CONVOCATORIA

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Extracto del LIBRO del doctor Washington Duran Abarca: "PERÚ, COMO LOS DEMÁS ESTADOS LATINOAMERICANOS, NUNCA FUE ESTADO-NACIÓN SINO MULTINACIONAL" (Integrado por cinco naciones: mestiza, quechua, aymara, amazónica y afroperuana)
Editorial UNMSM , Lima, 2005; Páginas 73-85)

La creación del Estado-Nación Peruano en el momento de la independencia, ignorando a las naciones andinas
La demografía de la ex colonia al momento de la independencia, según Pablo Macera era la siguiente:
a) Españoles y su prole criolla;
b) Los negros esclavizados, traídos del África, concentrados en la costa y destinados
a trabajos forzados.
c) Las etnias o naciones nativas: quechua, aymara y amazónicos; habitantes
originarios o mal apodados "indios"; y
d) Mestizos, resultado del cruce entre los antes mencionados conquistadores con
las nativas tawantinsuyanas.
Agrega Pablo Macera que "a fines del siglo XV1I1, antes de crearse el Estado peruano, los aborígenes o herederos del Inkanato, mal llamados 'indígenas' constituían el 75 % de la población total".
Según el censo de 1993, el INE1, como siempre, mostró datos demográficos falsos, diminutos por flojera o incapacidad, especulativos respecto de las poblaciones nativas, según lo que convenía al oficialismo y a los demás gobiernos latinoamericanos de turno. Que por prejuicios, todos ellos en consenso, negaron durante décadas ante la ONU la presencia de las etnias nativas, mal llamados "indios", en sus respectivos países. ¿Vergüenza?, ¿de qué?, ¿si son seres humanos? ¿o del maltrato que reciben por la bestialidad humana, primero colonial, más tarde republicana liberal? Actualmente, esas poblaciones descendientes del Inkanato constituyen las mayorías y no las minorías de la población, como quieren hacer creer los gobernantes latinoamericanos del sur; concepciones productos de sus complejos raciales, culturales; no obstante declararse demócratas23. Hasta la fecha los herederos del Inkanato, poblaciones mayoritarias del país, siguen practicando en su vida diaria los principios tradicionales tawantinsuyanos del mutuo entendimiento, sus concepciones de la igualdad y solidaridad humana. Como la contrapartida del mundo mestizo egoísta.
¿El Perú es Estado-Nación (etnia) o Estado multinacional (pluriétnico)?
En la historia universal, el surgimiento de la etnia (hoy nación) tuvo sus raíces iniciales en el periodo de la descendencia materna o matriarcado, hasta el estadio medio del salvajismo; cuyo cambio al sistema o descendencia paterna empezó en el estadio medio de la barbarie con el desarrollo de la gens antigua (grupo compuesto por varias familias con el mismo nombre y descendencia de antepasados comunes).
Según la historia antigua peruana, en la etapa precedente a la llegada de los conquistadores españoles a esta parte de América, gobernaba el Supremo Inka o Sapainka en el Imperio del gran Tawantinsuyu, multinacional; integrado por las siguientes etnias o naciones fundadas en Ayllus, hoy departamentos: Inka (hoy Qqosko o Cusco), Chanka (hoy Apurímacy parte de Arequipa), Chimú (desde Tumbes al valle de Chillón), Qqolla o Aymaray Lupaca (hoy el Altiplano). El Imperio Inka o Tawantinsuyu (Cuatro Suyus) ocupaba más de dos millones de kilómetros cuadrados, bajo el liderazgo del Qqosqo (Cusco). Extensión conquistada por la etnia Inka (quechua), con alta capacidad de desarrollo productivo desde Ecuador hasta Chile y Argentina.
Durante ese período Inka destacó y aún destaca la artesanía, joyería (se dice la mejor del mundo) de Chulucanas, Moche, Ayacucho, Cusco y Trujillo. Se trabajaba con tierra (hallpa), piedras, arena o arcilla. Cuyo mercado natural actual son los Estados Unidos del Norte.
En el tomo 11 del Diccionario Enciclopédico Santillana, se señala que "étnicamente -o nacionalmente- la población peruana está formada por mayoría de quechuas y mestizos y minorías de blancos, aymarás y afroperuanos". Cada cual con idioma propio y diferentes entre sí; rasgos importantes que a su vez diferencian a una nación de otras. Distintivos suficientes que muestran presencia de pueblos o naciones con orígenes, psicologías, costumbres y otros que los diferencian entre sí. Certeza que niega que nuestro país fuera y es Estado-nación. Y abona para confirmar nuestra tesis que Perú siempre ha sido multinacional o multiétnico, por la presencia física histórica desde el Tawantinsuyu de diferentes nacionalidades oriundas, la quechua, la aymara y las amazónicas; a las que se agregó la única nación oficial, la mestiza, producto de los conquistadores y los nativos colonizados; además del grupo de los afroperuanos, que también, con justicia reclaman derechos elementales.
