EL
IMPERIO INCA: ¿SOCIEDAD EN TRANSICIÓN O ESTADO DE TIPO ASIÁTICO? Manuel
Burga. Fuente: Análisis. Cuadernos de Investigación; N° 5; Lima,
mayo-agosto de 1978; páginas 85-92.
1.
EL AUTOR
John V. Muirá, nacido en Rumania y ciudadano norteamericano desde 1956, es
uno de los más importantes especialistas sobre el imperio inca en la
actualidad. Inicia sus estudios sobre las poblaciones andinas con un trabajo
de campo en el Ecuador austral durante los años 1941-42- Luego, múltiples
circunstancias le impiden realizar una experiencia etnográfica similar para
estudiar a los campesinos-tejedores de las siete comunidades que rodean a la
ciudad de Otavalo. Esta imposibilidad de estudiar a los campesinos actuales lo
conduce a decidirse por la alternativa del trabajo histórico: "... de
etnólogo me convertí en etnohistoriador". Así, con esta simplicidad,
Murra nos habla de este trascendental cambio en sus programas de
investigación.
En 1950 inicia un importante esfuerzo de investigación histórica, a partir
de una lectura sistemática de los cronistas de los siglos XVI y XVII, para
comprender la esencia y naturaleza del Estado inca. Este esfuerzo culmina, el
año 1955, en una tesis doctoral que ahora aparece como libro*, donde se
combinan acertadamente una rigurosa precisión empírica y el uso atinado y
seguro de categorías descubiertas recientemente por la etnografía y la
antropología económica.
2.
EL LIBRO
Este libro, como acabo de decirlo, fue presentado como tesis doctoral en IB
universidad de Chicago el año 1955. Por lo tanto, no es una investigación
reciente, sino más bien una tesis que ha permanecido inédita durante 22
años. Es cierto también, como el mismo autor lo advierte, que los estudios y
especialistas de la historia inca, a través de microfilms o xerocopias, lo
conocen desde el año 1956. Este es un hecho real. Un testimonio podría ser
la existencia, en la biblioteca de Sociales de la Universidad Cató Jica, de
una copia xerográfica de esta tesis bastante deteriorada por el uso. Por otro
lado, los numerosos artículos de Murra, publicados en revistas y reunidos en
su libro Formaciones económicas y políticas del mundo andino (1975) han
constituido una segunda vía de acceso a sus investigaciones. Sin embargo,
esto también es innegable, la copia de la tesis no era fácil encontrarla y
sus numerosos artículos no ofrecían una exposición sistemática de sus
ideas centrales sobre la sociedad inca.
En el siglo XX se han dedicado notables esfuerzos para conocer y comprender el
imperio inca. Los trabajos de Heinrich Cunow, Her-inann Trimborn, Louis
Baudin, Julio C. Tello, John H. Rowe, Luis E. Valcárcel, marcan los hitos
fundamentales del desarrollo de la historiografía inca. H. Cunow, desde una
perspectiva etnológica, destaca la presencia del ayllu y minimiza la
importancia del Estado. José C o Mariátegui, el año 1928, apoyado en estas
evidencias, caracterizó al imperio inca como una sociedad comunista.
Posteriormente, una mejor compresión de la institución de los yana,
permitió que otros investigadores, incluso Murra en 1946, considerarán al
imperio inca como una sociedad feudal. En la actualidad, las investigaciones
modernas han demostrado, de una manera definitiva, la presencia notable del
Estado y de las clases sociales en el imperio. Sin embargo, Surgen serias
discrepancias cuando intentan. tipificar estas estructuras y ,1a sociedad
global. Unos hablan de esclavismo, otros de despotismo oriental, y los
terceros, del modelo, de Murra.
El libro que comentamos nos recuerda que el imperio inca es un corpus
histórico capaz de ser aprehendido y. explicado por categorías que provienen
de la moderna etnología africanista. M. Godeliér ha sido uno de los primeros
investigadores marxistas en percibir la magnitud de las investigaciones etno
históricas de este autor y de reinterpretarlas desde el marxismo. El ciclo de
las investigaciones etno históricas sobre la sociedad inca, iniciado por H.
