Informe semanal de MUNDO MATERO
n�mero 10

URGENTE
Los uruguayos somos conocidos en el mundo por ser muy gauchos, a ver como nos portamos en esta oportunidad.
Me dirijo a Uds. pues necesito urgente una silla de ruedas, es para una abuela de 97 a�os, vive sola con un hijo, �nico familiar, la soluci�n para que �l pueda trabajar sin abandonar su madre que ya no puede valerce por si misma y tampoco �depositarla� en una casa de salud ya que �l vive por y para su �viejita� es llevarla todos los d�as a la casa de una vecina que vive a unas cuadras de distancia y se la cuida, cosa que cada d�a se le hace m�s dif�cil ya que tiene que llevarla en brazos y corre peligro de golpearla. Pagar un taxi d�a a d�a le es imposible.
Seria en calidad de pr�stamo, por un per�odo no prolongado, la anciana es sana, su problema es la edad y el coraz�n. Disculpen el atrevimiento, quien se responsabiliza de la devoluci�n de la silla es quien env�a �sta y la asistente social encargada de la fundaci�n WINNERS. Muy agradecida por la atenci�n prestada Saludos. Atte. Maria Mercedes Osorio Rissoto
(C.I. 3.488 996-3) Tel.211 46 25 - [email protected]


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La literatura �es o se hace? taller de escritura
a cargo de Leo Masl�ah
Orientado a orientales
Por informes: tel. 402-6707 (de noche)
e-mail: [email protected]

Gorosito informa:
En la antigua Inglaterra la gente com�n no pod�a tener sexo si permiso del rey, s�lo los nobles. Cuando la gente quer�a tener un hijo deb�a solicitar un permiso al monarca, quien le entregaba una placa que deb�a colgar fuera de su puerta mientras ten�a relaciones. La placa dec�a: �Fornication Under Consent of the King� (FUCK). Es el origen de tan socorrida palabra.

ESTUDIOS JURIDICOS.COM.UY Presenta los cursos de capacitacion 2001 de la Escuela Uruguaya de Comercio Exterior de la Fundaci�n BankBoston.
La Escuela Uruguaya de Comercio Exterior de la Fundaci�n BankBoston, est� formando profesionales en la cada vez m�s importante disciplina del Comercio Exterior. Mediante sus distintos sistemas de cursos, cada uno con una duraci�n �ptima con relaci�n a las necesidades de formaci�n y tiempo disponible, los egresados est�n capacitados para desempe�arse eficazmente en las diversas �reas del Comercio Exterior, ya sea en empresas privadas, p�blicas o como profesionales independientes.
MAS DETALLES EN: http://webs.montevideo.com.uy/estudios/index1.html

CRONICA DE UNA NAVIDAD ANUNCIADA
Gingolbell,gingolbell.....el espiritu de la Navidad ha llegado a mi familia.
DIA 24.
Hora 9:30 Estoy en el ba�o,como todas las ma�anas haciendo mis necesidades ...mi vieja y querida radio portatil apoyada en el marmol quedo por casualidad sintonizada en Carve ...suenan los villancicos a todo vapor y cada tres minutos una grave voz de locutor de fonoplatea agradece a los 23 anunciantes que le quedaron ...
10.30 Pregunto ...hace falta algo mas ??? y Silvia grita de la cocina con voz de mal humor porque el arrollado de palmitos se le escapa por los costados ...tenes que comprar el pan y supongo que tus padres querran un helado (comienza la agresion a mi noble familia ).
11.30 Voy con cara de pelotudo a la panaderia (donde tambien suenan los villancicos) y el due�o despues de cobrarme me desea la mayor felicidad junto a los suyos paz armonia y 60000 pelotudeces mas teniendo en cuenta que era la primera vez que lo veia en mi vida.
Dos chicos en la puerta con pinta de St.Catherine me piden un dolar pal;juda ...
12.30 Silvia sigue luchando con los palmitos ,los que ahora empuja furiosa con el dedo gordo ...y me grita ! vas a comer algo! porque yo no tengo tiempo de nada (segunda agresion implicita hacia mi noble familia ) grito no hacia tan amorosa invitacion .....y comienza esa hora intermedia en la que es muy temprano para hacer las llamadas ,para vestirme y me paseo como leon enjaulado por el living xsin saber que hacer .... Me decido por HBO Ole y me veo un bodrio "Navidad Blanca en los Urales " con Victor Mature y Judy Gardland .... Llega la tardecita ....Silvia con su baton manchado de mayonesa catchup y restos de palmitos agarra peligrosamente su indice telefonico y comienza ordenadamente por la tercera generacion de tias viejas las tradicionales salutaciones navide�as !!! Luego de la tercera llamada se toma un respiro ya que a una la redujeron en el 94 y no se acordaba ,la otra esta internada en "El Buen Pastor "y la tercera recita las 24 horas "La guerra Gaucha "...... Luego si con brios renovados empieza ...felicidades junto a los tuyos etc etc etc
22 horas
Parto a buscar a mi noble familia ,cuando salen de su piso en la vda. Ponce el viejo en vez de su bir al auto agarra como para el Estadio ,la vieja con su baston se lleva por delante un hermoso macetero y los labios mas rojos que nunca y la pollera que le chinga de mi hermana se ven de 200 metros ....
LA CENA
Comienza por las necrologicas ...el viejo relata con precision todos los borrados desde el 46; en adelante ,luego viene la seccion de "El deporte en el recuerdo " relatando por enesima vez el gol del oreja Ferres contra Pe�arol en el 62.....Luego a que edad comenzo a trabajar en una bodega hasta que el padre lo empleo en el Republica etc etc etc ....
La vieja le cuenta a Silvia que pago dos millones de luz siendo imposible que saque los tres ceros de su cabeza ... Juan pone su mejor cara de 50 a�os y gru�e dos o tres monosilabos... canal 10 repite por enesima vez Navidad Blanca con Placido Domingo comemos el arrollado de palmitos ...vienen las 12 ...besos ...se abren los regalos ...(porque sera que todo lo que a uno le regalan o no lo precisa o le queda chico o grande ) ...y despues del tradicional dulce de leche granizado de conaprole (en caja de carton) nos sentamos todos alrededor del televisor ... 2.oo AM Juan se fue a su computadora ,los bostezos de Silvia le van a tragar una oreja a mi mama y el viejo babea el pomelo en el sillon grande ,la vieja sigue con sus cuentas y dice que " el de arriba se vendio en 200 millones " Termina esta jornada agotadora y haciendo "un para atras "me acorde de las navidades en lo de mis abuelos donde 30 nos sentabamos a la mesa ...el pan dulce de La Novaresa ,el pedido de lo frio al Lion Dor el turron "blando " espa�iol en cajitas de madera ...un tio (que siempre sospechamos era maricon ) que nos hacia cantar gingolbell.... en fin otra epoca ....pero de cualquier manera por los chiquitos que vienen y por los que estan !!!!FELIZ NAVIDAD!!!!!! El Baron de Ticcino y North Pole.