En el solemne acto de la Independencia del 28 de julio de 1821, sólo se tomó en cuenta a la nación mestiza, silenciando o segregando la presencia real de aquéllas otras naciones tawantinsuyanas, cuyos antecesores sacrificaron sus vidas por la independencia de sus nacionalidades y de nuestro país. Si esos abnegados tawantinsuyanos que entregaron sus existencias en la defensa de la libertad de sus nacionalidades y en la creación de la única nación oficial, surgida al final de sus sacrificios, ¿qué dirían al despertar y ver que sus connacionalidades tawantinsuyanas continúan aún postradas, sin reconocimiento constitucional y olvidadas por la clase política y el Estado? Nuestra historia constitucional se ha hecho con egoísmos extremados, discriminantes, con culturas prejuiciadas, agraviando a las nacionalidades nativas, presentes sin interrupción en la realización de nuestro Estado. Cuyos efectos son nuestras deficiencias como país en todo orden, con nuestro subdesarrollo extremo en todas las ramas del elemental crecimiento productivo, creativo para cubrir necesidades aún no resueltas y/o ni siquiera propuestas para propender al pleno desarrollo en todo orden que tanta falta nos hace. No dejando de reconocer los méritos de algunos personajes de muchas constituyentes que propusieron mejor porvenir para nuestro país aún frustrado en exceso; pero también omitiendo o silenciando la presencia física de las distintas nacionalidades tawantinsuyanas.
Obviamente, los efectos de los prejuicios sociales y raciales sistemáticos de los grupos del poder oficial republicano dominante pudieron más, desde inicios de la República. Redactaron las respectivas constituciones reconociendo sólo a la nación mestiza; fungiendo ya como constituyentes pero sólo en discursos e imprimiendo sistemáticamente las políticas de continuidad colonialista, de la segregación, agraviando a las poblaciones aborígenes y también afectando a las masas populares mestizas. Políticas similares, repetidas en los últimos 120 años republicanos, con contenidos sectarios y racistas, en detrimento de las demás nacionalidades peruanas. Política continuada con intensa desfachatez por todos los partidos políticos gobernantes o no gobernantes desde la dos últimas décadas del siglo pasado. Con discursos libertarios y de falsa igualdad social, falaces e hipócritas. Ratificada de alguna manera por la última Asamblea Constituyente que elaboró la actual Constitución de 1993, en realidad ni siquiera ratificada por la población, con mucha intuición, en el referéndum del 31.10.1993. Cuyo lírico y engañoso "Art. 2do. Inc. 17reza: Toda persona tiene derecho: A participar, en forma individual o asociada, en la vida política, económica, social y cultural de la Nación. Los ciudadanos tienen, conforme a ley, los derechos de elección, de remoción o revocación de autoridades, de iniciativa legislativa y referéndum". Texto extremadamente ilusorio o saludo a la bandera, como casi todas las constituciones excluyentes, que ni siquiera proveyeron el derecho de remover o revocar a los representantes demagogos, que se han parapetado de modo exclusivo en el Estado.

Las poblaciones y las ciudadanías frustradas de las nacionalidades nativas
Afines del siglo XX e inicios del XXI esas poblaciones herederas del Inkanato seguían y siguen siendo la gran mayoría de la demografía peruana; cuyos adultos de habla quechua, aymara y también amazónicos fueron reconocidos solamente como ciudadanos, mas no como nacionalidades, recién en la Carta de 1979. Sin embargo, tal reconocimiento continúa sólo en el papel, salvo cuando son manipulados por los partidos políticos para los votos que requieren con fines electorales, pero silencian sus derechos individuales y sus derechos como pueblos de esas comunidades, aún reprimidas. Yerros u omisiones que se vienen acumulando con futuro imprevisible para solucionar los serios problemas que se agravan y acumulan cada año que pasa. Lo que lejos de tender a mejorar las condiciones de vida de las mayorías, cada vez, empeora, con efectos a agravarse si no se va a corregir razonablemente el maltrato, continuado, ignorando la presencia de esos pueblos o nacionalidades aborígenes. Se ha impuesto a la ciudadanía la obligación de votar, so pena de pagar multa en dinero sin embargo, esos millones de electores aborígenes no pueden ser elegidos por haber ¡ sido considerados aún como semiesclavos o especie de manumitidos durante la colonia e incapacitados de hecho con las políticas de exclusión racista republicana por la clase política prejuiciada durante todo nuestro periodo como Estado. Las naciones, nativas no solamente siguen excluidos de ejercer sus derechos político-jurídicos como pueblos; vgr. Elegir a sus representantes, sino también a no recibir educación, ni tener ¡ derechos sociales ni económicos. Por la sencilla razón de que aún permanecen no sólo bajo el yugo estatal, sino también de las satrapías feudales restantes que han empujado y obligado a quechuas, aymaras y otros pueblos a convertirse en servidores obligatorios en las tropas del ejército, a prueba de golpes y manu militare durante toda la República.