Cunow en 1890, ha llegado a un momento climático con Ios trabajos de Murra.
Este libro no es ya un esfuerzo exclusivo de reconstrucción empírica, sino
más bien de reordenamiento empírico y de análisis teórico. Por esto, es
importante reseñarlo, estudiarlo y debatirlo.
3. HISTORIA Y ETNOLOGÍA: LA ETNO-HISTORIA
En 1923 el etnólogo francés Marcel Mauss nos habló del intercambio de dones
y contradones: dar, recibir y devolver forman parte de un solo acto social que
puede explicar la existencia misma de los llamados pueblos primitivos. Un año
antes, Bronislaw' Malinowski, el "hombre de los cantos", en su
magistral libro Los Argonautas del Pacífico Occidental, había ya descrito la
complejidad del intercambio de' bienes económicos y ceremoniales (el kula) al
interior de éstos pueblos. Los 'estudios posteriores de etnógrafos y
etnólogos le dieron una mayor consistencia teórica a esta serie de
constataciones empíricas e intentos de formalización. Después de 1930,
fecha aproximada, la reciprocidad era ya considerada como un instrumento
teórico de análisis dé las sociedades primitivas. La reciprocidad como el
fundamento del intercambio igualitario (simétrico) entre individuos de un
mismo rango o entre parientes de un mismo grupo étnico. Dar, recibir y
devolver, en cantidades equivalentes; se encadenan hasta convertirse en pasos
obligatorios de un solo. acto social. La reciprocidad, el espíritu haumaorí
del cual nos habló M. Mauss, es considerada como el principio que norma el
funcionamiento de estos intercambios igualitarios que se pueden expresar en el
trueque de prestaciones de trabajo, de bienes
económicos, de mujeres, de niños o simples objetos ceremoniales (plumas,
conchas, collares,, etc.) La reciprocidad 'sustentada en las relaciones, de
parentesco, según. ellos,
parece explicar las relaciones de producción y la circulación de bienes en ;
las sociedades tradicionales llamadas primitivas. . .
La .reciprocidad parecía definir exclusivamente una, relación simétrica,
entre individuos de un mismo ayllu por ejemplo, pero no explicaba las
relaciones que se establecen entre grupos mayores, o desiguales. Este vacío
teórico comienza a ser llenado con las investigaciones que antropólogos y
etnólogos realizaron en el África y el: Pacífico Occidental. Aquí
comienzan .a estudiarse, a diferencia del período anterior á 1930, pueblos
mayores, señoríos y reinados con aparatos estatales y estructuras sociales
clasistas. Es decir, sociedades más complejas que de acuerdo a los
antropólogos no eran comunidades primitivas, ni sociedades esclavistas o
feudales. La presencia del Estado era un hecho nítido y difícil de explicar.
La base económica de los linajes gobernantes y de su burocracia estatal era
la tributación de las familias campesinas que vivían dentro de sus dominios.
Los gobernantes étnicos acumulaban bienes, económicos o ceremoniales, con
fines puramente estratégicos: fortalecer la autoridad y poder de los linajes
gobernantes. ¿Pero cómo se legalizaba la presencia del Estado? ¿Por qué
tenían qué soportar los chimús o huancas los tributos impuestos por los
gobernantes cuzqueños? ¿La simple ' violencia de los incas lo explica todo?
Como en todos los contextos, antiguos o modernos,' : precapitalistas o
capitalistas, solamente una ideología podía alejar de la' conciencia social
el fenómeno de la explotación y de la ilegalidad. El Estado debía asumir y
difundir una ideología que se sustentase en una praxis económica, en
acciones visibles y concretas . La reciprocidad * en la que se sustentaban los
intercambios a nivel de. las unidades domésticas fue puesta al servicio del
Estado:. La reciprocidad debía legalizar las- rentas .del Estado:
justificarlas, reproducirlas y desarrollarlas. Para esto, el Estado debía
actuar como lo nacían, a nivel local, los jefes étnicos de grupos más
pequeños. 'Él Estado debía dar, recibir y devolver. Esto es en esencia el
fundamento ideológico de un Estado rédistributivo.
