largo proceso hist�rico ha tra�do cambios en la divisi�n internacional del trabajo. Ha consistido en la paulatina articulaci�n e interdependencia (desigual) de los estados nacionales al moderno sistema capitalista mundial.

Desde el punto de vista econ�mico, por globalizaci�n entendemos el proceso contempor�neo de cada vez mayor --y m�s acelerada--articulaci�n e interdependencia (asim�trica) entre sistemas econ�micos de los m�ltiples pa�ses y regiones del mundo, a partir de la intensificaci�n de las articulaciones funcionales, en diversos territorios, entre las fases del circuito del capital, a lo largo y ancho del espacio mundial 6. Es decir, que cualquiera de los aspectos siguientes del ciclo del capital, puede ocurrir en, o desde, una diferente unidad nacional (o en varias a la vez): el financiamiento; la compra de insumos, materias primas y fuerza de trabajo; el proceso de producci�n; la distribuci�n y el consumo –-"realizaci�n" del valor excedente generado-- y consiguiente reinversi�n, o conversi�n a nuevo capital financiero. Aclaremos que nos referimos a articulaciones y entrecruces de econom�as enteras. Es decir, que desde nuestra perspectiva la "globalizaci�n" es la configuraci�n de la econom�a-mundo "global". Son naciones las que articulan sus econom�as a tal orden global, aunque suceda esto con frecuencia de manera desigual al interior de sus respectivas regiones. En el caso de las corporaciones llamadas "globales", m�s estrictamente nos podr�amos seguir refiriendo a ellas como "corporaciones transnacionales", pues siguen operando con base en y a trav�s de los espacios nacionales. As�, se puede decir que una empresa se internacionaliza, cuando comienza a expanderse fuera de su pa�s de origen mediante las exportaciones o la inversi�n extranjera; �sta se transnacionaliza al operar preferentemente ya no desde su propio espacio nacional, sino en diversos pa�ses a la vez (lo cual se complementa mediante las asociaciones y alianzas estrat�gicas, o con las grandes fusiones y adquisiciones, entre empresas y consorcios de varios pa�ses); y finalmente, estas formas de operar constituyen el proceso de globalizaci�n, como la configuraci�n de la econom�a-mundo "global". Las evidencias de la intensificaci�n de todo tipo de conexiones econ�micas (comercio internacional, flujos de inversi�n extranjera directa e indirecta, etc.) no son sino indicadores, v�lidos pero parciales, de la llamada globalizaci�n como nuevo orden planetario, o etapa actual del sistema capitalista.

Este proceso, en principio econ�mico, est� acompa�ado de nuevas configuraciones pol�ticas del mapa mundial, redefiniendo los papeles de los actores nacionales (Estados, gobiernos, empresas, clases y movimientos sociales) y extranacionales (viejos y nuevos organismos internacionales, empresas transnacionales, organizaciones no gubernamentales, etc.) en el escenario mundial. Los mayores y m�s acelerados (aunque tambi�n desiguales) contactos entre las m�ltiples culturas que pueblan el planeta, constituyen otro rasgo fundamental del "nuevo mapa del mundo". Ilustrando algunos aspectos del entrecruce entre econom�a y cultura en la "mundializaci�n", con estos ejemplos:

... compramos un coche Ford montado en Espa�a, con vidrios hechos en Canad�, carburador italiano, radiador austr�aco, cilindros y bater�a ingleses y el eje de transmisi�n franc�s. Enciendo mi televisor fabricado en Jap�n y lo que veo es un film-mundo, producido en Hollywood, dirigido por un cineasta polaco con asistentes franceses, actores y actrices de diez nacionalidades, y escenas filmadas en los cuatro pa�ses que pusieron financiamiento para hacerlo. Las grandes empresas que nos suministran alimentos y ropa, nos hacen viajar y embotellarnos en autopistas id�nticas en todo el planeta, fragmentan el proceso de producci�n fabricando cada parte de los bienes en los pa�ses donde el costo es menor. Los objetos pierden la relaci�n de fidelidad con los territorios originarios. La cultura es un proceso de ensamblado multinacional, una articulaci�n flexible de partes, un montaje de rasgos que cualquier ciudadano de cualquier pa�s, religi�n o ideolog�a puede leer y usar.

Esta descripci�n se puede tomar como una especie de "tipo ideal" en lo que de exageraci�n tiene, pues por ejemplo no todas las pel�culas de Hollywood o de ning�n lado tienen todav�a tanta mezcla multinacional como la descrita, aunque �sta sea una tendencia contempor�nea, que se actualiza en algunos casos. Por otra parte, el autor parece presentar en el p�rrafo citado un proceso de "igualaci�n", donde ya todos en todos lados tenemos acceso al consumo "democr�tico" de tales maravillas de la integraci�n econ�mico-cultural mundial. Sin embargo, el mismo investigador ha comentado en otro lugar que: "Pese a la diversidad e intensidad de procesos de globalizaci�n, �sta no implica la unificaci�n indiferenciada ni la puesta en relaci�n simult�nea de todas las sociedades entre s�. Los pa�ses acceden de manera desigual y conflictiva a los mercados econ�micos y simb�licos internacionales". Entonces, la globalizaci�n en rigor no implica el contacto y la articulaci�n horizontal e igualitaria de "todos con todos". Como lo mencionamos antes, el proceso expansivo del sistema capitalista mundial y de la "civilizaci�n occidental", hasta ahora, nunca ha podido prescindir de hegemon�as y desigualdades mundiales y regionales.

Hoy estamos presenciando la constituci�n de grandes bloques econ�mico-pol�ticos, que se articulan (de manera asim�trica) a su vez al sistema mundial. Parad�jicamente, la "globalizaci�n" est� tomando la forma de un proceso de regionalizaci�n de la econom�a pol�tica mundial, a partir de acuerdos de libre comercio y de integraci�n, como el Mercosur, el TLCAN o Maastritch. Pero en el devenir hist�rico hay diversos �rdenes de sucesos, es decir, diferentes planos o niveles en los que ocurre la acci�n social, todos interrelacionados y que pueden ejercer m�ltiples influencias mutuas. Aunque desde una �ptica hist�rico-estructural se suponga que exista una relativa mayor eficacia en t�rminos de restricciones, de los �rdenes estructurales e institucionales sobre los de naturaleza m�s microsocial o individual, son posibles los procesos de cambio en los que actores individuales o colectivos pueden afectar y modificar instituciones y estructuras sociales m�s amplias que los "determinaban". As�, hoy en d�a todos los analistas sociales aceptan alguna forma de "agencia", en la que lo local interact�a con lo regional, lo nacional y lo "global", estructurando activamente aquellas grandes estructuras que a la vez condicionan las acciones colectivas e individuales. Por ejemplo, se atribuye una importancia central a "la identidad", ubicada en los niveles m�s cercanos a los individuos, en la conformaci�n de la "sociedad red", base fundamental de la globalizaci�n actual. De hecho, la constituci�n del orden sociohist�rico moderno obedece a una compleja dial�ctica entre lo global y los otros �rdenes, tanto como entre las diversas dimensiones de lo social (econom�a, pol�tica, cultura, tecnolog�a, etc.).