Según datos demográficos de la Comisión de Derechos Humanos del Congreso de la República, proporcionados por el Director del Programa Especial de Comunidades Nativas de la Defensoría del Pueblo25, la actual población de la nación quechua es de alrededor de 7 a8 millones, la nación aymara con cerca de dos millones, la nación selvícola con medio millón, los afroperuanos con millón y medio, además de la etnia mestiza y extranjeros que radican en el país por diferentes causas.
El reciente "Álbum Geográfico del Perú" del diario La República en su página S señala la actual distribución espacial de la población peruana. "En 2003, la mayor parte de la población vivía en la Costa: 52%; en la sierra, el 34% y en la Selva el 14%, Respecto de la población económicamente activa (PEA), en el año 2002 llegó a 12.853.000 personas. De ellas, el 21 % está ocupada en el sector primario; el 14% por el secundario y por el sector terciario, comercio y servicios el 65% -lo que el inconveniente para nuestro desarrollo-". El 1NEI señaló que en el IV trimestre del 2001, más de 1219.000 personas trabajaron; la mayoría en zonas rurales y en labores agroperuanas. Se afirma que del total de la población de 6 a 17 años, estimada en 6943.000, se encontraban ocupadas cerca del 29%. De ellas, cerca del 80% asiste a centros. Sin embargo, en la realidad frustrante del país, el 68% no sabe leer ni escribir. En el año 2000 cerca de 13 millones vivían en situación de pobreza. En el país, los pobres extremos llegaron al 27% en 1991 y el año 2002 representaban el 15% de la población total (Instituto Cuanto). En Lima, los pobres llegan al 44%; los pobres no extremos representan poco más del 39% y los pobres extremos cerca del 5% (¿). Lo que evidencia, de un lado, que Lima concentra más de la mitad de la población, con el aproximado del 82% de pobres; lo que deviene en una calamidad humana multinacional ¿Alguna vez tendremos estadísticas reales y no contradictorias y que no silencien el problema de las nacionalidades peruanas?
La erradicación del sistema colonial español en América Central y del Sur de los siglos XV al XIX fue logrado, en lo esencial, gracias al sacrificio de los antecesores de los actuales pueblos integrantes o nacionalidades nativas peruanas, herederos del Tawantinsuyu y con el concurso de los afroperuanos y de los oficialistas de la naciente etnía o nación mestiza. Situación que se demuestra que de no haber participado esas nacionalidades nativas en la guerra de liberación, nuestra independencia habría sido Imposible ¿Y de que les valió a esos pueblos sus sacrificios?
Jorge Basadre, señala que después de la conquista española la clase aristocrática en el Perú estuvo formada por tres grupos: 1) los conquistadores y encomenderos y algunos de sus descendientes; 2) los miembros de la aristocracia peninsular que, en buena parte, llegaron dentro de la alta burocracia virreinal y se radicaron en el país; 3) el grupo de familias enriquecidas en el comercio o en la minería que recibió títulos y blasones, sobre todo en el siglo XVIII. Agrega que el militarismo y una parte de la clase media ilustrada, de algunas profesiones (abogados sacerdotes), asumieron (desordenadamente el comando del país.
Fue esa clase política prejuiciada, con complejos de superioridad racial, con mentalidad antigua, defensora del sistema de terratenientes, la que sentenció, a partir del 28.07.1821, al instituirse nuestro Estado, la oficialización exclusiva de la etnia o nación mestiza y la exclusión absoluta de sus derechos de participación política-jurídica, nodal y económica de las demás nacionalidades peruanas oriundas ya referidas reiterativamente. Marginación que subsiste a la fecha por obra también, con similar prejuicio racial, de todos los gobiernos o la clase política que viene administrando el lisiado desde 1821 a la fecha. Como si fuera fenómeno natural, con grave daño para esos pueblos nativos y, desde luego, para la propia nación oficial mestiza. Cuyas consecuencias son nuestro extremo y dramático atraso; a la que se agrega nuestra Incapacidad para salir del subdesarrollo en todo orden. Figura similar sucedió y sucede con Bolivia desde el 06.08.1825 y Ecuador desde el 10.08.1809; no muy diferente en los demás países de América Latina, sin duda, con niveles de desarrollo desigual.
