A las 7 y media estabamos ya en el inicio del camino, frente a Casa Blanca, Arturo, Alfredo y yo (Bernardo). El fr�o de la ma�ana nos ten�a todav�a metidos dentro de la camioneta, esperando a que llegara Antonio. Unos quince minutos despu�s, lleg�. Bajamos de la camioneta, hacia el helado viento, a bajar las cosas: bicicletas, mochilas, y dem�s. Nos preparamos, checamos los �ltimos detalles, y partimos por el camino de piedra, que se internaba entre las dos paredes del ca��n que se alzaba al fondo.
El camino era el lecho de un r�o. Pedaleamos hasta donde el camino nos lo permiti�, ya que las llantas resbalaban y se hund�an en la grava y piedras. Al avanzar dentro del ca��n, el camino se fue cerrando cada vez m�s, hasta cerrarse completamente, simulando un largo pasillo. Grandes rocas obstaculizaban nuestro paso; cargando las bicis avanzamos sobre ellas, acerc�ndonos al final del �pasillo� que se abr�a al fondo, en una curva. Logramos salir; el r�o curveaba hacia nuestra izquierda, y segu�a serpenteando entre colinas y cerros, perdi�ndose entre ca�adas y ca�das. Vimos a lo lejos, en la monta�a frente a nosotros, dos macizos imponentes, parecidos a torres, uno al lado del otro, elevarse altos en el cielo, como guardianes vigilantes de todo a sus pies. Y en uno de estos macizos, el derecho, una vaga l�nea lo cruzaba, para internarse en el estrecho espacio entre las dos torres, donde desembocaba lo que antes era una cascada. Era el Paso del Caballero. Ten�amos que llegar all� arriba, y cruzarlo.
El camino no fue f�cil. Subimos cargando a cuestas nuestras bicis, por angostas e intricadas veredas, cubiertas de piedras que hac�an nuestras pisadas inciertas, haci�ndonos resbalar. Llegamos a la cima de un peque�o cerro, donde descansaban en la soledad, a la sombra de los dos macizos imponentes, dos peque�as casuchas semidestruidas, en un paisaje �rido y de desolaci�n. Una cruz, testimoniando el fallecimiento de alg�na persona, se alzaba en una loma, en contraste con la obscura pared de la monta�a en el fondo. Continuamos subiendo, pero el camino era cada vez m�s empinado y estrecho, gui�ndonos por el mero borde. Finalmente, el camino lleg� hasta la pared alt�sima de la monta�a, de uno de los macizos. El viento comenz� a soplar fuerte y fr�o, pegando contra la pared a nuestras espaldas. Hab�amos llegado al Paso del Caballero.
Todo a lo largo de la pared, hab�a un angosto espacio excavado en la misma roca de la monta�a; por ah� pasaba el camino, al borde de un precipicio de por lo menos 100 metros de altura: al fondo se ve�a peque�o el lecho del r�o, entre rocas inmensas. Comenzamos a ascender, uno por uno, por el paso, cargando las bicis. Apenas se cab�a en el estrecho sendero. Unas varillas enterradas bajo el camino, sosten�an unos troncos de madera que aparentemente serv�an para evitar el deslave o derrumbamiento del camino. Caminamos con cuidado, y m�s adelante, en una curva, nos detuvimos para pasar un rato all�. Aprovechamos para comer algo, y contemplar las hermosas sierras que nos rodeaban y el valle silencioso a nuestros pies. Notamos que en la pared, detr�s nuestro, hab�an dos anclajes, seguramente puestos ah� en tiempos pasados por escaladores. En verdad que se debe ser bastante temerario para emprender un descenso al profundo precipicio rapeleando.