Invitamos a todos los amigos materos a sumarse a nuestro chat de voz en
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Conoce el significado, importancia y s�mbolo del Mi�rcoles de Ceniza como el inicio formal a la Cuaresma.
http://www.encuentra.com/cuaresma/miercolesdeceniza.htm

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www.todoradio.com
Un fuerte abrazo y hasta un tango de estos

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DERECHOS HUMANOS:
INVESTIGACION DE LA ORGANIZACION AMNESTY INTERNATIONAL
La tortura, un negocio para empresas de EE.UU.
Amnesty denunci� que 80 compa��as venden elementos de tortura � Ofrecen bastones el�ctricos y esposas con clavos � Los principales destinos son Arabia Saudita, Rusia, Israel y Egipto
MARINA AIZEN. Nueva York. Corresponsal.

OFERTAS. Elementos de tortura en venta en una feria de Beijing.

Denuncian abuso policial y corrupci�n en Am�rica latina

CNN en espa�ol (EE.UU.)
Empresas estadounidenses exportan instrumentos de tortura, dice Amnist�a

Le Monde (Francia)
La situation des droits de l'homme au Maroc p�se sur le congr�s de la FIDH
Mientras el Departamento de Estado condenaba ayer los atropellos a los derechos humanos alrededor del mundo, la organizaci�n Amnesty International denunciaba al mismo tiempo que compa��as estadounidenses se benefician enormemente de la exportaci�n de equipos para la tortura, que incluyen desde esposas dentadas -que lastiman al prisionero al menor movimiento- a cinturones, palos y pistolas que descargan shocks el�ctricos.

Seg�n el informe, titulado "Deteniendo el comercio de la tortura", entre 1997 y marzo de 2000, unas 80 compa��as estadounidenses obtuvieron ganancias que ascienden a los 97 millones de d�lares en la exportaci�n de equipos y materiales utilizados para el tormento. El departamento de Comercio autoriz� licencias para exportar esos productos bajo el rubro "equipo destinado al control del crimen". Datos de esa agencia federal indican que los pa�ses que han recibido la mayor parte de esos equipos son Arabia Saudita, Rusia, Taiw�n, Israel y Egipto, dijo Amnesty.

"Ninguna compa��a estadounidense deber�a beneficiarse financieramente de la tortura", sostuvo William Shulz, director ejecutivo de Amnesty International. "A pesar de las regulaciones gubernamentales de exportaciones, estos materiales est�n siendo vendidos y revendidos, y terminan parando en las manos de los torturadores", agreg�.

Aunque compa��as de muchos pa�ses, -como Gran Breta�a, Alemania y Francia- fabrican y venden equipos usados para la tortura, ninguna como las estadounidenses se han beneficiado tanto de este comercio atroz. "Las empresas estadounidenses est�n distribuyendo esta tecnolog�a alrededor del mundo", indic� Brian Wood, investigador de Amnesty International.

"Los Estados Unidos son el epicentro de la revoluci�n tecnol�gica en equipos policiales, y el gobierno de los Estados Unidos, a trav�s de su Departamento de Comercio, ha adoptado una pol�tica laxa en la emisi�n de licencias de exportaci�n", se�al� el experto.

El informe sostiene que aunque muchos de los equipos cuestionados son supuestamente dise�ados para controlar a peligrosos criminales en las c�rceles, se prestan -en realidad- a serios abusos.

Entre estos materiales figuran no s�lo grilletes y pesadas cadenas, sino tambi�n una especie de esposas que sirven para sujetar a los pulgares de cada mano, de manera que los dos brazos queden detr�s de la espalda. Algunas de estas esposas de pulgares tienen su interior dentado, para provocar al menor movimiento un profundo dolor y una herida incisiva.

Para Amnesty Internacional, uno de los datos m�s preocupantes es la proliferaci�n de fabricantes de equipos que infringen dolor o par�lisis a trav�s de descargas el�ctricas. En los a�os 80, hab�a unas 30 compa��as. Hoy son m�s de 130. Entre las m�s exitosas de ellas, figura una empresa estadounidense, llamada Stun Tech, que invent� una especie de "cintur�n-picana", que puede ser activado por control remoto a 90 metros de distancia.

Un "cintur�n-picana" provoca una descarga de 50 mil voltios, que dura ocho eternos segundos. El shock no puede ser detenido una vez que se activa el mecanismo, provoca par�lisis y un tremendo dolor en la v�ctima, que tambi�n se orina y defeca. Esto le agrega a la tortura corporal el componente de la humillaci�n. Seg�n material del propio fabricante del aparato, que aparece citado en el informe de Amnesty, en 1999 �ste fue usado en 50 mil oportunidades en los Estados Unidos.

"La tecnolog�a de alto voltaje fue inicialmente desarrollada principalmente por compa��as de los Estados Unidos", indica el informe. Sin embargo, luego fue adoptada por otros pa�ses como Alemania, Francia, Taiwan, e inclusive, Gran Breta�a y Suecia, donde la aplicaci�n de electricidad al cuerpo humano est� prohibida.

Seg�n Amnesty, en algunas c�rceles de los Estados Unidos se ha utilizado tambi�n una pistola que dispara una especie de dardo que, al engancharse en la ropa de la v�ctima, provoca una descarga el�ctrica que la deja paralizada.

"Esta clase de tecnolog�a se transfiere de pa�s a pa�s, con poco o ning�n control de los gobiernos. El secreto y la falta de salvaguardas facilita su suministro y uso por parte de los torturadores".

El presumible coraz�n de América
Nélida Pi��n
Traducci�n de Dante Medina con la colaboraci�n de la autora

* Discurso para la recepci�n del Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo.