Desde un punto de vista hist�rico-estructural, entonces, grandes procesos sociohist�ricos como la globalizaci�n deben entenderse complejamente, como la convergencia multicausal de diversas dimensiones mediadoras: por ejemplo, lo econ�mico, lo pol�tico, lo cultural, lo tecnol�gico, lo institucional, etc., dependiendo del objeto concreto que uno construye a partir de un plano de observaci�n, como parte de un proceso espec�fico a estudiar. Hoy ya no hay la menor duda: todo es multicausado y por lo tanto nada se puede explicar y comprender desde un solo factor o desde un solo punto de vista.

El sector audiovisual de la industria cultural (cine, televisi�n y video) se ha constituido en un baluarte contempor�neo del acelerado proceso de "mundializaci�n" cultural, aunque es importante recordar que en los �mbitos microsociales, locales y comunitarios, las din�micas culturales contin�an vivas, en todo caso "mestiz�ndose", o hibrid�ndose, con lo que les viene de las industrias culturales globales y de sus propuestas identitarias. As�, en la globalizaci�n y las regionalizaciones es posible observar grandes tendencias hacia una "convergencia" en lo econ�mico, lo pol�tico y lo cultural; o procesos de reforzamiento de "lo local", aun en condiciones de alta migraci�n internacional; o de relativo dominio por parte de una potencia o, de hecho, se puede notar la coexistencia de todos estos procesos (la divergencia y reforzamiento de lo local, junto con la convergencia y el dominio por una o unas pocas potencias culturales). Sin embargo, a pesar de que ha habido cambios en los flujos mundiales de productos audiovisuales, y de que m�s pa�ses hoy en d�a participan en los mismos, sigue existiendo un relativo dominio de Estados Unidos y otros pocos pa�ses en los mercados internacionales. Es decir que, aunque las audiencias tienen una tendencia a preferir lo m�s cercano culturalmente y lo que est� en su propio idioma, aquellos pa�ses que tienen gran capacidad de producci�n y grandes aparatos mercadot�cnicos, como Estados Unidos, contin�an predominando en los flujos mundiales.

LAS INDUSTRIAS CULTURALES LATINOAMERICANAS EN TIEMPOS DE LA GLOBALIZACI�N.

De todo lo anterior nos damos cuenta de que no se puede entender a las industrias culturales sin ubicarlas el contexto nacional e internacional en el que operan. El contexto contempor�neo es el de un mundo altamente interconectado e interdependiente, unipolar en ciertos aspectos y multipolar en otros. Es la globalizaci�n, etapa "triunfante" del capitalismo, despu�s del derrumbe del llamado "socialismo real". Un indicador posible de la mayor interconexi�n e interdependencia actual entre las naciones, lo constituyen los flujos de comercio exterior. En los �ltimos 50 a�os, la tendencia mundial general ha sido hacia la apertura de mercados. Entre 1950 y 1990, las exportaciones crecieron del 8% del Producto Mundial Bruto al 27%. En 1997, el comercio internacional era 14 veces el nivel que ten�a en 1950. Esta tendencia se ha acelerado en los �ltimos a�os con el surgimiento de acuerdos comerciales bilaterales y multilaterales, y bloques comerciales, como la Uni�n Europea, el TLCAN (NAFTA), Mercosur, ASEAN, etc. Los mercados de productos culturales tambi�n se han expandido: Entre 1980 y 1998, el comercio de bienes y servicios culturales se ha multiplicado por cinco (UNESCO 2000a). Pero los flujos de comercio internacional son desiguales. Por ejemplo, en 1994 los pa�ses desarrollados concentraban 69% de las exportaciones mundiales y 68% de las importaciones. El llamado "Grupo de los Siete" (Estados Unidos, Canad�, Francia, Inglaterra, Alemania, Jap�n e Italia) cubr�a el 51 y 50% respectivamente. Am�rica Latina y el Caribe participaban solamente del 4% de las exportaciones mundiales y del 5% de las importaciones.

Ante la llamada globalizaci�n, de hecho, el contexto mundial ha devenido altamente desigual. Al contrario de lo que se clam� triunfalistamente, el mundo no ha llegado al "fin de la historia", ni entrado al "reino de utop�a" despu�s de la ca�da del muro de Berl�n. Parecer�a ser que ahora la polarizaci�n es creciente entre pa�ses pobres y pa�ses ricos. El Informe sobre el Desarrollo Humano de 1999 indica que dos tercios de la humanidad no se han beneficiado del nuevo modelo econ�mico, basado en la expansi�n del comercio internacional y del desarrollo de nuevas tecnolog�as, y est�n excluidos de participar en la Sociedad de la Informaci�n. En el World Economic Outlook de 1997, el Fondo Monetario Internacional expresa que:

Dicho en t�rminos simples, durante los �ltimos treinta a�os la gran mayor�a de los pa�ses en desarrollo ... se han mantenido en el m�s bajo quintil de ingresos o han ca�do en �l desde una posici�n relativamente m�s alta. M�s aun, ahora hay menos pa�ses en desarrollo de ingreso medio y la movilidad ascendente parece haber disminuido en el tiempo. Mientras durante el per�odo 1965-1975 hab�a cierta tendencia a que los pa�ses se movieran hacia niveles m�s altos y progresaran relativamente con respecto a las econom�as avanzadas, las fuerzas de la polarizaci�n parecen haberse hecho m�s fuertes desde los inicios de los a�os ochenta.

La tendencia hacia la concentraci�n es evidente. Los datos del Banco Mundial indican que los pa�ses calificados como de "alto ingreso" (aproximadamente el 16% de la poblaci�n del planeta), de 1980 a 1996 incrementaron su proporci�n del Producto Global Bruto, del 73% al 80%. Solamente los pa�ses del "Grupo de los 7" pasaron durante el mismo lapso del 61% al 66% del PGB (Beinstein 1999). M�s adelante describimos c�mo se presenta esta tendencia concentradora en t�rminos de las grandes empresas y conglomerados transnacionales.

Por otra parte, un informe del Sistema Econ�mico Latinoamericano indica que en el Hemisferio Occidental la situaci�n es s�lo un poco menos dram�tica que a nivel mundial: Hay dos pa�ses de econom�as muy avanzadas: Estados Unidos y Canad�, que en 1995 presentaban un PNB de US$26,890 y US$19,380, respectivamente. Y por otro lado, los pa�ses de Am�rica Latina y el Caribe, todos pa�ses "en desarrollo", con un PNB per c�pita promedio de US$3,320. Si se consideran los extremos, destaca que Estados Unidos tiene un PNB per c�pita 108 veces superior al de Hait� (US$250).

