Recorrido de Ciénega de Gzz a El Pinal



La Laguna de Sánchez

Esta vez nos vimos Willy, Leonides, Claudia, su esposo Marco y yo, a las 8:00 de la mañana en el entronque de la Carretera Nacional con la Carretera a Cola de Caballo. Subimos con los carros hasta Ciénega de González, donde nos estacionamos y preparamos todo para comenzar el recorrido. La mañana estaba fresca, bastante agradable, y en la Ciénega reinaba una tranquilidad característica a estos pueblos de montaña. Empezamos a pedalear, cruzando el pueblo; pasamos por diversos vados y desviaciones que bordeaban la destrucción de ciertos tramos de la carretera, producto de la creciente de los arroyos durante el huracán "Emily".

Llegando al Cañón de San Isidro

Así, poco a poco nos fuimos acercando a la entrada del Cañón de San Isidro, también llamado Cañón La Boca, donde comenzaría el primer tramo de subida. En este punto nos separamos de Claudia y su esposo, ya que ellos decidieron llegar hasta aquí. Nos adentramos en la sombra de las inmensas paredes grises, acompañados por el sonido constante del agua corriendo por el arroyo del cañón; sólamente las más altas cumbres de las paredes estaban iluminadas por los rayos del sol matutino. Después de varias curvas, y al salir del cañón, la carretera se introdujo en un pequeño bosque, con el arroyo siempre a un lado; seguimos avanzando, pasando frente a quintas, pequeñas casas, y tienditas de abarrotes. Después de varias subidas, y de detenernos a platicar con unos niños que nos vendieron un dulce de chilacayote, llegamos al pueblo de Laguna de Sánchez.

Recorrimos rápidamente las pequeñas calles, y al salir de una curva vimos la bellísima laguna, más de la mitad de su área total cubierta con agua resplandeciente. Aprovechamos para tomar unas fotos mientras descansábamos, y consultamos en el GPS de Willy la ruta a seguir; la laguna se encuentra en un pequeño valle encerrado por 3 montañas, y hay un camino a cada lado de ella, rodeándola; decidimos dirigirnos por el camino del lado izquierdo, para luego ya de vuelta regresar por el derecho. La vista desde el camino fue maravillosa, ya que éste se encuentra al borde de la ladera, a unos metros por encima del nivel del agua. Poco a poco el entorno fue cambiando, y en ciertas partes atravesábamos los sembradíos de manzana y maíz, entre los combinados colores verde, amarillo, y rojo de los cultivos. Llegamos a un cruce de caminos, y nos dirigimos en la dirección a El Tejocote y La Camotera; la otra dirección era el camino a La Cebolla. De aquí en adelante siguieron subidas bastante empinadas, pero el entorno que nos rodeaba hacía que valiera la pena el esfuerzo.

Por el atajo

Más adelante nos detuvimos a hablar con el dueño de un rancho, que nos dió indicaciones acerca de una brecha poco usada, por la cual llegaríamos al camino a La Cebolla. Tomamos este atajo, que fue pura bajada pero bastante difícil de hacer sobre la bici, por la gran cantidad de rocas que la cubrían. Fue así como llegamos al camino principal, y por ahí continuamos subiendo arduamente hasta llegar a un pequeño puerto, llamado El Pinal; nos trepamos a un pequeño mirador natural hecho de rocas, y desde donde vimos cómo el camino seguía bajando por el otro lado de la montaña, hacia un valle que se alcanzaba a vislumbrar a lo lejos entre la neblina. Sin embargo, no era nuestra intención seguir el camino, y decidimos en este punto regresarnos. En el retorno, nos aventamos con cuidado la bajada, ya que estaba bastante empinada y técnica; al final Leo no se salvó de caerse, ya que justo al cruzar un arroyo con piedras resbaladizas, se le descontroló la bici y sufrió una caída bastante fuerte. Afortunadamente no le pasó más que un buen golpe en la cadera, y un desviador trasero doblado.

Seguimos el camino de regreso, ahora del otro lado del valle, cruzando más sembradíos y pasando entre las pequeñas casas de los agricultores. Finalmente, ya casi llegando al pueblo de Laguna de Sánchez, el camino estaba inundado, por lo que tuvimos que trepar por la ladera a nuestra izquierda y avanzar por ahí, y después de cruzar otro huerto, y de saltarnos una cerca de púas, llegamos a las calles del pueblo, y emprendimos el regreso por la carretera. Descendimos hasta Ciénega de González con bastante precaución, ya que a esa hora ya había bastante gente en la carretera y en los diferentes puntos turísticos, y sin contratiempos llegamos a los carros. Ya para terminar, hicimos una parada en el restaurante de Fito donde nos echamos un rico asado de puerco y cortadillo como recompensa al esfuerzo hecho en esta travesía.




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Fotografía: Bernardo Marino

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