Karl Polanyi (1886-1964), economista húngaro, .residente en EE.UU: desde 1940
hasta 1964, fecha de su muerte, fue quieto comienza a analizar la
organización económica y social de las sociedades primitivas a partir de la
categoría de redistribución. Más aún, 'tomando los resultados de las
investigaciones de la antropología económica, ensambla la reciprocidad y la
redistribución con la finalidad de crear una teoría que permita entender y
explicar la organización estatal de los pueblos primitivos. Fue Polanyi quien
en 1951, en una conferencia en la American Ethnolpgical Society insinuó por
primera vez que él Estado inca parecía 'ser un Estado re-distributivo. Uno
de los asistentes a esa conferencia fue John V- Murra. Esto, por supuesto, es
una referencia anecdótica, pero cierta. La influencia del marco conceptual
elaborado por Polanyi para el análisis de las sociedades primitivas parece
ser usado por Murra en toda su profundidad, alcances y aun mostrando cómo los
conceptos de Polanyi adquieren especificidad al actuar en los territorios
andinos.
4. EL IMPERIO INCA: ¿UNA SOCIEDAD EN TRANSICIÓN O UN ESTADO DE TIPO
ASIÁTICO?
En este libro hay la descripción detallada de las estructuras económicas,
sociales, políticas e ideológicas que sustentan el Estado inca. Murra
describe la agricultura, la tenencia de la tierra, los rebaños y el tejido
buscando no sólo apoyarse en la cita de un cronista, sino confrontando varias
fuentes y utilizando la mas objetiva. En la agricultura nos habla de dos
sistemas agropecuarios: a) el sistema campesino de la papa y de la ganadería
de auquénidos, pre-inca, autosuficiente y étnico; b) el sistema estatal del
maíz en la quíshua, agricultura de regadío que necesitaba de una enorme
cantidad de fuerza de trabajo y que se desarrolló paralelamente, como causa y
consecuencia, de la expansión del Estado inca. La papa y los auquénidos
ofrecieron las proteínas y las calorías suficientes para permitir la
autosuficiencia y reproducción de las unidades domésticas. Por otro lado, la
ampliación de los fundos estatales, a través de la construcción de andenes,
terraplenes y sistemas de regadío, permitió una mayor y mejor posibilidad de
acumulación de los alimentos en los depósitos estatales. Así, el Estado
contaba con las bases materiales para alimentar a un ejército y una
burocracia cada vez mayores.
En el capítulo 2, Murra prefiere hablar de tenencia de la tierra y no de
propiedad. Esta última es una categoría europea que nace con la esclavitud
griega y romana y que nosotros la conocemos y utilizamos en la acepción que
adquiere a partir del siglo XVIII con e! surgimiento del capitalismo europeo.
Tenencia está menos impregnada de historia e ideología. Murra nos muestra,
en primer lugar, la visión tradicional: los incas impusieron una división
tripartita de la tierra. El inca al conquistar territorios se declaraba el
"propietario inminente" de las tierras, los rebaños y otros
recursos productivos. Pero como el inca era "generoso", idílica
versión de Garcilaso y Blas Valera, entregaba una parte de las tierras para
la subsistencia del grupo étnico (tierra de la comunidad}, separaba otra
parte para el inca y otra para el sol. Es decir, tierras de la comunidad, del
Estado y de la iglesia-Murra, por la ausencia de fuentes no puede cuantificar
el valor porcentual de cada una de ellas. Pero adelanta que las tierras de la
comunidad son más extensas eme las tierras del Estado y de la iglesia. Esta
falsa entrega, ya que no es posible "obsequiar" lo que se ha
usurpado, creaba la obligación recíproca, en los grupos étnicos de devolver
lo recibido con un don equivalente o que simbólicamente podría ser
equivalente. El contradon ofrecido por las etnías conquistadas se realizaba a
través de las prestaciones de trabajo para sembrar v cosechar las tierras del
inca y del sol. Esto se institucionalizó como un tributo pagado
exclusivamente en trabajo. Pero además de la tradicional división
tripartita, Murra nos indica -lo qua era sumamente novedoso en 1955- el
surgimiento de nuevas formas de posesión sobre los recursos productivos. Este
fenómeno, según el autor, se intensificó en los últimos 25 años de la
existencia del imperio. Dentro de estas nuevas formas de apropiación
encontramos las tierras del inca gobernante, de las panacas reales de los
anteriores gobernantes, los fundos estatales y las concesiones como una forma
naciente de propiedad privada sobre los medios de producción. Casi todas las
tierras de los alrededores del Cusco, incluso todo el Valle Sagrado, desde
Pisac hasta Ollantay-tambo, eran "propiedad privada" del inca
gobernante y de las familias reales.