La memoria de la mujer está en la Biblia. Aunque ella no haya sido la interlocutora de Dios. Esta memoria tambi�n se encuentra en los libros que la mujer no escribi�. Una memoria que fue usurpada por los narradores cuando vedaron a la mujer el acceso al registro pol�tico de su experiencia. Y al convertirse ellos en los int�rpretes �nicos de esta memoria, fatalmente se nutrieron de una red de intrigas, de di�logos amorosos, de confesiones hechas en el lecho de muerte, es decir: la materia preciosa depositada en el coraz�n femenino. En alg�n lugar de la mujer, y s�lo ah�, se alojaron, para siempre, las espinas de las interminables peregrinaciones humanas por la tierra, sin las cuales ninguna obra de arte hubiera podido ser escrita. Por eso la mujer puede muy bien proclamar, en nombre de la herencia que le cedi� a la humanidad, ser ella la otra cara de Homero, la otra cara de Shakespeare, la otra cara de Cervantes.

Guardiana entera de los sentimientos primigenios de los hombres y de los dioses, la mujer conserv� en el acueducto de su singular memoria la fulgurante y dramática historia universal. Preserv� los vestigios de una memoria ancestral que, aunada a su propia percepci�n narrativa, la indujeron a ejercer en el pasado su oficio de mirona, y a cultivar, en medio de tantas afrentas, una rebeli�n que consist�a simplemente en hacer aflorar cada d�a su memoria recalcitrante, relegada una y otra vez por la memoria elocuente y arbitraria del hombre.

Y mientras los siglos la hac�an envejecer, la mujer cuidaba celosamente la reproducci�n de los sentimientos nacidos de su visi�n particular de la realidad. Y cuando era impelida a olvidar lo que sab�a, alimentaba la memoria con miel y pan ázimo. Fortalec�a el pecho con trozos de sus �ntimas revelaciones para que nada le faltara en el futuro, cuando comenzara a narrar. De cualquier modo, sin ejercer a�n el derecho de dar la pauta escrita a su arqueolog�a, a la misericordia de su constre�imiento social, se adiestr� ella sola en el juego del misterio y de la simulaci�n para enriquecer su arsenal de recuerdos. Hac�a brotar del plexus los frutos y las serpientes de la memoria. Cada ma�ana reproduc�a, para s� misma, y con intensa voluptuosidad, lo que perduraba bajo el manto de su secreto acervo.
La historia atesorada en el interior de su esp?ritu.

Aparentemente actuaba obedeciendo los acordes disonantes de la memoria de su pueblo, los sustratos promovidos por su grey. T�mida, iba siguiendo las brechas marcadas por la historia. Le quedaba siempre el desconsuelo de ironizar, en una civilizaci�n, que a lo largo de los siglos, interpret� la realidad simplemente, prescindiendo de la memoria y de los sue�os de la mujer.
Soy una mujer a quien su abuelo gallego le prest� la memoria. Por eso mi abuelo es mi narrativa. En mi ser abundan las memorias de lo que no viv�, de lo que no toqué, pero que s� heredé. Mi memoria es el lugar donde siempre han vivido el pensamiento, la emoci�n, las pasiones humanas. El esp�ritu de la narrativa me persigue a diario. Sé que el mundo es narrable y que el arte, en medio de la desesperaci�n y la esperanza, consigue tocarlo, e interpreta todas las dimensiones de lo humano.

Tengo el placer de servir a la literatura con memoria y cuerpo de mujer. En m� residen los recursos sigilosos que la mujer engendr� a lo largo de la historia, mientras se incorporaba al ceremonioso cortejo que la conducir�a a participar de los misterios de Eleusis. Dependo, pues, del uso de máscaras m�ltiples para iniciar la primera frase de una novela.
Para escuchar mejor las s�plicas de mi siglo y de los siglos pasados. Bajo la custodia del tiempo, sufro cada palabra que fabrico.
Narro, porque soy mujer. Narro porque desde mis or�genes cumplo con una creencia prot�ica. Bajo el ardor de la vida, bajo la epifan�a de las palabras, me toca asumir todas las formas humanas. A ninguna de ellas doy la espalda ni cancelo sus voces narrativas. Me declaro hija del imperio humano. En m� resuenan las postreras campanadas que el reloj de la humanidad hace repicar en la llanura valerosa.

Es en nombre de esta memoria arcaica, moderna y americana, y de la memoria de otros rincones de la tierra, en calidad de brasile�a, de heredera de la lengua portuguesa, que recibo hoy el Premio Juan Rulfo, que tanto me distingue y enternece mi coraz�n.
Este galard�n me lo otorga un pa�s, México, hacia el que profeso amor y admiraci�n, sentimientos que inicialmente me inspiraron sus grandes escritores y artistas.
Avala esta decisi�n un jurado brillante y honorable, compuesto por algunas de las figuras que mayor respeto intelectual y moral nos merecen. Conmovida agradezco a todos ellos mi designaci�n. Este premio me es dado por instituciones mexicanas que so�aron con una América soberana, capaz de producir y consignar escritores que hablen de ella, inspirados en un arte sin concesiones, solidario del hombre e interlocutor de las estáticas que desde hace milenios han permeado y han torturado la conciencia de los artistas.

Debo este premio a Juan Rulfo, notable escritor que tanto admir� a Brasil, y a todos los que lo han hecho posible. A los amigos brasile�o y extranjeros y en especial a Carmen Balcells; ellos me ense�aron el valor de la hermandad por encima de las diferencias. Al pueblo de mi pa�s, a la memoria de mi padre, Lino y sobre todo, debo este premio a mi madre, Carmen Pi��n, la más noble y generosa de las amigas.
Les estoy profundamente agradecida. Me comprometo a llevar este premio con dignidad y alegr�a. Prometo jamás olvidar este instante que imprime en m� las marcas del honor y del respeto. Hace a�os que vengo repitiendo, y con justa raz�n: la literatura nada me debe, yo sé, yo a ella le debo todo.