Al interior de los pa�ses tambi�n se siguen presentando considerables desigualdades. Solamente un indicador sobre Latinoam�rica: La Comisi�n Econ�mica para Am�rica Latina de las Naciones Unidas calculaba que en 1997, el 36% de los hogares latinoamericanos se encontraba bajo la l�nea de la pobreza (54% en las zonas rurales). El rango iba desde el Uruguay con s�lo el 6% (otros pa�ses con una proporci�n baja: Costa Rica y Chile con 20%), hasta Honduras con el 74% de su poblaci�n bajo la l�nea de la pobreza, El Salvador con 48%, Bolivia con 47%, M�xico con 43% 12. Pero incluso en el pa�s l�der de la econom�a capitalista mundial han crecido la pobreza y la desigualdad. De acuerdo con cifras oficiales, hacia 1977 exist�an en Estados Unidos unos 24.7 millones de pobres (11.6% de la poblaci�n); para 1997, eran 35.5 millones los estadounidenses pobres (13.3% de la poblaci�n). En 1974, el 5% m�s rico de la poblaci�n norteamericana absorb�a el 16.5% del Ingreso Nacional, cifra que subi� al 21.1% en 1994. El 20% m�s pobre, descendi� del 4.3% al 3.6% del Ingreso.

La desigualdad mundial en riqueza y en el acceso de la poblaci�n a los beneficios del progreso se refleja en inequidad en el desarrollo de las industrias culturales y en el acceso diferencial de los ciudadanos a estas fuentes de entretenimiento, informaci�n y educaci�n. As�, por ejemplo una encuesta reciente de la UNESCO sobre las industrias cinematogr�ficas nacionales, muestra que la capacidad de producci�n cinematogr�fica tiene una alta correlaci�n, adem�s de con el tama�o absoluto del mercado (la poblaci�n), con diversos indicadores de desarrollo como el producto nacional bruto y la urbanizaci�n, as� como con otras variables de medios, tanto en t�rminos de posibilidades de producci�n como de recepci�n. Por ejemplo, los grandes productores cinematogr�ficos (m�s de 200 filmes al a�o) registraban un �ndice de desarrollo humano promedio (IDH, elaborado por la ONU) de 0.807; los medianos productores presentaban un promedio de 0.786 del mismo �ndice, mientras que los peque�os y nulos productores ten�an 0.717 y 0.581 respectivamente. A pesar de que China (incluyendo a Hong Kong), India y Filipinas, se encuentran entre los mayores productores de filmes del mundo, Estados Unidos da cuenta de 85% del comercio mundial cinematogr�fico registrado en tal encuesta.

Seg�n el Informe Mundial de Cultura de la UNESCO (1999), en 1994 los pa�ses industrializados publicaban 297 peri�dicos diarios por cada mil personas, mientras que las naciones en desarrollo tiraban 43 (el promedio mundial era de 97 diarios por mil personas). Entre 1991 y 1994, seg�n la misma fuente, los pa�ses industrializados publicaban 54 libros por cada 100,000 personas, por 7 de los pa�ses en desarrollo (el promedio para Latinoam�rica y el Caribe era de13). Con respecto al acceso a las nuevas tecnolog�as, demos un ejemplo: datos recientes de la OCDE (2000) indican que en 1999 Canad� y Estados Unidos daban cuenta del 55.9% de los usuarios de Internet en el mundo. Europa casi una cuarta parte (23.5%). El �rea Asia-Pac�fico, 16.7%. Latinoam�rica contaba apenas con el 2.6% de usuarios, en mejor posici�n que Africa (0.9%) o el Medio Oriente (0.4%). De un Inventario de Medios de Comunicaci�n en Am�rica Latina que realiz� CIESPAL durante el decenio pasado, se desprende una alta concentraci�n en el acceso a los medios, de acuerdo con los niveles de desarrollo de los pa�ses. As�, Brasil y M�xico pose�an m�s de la mitad de los peri�dicos y de las estaciones de radio y televisi�n del subcontinente. Aclaremos que las asimetr�as de las que hablamos se han producido hist�ricamente, aunque haya coyunturas que las propician o inhiben mayormente. Por ejemplo, Octavio Getino (1998: 12) refiere c�mo entre 1930 y 1990, "el conjunto de la regi�n produjo unos 10,000 largometrajes. El 90% de dicha producci�n estuvo concentrado en tres pa�ses: M�xico (46%), Brasil (24% y Argentina (19%)."

La desigualdad en el desarrollo de las industrias culturales nacionales a su vez se refleja en los flujos e intercambios internacionales. Durante los �ltimos lustros, el comercio de productos culturales ha crecido exponencialmente. Entre 1980 y 1998, el valor anual del comercio de bienes culturales pas� de 95,340 millones de d�lares a 387,927 millones de d�lares (UNESCO 2000a). Sin embargo, la mayor parte de esos intercambios ocurren entre un n�mero peque�o de pa�ses: en 1990, Jap�n, Estados Unidos, Alemania e Inglaterra daban cuenta de 55.4% de las exportaciones mundiales. Francia, Estados Unidos, Alemania e Inglaterra importaban 47% del total mundial. En 1998, China se sumaba a los dos grupos reci�n descritos, y en cada caso, los llamados "nuevos cinco grandes" concentraban 53% de las exportaciones y 57% de las importaciones (ibid.). La UNESCO (1999) calculaba para 1991 un volumen de comercio mundial en bienes culturales por 196,500 millones de d�lares, de los cuales correspond�a el 80% a los pa�ses industrializados. El mundo en desarrollo participaba con el 20% restante y Latinoam�rica y el Caribe con solamente el 2.5% del comercio cultural mundial. Seguimos corroborando, entonces, que la "globalizaci�n" ha ido integrando muy asim�tricamente a las naciones del mundo.

Un informe de la agencia francesa IDATE muestra claramente el proceso de concentraci�n a nivel mundial que est� ocurriendo en la industria audiovisual:

1996 vio el inicio de una nueva fase de concentraci�n en la industria, como resultado de las fusiones de Walt Disney/ABC, Westinghouse/CBS, y Time Warner/Turner. Esta tendencia lleg� a Europa en 1997 con los lazos que se establecieron entre Canal+/Nethold y UFA. Finalmente, la clasificaci�n de las 100 principales compa��as muestra el pronunciado coeficiente de concentraci�n en el sector:

En un estudio sobre la industria audiovisual iberoamericana (Latinoam�rica, m�s Espa�a y Portugal), se muestra que cinco empresas concentraban casi el 90% de las exportaciones de cine, video y televisi�n: Televisa, Rede Globo, Venevisi�n, Radio Caracas TV y RTVE. Las exportaciones de Televisa a su vez representaban casi el 50% del total. No obstante, las ventas de programas al extranjero constituyen todav�a un porcentaje peque�o de los ingresos de estas compa��as.

