A trav�s de las anchas rejas
de la jaula de un bello zoo
Contemplaba un grupo de viejas
un gorila muy juguet�n;
sin ning�n pudor las comadres
Se�alaban cierto lugar
Que como es natural mi madre
Me ha prohibido aqu� citar.
Ojo al gorila
De repente se abre la puerta
de la jaula del animal
�C�mo es posible que est� abierta?
alguien debi� cerrarla mal;
El mono al verse sin grilletes
En vez de �Viva la libertad!
Dijo toc�ndose el paquete
"Hoy pierdo la virginidad".
Ojo al gorila
El guardi�n con gesto afligido
pens� para si "�Santo Dios!
Es un gorila reprimido
y la culpa la tengo yo";
y todas las viejas curiosas
de que al principio les habl�
pusieron pies en polvorosa
a pesar suyo, yo lo s�.
Ojo al gorila
Incluso aquellas que miraban
al gorila como a un don Juan
fingieron estar asustadas
por aquello del qu� dir�n;
el fornicio les daba miedo
pero ustedes y un servidor
sabemos que el quiero y no puedo
es un suplicio mucho peor.
Ojo al gorila
Todo el mundo alocadamente
huye lejos del animal
salvo una vieja indiferente
y un joven juez sin moral;
El mono al ver el fracaso
Y que todos huyen de �l
empez� a acelerar el paso
hacia la vieja y hacia el juez.
Ojo al gorila
"�Bah!" dec�a la solterona
"�c�mo un mono me va a querer?
Si al menos fuese yo una mona
pero soy toda una mujer"
Y el juez pensaba insobornable
"Que el elegido sea yo
es completamente improbable"
Ya veremos luego que no
Ojo al gorila
Supongamos por un instante
que igual que el mono debe usted
elegir como dulce amante
bien a una vieja, bien a un juez;
pienso que si esta alternativa
la debiera decidir yo
la vieja, aun sin ser atractiva
ser�a el objeto de mi elecci�n.
Ojo al gorila
Pero aunque el bueno del gorila
sea Tarz�n haciendo el amor
por el contrario cuando cavila
da m�s gatillazos que yo;
con que en vez de optar por la vieja
como har�amos usted o yo
agarrando al juez de una oreja
bajo a un �rbol se lo llev�.
Ojo al gorila
lo que viene despu�s es algo
que hubiera querido contar
pero me estimo en lo que valgo
y no quiero degenerar;
basta decir que el juez gem�a
y que luego empez� a gritar
como el hombre que el mismo d�a
�l hab�a mandado ahorcar.
OJO AL GORILA
G. Brassens / J. Carbonell / J. Sabina
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