Estas nuevas tenencias embrionarias e insignificantes a nivel de las etnías
locales, comenzaron a desarrollarse obedeciendo una lógica estatal. Con la
expansión de las conquistas incas había que desarrollar la burocracia
estatal, demográficamente los linajes de orejones cusqueños ya no eran
suficientes. Por lo tanto, se hizo necesario confiar puestos administrativos a
las burocracias locales, que incluso podían convertirse en "incas de
privilegio" y residir en el Cusco como "parientes del inca". En
estas nuevas legiones de "parientes" la relación de parentesco
cumplía un rol estrictamente ideológico. No eran parientes reales, sino
ficticios. El Estado inca, como consecuencia del incremento de sus
dimensiones, ya no era más un Estado étnico, de orejones cusqueños, sino
mas bien se estaba convirtiendo en un Estado clasista de linajes que usaban la
ficción del parentesco para mantener la unidad interna del grupo dominante.
El Estado inca alcanzaba sus límites estructurales, tenía que necesariamente
evolucionar hacia formas nuevas y diferentes-
Pero volvamos a estas nuevas tenencias que escapaban del sistema tradicional y
que aun dialécticamente lo negaban. Su desarrollo implicaba la liquidación
de la autosuficiencia de las unidades campesinas. Los fundos estatales y las
concesiones de tierras a linajes locales se hacían privatizando antiguas
tierras étnicas. Es decir, quitando tierras a los grupos étnicos
conquistados recientemente . Pero esas tierras necesitaban fuerza de trabajo
para producir. La solución se integra dentro de un proceso global de
alienación: se quitan las tierras y los antiguos propietarios se convierten
en yana. Especie de "criados perpetuos" (Cieza de León) o esclavo
(E. Choy). Murra piensa que eran algo distinto a "criado" o esclavo.
¿Una categoría social andina? Esto se insinúa, pero no se define con
precisión. En todo caso, la invasión europea interrumpe un proceso de
privatización de los medios de producción, hombres, tierras, rebaños y
otros recursos productivos, que colocaban al Estado inca en un claro proceso
de transición hacia formas nuevas y diferentes de organización.
Por otro lado, el tejido cumplió funciones mágicas, económicas y
políticas. El inca exigía tejidos a las etnías locales, los almacenaba y
los utilizaba para vestir a su burocracia, su ejército y para
"devolverlos" a los grupos campesinos en dificultades- Además, los
tejidos finos, como el cumbí, eran obsequiados por el inca a los nobles de
provincias con la misma finalidad de ganar lealtades. Se entregaban como dones
y se creaban obligaciones recíprocas. Paralelamente, el Estado utilizó los
tejidos como una forma de presión y control sobre las etnías sometidas.
