Cuentan los sabios de Mudokon que hace muchisimo tiempo los Mud fueron una cultura realmente esplendorosa, que habitaba en el continente, alrededor del lago Ushburck, al sur-oeste de la meseta de Okolth. Alrededor del lago se asentaron varias grandes ciudades, y la cultura Mud propsperó.

Pero una época demasiado larga de abundancia y prosperidad desencadenó en un lento pero acentuado alejamiento entre el pueblo mud y su dios, el dios Mud. Poco a poco, las celebraciones religiosas se fueron convirtiendo en paganas, los nuevos templos construidos al dios ocupaban lugares secundarios en las ciudades, y la figura del dios pasó a ser representativa. Mud se enfadó con su pueblo, abandonó el lago, junto con cuatro muds más, los que él consideraba más fieles y creyentes. Su nuevo destino fue los acantilados del que hoy en dia se conoce como Mun-Ackan, donde el dios estableció de nuevo su hogar, y donde dio cobijo a sus fervientes seguidores.

La marcha de su dios fue visto por las gentes como un hecho realmente insólito, y la población se preocupó. Pero los líderes que ocupaban el poder en las ciudades parecían cegados por su poder y sus lujos, y quitaron importáncia a este hecho. La comodidad condujo a la resignación del pueblo Mud, y pronto olvidaron a su divinidad.

El tiempo pasó lentamente. Los sacerdotes de Mun-Ackan adquirieron grandes conocimientos sobre la eséncia; permanecieron el resto de sus vidas escondidos entre las grutas marinas, huyendo siempre de las lanzas de los Therowock. Dicen las leyendas, que vivieron mucho más que cualquier Mud haya vivido nunca, y que poco a poco abandonaron el mundo de los vivos para vivir en el mundo de la esencia, para estar, al fin, junto a su más que venerado dios.

A los Mud de Ushburck poco a poco les invadió un sentimiento de vacío y de culpa. Sus ciudades eran prósperas, pero tristes. No se dieron cuenta, pero era el principio de su fin, el principio de su maldición. Los líderes más cultos de las ciudades empezaron, medio en secreto, a organizar pequeñas expediciones. Grupos de valientes guerreros y sabios sacerdotes marcharon hacia los cuatro puntos cardinales de la geografia con un único objetivo: reencontrarse de nuevo con su dios.

Los años pasaron, y la mayor parte de los expedicionarios nunca volvieron. Pero dos llegaron, con el paso de los años, hasta Okon; se llamaban Ackan y Umphi. Allí fueron capturados por los Therowock, y la desesperación se hizo presa de ellos. Pero pronto la desesperación se convirtió en alegría cuando fueron interrogados por los Therowock. De esos interrogatorios consiguieron advertir que no eran los únicos Mud que había en Okon. De hecho, los habían capturado creyendo que habían capturado a dos de los fantasmas del monte Mun-Ackan; de sus palabras se percibía el miedo, pues los Therowock aseguraban que esos fantasmas poseían poderes increíbles, y que eran capaces de desaparecer como la nada. Los dos jovenes buscadores rápido se dieron cuenta que habían encontrado a los cuatro sacerdotes.

Planearon la huida de las cavernas Therowock de la que ahora se conoce con el nombre de Mun-Umphi, y gracias a sus habilidades mágicas consiguieron escapar. Pero en la huída, uno fue mortalmente herido, y murió mientras era perseguido por sus centinelas. Ése era Emphi, y de este hecho se bautizó ese monte con su nombre.

Ackan consiguió escapar, y deambuló noches y días sin descanso hasta llegar a Mun-Ackan, adentrandose en sus grutas. Allí, en un estado lastimoso, afectado por el hambre y el desánimo, se encontró con el último de los Cuatro Sacerdotes. No se dijeron nada. El joven sacerdote, moribundo, solo pudo ponerse a llorar. Y el anciano Sacerdote, sólo le dijo: “Vuelve a Ushburck, y diles a nuestros hermanos que su dios los espera con los brazos abiertos. No tengas miedo, pues tu dios quiará tu camino y te protegerá”. Debido a este hecho, se bautizó el monte morada del dios con el nombre del joven sacerdote que lo había reencontrado.

El joven pero demacrado sacerdote volvió sobre sus pasos hasta llegar de nuevo al Lago de Ushburck. Pero su ilusionada llegada rápidamente se convirtió en preocupación; lejos parecían estar los años de prosperidad de las ciudades Mud. Se encontró con unas ciudades descompuestas y arruinadas por la guerra y el hambre. Durante los años que había estado deambulando, varios hechos sumieron a las ciudades en la desgracia: varios años de escasez en la agricultura, unidos a los incesantes saqueos de los barbaros del sur provocaron el declive de la civilización. Las ciudades cayeron en desgracia; el hambre y la guerra trajeron enfermedades, y la población disminuyó de forma alarmante. Las ciudades poco a poco fueron abandonadas y la población se dispersó.