La expansi�n y diversificaci�n de nuevas opciones audiovisuales (televisi�n digital, todas las modalidades de TV de paga, DVDs, etc.), que han sido hechas posibles por la digitalizaci�n, est� ya trayendo nuevas demandas de productos culturales audiovisuales. Los pa�ses latinoamericanos deben generar la capacidad para cubrir una parte importante de esa demanda al interior de cada uno, a fin de no tener que cubrirla principalmente en los mercados externos. Para que se genere tal competitividad externa, se necesita crear un ambiente competitivo interno. Pero la convergencia que se ha ido dando entre las tecnolog�as de informaci�n, las telecomunicaciones y los medios audiovisuales a su vez est� trayendo consigo otro tipo de convergencia, en la forma de las grandes fusiones, adquisiciones y alianzas estrat�gicas entre corporaciones (por ejemplo, del lado del "hardware" las empresas de telecomunicaciones, con las de televisi�n, para ofrecer servicios de Internet, TV de cable, telefon�a y entretenimiento televisivo, entre otras posibilidades, en el lado del "software").

La alta concentraci�n en unas pocas empresas de la producci�n y puesta en circulaci�n, junto con la disparidad en los flujos e intercambios internacionales de productos culturales, limitan la diversidad y pluralidad de las manifestaciones culturales que circulan. Por ejemplo, en Iberoam�rica el estudio de las principales empresas de televisi�n abierta por nivel de ingresos muestra que las diez mayores concentran el 70% del total de facturaci�n del sector.

Hay aqu� una serie de retos para las pol�ticas p�blicas con respecto a los sectores involucrados, en nuestros pa�ses, que tambi�n son, por cierto, retos para la investigaci�n social y comunicacional. Solamente partiendo de informaciones veraces y rigurosas, y de marcos anal�ticos complejos y cr�ticos, podr�n tales pol�ticas operar a favor de que los desarrollos tecnol�gicos e institucionales beneficien a nuestros propias naciones, y dentro de las mismas a las mayor�as despose�das y marginadas por el propio proceso "globalizador" del capitalismo voraz y excluyente.

Un aspecto importante a recordar es que las dimensiones de la materia sociohist�rica no est�n aisladas unas de otras. As�, no se puede aislar la discusi�n, por ejemplo, de la competitividad de las industrias culturales, con respecto a la tan tra�da y llevada "transici�n a la democracia". Una empresa, por muy poderosa que sea, no puede constituir todo un sector industrial.

Se podr�a pensar que, al fomentar la concentraci�n de la propiedad en los sectores de la comunicaci�n y de telecomunicaciones, se da respuesta a nuestros problemas de competencia con Estados Unidos; no obstante, al apostar, como dice el refr�n, por el caballo ganador, se podr�an ocasionar nuevas dificultades, en la medida en que afecta a la posibilidad de construir una cultura pol�tica democr�tica. En otras palabras, hay bienes contradictorios que se debe tratar de reconciliar.

El dilema sigue siendo, como siempre, entre la concentraci�n y exclusi�n, y la participaci�n social. Tenemos ante nosotros un reto pol�tico, pero tambi�n acad�mico. Hay mucho trabajo por delante en la investigaci�n hist�rica y comparativa, que nos puede ayudar a derribar mitos e �dolos como el de que solamente "hay de una", para entrarle al neoliberalismo y la globalizaci�n: es decir, privilegiando y favoreciendo a grupos altamente concentrados y centralizados, y articul�ndonos subordinadamente a un pa�s, o a un bloque, sin tener en cuenta las necesidades de los numerosos grupos sociales y �tnicos que conforman hist�ricamente estas realidades tan ricas y m�ltiples que constituyen a Latinoam�rica, pero que est�n tan terriblemente olvidadas por la globalizaci�n y sus convergencias.

El mundo "globalizado" y altamente interdependiente (aunque de manera sumamente asim�trica) no ha logrado borrar las naciones, ni los Estados-naci�n. Excesivamente acotados, en especial en lo que se refiere a pol�ticas econ�micas, pero los gobiernos contin�an siendo actores centrales al interior de cada naci�n, y en el concierto internacional. Reducida, pero la soberan�a nacional a�n existe y se ejerce. Los pa�ses como entidades geopol�ticas, geoecon�micas y "geoculturales", siguen teniendo intereses nacionales de frente a otras naciones y a los nuevos poderes trans- y multinacionales. La nacionalidad contin�a siendo una referencia simb�lica-espacial significativa para la inmensa mayor�a de los pobladores de la mayor�a de las naciones. Si es el caso de que la democracia ha avanzado en el mundo, y en particular en Am�rica Latina durante las �ltimas d�cadas, entonces los gobiernos son representantes leg�timos de los intereses nacionales en cada caso. Entonces, es leg�timo que ejerzan pol�ticas p�blicas para hacer competitivas y eficientes, plurales y diversas, sus industrias culturales.

Un pa�s, al igual que un individuo, produce su propia imagen o nadie podr� hacerlo en su lugar (en ninguna otra parte podr� encontrar lo que existe de espec�fico y diferenciado en �l: vivencias, paisajes, fisonom�as, modos de ser, etc.). La imagen, a su vez, forma parte medular y decisiva de la identidad individual o colectiva. Sin imagen no hay imaginario, y sin imaginario personal o social se reducen dram�ticamente la identidad y el autorreconocimiento colectivos. A su vez, la identidad es un recurso indispensable para el desarrollo integral y efectivo, tanto de los individuos como de las naciones.

Los productos culturales no son solamente mercanc�as para ser consumidas en el corto o mediano plazo (como "bienes duraderos" o "no duraderos"). Los bienes y servicios de la industria cultural son "bienes duraderos" en un sentido muy diferente al de un refrigerador o un autom�vil. Los productos culturales son bienes simb�licos, es decir que, adem�s de mercanc�as, propuestas de sentido sobre el mundo que nos rodea; constituyen abierta o veladamente, directa o indirectamente, propuestas de definici�n sobre qui�nes somos (y qui�nes no somos –identidad y alteridad--); los contenidos simb�licos de los productos culturales proponen socialmente –-y a veces imponen hist�rica y socialmente-- patrones est�ticos –- la definici�n de qu� es lo bello y lo no bello--; proponen pautas �ticas y contribuyen a configurar la moral social prevaleciente (lo "correcto/incorrecto"; lo "normal/anormal", lo propio y lo impropio, lo propio y lo ajeno, ... ). Estos bienes simb�licos proponen representaciones e identificaciones sobre posibles "comunidades imaginarias", desde lo local hasta lo "global". Es decir, desde las identidades de barrio, pasando por las identificaciones con lo nacional o con lo "deslocalizado", trans-nacional. Pueden ser portadoras simb�licas de las nuevas utop�as sociohist�ricas (mundos posibles). Son universos simb�licos ligados a las comunidades que los producen y a colectividades afines con las que conectan a las primeras. Pero tambi�n y principalmente, los productos culturales son dispositivos s�gnicos que pueden mostrar la gran diversidad, pluralidad y riqueza de las manifestaciones culturales (en el sentido m�s amplio: lenguajes, m�sicas, costumbres, vestidos, cocinas, etc.) que existen en el mundo. A pesar de un cierto optimismo "posmoderno", me temo que las industrias culturales no est�n mostrando esa enorme riqueza y diversidad, sino que operan en una combinaci�n de lo "global" (Hollywood, por ejemplo), con lo local en cada caso. Ni siquiera podemos pensar que los medios de difusi�n latinoamericanos hayan estado propiciando, durante los �ltimos decenios, intercambios intensos entre los propios pa�ses latinoamericanos, a pesar de que se supone que compartimos una lengua y "una" cultura comunes.