Despu�s de haber descansado y comido algo, nos levantamos para salir del paso. Antonio se regres� a Casa Blanca, pues ten�a que trabajar en la tarde. Aguardamos a que saliera del paso, y que estuviera ya en la vereda debajo, para continuar por nuestro camino. Nos internamos por el estrecho espacio entre los dos macizos, dejando tras de nosotros el precipicio. A nuestra izquierda, unos metros abajo, estaba el lecho de lo que antes era el �ltimo tramo de un arroyo, antes de llegar a la ca�da de la cascada. Los ecos de nuestros pasos retumbaban en las cercanas paredes grises del estrecho paso, que frente a nosotros, se abr�a, dando paso al valle que se encontraba del otro lado. Salimos a la calurosa luz del sol, que iluminaba la alta e imponente Sierra Urbano, y m�s arriba, la cima del Cerro La Calle. En este punto el camino se divide en dos direcciones: una lleva a ascender el cerro, pero nosotros tomamos la otra direcci�n, hacia la derecha. M�s adelante, en una curva, una veredita apenas visible ascend�a a nuestro lado. Con algo de indecisi�n, subimos sin las bicis para explorar un poco esta alternativa. Subimos una peque�a colina, y m�s all� vimos delante de nosotros un valle muy extenso, y m�s all�, una sierra todo a lo largo del valle. Nos detuvimos a analizar los mapas, y despu�s de discutir las alternativas y dem�s, decidimos tomar ese camino. Se ve�a que la vereda continuaba rodeando las colinas, intern�ndose en el valle, para subir hacia la izquierda a lo lejos, una larga ca�ada. Regresamos por nuestras bicis, y finalmente pudimos pedalear un poco por el singletrack, disfrutando la inmensidad del lugar. La quietud del valle entre las monta�as silenciosas..., y no se escuchaba nada, m�s que un viento muy suave. La sensaci�n de paz que todo esto produce, es indescriptible.
Para nuestra mala suerte, la vereda dej� de ser rodable despu�s de unos 500 metros. Empezamos a subir lentamente por la ca�ada. La cima se ve�a lejos, y ten�amos que atravesar varios cerros en el camino. A un cierto punto llegamos donde hab�a una peque�a granja de cabras, y cerca, dos casuchas de piedra. No hab�a nadie, a pesar de que las cabras estuvieran todas all� y tambi�n los perros pastores. Sin embargo, la vereda presentaba huellas recientes (muy posiblemente del mismo d�a), por lo que seguimos nuestro camino. Total estuvimos ascendiendo la ca�ada cargando las bicis como por 2 horas y media, hasta que llegamos a un peque�o pino solitario, y ah� descansamos. Unos 20 minutos despu�s alcanzamos la cima de la ca�ada, donde crec�an m�s pinos y �rboles.
Frente a nosotros se abr�a un extenso llano rodeado de monta�as, y en el fondo, lejana, se ve�a una casita. Extra�amente, ya no hab�a un camino marcado, as� que por donde pudimos, cruzamos el llano, entre nopales y matorrales espinosos y cruzando arroyos secos y bosquecillos de pinos, a veces rodando y a veces caminando. Nos tardamos en llegar a la casa m�s de lo que uno creer�a, con tanto nopal que obstaculizaba el paso. De todos modos, no hab�a nadie tampoco aqu�. La reja estaba cerrada y con candado, por lo que nos saltamos (ya se me hab�a acabado el agua) y constatamos que no hab�a nadie. Hab�an dos pilas grandes de agua; una ten�a formaciones de algas muy raras, parecidas a estalactitas. Recargu� agua (de la OTRA pila) y despu�s de un rato le seguimos dando.