Después de la siembra venía la cosecha y después la esquila y durante todo
el tiempo el hilado y los tejidos. El inca les entregaba la lana y las
unidades domésticas debían transformarla en tejidos que entregaban para
depositarlos en los almacenes del Estado. Los reyes cusqueños trataban de
captar todo el tiempo excedente de las etnías locales, impedirles el ocio que
permite la reflexión y que conduce a la revuelta. Las prestaciones rotativas
se hacían para barbechar, sembrar, cosechar, esquilar, hilar, tejer, ir al
servicio militar o participar como mitayuq en las grandes obras públicas- Las
exigencias del Estado eran cada vez mayores- Sarmiento de Gamboa, cronista
áulico de Toledo, exagerando las proporciones, afirmaba que los campesinos
trabajaban 9 meses para el Estado y sólo les quedaba 3 meses para lograr su
subsjstencia individual y. colectiva. Esto, en parte, puede explicar las
enormes cantidades de textiles que con asombro descubrieron los europeos en
los ; depósitos estatales de ; provincias. y también las numerosas revueltas
lo" cales. Estas desproporcionadas cantidades no cumplía fines
.puramente económicos, sino que mas bien tenían un significado
mágico-religioso y obedecía a una estrategia estatal. Así también se puede
explicar él tributo en piojos, en plumas vistosas o varas de chonta que se
les exigía á los "bárbaros" de las regiones marginales de la
rupa-rupa amazónica.
Las prestaciones rotativas que se ofrecían solamente al curaca, después de
la expansión inca comenzaron a beneficiar al Estado cusqueño. Los excedentes
se desvían hacia el Cusco, los privilegios de los curaca locales disminuyen
pero no desaparecen y la lógica consecuencia es el aumento del peso de la
tributación sobre las unidades domésticas campesinas. El sistema no cambia;
cambia la escala y la magnitud. La "generosidad" del inca reemplaza
a la "generosidad" del jefe étnico local; surge una generosidad
obligatoria e institucional que se apoya en una ideología antigua. El Estado
cumple también las antiguas funciones redistributivas del curaca. Sin
embargo, este cambio cuantitativo, de escala, hace necesario cambios
cualitativos y estructurales. Surgen nuevos grupos sociales: los artesanos a
dedicación exclusiva del Estado, las aclla, los yana y los mítma. Nuevos
grupos que encarnan y representan nuevas relaciones de producción al margen
de la organización tradicional sobre la cual se había montado el Estado
inca,
Hay un Claro proceso de transición de la prestación rotativa de trabajo
hacia la servidumbre de tipo feudal: este es un planteamiento central del
autor. Las acciones concretas y diarias de gobierno conducían al Estado inca
por el inexorable camino de la contradicción dialéctica. De acuerdo a una
estrategia estatal el inca debía; ganar lealtades en los nuevos territorios
conquistados haciendo concesiones de tierras, rebaños y hombres o. Es decir,
para fortalecer el centro debía fortalecer a los funcionarios de la
periferia; funcionarios que eran "parientes" ficticios del inca y
que frecuentemente mostraban su rebeldía y se esforzaban por volver a su
independencia. Por lo tanto, la praxis del inca gobernante pone en marcha un
proceso -dialéctico y necesario. Este proceso fue interrumpido en los Andes
Centrales por la invasión europea. Nadie podría, a la altura de los
conocimientos actuales sobre la sociedad andina, señalar científicamente los
caminos- que hubiera seguido la evolución posterior. Pero todo parece indicar
que el imperio se encontraba en vías de una transformación revolucionaria en
el momento en que los españoles' desembarcan en Tumbes, capturan a Atahualpa.
lo ajustician violentamente en 1532 y toman el control del Estado cusqueño.
Murra no es .un historiador marxista, pero su concepción del: proceso
histórico lo acerca al marxismo . El mismo declara, lo que es ya una actitud
y confesión corriente dentro de la etnología y antropología en la
actualidad, la necesidad de despojarse del europeo centrismo (esquema de
pensamiento y categorías de análisis nacidas después de la revolución
industrial) para comprender la especificidad de la sociedad andina- El
promueve la necesidad de descubrir lo "andino", lo particular, en
lugar de encasillar esta sociedad dentro de los diferentes modos de
producción considerados por el marxismo. ¿Pero, en realidad qué es lo
típicamente andino? ¿Una geografía y una orografía que determinan una
variedad de climas y ecologías que finalmente : derivan en estrategias muy
andinas para lograr .la autosuficiencia? La geografía constituye, como diría
Fernand Braüdel, una estructura de muy larga duración que las sociedades
aprovechan utilizando estrategias propias al desarrollo material, económico y
social de los pueblos que las ocupan. En otras latitudes, y geografías, la
búsqueda dé la autarquía económica ha hecho necesario el uso de
estrategias diferentes a las usadas por el hombre andino. La "economía
vertical" no le otorga un carácter específico a la sociedad inca.