Las industrias culturales no pueden ser dejadas sin m�s en las "manos invisibles", pero ciegas e insensibles, del mercado. Esto no significa regresar a los esquemas estatistas e intervencionistas del pasado, sino simplemente que el Estado, en tanto representante leg�timo de quienes pueblan una naci�n, debe poder regular, u orientar a las fuerzas ciegas de la oferta y la demanda. Si un gobierno es elegido democr�ticamente y opera con plena transparencia, sus objetivos y formas de operaci�n efectivamente representan el inter�s com�n. No se trata, entonces, de "apostar" por el mercado o por el Estado. La oferta y la demanda son de hecho fuerzas ciegas que, no hay duda, efectivamente ejercen presiones estructurales sobre los ciclos de producci�n, distribuci�n y consumo de productos culturales. Pero ni la oferta ni la demanda poseen inteligencia, ni conciencia propias, ni sensibilidad humana, ni identidad cultural, o nacional, o �tnica o de g�nero.

Con la convergencia entre las telecomunicaciones, las tecnolog�as de informaci�n y los medios de comunicaci�n, est� ocurriendo (en los niveles nacionales y globalmente) una intensificaci�n del proceso de concentraci�n de las empresas, con integraciones verticales y horizontales de "hardware y software", de las redes y los contenidos. Tal convergencia industrial, tendencia hacia la concentraci�n y centralizaci�n del capital, tiene implicaciones pol�ticas, en t�rminos de constituirse en un obst�culo potencial para la pluralidad y la democracia. Ya pasaron y se superaron los a�os del estatismo e intervencionismo autoritarios de los a�os setenta. Sin embargo, desde la perspectiva de salvaguardar la diversidad cultural y el pluralismo pol�tico, la competencia y la competitividad de las empresas nacionales, los gobiernos democr�ticos leg�timos de la regi�n deber�an repensar seriamente desde el plano nacional y como regi�n (o como subregiones) la situaci�n de sus industrias culturales. Dados los imbalances, desigualdades y asimetr�as que prevalecen en el sector, deber�an ejercer pol�ticas que impulsen un desarrollo cultural m�s sano, diverso y equilibrado.

Los retos del voluntariado

El voluntariado social es un fen�meno que d�a a d�a va cobrando mayor fuerza. Y sabemos que la fortaleza de una realidad social no depende tan s�lo del n�mero de personas o de grupos que la secundan sino del grado de cambio social que logran realizar, influir o canalizar.
Ciertamente pueden existir -y existen- formas de voluntariado que nada tienen que ver con cambios sociales: el voluntario que ense�a un museo o el jubilado-voluntario que ayuda a regular el tr�fico a la puerta de los colegios. Este voluntariado cultural, deportivo, hasta podr�amos llamarlo c�vico es leg�timo.

Sin embargo, el voluntariado de acci�n social es heredero de una solidaridad radical que se hermana con dimensiones esenciales del ser humano y de la convivencia entre las personas y los pueblos. Quien trabaja como voluntario con las personas sin hogar, con j�venes pr�ximos a la exclusi�n social, con inmigrantes o con prostitutas sabe que su gota de agua solidaria ha de englobarse en una b�squeda de cambios sociales amplios, aunque sean lentos; sabe que su aportaci�n ha de sumarse a la b�squeda de condiciones de vida justas para quienes m�s sufren la tragedia de un tipo de sociedad excluyente y despersonalizadora.

El voluntariado es la expresi�n de una forma concreta de vivir la solidaridad que tiene su residencia en el acontecimiento del encuentro radical con la persona que sufre, que se descubre orillada en los m�rgenes de la sociedad y que vive lejos del ejercicio de su derecho al empleo, a la cobertura sanitaria, a la educaci�n o a la vivienda. De esta forma, el voluntariado de acci�n social se asemeja a un colch�n solidario que permite no hundirse a las personas excluidas; pero, con ser importante, el voluntariado ha de proyectarse igualmente como veh�culo de transformaci�n social y de incidencia real en las pol�ticas sociales en favor de los m�s desfavorecidos.

El voluntariado de acci�n social nace de una determinada manera de ver la realidad. Siguiendo a Benedetti, todo depende del dolor con el que miramos a lo que se nos pone delante de nuestros ojos y de nuestra vida. Desde esta mirada, nada humano nos es ajeno. Aqu� acontece la primera fuente de donde mana la acci�n voluntaria. Ser voluntario no es primeramente un acto de bondad, sino un acto de humanidad. Las personas somos constitutivamente realidades sociales; desde nuestro nacimiento el encuentro con los dem�s constituye el �mbito propicio para el crecimiento personal y para reordenar nuestros mundo vitales.

En segundo lugar, el voluntario cuenta en su haber con una convicci�n de partida: no estamos condenados a que las cosas sean como nos las encontramos d�a tras d�a; las cosas pueden ser de otro modo. El voluntario, as�, se enfrenta a ese clima cultural que vivimos que abona la ideolog�a de lo inevitable, la ideolog�a que proclama que quien cae en la exclusi�n est� ah� y no le demos m�s vueltas; por el contrario, el voluntario se siente responsable de un mundo que no le gusta y que no tiene por qu� repetir. No estamos condenados al inmovilismo sino, al contrario, nos encontramos abocados al cambio, a la transformaci�n social.

Con estos dos materiales primeros, la conciencia de que somos seres sociales y que la realidad social es siempre modificable, el voluntario act�a desde una caracter�stica que le marca con fuerza: la gratuidad. En una primera aproximaci�n la gratuidad se puede entender como realizar una acci�n sin recibir a cambio compensaci�n econ�mica alguna, o dar gratis lo que uno ha recibido gratis. Y esto est� bien, pero es insuficiente. La gratuidad se sumerge en la experiencia del encuentro personal con quien sufre. Esto es m�s que tener inter�s por otros; en nuestra sociedad de consumo nos acostumbramos con frecuencia a interesarnos por las desgracias ajenas de quien aparece en el televisor. El encuentro con el otro excluido no es tangencial sino nuclear y no admite suplencias.

El encuentro con el excluido, en efecto, enciende en el voluntario una chispa que destartala nuestro equipaje mental y actitudinal. La chispa encuentra en la compasi�n el camino de ida hacia la realidad personal, familiar, ambiental y estructural del excluido. Pero la chispa ha de propagarse en el camino grupal, comunitario y estructural que tiene en la justicia la meta de la acci�n voluntaria. Se podr� ser voluntario de dos horas a la semana o de veinte; lo importante ser� la trayectoria y el sentido de la acci�n voluntaria. De esta forma podemos concluir que la acci�n voluntaria no radica tanto en la acci�n individual cargada de generosidad sino en la acci�n colectiva de un grupo de personas que trabaja en la direcci�n de desarrollar redes de solidaridad efectivas que dinamicen el tejido social de nuestros barrios.