larde o temprano las nacionalidades nativas obtendrán sus derechos constitucionales como naciones
Oficialmente, la cohabitación histórica de la nación mestiza y las etnias nativas marginadas muestra que nuestro país funciona con pluralidad de costumbres, derechos, idiomas, culturas, que sin mayor variación se mantienen aún desde antes de la creación del Estado Peruano. En consecuencia, si elementalmente se respetaran los derechos humanos de igualdad y libertad como personas y pueblos, las etnias (101 j país (quechuas, aymarás y amazónicas, además de los también discriminado afroperuanos) desde hace rato deberían estar incorporadas constitucionalmente en función de sus existencias como etnias o nacionalidades. Tal como son esos pueblo! sin deformar sus naturales identidades, formación histórica y según convenga a .Mil propios intereses y reputación de cada una de esos diferentes pueblos, que da lo misma, Desde luego, con similares derechos y consideraciones que corresponden a la oficializada etnia mestiza de tener presupuesto del Estado, representación política y organizar debidamente sus roles educativos, sociales, económicos y otros. Impedir u omitir la plural integración constitucional en el Estado de todas las demás nacionalidades oriundas peruanas, significa seguir reforzando el egoísmo, los prejuicios y exclusiones benéficas de la clase política dominante contemporáneas parapetados bajo el amparo de la exclusiva o única "nación" peruana. Lo que viene significando insistir en la continuidad del prejuicio social y sojuzgamiento descarado a esas poblaciones nativas, que tanto aportan a nuestro modesto desarrollo no obstante estar maniatados e impedidos de rendir mucho más por la sinrazón civilizada de la ceguera enfermiza del oficialismo tradicional.

¿Qué es una nación? Algunas diferencias con otras naciones
Se define como "nación" -iniciada en lento y largo periodo no santo feudal europeo- al grupo humano que durante largo tiempo convive al amparo de un régimen político no regulado precisamente, por ser espontáneo, en comunidad y con autonomía. Cuya población está vinculada históricamente por idioma, costumbres, tradiciones, cultura, historia y política económica comunes en un territorio también común. Rasgos característicos similares y a su vez diferentes de las demás naciones. La nación o pueblo se identifica como producto natural formado en proceso lento a través del tiempo ,de modo estable, según las formas de relación con las sociedades de su entorno y su lejanía. Habida cuenta de los conflictos futuros de intereses, a veces extremos del entorno de la nación en formación y entre los grupos dominantes que ulteriormente se van constituyendo como el poder del Estado.
Todos esos rasgos caracterizan y diferencian a las naciones entre sí. Sin embargo, vale insistir que siendo todos esos aspectos comunes en una nación, son a su vez aspectos o medios que los diferencian de otra nación. Generalmente, el rasgo que más destaca la diferencia entre naciones es el idioma, desde luego también los otros rasgos; vgr. las costumbres, las prácticas naturales, su historia, hábitos e incluso sus formas de relaciones y otros. Rasgos ya naturales diferenciados entre pueblos.
En el caso de nuestro país peruano, como Bolivia o Ecuador, con historias post colonizadoras parecidas y convivencias ya durante siglos, son los idiomas comunes del castellano, quechua y aymara que los hacen parecidos, a su vez distintos en tiempos, modos de vida e historias diferenciadas. Asimismo, en el Perú conviven las naciones quechua, aymara, y otras etnias, alrededor de 68 en la selva con idiomas, filosofías, costumbres, historias y concepciones diferenciadas de la nación mestiza oficializada. A ello debemos agregar al grupo de los afroperuanos traídos por los conquistadores, que hoy reclaman derechos de relativa autonomía con mucha razón porque constituyen a su vez un grupo diferenciado de las otras naciones peruanas. De nuestra experiencia personal, sabemos del elevado concepto moral que practican esas naciones aborígenes peruanas, cuyas reglas de comportamiento obligatorias, expresión del sentimiento común generalizado de todas las nacionalidades tawantinsuyanas, están aún conservadas sin variación. Conducta moral diferente en extremo con nuestro mundo oficial y el Estado.

Surgimiento de la categoría nación
Fue Enmanuel Joseph Sieyes (1748-1836), activista de la revolución francesa de 1789, quien caracterizó el concepto o categoría nación como grupo humano históricamente unido por rasgos comunes especiales y homogéneo vgr. idioma común, Conducta social, política, cultural, económica, lingüística; con territorio común. Regidos por el mismo gobierno. Sostuvo Sieyes que la nación se forma por el sólo derecho natural; en tanto el gobierno pertenece al derecho positivo. La nación es todo eso que un pueblo puede ser por lo que llega a ser por sí mismo. El pueblo organizado como nación depende de su sola voluntad de atribuirse derechos que en si tiene. En su primer nivel, tiene todos aquéllos rasgos de nación. En el segundo nivel lo ejerce, y en el tercero, hace ejercer a través del Estado por sus representantes en lodo lo que es necesario para su conservación y el buen orden de la comunidad".