Se�oras y se�ores, miembros del jurado:
Desde que los portugueses y los espa�oles desembarcaron en América, la palabra escrita, férrea, excitante y contradictoria, marc� con su presencia a este continente.
El esp�ritu bienhechor y ambiguo que envuelve a la palabra de creaci�n persigui� al voluptuoso coraz�n de los primeros conquistadores y les impuso el inevitable recurso de fabular las secretas voces de una realidad inaugural, con el pretexto de ofrecer su testimonio. La proclamaci�n, pues, de que América, envuelta en un denso misterio, exist�a al fin, se realiza por medio de s�lidas palabras escritas.
Esa escritura, sujeta a fantas�as, equ�vocos y deslumbramientos, hace alarde de la visi�n que América tiene de una Europa despojada de recursos, lo que le permite aceptar, con irrestricta complicidad, las apariencias ilusorias de un continente remoto, prácticamente inexistente.

Bajo el primado de la palabra, mientras tanto, con su cortejo de metáforas, verdaderas murallas de la realidad, lentamente se establece la tradici�n de reforzar las excelencias y las miserias del continente americano. Un legado que nace inicialmente de oportunistas y so�adores. Seres elegidos por la historia para que fueran los primeros en llegar a aquella tierra donde parec�a imperar una realidad que se les deshac�a entre sus manos inexpertas.
Las palabras rodaban como guijarros en el lecho del profundo r�o americano. Tropezaban todos con una América que, para defender la cartograf�a del imaginario, borraba las l�neas de los mapas trazados con ingenuidad hist�rica. Un continente que se resist�a a ser descrito con los cánones de una estática filtrada por la intransigencia europea, en la t�mida caligraf�a enarbolada por sentimientos cambiantes.

Sin embargo, urg�a narrar la experiencia pionera en la que todos estaban inmersos. Urg�a trazar volutas en el papel, ganar habilidad, introducir en la narrativa el sentimiento de la quimera. Y sobre todo forzar las puertas de los caprichos de América. Un universo que requer�a un lenguaje revestido de velos, el �nico capaz de poetizar lo inasible. Y de abrazar, con igual fervor, la mentira, la fantas�a, las hipárboles, ingredientes que enriquecen la alquimia de la invenci�n.
Por toda esta inmensa tierra se palpan se�ales de la insistencia narrativa. Se oyen los rumores disonantes y arcaicos de su gente. De una historia que repudia visceralmente el vac�o y el silencio, materiales impenetrables e inhumanos. Hay que ocupar la casa de la narrativa, inyectar en ella versiones inc�modas, laberánticas, pero indispensables, que nacen del arbitrio del narrador. La pasi�n de la escritura, en definitiva, se injerta en el imaginario latinoamericano. Obliga a esta América a advertir, al otro lado del alambre de p�as, la presencia de un interlocutor extranjero ante el cual el Nuevo Mundo, al hablar, define su papel en la historia, lo que el mundo debe de esperar de la geolog�a de su esp�ritu y de su poes�a.

En este continente nuestro la suerte de la escritura parece lacrada por la fuerza de designios emblemáticos, simb�licos, que van acentuando, a través de los siglos, sus signos de identidad. Por todas nuestras tierras emergen textos cuya soberan�a y poder narrativo refuerzan, donde sea, el propio concepto de América. �Qué es América en el horizonte de nuestras intrigas? �Qué es América para nuestro destino de mortales?
En el interior profundo de estas tierras nace la literatura de Juan Rulfo, que da nombre a este galard�n. Su voz narrativa es imprescindible para adentrarse en la naturaleza secreta de este continente e identificar el eterno dilema que lo anima, como fruto de su condici�n m�ltiple, exuberante, cuestionadora.

Los seres de Pedro Páramo ganaron su residencia en el alma americana gracias al imperecedero genio de Juan Rulfo, quien supo tocar en su esencia el coraz�n sagrado del enigma del continente. En Pedro Páramo construy� un decálogo innovador que justifica, por sus personajes desgarrados, el significado de estar en el mundo, de caber en sus trágicos l�mites.
A lo largo de la novela se entretejen las veredas de la desmesura humana. Comala, como epicentro de profundas inquietudes, es la ciudad m�tica poblada por héroes desprovistos de cualquier haza�a. Juan Preciado, héroe sin perspectiva, llega finalmente al pueblo fantasmag�rico. Con él se anuncia, desde el célebre introitus de la novela, el relato de una desventura personal, de un destino imprevisto. La tragedia se desarrolla teniendo como finalidad desmoronar los resultados de cualquier utop�a o sue�o.
El impulso poético de Rulfo elabora en Comala un paisaje, una lengua, donde la muerte, de configuraci�n dual, y siempre presente, se enlaza con la vida que late sin distinci�n n�tida entre ambas. Una muerte que gana expresi�n, por medio de una dicci�n femenina que, con familiaridad, emerge de las sombras.

Aqu� lo femenino es lo que define la cartograf�a de la muerte. Una geograf�a que debe acoger indistintamente a los vivos y a los muertos. En esta antecámara infernal constituida por estancias y corredores, la perturbadora presencia de la mujer estremece los cimientos de las casas. Se�ala los indicios de la muerte y dibuja una genealog�a de la que Juan Preciado forma parte y que se extiende más allá de la vida. En Comala, los lazos humanos no se deshacen ni siquiera después de la muerte.
La extra�a l�gica del libro, construida por medio de una sucesi�n de seres que han desertado de la vida, o que a�n permanecen en ella, sostiene una ilusi�n que elabora caprichos y que lo prevé todo: para que cada detalle encaje, a la perfecci�n, en el orden del conjunto. Ning�n hilo narrativo se deshebra en este delirio estético de magn�fica provisi�n creadora, de inspiraci�n virgiliana.
Eneas, acompa�ado por la Sibila, desciende del otro lado de la monta�a para encontrar a su padre, Anquises, maestro de la memoria. Para él, el Hades era el recinto propicio a los recuerdos, pues no beberé de las aguas del r�o Leteo, que a todos castiga con el olvido.