Evidentemente este tipo de voluntariado de acci�n social, que tiene en la justicia hacia los excluidos su punto de mira, puede que sea a veces molesto y poco grato a los ojos de los poderes p�blicos. En este momento, adem�s, hemos de estar atentos a los retos que desde m�ltiples instancias se plantean en el mundo del voluntariado social. El mundo del voluntariado, que en tiempos bien recientes era considerado mero ap�ndice del Estado que llegaba donde �ste no pod�a llegar, vive en la actualidad un momento dulce y aparece radiante en los medios informativos, se le cita continuamente desde los poderes p�blicos y es seducido cotidianamente por las fuerzas del Mercado. Ciertamente, la solidaridad no es cosa de h�roes ni se ve reducido a un solo campo de actuaci�n; el mundo del voluntariado ha de encontrarse y dialogar tanto con las Administraciones P�blicas como con aquellas parcelas del Mercado que en verdad quieran ser solidarias tanto hacia fuera como hacia dentro de sus propias empresas. Pero el di�logo y la negociaci�n no debe culminar en la sumisi�n y en la p�rdida de credibilidad cuando lo que intentamos defender es la vida digna de los �ltimos.

Existen grupos de voluntarios trabajando en barrios marginales que, ante la progresiva domesticaci�n del voluntariado desde las leyes y la publicidad de voluntariado "ligth" que se ofrece desde los medios de comunicaci�n, deciden darse de baja de esto del voluntariado. Se sienten "militantes" y no tapagujeros del sistema. Ahora bien, ciertamente estamos asistiendo a la "muerte" de una cierta forma de entender la militancia: aquella que se basa en la entrega absoluta, la disponibilidad sin l�mite, la renuncia y casi el hero�smo; hay que estar atentos a la nueva sensibilidad solidaria que no niega la realizaci�n personal ni renuncia a los espacios de descanso en medio de la autopista del vertiginoso trabajo cotidiano. La dicotom�a o voluntario o militante me parece hoy fuera de lugar. Tan peligroso es caer en un voluntariado "ligth" que atonta conciencias como desear regresar a una elitista militancia de escogidos. Por el contrario, la acci�n voluntaria se alimenta tanto de las distancias largas que esbozan la utop�a necesaria como de las distancias cortas que se expresan en la proximidad y el valor de lo concreto, por peque�o que sea.

El voluntario no nace, se hace. El voluntariado no tiene exclusivamente su punto de mira en la tarea que se debe realizar sino en la persona voluntaria. Estas dos cuestiones acrecientan la necesidad de que las organizaciones sociovoluntarias, las peque�as y las grandes, abordemos la realidad del voluntariado desde la creaci�n de itinerarios educativos donde la acogida, la formaci�n , la experiencia en la acci�n, el acompa�amiento personal y/o grupal y la propia organizaci�n del voluntariado tiene su clave de comprensi�n en el crecimiento de los voluntarios, en la posibilidad de que sus actitudes, acciones y compromisos crezcan y se desarrollen con el tiempo.

Este 2001, en el que se celebra el A�o Internacional del Voluntariado, puede ser ocasi�n para la banalizaci�n, domesticaci�n e instrumentalizaci�n del voluntariado, que rinde pleites�a a la moda solidaria que fabrica voluntarios sin ra�ces y sin horizontes, o tal vez nos encontremos ante un a�o que nos ofrece como una oportunidad para reflexionar y volver sobre las ra�ces de una realidad tan dada a las manipulaciones y a las facilonas alabanzas. Por eso, vengo proponiendo que este a�o sea el a�o del RE: re-situar, re-pensar y re-crear el voluntariado. Veamos.
Re-situar al voluntariado en un espacio social que tradicionalmente se vive en conflicto. Para unos el voluntariado es la mano amiga de los t�cnicos contratados, los ayudantes de los que "oficialmente" saben. Para otros, el voluntariado ha de ser el "santo y se�a" de los proyectos y acciones, de manera que de ellos han de emanar las decisiones principales en las organizaciones de voluntariado. En ambos casos se legitima una ideolog�a perversa. El voluntariado ha de resituarse en la acci�n que comparte en el seno del mismo equipo de trabajo con otras personas contratadas y con las que realiza una misma acci�n diversificada en actividades, momentos y especifidades diferenciadas y, al tiempo, complementarias.
Re-pensar , en segundo lugar, el voluntariado en tanto que las ra�ces de su acci�n se hermanan en otros gestos de car�cter solidario que viven otras gentes y grupos que tambi�n trabajan por la paz, por la justicia y la igualdad. Pensemos que el voluntariado se ha identificado en muchas ocasiones como la expresi�n m�s genuina de la solidaridad. Y en mi opini�n, se trata de una forma, ni mejor ni peor que otras. El voluntariado participa de la construcci�n de una solidaridad en la que se encuentran grupos movimientos, asociaciones y personas que no necesariamente pasan por la experiencia del voluntariado.
Por �ltimo, Re-crear el voluntariado desde la experiencia de que en estos nuevos tiempos los voluntariados no funcionan solos, sino que deben crearse itinerarios educativos que les permitan transitar por procesos formativos que nazcan de la acci�n y reviertan a ella enriquecida. En estos procesos se deber�n vincular los momentos tradicionales de formaci�n inicial o formaci�n espec�fica, con oros elementos de car�cter informal, que tienen en el acompa�amiento personalizado su elemento clave.

Las personas y los grupos de voluntarios est�n de enhorabuena, porque nos hacen creer que es posible cambiar las cosas, y que no estamos condenados a pensar que "ya nada se puede hacer". Al contrario, el voluntariado expresa un "nosotros queremos" que camina por la senda de la posibilidad que se esconde tras cualquier realidad, por dura que �sta sea.

Luis A. Aranguren Gonzalo
Responsable del programa de voluntariado de C�ritas - Espa�a
[email protected]
Centro de Colaboraciones Solidarias

***13 LINEAS PARA VIVIR ***

1.Te quiero no nada m�s por qui�n eres, sino por quien soy cuando estoy contigo.

2.Ninguna persona merece tus l�grimas, y quien se las merezca no te har� llorar.

3.S�lo porque alguien no te ame como tu quieres, no significa que no te ame con todo su ser.

4.Un verdadero amigo es quien te toma de la mano y te toca el coraz�n.

5.La peor forma de extra�ar a alguien es estar sentado a su lado y saber que nunca lo podr�s tener.

6.Nunca dejes de sonre�r, ni siquiera cuando est�s triste,porque nunca sabes quien se puede enamorar de tu sonrisa.

7.Puedes ser solamente una persona para el mundo, pero puedes ser el mundo entero para una persona.

8.No pases el tiempo con alguien que no este dispuesto a pasarlo contigo.