Cuando llegó, se personó ante los líderes de las ciudades, pero no le creyeron. Pero sin embargo, el pueblo sí le creyó. Y empezó a congregar grandes masas, y a movilizar grandes cantidades de mud’s, siempre transmitiendo las palabras del último de los Cuatro Sacerdotes. Pero sus palabras no gustaron a todos, y algunos, en especial las altas esferas del poder, lo acusaron de mentiroso. Murió en extrañas circunstancias.

Estos hechos sembraron la desconfianza del publo hacia sus gobernantes, y empezaron a haber enfrentamientos entre pueblo y gobernantes. Este fue el toque de gracia a una cultura sumida en la desgracia; los enfrentamientos internos y las guerras con los bárbaros acabaron por arruinar del todo las ciudades.

Varias olas de grupos de muds emigraron hacia el norte, en busca de Mun-Ackan, siguiendo la palabra de su orador, con la esperanza de poder crear una nueva civilización. Algunos grupos consiguieron llegar a su destino, y se adentraron en la peninsula de Okon. Así pues, el pueblo Mud, en un intento de medio olvidar su pasado, cambió su nombre: ahora, no se llamarian “Mud” sino “Mudokon”, que signirica “Mud habitante de Okon”.

Pero esto no fue tarea fácil, pues la zona ya estaba habitada por los Therowocks y los Oddowocks, dos razas autóctonas. Pequeños grupos fueron llegando poco a poco a Okon. Pero los enfrentamientos no tardaron en producirse: las tribus nómadas de los Oddowocks vieron como por sus selvas empezaban a transitar tirbus nuevas, y se volvieron especialmente agresivos.

Los Therowocks también se alarmaron cuando advirtieron la llegada de nuevos Muds, pues creían que todos eran igual de poderosos que los que habían visto con anterioridad (los Cuatro Sacerdotes y el joven profeta); de hecho, cuando el joven profeta volvió a Ushbarck, el útlimo de los Cuatro Sacerdotes murió, pues le había llegado su hora: una nueva era se vislumbraba para el pueblo Mud. Así, durante una buena temporada, los Therowock no vieron muds, pero de forma repentina, la ola migratoria de muds que llegaron a Okon les sumió en un terrible miedo, y se refugiaron en sus grutas de Mun-Umphi y Mun-Ackan.

Los primeros grupos en llegar se asentaron en el sur, lejos de la selva, donde eran hostigados por las tribus Oddowock. Decidieron que se llamarína Mud-Okons. Fundaron la ciudad de Mud-Ahae, en honor a uno de los Cuatro Sacerdotes, y decidieron que fundarían un total de cuatro ciudades, y que cada una tendría el nombre de uno de los Cuatro Sacerdotes.

Cuando consiguieron cierta estabilidad en Mud-Ahae, organizaron una expedición a las cavernas Mun-Ackan, porque al fin y al cabo, ese era su verdadero destino. Pero los aterrorizados Therowocks no se resignaron a huir, pues la situación era insostenible. Y empezaron los enfrentamientos. Al principio eran de pequeña escala, pero cuando el número de mud’s aumentó, se produjeron algunos enfrentamientos serios, que dieron la victoria a los Mudokon.

La victoria fue posible gracias a que los Therowocks de Mun-Emphi, temiendo los poderes de los recién llegados a sus tierras, no acudieron a la ayuda de sus hermanos del sur. Pero no todo fue desgracia para los Therowock. Tras los enfrentamientos de Mun-Ackan, los supervivientes que llegarona Mun-Umphi contaron a sus camaradas que solo unos pocos Mudokon tenían poderes, y que el resto eran simplemente buenos guerreros. Esto sirvió para que los Therowock de Mun-Umphi organizaran una resistencia.

Al mismo tiempo que estas batallas, los enfrentamientos con las tribus Oddowock se limitaron a escaramuzas y pillajes, pero fueron capaces de sembrar el miedo entre los Mudokon cuando éstos se movían por la selva.

Pronto los Mudokon se dieron cuenta de que en las grutas de Mun-Ackan solo habitaban pequeños grupos de Therowocks. Parecía que una nueva colónia estaba proyectándose, y que habían llegado a tiempo para destruir este nuevo asentamiento Therowock. Así, los Mudokon decidieron fundar su segunda ciudad, Mud-Omo, en las faldas del Monte Mun-Ackan.

Cuando se establecieron estas dos ciudades, los Therowock lanzaron varias ofensivas infructuosas contra la nueva Mud-Omo. Pasaron los años, y las dos ciudades Mudokon fueron poco a poco prosperando, en especial Mud-Ahae, debido a que no recibía los ataques de los Therowock. No obstante, la colaboración entre las dos ciudades fue siempre muy estrecha, y los Mud-Anchee’s siempre ayudaron a los Mud-Omo aportando soldados y apoyo logístico.

