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Luminar de una rebeldia
Por: I. Kungiler - 05/02/2009

Los dule dedican casi toda la luna de iguana, febrero, conmemorando la Revolución Dule de 1925. Las principales comunidades donde acontecieron los hechos más sobresalientes, se convierten en un gran escenario donde los actores y actrices son sus pobladores. En varias comunidades se instalan dos grupos que representan a los Policías Coloniales y los Revolucionarios.

La misma autoridad le cede parte de la autoridad al grupo de jóvenes que representan a los Policías Coloniales. Esto es casi una costumbre que se viene dando desde más de 40 años. Lo instauraron los mismos protagonistas de 1925. La máxima expresión de la memoria colectiva se pone en praxis en esos días. Yo, en mis años mozos me veo haciendo guardia en las madrugadas, en las veredas de mi pequeña isla donde abunda el manglar: Ailigandí.

Entre la memoria y la historia yo preferiría volver a escuchar a un anciano narrando esas anécdotas que cuentan la dignidad de todo un pueblo. Pues leer el texto de un ilustre historiador plasmado en textos oficiales, solo me causa indignación. Refrescado toda esta memoria durante las sesiones de este mes y donde los sailamar cuenta parte de nuestra rebeldía en el Congreso y viendo las acciones de los Policías Coloniales durante las semanas.

Todos los niños, niñas, jóvenes y adultos esperan la actuación final, con la que culmina la conmemoración. Así, conmemoran los dule el recuerdo de sus valientes hombres que les heredaron sus tierras. Los Saila cuentan que la estrategia del sol detuvo la marcha de la inculturación, la barbarie y el genocidio. Varios líderes retomaron de la fresca memoria colectiva, la estrategia para despojar de sus tierras a los invasores.

Mientras que los diarios anunciaban la rebeldía de los indios salvajes de San Blas instigados por un gringo. Ignorando que por más de diez años se iba gestando en la semioscuridad de la Casa Grande, y en los cantos de la vital hamaca la rebelión. No se improvisó nada. Nada fue casualidad. Los sailamar sabían que su estrategia tenía que ser precisa. El día y la hora indicada, así como la estrategia del sol cuando apunta el alba.

Ya se tenían muchos muertos, ya había muchos presos. Ya no se podía tolerar más injusticia. El canto del fitoterapeuta y del chamán lo habían callado. No se podía escuchar el rugir de la soga en la Casa Grande, el pueblo agonizaba. La colorida mola era destrozada y quebrada la tinaja. Les pregunto entonces: ¿Era justo esa rebeldía?

Hoy esa mola que arrancaron a mis abuelas es el orgulloso logo de la Autoridad del Turismo de Panamá. Otra indignación que se suma. La mola es más reconocida a nivel mundial que la pintura de cualquier pintor panameño. Eso lo expreso con la mayor dignidad de ser un dule. Cada día debemos ir revalorizando nuestra memoria. Pues todo lo que se escribe en los textos oficiales hay que indagarlo.

Se posa una iguana mirando al sol, quizá recordando cada día su mítica acción. Donde un grupo de salvajes, sin alma y espíritu, crearon una pequeña nación que el dule común y corriente llamó Dulenega, acompañado al lado de una chica vestida de una mola multicolor, pañueleta roja, chaquiras en los brazos y piernas, caminando por las calles de la peatonal, cargadas de la historia de un pueblo en pervivencia.

I. Kungiler
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18/02/2009
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