Por su parte, el dictador José Stalin, fue quien aportó con mayor amplitud conceptos sobre la categoría histórica nación. Sostuvo que nación "es ante todo una comunidad, una determinada comunidad de hombres. Una nación no es una comunidad racial o tribal, sino una comunidad de hombres formados históricamente". ,,,La comunidad de idioma es, pues uno de los rasgos característicos de la nación". "La nación sólo se forma como resultado de un conjunto de relaciones duraderas regulares; como resultado de una vida en común de los hombres, de generación en generación". "La comunidad de territorios, es, pues, otro de los rasgos característicos de la nación". En modo resumido, sostiene: "Nación es una comunidad estable, históricamente formada de idioma, territorio, vida económica y de psicología, manifestada ésta en la comunidad de la cultura". Debemos agregar que cuando es única nación del Estado goza de autonomía plena ante las demás naciones; pero cuando hay pluralidad de naciones en un mismo estado, cada nación goza de autonomía limitada.
Obviamente, si las poblaciones americanas aborígenes actuales -paralelas a la etnia mestiza- con tradiciones y costumbres de estar dedicados a producir la tierra de modo ininterrumpido, y con otras ocupaciones paralelas, resulta absurdo, por decir lo menos, que los estados latinoamericanos constituyan cada uno de ellos Estado-nación porque históricamente, desde el Tawantinsuyu, se han formado varios estados con poblaciones nacionales plurales.

El caso del falaz Estado-nación constitucional peruano siendo Estado multinacional y sus efectos negativos
El Perú republicano, desde su creación, fungió oficialmente en sus once constituciones anteriores e incluso en la actual, como Estado unitario siendo en realidad Estado plurinacional, como ocurre con el resto de los estados latinoamericanos. Desde siempre, en su fuente originaria ha sido como los demás países latinoamericanos: el reflejo de lo que fue el Tawantinsuyu, Azteca y Mayas centroamericanos, organizados sobre la base de las distintas nacionalidades que por entonces y ahora se constituyen como tales. Es decir, ya en el Inkanato fue la asociación de varias etnias o naciones, tal cual hoy son los diferentes estados latinoamericanos, todos ellos integrados con pluralidad de naciones o etnias; es decir que desde el pre Estado peruano nuestro país tiene carácter plural de naciones. El Perú, como Bolivia, Ecuador y otros estuvo y sigue estando integrado por, además de la oficializada mestiza creada en la colonización, por las nacionalidades tawantinsuyanas quechua, aymara y amazónicas y también los afroperuanos integrados en la época de la colonización.
En el Estado peruano, se dieron gobiernos de facto-militares durante un siglo y en los restantes 83 años gobiernos civil-militares en periodos distintos con la práctica permanente de políticas segregacionistas por parte de todos los gobernantes militares, civil-militares y civiles de jure y de facto. El Perú, como los demás países de América Latina, en sus 183 años republicanos se declaró en modo errado como Estado-nación constitucional, siendo un país multiétnico y multilingüe, fundado en las ininterrumpidas políticas egoístas con complejos segregacionistas contra las nacionalidades andinas; todo esto desgraciadamente también con el consenso de todos los partidos políticos que han renunciado al discurso de la alternancia en e poder, y que practican políticas de autobeneficio en exceso con complejos racistas tal como vienen actuando ya por décadas en el Ejecutivo y el Congreso de la República Esta conducta no solo afecta directamente a más de la mitad de la población total i indirectamente a la sociedad en su conjunto, sino que también frustra e impide e elemental desarrollo dé la educación a los pueblos y la producción en todo orden Esta es la mayor causa de nuestro extremo subdesarrollo. Ninguna persona maniatad; limitada y maltratada por la exclusión llega a disponer de su capacidad de aporte productiva. Toda política de aislamiento implica, entre otras cosas, una forma de colonización, ya que de un modo u otro sojuzga, maniata e impide a millones de peruanos el pleno ejercicio de sus libertades y de sus elementales capacidades creativas, lesiona y agravia sus espíritus, sus derechos humanos elementales como individuos y pueblos. Por estas políticas estatales permanentes nuestro país está aún en la condición de extremo subdesarrollo, con extrema pobreza en casi dos tercios de nuestra población, pobreza expresada en cuadros deprimentes de miseria humana, afectando seriamente la educación, la asistencia social y obviamente agravando la falta de trabajo. Éstos pueblos y sus millones de familias negadas en sus derechos elementales constituyen casi los dos tercios de la población total y sufren los efectos no sólo de negación de la democracia sino de sus más elementales derechos.
