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San Borondón
Si te crees que lo de las leyendas urbanas son cosa de nuestros días, espera a leer la siguiente historia. Érase una vez que se era un monje irlandés (para más señas, de Tralee, en el condado de Kerry), llamado Brendan, el cuál vivió entre los años 480 y 576 (vaya, contemporáneo de más de una de nuestras folclóricas). Por alguna extraña razón que desconozco, al hombre no se le ocurrió otra cosa que pillar una patera y cruzar el Atlántico en ella con otros 14 monjes. Por el camino, recogieron a otros tres monjes (¿pero que leches les pasaba en aquella época a los monjes, que se ponían a vagar por los mares sin ton ni son?) y se fueron encontrando con demonios que vomitaban fuego, columnas de cristal gigante, columnas de cristal grandes como islas, y todo tipo de monstruos (el escorbuto, que es muy malo, que te lo digo yo...). Los monjes navieros llegaron a una isla llena de vegetación, en la que celebraron una misa (lo propio, vaya). La isla empezó a moverse. ¡Era otro monstruo marino! Después de tanta peripecia, Brendan consiguió volver a Irlanda (lo que no sé es como no murió de un infarto después de tanto monstruo). Unos siglos más tardes, en el XV, la leyenda de la isla-ballena de Brendan vuelve a retomarse, cuando se conquistaron las islas canarias, y a más de uno se le metió en la cabeza que existía una octava, pero cuando se iban acercando, ésta quedaba cubierta por una extraña bruma, y desaparecía completamente. Se pensó que era la isla de San Brendan, SAN BORONDÓN en su versión canaria. A partir de ahí, hubo más de uno que empezó a fardar de haber estado en la isla, haberla explorado entera, sus rios, valles, vegetación, etc. Ya en el siglo XVIII, aparecen investigaciones oficiales realizadas por las autoridades de la Isla del Hierro, en la que declaran decenas de testigos (como le molaba a la gente fantasear) que afirman haberla divisado desde las cumbres de dicha isla. A raíz de ello, partió de Santa Cruz de Tenerife una expedición en busca de la misteriosa ínsula. Y todavía la están buscando, porque la leyenda pervive en nuestros días. La cosa es que la gente afirma haberla visto desde todas las islas canarias. ¡Cómo se mueve la dichosa islita! ¡Que jodía, oye! ¿Fenómeno óptico? ¿Acaso metereológico? ¿Triángulo de las bermudas español? ¿Qué animal puede ser ese, el monstruo-isla? Se me ocurre enviar a más de un zoólogo para investigarlo... Y, por otro lado, ¿habrá muchos niños llamados Borondón en las Canarias? ¡Borondón Fraiser! ¡Borondón Lee!
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