Recorrido por las sierras de Coahuila
Este martes Juan y yo decidimos aprovechar nuestros últimos días de vacaciones, y explorar de nuevo las maravillosas sierras de la región montañosa de Coahuila. Salimos temprano de Monterrey, y llegamos al pueblo de Jamé, desde donde empezamos el recorrido alrededor de las 9 de la mañana. El clima estaba bastante fresco, y ligeras nubes alrededor de las cumbres ocultaban parcialmente el sol. Así fue como comenzamos el ascenso de la cañada por un camino de terracería bordeado por vegetación de media montaña. Llegando a la cima de la cañada, en el poblado de Ciénega La Purísima, contemplamos frente a nosotros el bellísimo valle costeado por altas sierras de laderas boscosas. De aquí en adelante, nos adentramos por el valle, en un descenso prolongado de más de 13 kms., admirando los bosques de pino oyamel, característico de las montañas de esta zona. El camino serpenteaba entre las laderas que se iban juntando en la base de las montañas, por donde corría un arroyo de agua cristalina; finalmente llegamos a El Zorrillo, lugar donde se encuentra la desviación hacia el valle de Mesa de Las Tablas.
En este punto comenzó una subida larguísima y pesada por una brecha bastante empinada, que asciende poco a poco una montaña aledaña a las faldas de la Sierra El Coahuilón. El camino sube entre bosques algo deteriorados por un incendio ocurrido hace años, pero aún así el paisaje es impresionante, con vistas amplias de las sierras que rodean esta región. Durante el ascenso, comenzamos a notar cómo el cielo se había ido nublando intensamente, a todo nuestro alrededor, pero sobretodo hacia la cumbre de la sierra a nuestra derecha, que más adelante de Mesa de Las Tablas, tendríamos que cruzar para llegar al valle donde se encuentra Monterreal. El hecho que la cima de esa sierra estuviera densamente nublada, nos indicaba que del otro lado probablemente hubiera lluvia. Por esta razón, nos apuramos más en terminar el ascenso, y finalmente llegamos a Llanitos, en la cima del cerro. Este es un huerto de maíz, con una casita donde habitan los cuidadores de este paraje. Seguimos por el camino, bordeando la ladera de la montaña, y fuimos descendiendo hasta llegar a un cruce de caminos donde nos detuvimos un rato para comer algo; más adelante, el camino nos llevó al maravilloso valle de Mesa de Las Tablas, que contemplamos sin detenernos; cruzamos el pueblito del mismo nombre, y comenzamos el camino de subida que nos llevaría del otro lado de la sierra, hacia el valle de Monterreal.
Decidimos hacer la subida caminando para conservar nuestras fuerzas, y poco a poco fuimos ascendiendo la sierra, admirando la bellísima Sierra El Coahuilón detrás de nosotros, y avanzando siempre por el camino, hasta que finalmente llegamos al Puerto Las Cumbres; desde aquí, a través del estrecho espacio que conforma el puerto, logramos ver los densos bosques de pino que cubren las laderas de la altísima y e imponente Sierra La Martha, que flanquea, junto a la sierra que estábamos cruzando, el valle de Monterreal. Continuamos el camino, y adentrándonos al valle y volteando hacia la dirección que tomaríamos, constatamos con preocupación que el cielo estaba totalmente blanco, y no se alcanzaba a ver la continuación de las sierras, que estaban completamente cubiertas por la blancura de las nubes de lluvia. Ya habíamos comenzado a sentir las gotas de agua, y conforme fuimos descendiendo hacia las cabañas de Bosques de Monterreal, la llovizna se fue intensificando, junto a un viento bastante frío; la perspectiva de ir empapados en la lluvia en un descenso rápido por una carretera resbalosa, contra un viento frío, no era nada confortable, sobretodo para Juan que no traía rompevientos. Así que llegando a las cabañas, nos detuvimos para intentar obtener un raid desde ahí.
Afortunadamente, un trabajador de las cabañas tenía dentro de poco una vuelta para San Antonio de Las Alazanas; mientras esperábamos a que se preparara, descansamos un rato en un cobertizo donde guardan las cuatrimotos y ciertos motores, y ya que terminó, subimos las bicis a la caja, y nos fuimos. Durante el trayecto, fuimos recogiendo más gente que quería raid, y total se subieron como 6 personas en la caja, que como pudieron se acomodaron entre las bicicletas. Después de unos 20 minutos llegamos a San Antonio, donde nos bajamos y continuamos pedaleando. Todavía nos faltaba un largo tramo recto de carretera hasta el pueblo de Escobedo, y de ahí otro tramo en subida hasta Jamé, pero afortunadamente ya no estaba lloviendo. Avanzamos a un paso constante por el amplio valle, pasando entre extensos campos cultivados, y vigilando las nubes, que aún amenazaban con deshacerse en lluvia. Después de detenernos a arreglar una ponchadura de la bici de Juan, continuamos por la desviación a Escobedo, a donde llegamos alrededor de las 6 de la tarde. Descansamos un rato y le seguimos, para probar de nuevo que los 20 minutos que faltaban para Jame, según un lugareño de Escobedo, eran en realidad casi 60 minutos, ya que después de completar el último tramo en subida, llegamos a las 7 en punto al punto de inicio de nuestro recorrido. En medio de la tranquilidad del pueblo, subimos las bicis al carro, para despedirnos de Jamé y regresar a Monterrey.
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Fotografía: Bernardo Marino