Resulta un sarcasmo, una ironía o un disparate reconocer el aspecto cultural de gentes unidas en un pueblo y, por otro lado negar su condición humana, sus derechos como pueblos, su elemental desarrollo y truncar sus aspiraciones, perspectivas históricas.
Un país que a causa de prejuicios, y a través de sus grupos de poder, niega derechos n los pueblos, no puede desarrollarse ni funcionar debidamente porque impone desde el Estado equivocadas políticas de frustración que se manifiestan en una extrema desigualdad en el trato que se da en las sociedades. Un Estado con complejos de superioridad racial, como los que vienen sufriendo los quechuas, aymarás, amazónicos y afroperuanos, establece desniveles, groseras desigualdades e impide la mutua integración plena en lo productivo y en las otras ramas de desarrollo; muestra además corrientes sectarias oficialistas que dividen y bloquean las relaciones de armonía en el seno de las poblaciones, por lo que lejos de una política estatal de unidad de naciones peruanas que prioriza el necesario desarrollo en función de la capacidad laboral-productiva de sus respectivas nacionalidades, subsiste la enana política oficial frustrante del silencio extremo, del ignorar con descaro y aislamiento a esas nacionalidades oriundas, manteniéndolas en la ignorancia y la negación. Son estos pueblos oriundos los que en buena cuenta sostienen la parte fundamental de la producción agraria, minera, servicios, turismo, etc.; no obstante el ininterrumpido maltrato del oficialismo, por lo que resulta irreal y hasta contradictoria la versión oficial de las doce constituciones en las que el Perú tiene el carácter y la composición poblacional de Estado-nación. En realidad, el Perú desde su creación siempre fue y sigue siendo un Estado de nacionalidades o con pluralidad de etnias. Con la nación mestiza oficializada y las demás naciones tawantinsuyanas aún maltratadas, rechazadas y silenciadas salvo en estos últimos tiempos en los que sólo se ha reconocido el aspecto cultural de esos pueblos pero no sus derechos como naciones, su condición humana, organizados como pueblos; menos sus permanentes capacidades productivas, ni tampoco el carácter natural de equidad de la pluralidad de naciones en el interior del país, fenómeno similar en los demás estados latinoamericanos.
Asimismo, la actual y discutida Constitución vigente desde 1993 en su artículo 2do, inciso 19mo. afirma con lenguaje enredado y ambiguo, que "el Estado reconoce y protege la pluralidad étnica y cultural de la nación". Si entendemos que la categoría "etnia" equivale a "nación", ello exige una reforma profunda por toda la sociedad y en particular parte de por todos los pueblos étnicos y la oficialidad mestiza. En tanto no suceda esa regulación constitucional en favor de esos pueblos aún marginados, seguirá engañándose a las generaciones futuras con la falacia de que nuestro Estado es una nación. La figura de la multiculturalidad expresada en diferentes naciones o pueblos, cada cual con su respectivo idioma, costumbres, historia, cultura, etc., consecuentemente trata de la pluralidad de etnias o naciones; y el Perú, sólo de manera figurada, viene siendo integrado por una sola nación o cultura. El Perú, antes de ser República ya era multiétnico y multicultural, y creado el Estado, siguió estando integrado por las etnias o naciones: quechuas, aymarás, amazónicas, y más tarde, y al momento de instituirse el Estado, se oficializó a la nación mestiza que desde entonces, hasta hoy y en el futuro seguirá conviviendo no sólo con aquellas cuatro naciones, sino también con el grupo de los afroperuanos que llegaron con los conquistadores que, con razón, reclaman los derechos que le confiere su presencia. Desde antes del 28.07.1821 en el Perú conviven grupos humanos europeos, asiáticos y africanos radicados en el país, como ocurre en los demás Estados americanos y del mundo. De otro modo, significaría seguir sosteniendo galimatías o embrollos.
Desde luego, la oficialización de la sola nación mestiza y la negación dé la presencia de las naciones aborígenes aparejó y motivó formas de relación de extrema desigualdad humana abusiva fundadas en falsos complejos de superioridad e inferioridad racistas, vgr. de "mistis" e "indios o cholos". Prejuicios que establecen extrema desigualdad e injusticia en el trato entre pueblos con iguales derechos, pero condicionados por relaciones extremadamente prejuzgadas y desiguales, lo que constituye una continua y manifiesta violación de los derechos de los pueblos y, por ende, de los individuos.