Su análogo, Pedro Páramo, al expulsar a los demás de su memoria, se convierte en una imagen, simulacrum, proyectada en evocaciones ajenas. Su memoria es �nicamente ocupada por Susana San Juan. Ella le prodigaba la pasi�n, ofreciéndole la turbulencia de los sentidos y su infierno. Gracias a Susana, Pedro Páramo se libra a arranques l�ricos: "Pensaba en ti, Susana. En las lomas verdes". Vengo de un pa�s soleado, de la terrae incognitae a la que se atribu�a, por imposici�n legendaria, la realidad f�sica del Edén, el para�so terrenal.
Brasil es mi morada. Una geograf�a real y m�tica que favorece el gusto de la aventura narrativa y del ejercicio del imaginario. All� hab�a un pueblo de etnia caprichosa, de alma refugiada en sus escondites. Y escritores que, al abrigo y al desamparo de sus propios sue�os, sorprenden en cada esquina al ingobernable trazo de la pasi�n humana.
Hace cinco siglos vivimos una traumática experiencia civilizadora. Nacidos hist�ricamente de una utop�a expansionista, en plena vigencia renacentista, el pa�s adopt�, desde el principio, una viva oposici�n temporal a la historia al asumir una práctica tomada a veces de la alta Edad Media y a veces de la Contra Reforma. Una y otra abanderaban la ruptura con los ideales del Renacimiento.

En este momento inaugural surge la figura de un jesuita espa�ol, José de Anchieta, el primer escritor de Brasil. Escrib�a como si hubiese brasile�os que leyeran, escrib�a para un Brasil que apenas comenzaba a existir. Intentaba con sus textos enternecer y evangelizar a viejos antrop�fagos que a�n conservaban en sus cavidades dentales restos de carne humana. Recog�a en sus manos un mundo recientemente concebido por Dios.
Mientras escrib�a en la arena poemas que las olas después borraban, convert�a a los aut�ctonos al cristianismo, instaurando su liturgia en el picadero de la tierra recién descubierta. A su alrededor, la atracci�n de los portugueses y de los indios por lo nuevo, se recrudec�a la ambici�n y la lujuria.
A José de Anchieta lo exaltaba, sobremanera, el territorio de las fundaciones m�ticas, regiones provistas en s� mismas de recursos capaces de alcanzar la apariencia de lo real. As� pues, era necesario representar los frutos de la tierra, la geograf�a exuberante, la presencia de Dios con natural sacralidad. Todo en Brasil acusaba un vac�o que la invenci�n humana y el esp�ritu deb�an colmar. Por donde este hombre pasaba, la realidad cobraba una habilidad descriptiva y una inmediata y total presencia novelesca. Los episodios narrativos, encadenándose, exig�an una expresi�n teatral. Lo cotidiano pulsaba, imperceptible, en la esfera del enigma. All�, en América, se enlazaban el estupor y la naturalidad. Se ha�?a indispensable darle a aquella fascinante experiencia hist�rica una funci�n teatral.

Ese pa�s, a pesar de las selvas espesas, de los r�os oceánicos, de un sinn�mero de tribus, estaba destinado a tener su iniciaci�n estética bajo las reglas de la escenificaci�n teatral. Era necesario crear un mundo, y este mundo, aprobado por Dios, deb�a a su vez apropiarse de la ilusi�n como tema principal.
As�, por medio de la representaci�n y el uso de la lengua tupi -lengua general-, Anchieta impuso a Brasil la poética del simulacro: nada exist�a en la vida terrenal o espiritual que el escenario, a cielo abierto, no pudiese dibujar y reproducir con igual perfecci�n. Bajo la égida de la ilusi�n, que es la capacidad de aceptar los sentimientos que nos habitan como premisa para la existencia de la propia obra de arte, Anchieta contaba con la imaginaci�n para confirmar este sentimiento original.
Sembraba, por donde iba pasando, modestos tablados, y con telones a la merced del viento creaba imágenes que simulaban el universo. Un teatro que tomaba a los indios como actores y aplicaba en sus espectáculos artificios de precaria imitaci�n. Al recurrir a la ilusi�n, casi de carácter teol�gico, se serv�a del trueno para sus evocaciones b�blicas. Ten�a la creencia de que en la ilusi�n del arte exist�a el prop�sito impl�cito de crear un mundo que se debe aceptar como posible.

En ese escenario brasile�o, expuesto a la intemperie, s�lo al abrigo de los árboles y de la esperanza, su teatro ambiciona descifrar la arqueolog�a humana y formar parte de las aspiraciones colectivas. Alimenta, en el ansia del coraz�n de Brasil, el delicado equilibrio que perdura entre la realidad y la invenci�n. Les ofrece el desaf�o de adoptar, en un m�nimo lapso, las convenciones estéticas y culturales que la civilizaci�n cristiana engendr� a lo largo de su formaci�n. Todos deb�an absorber, de un golpe, un prodigioso legado cultural que implantar�a en ellos un espectáculo continuo en su singularidad.
Se instaura en la psique colectiva, a lo largo de los siglos, el sentimiento del milagro, el modelo de una realidad que puede actuar y expresarse bajo el impulso del azar. Se expande, en la cotidianidad depauperada, un permanente sentido de representaci�n que alienta la vigencia de una estética capaz de suplir a lo cotidiano del arte con la abundancia de la improvisaci�n y de la imitaci�n.
De esta manera, desde los or�genes de la sensibilidad brasile�a, se implanta en el arte la estética de la carencia y la magia. Una perturbadora alianza que convierte al milagro o a su esperanza en una variante estética. Y que apunta a los prodigios como facetas restauradoras del imaginario americano.
Más tarde, Brasil, al desembocar en el barroco, emprende la creaci�n de mayores fantas�as y devaneos verbales, alarga la percepci�n del escritor para enriquecerlo, y lo aproxima a Simbad, el marinero volátil de la mentira y de la exageraci�n. De esta forma viajan todos por los archipiélagos de la lengua, a la escucha del viento que propaga controversias, sentimientos inflamados, enredos que entrelazan lo ambiguo y lo rarefacto. Se adhieren a los hechos y a las rec�nditas evasiones del hombre para marcar a la historia un rumbo inesperado y sagaz.
De la cosmogon�a del europeo, del indio, del negro, aflora un denso universo de mitos, leyendas y narrativas. Un fabulario que se incorpora al paisaje ps�quico del escritor, a las emociones de la lengua, a la apasionante aspereza del texto. De este mar de incertidumbres y de asombros, de los conflictos entre lo superlativo y el desperdicio, se afina el escritor con las pautas del imaginario. En especial con la narrativa que se adivina en mil historias, cada cual con mil versiones singulares. Es en este pa�s donde emerge el genio de Machado de Assis. Nacido en América, al desamparo de las discretas glorias del oficio, elabora su obra sin jamás haber salido de Brasil. Ten�a el mar, la ciudad de R�o de Janeiro y el pesimismo como �nicas esperanzas.