Siglos más tarde los gamonales andinos seguirán aprovechando la diversidad
ecológica para lograr la autosuficiencia de sus "colonos" siervos y
la reproducción del feudalismo en sus haciendas o
A otro nivel, y siempre buscando lo "andino", la reciprocidad
impregna todas las relaciones sociales al interior del ayllu y crea todo un
sistema de equivalencias y de modalidades en el intercambio. Este sistema
puede ser andino, pero el principio que lo genera es universal. De nuevo lo
andino se esfuma y queda solamente a nivel de un inventario de estrategias y
formas que aparecen por la acción de principios universales que han afectado
a todos los grupos humanos que se encontraban al mismo nivel de desarrollo
material, social y económico que la sociedad inca. ¿Dónde se encuentra pues
lo andino? Más aún, en esta línea de reflexión encontramos, .así parece,
una gruesa contradicción cuando leemos el párrafo que encabeza este
comentario. De éste se deduce que la universalidad, de la reciprocidad y de
la redistribución, en pueblos tradicionales con estructuras sociales y
estatales permitió a Murra comprender mejor el ."milagro", inca.
Murra utiliza constantemente la denominación "andina", no solamente
como un adjetivo que remite a un territorio, una lengua y una cultura, sino
como un sustantivo que denomina un tipo sui-generis de sociedad. Pero de nuevo
la búsqueda de la especificidad queda en lo formal, ya que en los análisis
de Murra hay la utilización de categorías universales con la finalidad de
encontrar lo particular. Como consecuencia dé este procedimiento
metodológico, utilización de categorías descubiertas por la antropología
africanista, él Estado inca y el reino dahomey aparecen como sociedades muy
semejantes, pero formalmente diferentes. Por lo tanto, la oposición entre
universalidad y particularidad parece perder toda esencia.
Pero, finalmente, ¿qué fue el imperio inca? ¿Una sociedad en transición o
un Estado de tipo asiático? De acuerdo a Murra una sociedad que marchaba
hacia un tipo de servidumbre feudal. Es decir, una sociedad en tránsito desde
formas "andinas" hacia formas más universales como la servidumbre
que sustenta un orden de tipo feudal. Más aún, Nathan Wachtel en su libro
Los Vencidos y desarrollando los planteamientos de Murra, propone que, en el
período inmediatamente anterior a la conquista, el imperio se encontraba
comprometido en un proceso similar al que se observa en la alta edad media
europea. Por otro lado, Maurice Godelier, en artículos muy breves, ha
reordenado esquemáticamente gran parte de los resultados de las
investigaciones de John V- Murra, con la finalidad de demostrar que dentro de
la formación social inca él modo de producción asiático era el dominante.
Dentro de esta formación social el modo antiguo era el ayllu y todas sus
connotaciones sociales, ideológicas y económicas; el naciente estaba
representado por las poblaciones esclavas y el dominante por la forma de
captación de los excedentes a través del Estado. El modo de producción
dominante utilizaba las formas económicas e ideológicas antiguas (el ayllu)
y también las nacientes (esclavos). De acuerdo a Godelier no existe una
relación de producción que tipifique y singularice a las sociedades de tipo
asiático. La especificidad y esencia de este modo de producción se da a
nivel de la relación de las poblaciones tributarias y la administración
estatal. En todo caso, esta categoría, desenterrada de los textos clásicos
del marxismo hace aún pocos años, se encuentra en su período de prueba,
confrontación empírica y elaboración teórica. Hasta la actualidad sin
embargo, sirve muy bien para comprender la universalidad de la sociedad
andina, la articulación entre las etnías locales y la burocracia estatal y
también para explicar el desfase entre las estructuras económicas y las
estructuras ideológicas. La lectura marxista de M- Godelier nos permite
percibir también la riqueza y profundidad del libro de John V. Murra. Un
libro de gran contenido teórico y que invita a la reflexión y la polémica.