La supervivencia de las naciones nativas americanas tras los siglos de masacres y otras formas de extinguirlos
A través de las acciones de supervivencia forzada, aún en condiciones de exclusión casi absoluta en nuestra era de civilización y durante siglos, las actuales culturas nativas de los quechuas, aymarás, aztecas, mayas, guaranís y otras de estas partes de América nos vienen mostrado y enseñando sus plenas virtudes y, en particular, sus valiosas e irremplazables capacidades productivas y de enorme aporte en diferentes rubros en los intentos de desarrollo de nuestro continente aún en pleno subdesarrollo a pesar de los prejuicios y egoísmos de los grupos dominantes. Quienes tampoco mueven un dedo u omiten tomar elementales acciones a favor de esas naciones oriundas, para evitarles ser víctima de las arremetidas occidentales, contrarias a las elementales condiciones de humanidad a las que tienen pleno derecho esas naciones oriundas americanas. En pleno siglo actual esas poblaciones siguen siendo víctimas de los torpes prejuicio de los grupos prejuiciados y dominantes; quienes como amantes de lo ajeno no pueden vivir sin afectar a esos pueblos aborígenes; vgr. con masacres, genocidios, asaltos a sus modestos bienes. Tampoco en esas comunidades están ausentes las políticas de exclusiones, negaciones de elementales derechos humanos a cargo del mundo "civilizado". Al extremo que la intención de estos últimos, en distintas modalidades, es la de desaparecer a esos pueblos aborígenes, cuyos ancestros tanto nos han aportado, tal como hoy lo hacen sus actuales herederos en sus actuales propios territorios, legal y tradicionalmente heredados de sus padres.
Los conquistadores europeos que llegaron a estas tierras, con el acto del asesinato al Inka Atahualpa en 1533 consumaron el absoluto control y exclusión de todos los elementales derechos de los nativos dueños de estas tierras, que luego tomaría el nombre de América con los actos de conquistas europea. Más tarde ratificado con ese nombre de América durante la conquista, siguiendo el ejemplo de los invasores europeos al norte de este continente; donde sin reparo ni remordimiento alguno masacraron a los nativos y sólo dejaron a unos pocos para mostrarlos como trofeos de sus hazañas homicidas inmisericordes, en esta parte del centro y sur americano. Los conquistadores españoles masacraron a gran parte de las gentes nativas, cuyos herederos hoy constituyen las naciones supervivientes, porque no pudieron desaparecerlos. Los actuales quechuas, aymarás, mayas, aztecas y otros, muy anteriores a las conquistas colonizadoras y más tarde, con el actual régimen republicano, nos muestran sus dignidades incólumes. Conservan sus sociedades de real igualdad humana; no se someten a las barbaridades de nuestra civilización enferma, maleada, hipócrita, machista, elitista; sumida en la lucha permanente por su subsistencia y también supervivencia. Ni el bárbaro sistema feudal ni el actual capitalista pudieron desaparecerlos. Durante la vorágine del sistema feudal, los feudalistas, como parásitos sociales, explotaron en extremo a los ayllus o comunidades nativas de plena igualdad humana. "Civilizados" sacerdotes y autoridades occidentalizados, en nombre de Dios; militares y civiles europeos con la fuerza de las armas que usaron, burócratas con el apoyo policial; otras autoridades en nombre de su "civilización" pretendieron arrinconarlos al extremo de extinguirlos pero no pudieron.
Hoy como ayer los nativos quechuas y los demás nativos sin artificios humanos ni criterios, menos con maneras de falsas apariencias siguen demostrando sus capacidades productivas, su invariable solidaridad con los suyos y también su tremenda capacidad laboral y productiva.
Pensamos que si nuestra civilización los entendiera sin prejuicios y mínimamente, sin falsos orgullos de torcidas posturas asimilaríamos con mucho agrado y beneficio social la sencillez humana bien cuajada de esas nacionalidades.
La grandeza de estos pueblos nativos radica en que son ajenos a la acumulación de riqueza si los demás de su entorno no lo tienen. La felicidad de esos pueblos se funda en su igualdad con los demás. Su grandeza política radica en su solidaridad con los suyos y su mayor virtud en su permanente y mutua solidaridad, que tanto tenemos que aprender quienes convivimos en extremas desigualdades e injusticias con esos virtuosos pueblos.