Sus sucesores rechazaron igualmente el exilio voluntario para dar forma al sue�o del arte.
Atados a Brasil, ejercieron all� el intrincado papel del escritor. Limaban la realidad, engendraban personajes dramáticamente irreconocibles entre s�, y pul�an la plata de las palabras. El texto -registro de los escombros humanos y de la memoria dispersa- realzaba vivos y muertos, develaba la esencia de cualquier secreto. Para tratar de la sociedad, para dar luz a un pa�s que sobrepasaba cualquier modelo sociol�gico, era necesario buscar la salvaguarda del arte, su c�rculo de fuego.
Magn�ficos escritores que se opusieron siempre al silencio, a las adversidades, desde los per�odos dictatoriales hasta los escasos instantes de fulgor democrático. En América es responsabilidad del escritor combinar el arte literario con la apolog�a de la conciencia y de los derechos individuales y colectivos. No s�lo se espera del escritor la ceremonia fundamental de lo estético. De él se requiere la contundencia de la palabra, un hecho en s� mismo generador de una pol�tica de resistencia, de combate contra el mundo de las tinieblas, el oscurantismo, las injusticias de nuestro tiempo.
Su palabra �nea, escrita o hablada, se une a los actos humanos, advierte sobre las urgencias colectivas. Mientras enfrenta, en medio de la escasez, la dificultad de hacer palpable la materia ficcional.
Por eso se empe� en jamás guardar para s� mismo la historia humana. Quiere, como un Homero fatigado ya de tanta sangre derramada, crear mitos que abastezcan la imaginaci�n humana. Ans�a poder condenar a Ulises -después del sitio de Troya- a que regrese a Etaca. Le envidia ese interminable viaje de regreso a casa. Una sucesi�n de peripecias lo instalan, por fin, junto a Penélope, como si nunca se hubiera alejado de all�, como si él mismo hubiese escrito la historia que acaba de vivir, con el �nico prop�sito de consolidar el imperio de la ilusi�n y causarnos placer mientras lo estuviésemos leyendo.

Mas para tal ejercicio de seducci�n el escritor cuenta apenas con la palabra, que hiere y decepciona, gracias a la cual, sin embargo, ampl�a la frontera de lo real y realiza los escenarios otrora olvidados. Con la palabra apenas ilumina los desvanes de aquellos actos que aseguran el misterio del arte y la perennidad del papel del escritor entre los hombres.
La legi�n de los hombres, todav�a, es asimétrica y voluntariosa. Cede porciones de su rebeld�a �nicamente ante la revelaci�n del arte. Debemos, pues, confesar que nosotros, escritores, pertenecemos a la falange de los ?ngeles ca?dos que se esfuerzan cada hora por volar. Hace siglos la realidad labr� nuestras alas para que no sucumbiéramos al apasionante vértigo de la imaginaci�n. La insurrecci�n humana s�lo puede tener como destino el arte. El desatino del hombre se expresa y se aloja en la creaci�n. Nada debe desvanecerse sin el registro literario. Abajo, pues, las sociedades que se olvidan de clasificar la impiedad de los hombres. Es indispensable que el retrato humano subsista ante el universo de sus incertidumbres. Sin las utop�as del arte el hombre no sabr�a ni siquiera hablar de la fragilidad de sus tendones o de la controvertida modernidad de sus sue�os.
Toca a la tradici�n literaria aliarse con las producciones humanas y acercarse a las casas, ponerse a la escucha detrás de las puertas, a auscultar el coraz�n ajeno. En este ancladero que es el coraz�n se amontonan las confidencias, los desahogos, palabras, en fin, que carecen de una estructura decantada.
El arte de las palabras nos suplica que nos deshagamos de los sentimientos recatados.

Nos insta, con urgencia, a disponerlos sobre la mesa y sobre la cama, a la vista de todos, para que el misterio humano, abstra�do a causa de la verguenza original, se abra como una flor matutina.
Y es as�, siguiendo la estela de los grandes creadores, consuetudinarios c�mplices de las leyendas universales, como el escritor apura el olfato de su oficio, teje y recoge las intrigas. Usa los ingredientes de la comprobaci�n dudosa, de apariencia imperfectible, para con ellos, dilatados y huidizos, inventar y crear a fuerza de una audacia que le nace del acto mismo de escribir. Oriundo tal vez de la certeza de estar invadiendo el territorio m�tico de la propia creaci�n. No hay castigo para los que se exceden en el campo del arte.
La vida, pues, para el escritor, se reproduce naturalmente en mil otras vidas. Es un ejercicio pr�digo de versiones incompletas, inválidas, pero siempre apasionantes. Para esto pide él a la lengua, al pueblo de esta lengua, a la pasi�n de este pueblo, licencia para volver a crear. La esperanza es también una técnica narrativa: ella, sola, ata los nudos sueltos de las cuestiones humanas.
Cada ma�ana es el comienzo de la desmesurada tarea de reproducir la galer�a de rostros que se difuminan en el crepúsculo sin dejar huellas. Inmerso, mientras tanto, en el pantano de las hip�tesis sociales, el escritor se refuerza como intérprete de los reg�menes poblados de carencias. Se vuelve un historiador que narra la historia de lo imposible. Alguien que enlaza inicialmente los lazos invisibles y bosquejados con tinta ef�mera. Y para compensar la fragilidad de la materia con que lidia -hombre, aventura, tiempo- hace surgir una narrativa capaz de aglutinar en sus páginas una extensa genealog�a, ora arcaica, ora moderna.

Bajo el desconsuelo de la pasi�n de inventar, el escritor, temblando de fr�o y de miedo, traslada tiempos, espacios, tribus enteras hacia la patria de su imaginaci�n. Se�or de un arbitrio impuesto por su corp�rea dicci�n poética, que se mezcl� siempre con las inmortales quejas del coro griego.
Impulsado por la tragedia, el escritor apuntala la farsa y el drama con su soplo restaurador.
Salpica la vida con indicios contundentes y somete la palabra a los hechos humanos. La moral hist�rica, para el escritor, con su escala m�vil, con su r�gida jerarqu�a, sirve como una falsa moldura. Una moldura que el fabulador alarga para comprobar que cada personaje es el rey en su historia. Rey y villano, con andrajos y corona, en una �nica persona. En armon�a todos con el paisaje que tonifica su narrativa, y con el esfuerzo art�stico que aprendi� de la paciencia.
Es su conciencia de narrador la que susurra que la trama humana le pertenece, mientras que el enigma de la creaci�n, y su funesto himno, le devoran el sue�o, las articulaciones, y lo fustigan con un envejecimiento precoz.