Con el tiempo llegaron más grupos de Mud’s, que se establecieron en una nueva ciudad llamada Mud-Anchee. Estos fueron los últimos muds que llegaron de Ushburck, y traian noticias de que definitivamente las ciudades habian caido. Eran grupos formados por un numero especialmente elevado de guerreros obstinados, que tardaron en aceptar la derrota de su civilizacion y que por ello demoraron su marcha. Se establecieron en la actual Mud-Anchee porque los Therowok evitaron que pudieron marchar hacia el sur y unirse con los mudokons de Mud-Omo.

Con el tiempo los Therowocs se recuperaron de su derrota. Al cabo de algunos años de pequeños enfrentamientos, una gran hueste de Therowocks salio de las grutas. Fue una hueste realmente numerosa. Esto fue posible debido a la gran capacidad procreadora de los Therowock. Pero algunos dicen que las cavernas de Mun-Umphi se comunican con las cavernas de la meseta de Okolth, y que debido a ello, los Therowock de la meseta pudieron contribuir con soldados y armas a ayudar a sus hermanos de Mun-Umphi.

Se libró una gran batalla en las puerta de Mud-Omo, y la ciudad fue en algunos puntos superada. Algunas zonas fueron saqueadas, y algunos de sus habitantes fueron capturados como esclavos. Pero la rapida intervención de los formidables guerreros de Mud-Anchee fue suficiente para hacer retroceder al la ya debilitada hueste de los Therowock. Cuand llegaron las tropas de Mud-Ahae, persiguieron los restos del ejercito Therowock, que se volvió a recluir en sus cavernas con su botín.

Pero esta vez los Mudokons fundaron una nueva ciudad para reafirmar su poder; Mud-Enzhi. Esta sería la cuarta y última ciudad que fundarían. Los Mud-Enzhi se hicieron con el control de parte de las grutas de los Therowocks, y por ese motivo, los enfrentamientos subterraneos no han cesado nunca desde entonces.

Los Oddowocks se dispersaron por toda la selva negra, e hicieron de la selva una zona insegura, asaltando a los grupos relativamente pequeños de Mudokon que se adentraban en ella. Logicamente, el valle de Ya-Mun es una zona de paso entre las ciudades Mudokon, y siempre hay escaramuzas.

Cuando al fin las ciudades Mudokon prosperar, vinieron tiempos de paz (relativa, porque Mud-Enzhi siempre tuvo enfrentamientos con los Therowock) y prosperidad. Por fin, el dios y su pueblo volvian a estar unidos.

Pero con el tiempo, los jefes de las cuatro ciudades decidieron intentar expandir su influéncia hacia el continente.

Asi que se organizaron varias expediciones. Las conclusiones de estas expediciones fueron escasas pero contundentes: la posible expansión de los Mudokon se veia obstruida por el pueblo de los Oak’Okolth (conocidos con la simplificación, “Oak”), una cultura asentada justo en la superfície de la meseta de Okolth, la salida de los Mudokon hacia el continente (recordemos que la zona subterranea de Okolth estaba habitada por Therowocks). En realidad, los Oak se asentaron en la meseta de Okolth poco después de que los últimos Mudokons llegaran a Okon (los que fundaron Mud-Anchee), coincidiendo con la temporada de calma antes de la batalla de Mud-Omo.

Los Oak no rivalizaron con los Therowocks, de hecho nunca llegaron a ser aliados, pero si a sacarse mutuo provecho. Igual pasó con los Mudokon; en un principio, la cultura Mudokon despertó la curiosidad de los Oak. Y de hecho, se abrieron rutas comerciales entre los dos pueblos, rutas siempre mal vistas por los Therowock, debido al rencor que guardan hacia los Mudokon.

La indecisión de los líderes Mudokon provocó que las ciudades Mudokon perdieran un tiempo crucial. La cultura Oak se expandió en territorio y número, hasta que los Mudokon se dieron cuenta de que sus vecinos, alidos de los Therowock, cada vez representaban una amenaza mayor. De hecho, la expansión de las ciudades Oak se produjo de forma semicircular alrededor de la entrada la peninsula, obstruyendo cualquier circulación de los Mudokon hacia el Continente.

Entre los Mudokon poco a poco empezó a crecer la desconfianza, y las relaciones entre los dos pueblos se volvieron muy tensas. Mud-Anchee se convirtio rápidamente en una ciudad fortaleza, que debería tener el papel de primera barrera de una posible invasión Oak, pues protegia la entrada a la peninsula. La tensión se elevó tanto que era generalizado el pensamiento de que una nueva guerra era inminente, hecho que preocupaba especialmente a los habitantes de Mud-Enzhi, pues seguro que tendrían más problemas de los habituales con los Therowock.

Los Therowock en un intento d aprovechar la situacion, intentaron algunas incursiones desde la meseta. Pero al final la guerra no estalló. Las relaciones volvieron a ser cordiales, pero desde entonces siempre ha habido cierta desconfianza por parte de los dos bandos.

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