El camino ahora se hac�a ancho y rodable, as� que finalmente pudimos pedalear libremente. Salimos del llano, hacia la derecha, y nos internamos en un valle muy extenso, llamado el Ca��n Las Escaleras. El fondo del valle se ve�a bieeeeeeeeeeeen lejos, y ten�amos que llegar hasta all�, para internarnos por un lado para salir a otro ca��n. El camino aqu� es parecido a los de la Huasteca, pero sin tanta piedra. M�s bien es una mezcla de piedra, tierra, y espinas. La vegetaci�n es des�rtica, muy desolada. Rodamos bajando y subiendo, y a veces por partes planas. Todos los ranchos por los que pasamos estaban sin gente, por lo que nunca pudimos preguntar direcciones para saber si �bamos bien. Pero analizando los mapas constatamos que s� est�bamos iendo en la direcci�n correcta. Axproxim�ndonos al final del ca��n, y pasando Los Rodr�guez, el camino rodable se acab�, empalm�ndose con el lecho pedregoso de un r�o. Seguimos caminando, hasta que nos internamos por un estrecho ca��n, entre paredes lisas, bajando por entre grandes piedras, que al parecer antes conformaban unos r�pidos. Alcanzamos apenas a salir del ca��n, que el sol se ocult� por completo y se hizo de noche. Est�bamos ahora en un valle peque�o, y en un ranchito nos paramos a sacar las linternas. E hicimos bien, porque ya nos andaban los rancheros confundiendo con coyotes, y ya ten�an preparados los rifles. Estuvimos platicando un poco con ellos, y nos preguntaron que por d�nde hab�amos llegado, si por la vereda o el r�o. Dijimos que por el r�o, y nos contestaron: �Qu� bueno, porque en la vereda pusimos una trampa para coyotes�. Una raz�n m�s para sacar las linternas apenas se hace de noche.
De aqu� en adelante la brecha se hace rodable, pero nosotros bajamos por una cascada para acortar un poco el camino, despu�s de arreglar la llanta ponchada de Arturo. Pas�ndonos las bicis, bajamos poco a poco y con cuidado: el piso de la cascada es muy liso, y los zapatos de ciclismo no tienen mucho agarre....peligrosa combinaci�n. La obscuridad envolv�a todo a nuestro alrededor. Las paredes de roca a nuestro alrededor, los �rboles y la vegetaci�n entera, formaban y eran en s�, sombras obscuras en la noche. Las cumbres de las paredes se delineaban en el cielo negro, iluminado por las estrellas y el lejano resplandor de la ciudad. Pedale�bamos en la obscuridad, concentrados en el peque�o tramo del camino frente a cada uno de nosotros que nuestras linternas iluminaban. Pasamos el peque�o bosque que est� antes de llegar a la impresionante pared de Guitarritas, que no pudimos contemplar por falta de luz, saliendo finalmente al pen�ltimo ca��n, cerca de Loma Alta. Aqu� pas� algo peculiar: llegando a Loma Alta, hay un cancel que hay que pasar para seguir el camino. Sin embargo, al llegar a �l, el lugar me pareci� desconocido (yo era el �nico que hab�a pasado antes por ah�), y estuvimos un rato pensando si nos hab�amos desviado por otro camino. Volt�e hacia atr�s, y en la obscuridad no se alcanzaba a ver ni la pared de Guitarritas, tanto que en un principio no reconoc� el valle. Pero despu�s de pensar bien y calmadamente, me d� cuenta que S� est�bamos en el lugar correcto; c�mo cambia la noche la apariencia de los lugares...
De este punto en adelante, fue pura bajada hasta el rancho Buenos Aires, donde el camino llega a una �T�. Derecho se sigue hacia Las Tinajas, pero nosotros le dimos hacia la izquierda, a la calle principal de la Huasteca. En el camino nos topamos a los pap�s de Alfredo que iban en carro, y �l de una vez se subi�. M�s adelante llegamos al asfalto, y fue ah� donde mi llanta decidi� poncharse por completo...menos mal. Despu�s de echarle aire, pedaleamos los finales metros hasta la caseta, donde hab�amos dejado los carros en la ma�ana...y as� concluy� el recorrido....
Bueno, a parte de que cuando Arturo abri� su camioneta, vi� que la luz estaba prendida: el amigo que nos hab�a dado el raid en la ma�ana la dej� as�... y la bater�a estaba acabada. Pues ah� pidi�ndole cables a una raza medio borracha ya, que se estaba preparando para echar relajo en la Huasteca...
CONCLUSI�N: creo que a pesar de que m�s de la mitad del recorrido estuvimos caminando cargando las bici, vali� la pena aventarnos esta traves�a.
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