Este es el precio que se debe pagar por la inconmensurable libertad de crear. Al final, el hombre, su inmutable personaje, le llega a las tripas con sangrienta y ruidosa pasi�n, y es necesario servirlo para siempre.

Nélida Pi��n. Fil�sofa y periodista, miembro de la Academia Brasile�a de Letras y del Pen Club Internacional. Titular de la cátedra Stanford de Humanidades de la Universidad de Miami, Estados Unidos.

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Paginas recomendadas que han recibido nuestro premio MUNDO MATERO

EA7URU Uni�n de Radioaficionados Espa�oles en C�diz
http://www.qsl.net/ea7uru/

EA7URU es la p�gina de los integrantes de la Uni�n de Radioaficionados Espa�oles en la ciudad de C�diz, breve historia de su fundaci�n, enlaces a p�ginas de gran inter�s para los radioaficionados, efem�rides, visitas de colegas de todo el mundo a su sede y mucho mas.


Rinc�n chistoso:

Dos tipos estan de excursion por el monte cuando ven un enorme oso hambriento dirigiendose hacia ellos. A pesar de que estan aterrados, rapidamente reaccionan; uno de ellos echa mano al cuchillo, mientras el otro se quita la mochila, se quita las botas, y empieza a ponerse a toda prisa unas zapatillas. El del cuchillo se le queda mirando y le dice :
No pretenderas correr mas que el oso ?
No, me basta con correr mas que tu.

En las oficinas de la Contaduria general de la Nacion, el jefe de Contabilidad esta entrevistando candidatos a la plaza de contador para llevar todos los libros de cuentas del organismo. Entra el primer candidato:
A ver, cuantos son dos mas dos?
Responde el candidato con mucha certeza: cuatro Jefe: Lo siento mucho, que pase el siguiente.
Entra el siguiente, le hacen la misma pregunta y responde: cuatro Jefe: Nada, no sirve, que venga otro.
Asi pasan tres o cuatro hasta que al final entra un tio con traje a rayas y fumando un puro.
Digame, cuantos suman dos mas dos?.
Responde el candidato: Cuanto quiere usted que sumen?
Jefe: Felicitaciones! La plaza es suya.

Un tipo entra a la peluquer�a, -Buenos d�as!!!
Se sienta en el sill�n y el peluquero le pone esa famosa capa de nylon, para cubrirle el saco de los pelos que caen. - En que puedo serle �til?- pregunta el peluquero.
- Mire, yo le voy a explicar como quiero que me corte el pelo! OK?
- Claro que s� se�or. Como Ud. diga
- Muy bien, empecemos por el flequillo, lo quiero en pico, un lindo pico que me toque la nariz. El costado izquierdo que me tape la oreja, en cambio el costado derecho que quede con la oreja libre, OK? La parte de atras que quede en forma de sierra, con unos lindo picos a todo lo ancho de la cabeza. La parte de arriba con algunos mechones bien parados y otros bien cortitos!!!!
El peluquero lo miraba mientras el tipo explicaba el corte que quer�a y le pregunta:
- Yo no le puedo hacer eso ! Pero que clase de corte es ese?
-El mismo que me hiciste la ultima vez!!!

Llaman a un tipo para que vaya a revisar su declaracion de impuesto a la renta. Cuando entra en la oficina, el inspector le dice:
-Pues mire, a usted le ha salido declaracion negativa, y sin embargo en nuestros archivos consta que usted tiene un edificio de 15 pisos en la capital y numerosas acciones de todo tipo, asi que pensamos que tiene que haber algun error.
-No se�or inspector, lo que ocurre es que todo ese dinero me lo he ganado apostando. -Apostando ? Imposible !! Pero si el a�o pasado se compro usted un yate impresionante! -Asi es, pero le repito que lo he ganado todo apostando. Mire, se lo explicare con un ejemplo. Le apuesto cincuenta dolares a que me muerdo un ojo. -Eso es imposible !!
-Entonces acepta la apuesta ?
-Claro, me ganare cincuenta dolares
Entonces el tipo se saca un ojo de cristal y lo muerde, y el inspector le paga sus cincuenta dolares.
-Bueno, acepto que usted se puede ganar un dinerillo de vez en cuando con ese truco, pero no pretendera usted justificarme esta cuenta bancaria de cien mil dolares con una cosa asi. -Lo que pasa es que hago muchas apuestas y... mire, por ejemplo, le apuesto cien dolares a que me muerdo el otro ojo.
-Eso si que es imposible !! usted no es ciego, asi que no puede tener otro ojo de cristal. Va la apuesta. Se saca la dentadura postiza, se la lleva hasta el otro ojo y se lo muerde, y el inspector le paga sus cien dolares. -Correcto, pero de todas formas yo no creo que con estas cosas usted haya podido comprarse las propiedades en Miami, Suiza y otros sitios; usted no puede ganar tanto a base de apuestas.
-Es verdad, todo depende de la cantidad de dinero que apostemos. Por ejemplo, le apuesto doscientos dolares a que tengo las bolas cuadradas.
-Bueno, eso si que ya es demasiado, nadie puede tenerlas cuadradas, asi que le acepto la apuesta.
-Muy bien... toque !!
-El inspector toca y resulta que son normales y mas bien redondos, asi que el tipo le paga sus doscientos dolares al inspector.
-Pues ve lo que le digo ? Usted no puede ganar todo ese dinero haciendo apuestas, entre otras cosas porque de vez en cuando tiene que perder.
-Claro, pero es que usted tiene que saber compensar... por ejemplo, ve usted a toda esa multitud que se esta riendo al otro lado de la ventanilla ? Pues he apostado cien dolares con cada uno de ellos a que usted me tocaba las pelotas.
Mas humor en nuestra secci�n CHISTERO     click AQUI

LAS GALLETAS

Cuando aquella tarde lleg� a la vieja estaci�n le informaron que el tren en el que ella viajar�a se retrasar�a aproximadamente una hora.
La elegante se�ora, un poco fastidiada, compr� una revista, un paquete de galletas y una botella de agua para pasar el tiempo. Busc� un banco en el anden central y se sent� preparada para la espera.
Mientras hojeaba su revista, un joven se sent� a su lado y comenz� a leer un diario. Imprevistamente, la se�ora observ� como aquel muchacho, sin decir una sola palabra, estiraba la mano, agarraba el paquete de galletas, lo abr�a y comenzaba a comerlas, una a una, despreocupadamente.
La mujer se molest� por esto, no quer�a ser grosera, pero tampoco dejar pasar aquella situaci�n o hacer de cuenta que nada hab�a pasado; as� que, con un gesto exagerado, tom� el paquete y sac� una galleta, la exhibi� frente al joven y se la comi� mir�ndolo fijamente a los ojos.