9.Quiz� Dios quiera que conozcas mucha gente equivocada antes de que conozcas a la persona adecuada, para que cuando al fin la conozcas sepas estar agradecido.

10.No llores porque ya se termin�, sonr�e porque sucedi�.

11.Siempre habr� gente que te lastime, as� que lo que tienes que hacer es seguir confiando y solo ser mas cuidadoso en quien conf�as dos veces.

12.Convi�rtete en una mejor persona y aseg�rate de saber quien eres antes de conocer a alguien mas y esperar que esa persona sepa quien eres.

13.No te esfuerces tanto, las mejores cosas suceden cuando menos te las esperas.

Env�alo a las personas que por alguna raz�n son tus amigos, aunque no los veas siempre, aunque no les hables siempre... pues recuerda:

"TODO LO QUE SUCEDE, SUCEDE POR UNA RAZ�N"

bueno me gusto esto y me gustaria ke lo tubieran espero lesguste !!!!!!!
y ke lo pngan por ahi en una de sus publikasiones !!! < [email protected] >

Paginas recomendadas que han recibido nuestro premio MUNDO MATERO


Rinc�n chistoso:

A Un tipo impotente lo manda su esposa a ver un ur�logo. El tipo va y el ur�logo le da unas pastillas y le dice: Se toma una antes del acto, solo una, y para cortar el efecto, meta el pene en leche. El tipo se va a su casa, le dice a su mujer que se prepare, pero el no le crey� al doctor, y en vez de una pastilla, se tom� el frasco entero. El tipo parec�a una m�quina sexual, se mand� a la mujer, al mayordomo, a la sirvienta y hasta al perro. Se acord� de lo que le hab�a dicho el m�dico para cortar el efecto, se fue a la cocina y ech� en un balde toda la leche que se encontraba. La sirvienta, que estaba detr�s de una puerta, al ver lo que hac�a grita: Corran que est� recargando!

EXISTE SANTA CLAUS?
Como resultado de una abrumadora falta de peticiones, y con la ayuda investigadora innumerables cientificos, se han obtenido las siguientes conclusiones acerca de la existencia de Santa Claus:
1. Ninguna especie conocida de reno puede volar. No obstante, existen 300.000 especies de organismos vivos pendientes de clasificaci�n y, si bien la mayor�a de ellas son insectos y g�rmenes, no es posible descartar completamente la posible existencia entre ellas del reno volador que solo Santa Claus conoce.
2. Hay unos 2.000 millones de ni�os (considerando �nicamente a las personas con menos de 18 a�os) en el mundo. Pero dado que Santa Claus no parece que se ocupe de los ni�os musulmanes, hind�es, jud�os y budistas, la cifra se reduce a un 15% del total (unos 378 millones, seg�n las estad�sticas mundiales de poblaci�n). Seg�n estas estad�sticas, se puede calcular una media de 3,5 ni�os por hogar, por lo que estamos hablando de unos 91,8 millones de hogares (suponiendo que en cada uno de ellos, haya al menos un ni�o que se haya portado bien).
3. Santa Claus dispone de 31 horas en Nochebuena para realizar su trabajo, gracias a los diferentes usos horarios y a la rotaci�n de la tierra (se supone que viaja de este a oeste, lo cual parece l�gico). Esto supone 822,6 visitas por segundo. En otras palabras, en cada hogar cristiano con un ni�o bueno, Santa Claus tiene 1 mil�sima de segundo para aparcar, salir del trineo, bajar por la chimenea, llenar los calcetines, repartir los dem�s regalos bajo el �rbol, comerse lo que le hayan dejado, trepar otra vez por la chimenea, subir al trineo y marchar hacia la siguiente casa. Suponiendo que cada una de estas 91,8 millones de paradas est� distribuida uniformemente sobre la superficie de la tierra (lo cual es falso, pero puede valer para los c�lculos), hay 1,2 Km. entre casa y casa. Esto da un recorrido total de 110 millones de Km., sin contar lo necesario para las paradas a hacer, lo que cada uno de nosotros har�a al menos una vez en 31 horas.
Se deduce de ello que el trineo de Santa Claus se mueve a unos 1000 Km./sg, 3000 veces la velocidad del sonido.
Como comparaci�n, el veh�culo fabricado por el hombre que mayor velocidad alcanza, la sonda espacial Ulises, se mueve a unos m�seros 43 Km./sg. Un reno convencional puede correr a una velocidad punta de unos 24 Km./h. 4. La carga del trineo a�ade otro elemento interesante al estudio. Suponiendo que cada ni�o solo se lleve un juguete de tama�o mediano (0,9 Kg.), el trineo transporta unas 321.300 toneladas, sin contar a Santa Claus, a quien siempre se le describe como bastante rellenito. En la tierra, un reno convencional no es capaz de transportar mas all� de 150 Kg.
Aunque el reno volador pudiera transportar diez veces esa carga, no bastar�an ocho o nueve, sino que se precisar�an unos 214.200 renos. Esto incrementa la carga (sin contar el peso del propio trineo) a unas 353.430 toneladas. 5.353.000 toneladas viajando a 1000 Km./sg crean una resistencia aerodin�mica enorme, que provocar� un calentamiento de los renos similar al que sufre una nave espacial en su re-entrada a la atm�sfera terrestre. La pareja de renos que vaya a la cabeza absorber� un trill�n de julios de energ�a por segundo, cada uno. En pocas palabras, se incendiar�n y consumir�n casi al instante, quedando expuesta la pareja de renos posterior. Tambi�n se originar�n unas ondas sonoras ensordecedoras en este proceso. El tiro de renos al completo se vaporizar� en 4,26 mil�simas de segundo.
Santa Claus, mientras tanto,sufrir� unas fuerzas centr�fugas 17.500,06 veces superiores a las de la gravedad.
Si Santa Claus pesara 120 Kg. (lo cual es incluso demasiado delgado), ser�a aplastado contra la parte posterior del trineo con una fuerza de mas de 2 millones de Kg. Por consiguiente, si Santa Claus existi� alguna vez y llev� los regalos a los ni�os en Navidad, ahora est� muerto.
�Existe Santa Claus? (Contraexplicaci�n) Si respondemos lo anterior a un ni�o cuando nos pregunte por la existencia de Santa Claus (o bien, lo deduce �l por si mismo), el ni�o puede llevarse una desilusi�n tremenda. Por suerte, hay una contraexplicaci�n que puede sernos �til en este caso: El an�lisis anterior, basado en las leyes de la F�sica cl�sica, presenta un fallo importante, puesto que no considera los fen�menos cu�nticos, que son bastante significativos en este caso particular. Como se ha indicado, se conoce con extrema precisi�n la velocidad terminal del reno a trav�s del aire seco de diciembre sobre el hemisferio norte (por ejemplo). As� mismo, se conoce con tremenda precisi�n la masa de Santa Claus y su trineo (puesto que se conoce el n�mero de ni�os, regalos y renos justo antes del vuelo). En cuanto a la direcci�n y sentido del vuelo, esta es esencialmente de Este a Oeste.
Todo lo anterior significa que se puede determinar con excelente precisi�n el vector del momento cin�tico de Santa Claus y su cargamento. Basta con aplicar el principio de incertidumbre de Heisemberg para saber que la posici�n de Santa Claus, en cualquier momento de Nochebuena, es extremadamente imprecisa. En otras palabras, est� difuminado sobre la superficie de la tierra, de forma an�loga a como el electr�n est� difuminado a una cierta distancia del n�cleo del �tomo. Por tanto, literalmente puede encontrarse en todas partes en un momento dado. Por �ltimo, las velocidades relativistas a las que los renos pueden llegar durante breves lapsos de tiempo hacen posible que, en ciertos casos, llegue a algunos lugares un poco antes de salir del polo norte. Santa Claus, en otras palabras, asume durante breves periodos de tiempo las caracter�sticas del taqui�n.
Estamos de acuerdo en que la existencia de los taquiones a�n no est� probada y es hipot�tica, pero lo mismo ocurre con los agujeros negros, y ya nadie duda de su existencia. Por consiguiente, es perfectamente posible que Santa Claus exista y reparta todos los regalos en nochebuena.
Mas humor en nuestra secci�n CHISTERO     click AQUI


