| Ni yo bordo pañuelos ni tú rompes contratos ni yo mato por celos ni tú mueres por mí. Y antes de que me quieras como se quiere a un gato me largo con cualquiera que se parezca a ti. De par en par te abro las puertas que me cierras me cuentan que el olvido no te sienta tan mal. La paz que has elegido es peor que mi guerra lo que pudo haber sido lo que nunca será. Yo en cambio nunca supe ir a favor del viento que muerde las esquinas de esta ciudad impía. Pobre aprendiz de brujo que escupe al firmamento desde un hotel de lujo con dos camas vacías. Quién hará tu trabajo debajo de mi falda la boca que era mía de que boca será. El roto de tu ombligo ya no me da la espalda cuando pierdo contigo las ganas de ganar. Como pago al contado nunca me falta un beso siempre que me confieso me doy la absolución. Ya no cierro los bares ni hago tantos excesos cada vez son más tristes las canciones de amor. Yo en cambio nunca supe ir a favor del viento que muerde las esquinas de esta ciudad impía. Pobre aprendiz de brujo que escupe al firmamento desde un hotel de lujo con dos camas vacías. Aunque nunca me callo guardo un par de secretos lo digo de hombre a hombre de mujer a mujer. Ni me caso con nadie ni me pongo amuletos por no tener no tengo, ni edad de merecer. Quién hará tu trabajo debajo de mi falda la boca que era mía de qué boca será. El roto de tu ombligo ya no me da la espalda cuando pierdo contigo las ganas de ganar. Maldita sea la tinta que empapa mis papeles maldita la tercera persona del plural. Las uñas que se clavan ahí, donde más duele si se me corre el rímel cuando me haces llorar. Y como pago al contado nunca me falta un beso siempre que me confieso me doy la absolución. Ya no cierro los bares ni hago tantos excesos cada vez son más tristes las canciones de amor. |
| CON DOS CAMAS VACIAS J. Sabina / I. García Pelayo |