Como respuesta, el joven tom� otra galleta y mir�ndola la puso en su boca y sonri�. La se�ora ya enojada, tom� una nueva galleta y, con ostensibles se�ales de fastidio, volvi� a comer otra, manteniendo de nuevo la mirada en el muchacho. El dialogo de miradas y sonrisas continu� entre galleta y galleta.
La se�ora cada vez mas irritada, y el muchacho cada vez m�s sonriente.
Finalmente, la se�ora se dio cuenta de que en el paquete solo quedaba la �ltima galleta. "- No podr� ser tan descarado", pens� mientras miraba alternativamente al joven y al paquete de galletas. Con calma el joven alarg� la mano, tom� la �ltima galleta, y con mucha suavidad, la parti� exactamente por la mitad. As�, con un gesto amoroso, ofreci� la mitad de la �ltima galleta a su compa�era de banco.�Gracias! - dijo la mujer tomando con rudeza aquella mitad. "De nada" -contest� el joven sonriendo suavemente mientras com�a su mitad- Entonces el tren anunci� su partida...

La se�ora se levant� furiosa del banco y subi� a su vag�n. Al arrancar, desde la ventanilla de su asiento vio al muchacho todav�a sentado en el anden y pens�: "�Que insolente, que mal educado, que ser de nuestro mundo!".
Sin dejar de mirar con resentimiento al joven, sinti� la boca reseca por el disgusto que aquella situaci�n le hab�a provocado. Abri� su bolso para sacar la botella de agua y se qued� totalmente sorprendida cuando encontr�, dentro de su cartera, su paquete de galletas INTACTO.
�Cuantas veces nuestros prejuicios, nuestras decisiones apresuradas nos hacen valorar err�neamente a las personas y cometer las peores equivocaciones!

�Cu�ntas veces la desconfianza, ya instalada en nosotros, hace que juzguemos, injustamente, a personas y situaciones, y sin tener aun por qu�, las encasillamos en ideas preconcebidas, muchas veces tan alejadas de la realidad que se presenta...!

LIBROS     EN     RED.com

M�s de 40.000 libros digitales regalados !!!
Han disfrutado a la fecha de "La Caza de Hackers" de Bruce Sterling, "El Horla" de Guy de Maupassant, "La Carta Robada" de Edgard Allan Poe, el "Kamasutra", "La Ciudad Flotante" de Julio Verne, el "Mart�n Fierro" de Jos� Hernandez", el "Retrato de Dorian Gray" de Oscar Wilde, "El Pr�ncipe" de Maquiavelo, la "Carta de Jamaica" de Sim�n Bolivar y "Yo Acuso" de Emile Zola. (si no los tiene puede ir a buscarlos de inmediato).

Noticias de Internet
Iberdrola ensaya dar acceso a Internet a trav�s de su red el�ctrica La empresa Iberdrola Redes, perteneciente a Iberdrola, ensaya desde hace algunas semanas el ofrecer servicios de Internet de banda ancha y a una velocidad garantizada de 2 megabit por segundo (Mbps), empleando exclusivamente la red de distribuci�n el�ctrica en baja tensi�n (los 380 o 220 voltios que normalmente se utilizan en hogares y oficinas). En pocos meses, seg�n la distribuidora, "se podr�n ofrecer servicios de Internet a una velocidad de 10 Mbps". En la actualidad los m�dems de los usuarios llegan con dificultad a los 56 kilobites.
Continua en http://www.ciberpais.elpais.es/c/d/20010222/tecno/portada.htm

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Rinc�n Po�tico
VUELVO EN OTRA PRIMAVERA 

                                 Cuando el sol abri� sus puertas 
                                 la ma�ana de aquel d�a 
                                 enseguida fuiste m�a 
                                 aunque no te dieras cuenta 

                                 Y te tuve entre mis brazos  
                                 y te bes� con locura 
                                 aunque estabas insegura 
                                 de seguir tras de mis pasos 

                                 Aunque vos ni te enteraras 
                                 d�a a d�a te fui amando 
                                 siempre fiel segu� esperando 
                                 que en mi espacio penetraras 

                                 Y hoy cansado ya de todo 
                                 del amor y de la espera 
                                 vuelvo en otra primavera 
                                 para amarte de otro modo 

                                 LUCAS RODRIGUEZ PEREA 
                                 [email protected]
ENSALADA BOSSA NOVA
Ingredientes:
Una taza de arroz
2 cucharadas de jugo de lim�n
Una penca de apio blanco
150 g de camarones limpios
Un tomate perita
Una cebolla de verdeo
Una palta madura
3 cucharadas de vino blanco seco
4 pepinitos en vinagre
Una cucharadita de mostaza
Sal

Revista "La Naci�n"
Mar�a Adela Baldi
6 de setiembre de 1998

Preparaci�n:

Hervir el arroz en abundante agua con el jugo de lim�n hasta que est� cocido al dente. Retirar del fuego, a�adir agua fr�a y escurrirlo. Dejar sobre un repasador bien desparramado para quitar el exceso de humedad. Quitar las fibras del apio con un pelapapas, lavarlo, secarlo y cortar en rodajitas. Mezclar el arroz junto con el apio, los camarones, el tomate lavado y cortado en gajos y las cebollas de verdeo lavadas. Desintegrar en la licuadora la pulpa de la palta con el vino blanco, los pepinitos picados, la mostaza y sal a gusto. Distribuir un poco de salsa en cada plato, luego la mezcla de arroz y ba�ar con un poco m�s de salsa.

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