Las virtudes del derecho natural de las costumbres de las nacionalidades nativas
Desde siglos muy anteriores a la aparición del Derecho Positivo occidental existió y continúa existiendo de modo paralelo, ininterrumpido y con mayor fuerza, el derecho natural de usos y costumbres (del lat. consuetudinarius), producto de la práctica de conductas colectivas e históricas de los comportamientos reiterativos de los miembros de las comunidades en sus variadas o plurales relaciones tawantinsuyanas. Este derecho poseía cualidades trascendentes y obligatorias para cada miembro de las colectividades o poblaciones oriundas o nativas que lo ejercitaban y ejercitan vrg. las actuales nacionalidades peruanas (quechua, aymara y amazónica) de modo ininterrumpido, con mucha convicción moral heredada en el tiempo. Estos derechos son conocidos también como derechos no escritos, cuyo ejercicio constante determina su obligatoriedad en las variadas formas de relaciones de la vida social, moral, de mutuo respeto y solidaridad. Tienen carácter oral de hecho para todas las poblaciones aborígenes o mal llamadas "indias". Éstas, a su vez, son diferentes según el lugar de sus prácticas, vgr. el quechua como la mayoría nacional en el Perú, del mismo modo en Solivia y Ecuador; el aymara en parte del Perú y Bolivia. El quechua o quichua emana de las anteriores culturas m0chica y chimú. El aymara del pueblo aymara, resumen de los antiguos pueblos ccolla, lupaca, caranca, chanca y otros; los centroamericanos aztecas de los inte-aztea, zuñi y kiowa-tano, y los mayas de los antiguos mayapan y uxmal.
Las virtudes de tales derechos naturales muestran, a diferencia del Derecho Positivo, que las personas desde que nacen practican las costumbres del hogar, de las calles y de toda la sociedad, así como el respeto a las personas y a sus bienes. Fueron fundados en los principios con carácter imperativo del ama Hulla, ama sua, ama q 'ella y ama awqui (no mentir, no robar, no ser flojo, no ser traidor). El cumplimiento de estos contenidos morales no hacen posible pensar que en el seno de los nativos quechuas, aymarás y amazónicos se den casos de violación de tales principios. Esto muestra las diferencias extremas de la conducta moral con nuestro mundo occidental en el que rige el Derecho Positivo y donde no se pueden evitar los robos, las mentiras y las flojeras que abundan a diario y de modo creciente, agravado esto con las irregularidades e incluso con los actos delictivos de no pocas autoridades.
Las diferencias sociales, económicas, educativas y de desarrollo entre la nación oficial y las nacionalidades peruanas aborígenes aún negadas parten del derecho de costumbres, opuesto, de orígenes diferenciados, de perspectivas contrapuestas, modos de vida diferentes y con culturas y formas de relación social también diferentes; en particular, la economía individualista occidental frente a la economía colectiva comunitaria; aquella individualista, enfermiza, oficial frente a fuerzas con prácticas de solidaridad colectiva, de humanidad; es decir, entre el egoísmo individual frente a la solidaridad individual y social.
Tras la colonización española en esta parte de América con la llegada de Colón en 1492 a las Bahamas y en 1524 al territorio del Tawantinsuyu, siglos después, luego de la derrota de los colonizadores conquistadores en la guerra de liberación continental, en la segunda década del ochocientos, se creó el Estado peruano en base a las pugnas de mistis y nativos contra los colonizadores. Fue la oportunidad para ¡a creación exclusiva de la etnia o nación mestiza dominante, excluyendo con manifiesto descaro a las anteriores naciones aborígenes que se sacrificaron por nuestra independencia. Nuestro Estado se asimiló de modo casi absoluto a las relaciones sociales, formas de vida y pensamiento occidentales o de los ex conquistadores; con rasgos del egoísmo e individualismo social, con economía privada capitalista y con una educación con sus formas desiguales en desarrollo. Con esa ideología individualista y menospreciando las filosofías superiores de la plena igualdad humana, del mutuo respeto de las comunidades nativas, las poblaciones del país oficial se adecuaron al derecho positivo. Por su parte, las nacionalidades originarias prosiguieron con sus derechos de costumbres milenaristas de la solidaridad tawantinsuyana afincadas en estos territorios desde los siglos XllI y XX anteriores a la conquista de América por los europeos y a la creación de nuestro Estado peruano y los latinoamericanos; así como los estados del norte de América.
En el país, como en los demás países latinoamericanos, funcionan culturas políticas, sociales, económicas, educativas y de desarrollo históricos plurales, diferentes en contenido y concepción. De un lado, el mundo occidentalizado con su modalidad privatista, personalista, imprime una forma de educación, cultura, relaciones sociales y economía individualista y egoísta. Extremadamente antagónica o diferente a las sociedades nativas americanas, cuyas relaciones humanas, sociales, económicas y culturales tienen contenidos colectivos de solidaridad, no individualista, humanista y fraterna. Son pues dos mundos opuestos en todo orden que conviven en nuestro país y en América del Sur y del Centro.

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