RINCON POETICO

ECLIPSE DE AMOR
[email protected]

La ma�ana te encontr� hoy en mi cama,
y el sol toda tu piel ilumin�, 
la luna fue testigo de tus besos, 
y al astro rey hoy se lo cont�. 

Ella vio consum�ndose el pecado, 
cada uno de tus gritos escuch�, 
y el sol sali� una hora m�s temprano, 
porque ni el cre�a todo lo que sos. 

A esa luna yo ya bien la conoc�a, 
siempre supo que viv� pensando en vos, 
me miraba describiendo tus sonrisas, 
y de vos ella tambi�n se enamor�. 

Nunca supo de verdad si es que exist�as, 
ya que el d�a siempre fue el que nos junt�, 
yo escrib�a, a la vez que ella le�a, 
de tus llamas que me nublan la raz�n. 

Ayer sali� como todos preve�an, 
creciente, como fue mi expectaci�n, 
pero al verte de mi mano sufri� envidia, 
que de rojo todo el cielo ayer manch�. 

No supimos, no miramos para arriba, 
nos perd�amos en besos  y sudor, 
tu sonrisa, esa cosa tan divina, 
eclipsaba todo menos nuestro amor. 

Espiaba con su luz por la persiana, 
te tocaba, te violaba con su luz, 
te deseaba como yo con mis miradas, 
te sufr�a como yo pensando en vos. 

Se escondi� tras una nube sin aliento, 
y sin m�s del firmamento se esfum�, 
fue a quejarse al que todo lo ilumina, 
y fue as� que de vos El se enter�. 

No cre�a mientras ella describ�a, 
y tu esencia en su mente se impregn�, 
as� supo que ya verte era una cita, 
y fue as� que hoy el d�a madrug�. 

Muchos llaman a ese d�a la venida, 
esa noche donde el mundo no acab�, 
nadie supo, ya que el diario no dec�a, 
que fue todo por haberte hecho el amor.

Cu�nto Vale un Billete de 100 d�lares ?

Alfredo, con el rostro abatido de pesar se re�ne con su amiga Marisa en un bar a tomar un caf�.
Deprimido descarg� en ella sus angustias...que el trabajo, que el dinero, que la relaci�n con su pareja, que su vocaci�n...todo parec�a estar mal en su vida.
Marisa introdujo la mano en su cartera, sac� un billete de 100 d�lares y le dijo:
- Alfredo, quieres este billete ?
Alfredo, un poco confundido al principio, inmediatamente le dijo:
- Claro Marisa...son 100 d�lares, qui�n no los querr�a ?
Entonces Marisa tom� el billete en uno de sus pu�os y lo arrug� hasta hacerlo un peque�o bollo.
Mostrando la estrujada pelotita verde a Alfredo volvi� a preguntarle:

- Y ahora igual lo quieres ?
- Marisa, no s� qu� pretendes con esto, pero siguen siendo 100 d�lares, claro que los tomar� si me lo entregas.
Entonces Marisa desdobl� el arrugado billete, lo tir� al piso y lo restreg� con su pie en el suelo, levant�ndolo luego sucio y marcado.
- Lo sigues queriendo ?
- Mira Marisa, sigo sin entender que pretendes, pero ese es un billete de 100 d�lares y mientras no lo rompas conserva su valor...
- Entonces Alfredo, debes saber que aunque a veces algo no salga como quieres, aunque la vida te arrugue o pisotee SIGUES siendo tan valioso como siempre lo hayas sido... lo que debes preguntarte es CUANTO VALES en realidad y no lo golpeado que puedas estar en un momento determinado.

Alfredo qued� mirando a Marisa sin atinar con palabra alguna mientras el impacto del mensaje penetraba profundamente en su cerebro.
Marisa puso el arrugado billete de su lado en la mesa y con una sonrisa c�mplice agreg�:
- Toma, gu�rdalo para que te recuerdes de esto cuando te sientas mal...pero me debes un billete NUEVO de 100 d�lares para poder usar con el pr�ximo amigo que lo necesite !!
Le dio un beso en la mejilla a Alfredo -quien a�n no hab�a pronunciado palabra- y levant�ndose de su silla se alej� con su atractivo andar con rumbo a la puerta.
Alfredo volvi� a mirar el billete, sonri�, lo guard� en su billetera y dotado de una renovada energ�a llam� al mozo para pagar la cuenta...

Pan de Carne Fantas�a
Ingredientes:
Masa:
2 1/2 taza de harina
1 taza de maizena
1 cta. de sal
150 grs de margarina
1 huevo
3/4 taza de agua fr�a.
Relleno:
1 kilo de carne picada
2 huevos
1 cebolla
1 cda. de queso rallado
3 cdas. de maizena
sal y pimienta a gusto
1 cda. de mostaza
3 huevos duros
3 salchichas de viena.
Preparaci�n:

Tamizar sobre la mesa la harina, la sal y la maizena. Colocar en el centro la margarina en trocitos y el huevo, trabajar estos ingredientes secos alternarlos con agua hasta formar una masa homog�nea. dejar descansar 20 minutos en la heladera. En un bols la carne cruda con los huevos. la cebolla el queso rallado, maicena y condimentar con sal pimienta y mostaza a gusto. Estirar la masa en forma rectangular 30cm x 40 cm aprox. Colocar la mitad de la preparaci�n en el centro de la masa, luego agregar los huevos duros y las salchichas, cubrir con el resto de la carne picada, dando forma de pan. Hacer unos cortes en la masa, en las esquinas y en los costados en diagonal, doblar las puntas hacia dentro y arriba y cerrar cruzando tiras laterales. Pintar con huevo. Cocinar en horno moderado 45 minutos. Retirar, servir con repollitos y zanahorias salteadas con manteca.

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