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ARTICULOS DE INTERES |
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DE HUAMANTANGA A SANTA CRUZ DE ANDAMARCA
Por: Juan Carlos Buraschi Bazo
Febrero es un mes h�medo para viajar a la sierra, pero despu�s de deliberar durante varias semanas decidimos aventurarnos por las monta�as; total, un poco de agua no le hace mal a nadie.
Escogimos viajar por esta zona por ser poco frecuentada. Esto nos daba la oportunidad de conocer sitios especiales como las ruinas de Rupac y los ba�os termales de Collpa. Adem�s, el hecho de pertenecer a la sierra de Lima le confer�a mayor inter�s ya que con mucha frecuencia sucede que los pueblos de la sierra lime�a est�n menos desarrollados que muchos pueblos de provincias m�s lejanas y es sorprendente, por decir lo menos, estar a escasos 100 Km. de la capital del pa�s y sentirse tan lejos del siglo XXI.
El lunes 7 de febrero a las 4 a.m. salimos de Lima Giovanni Echarri, Carlos Miguel (Charlie) Gagliardi, Christian, chofer y hombre orquesta para elveh�culo de apoyo durante todos los d�as de pedaleo, y yo. El d�a amaneci� esplendoroso; esto, sumado al entusiasmo que ten�amos nos hizo sentir que el viaje ser�a cosa de nada; incluso llegu� a sentir que lo terminar�amos antes de lo planeado.
Llegamos a la plaza de armas de Huamantanga y muy euf�ricos nos pusimos a preparar el desayuno; nos tom� m�s de una hora entre comer, armar las bicis, armar mochilas e ir al ba�o (inevitable el dolor de barriga al inicio de un viaje). Probamos la comunicaci�n de radio con la camioneta y funcion� correctamente; habr�a que ver qu� tal ser�a con varios kms. de separaci�n.
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Partimos a eso de las 10 a.m. con direcci�n a Quip�n, un pueblito pintoresco a poca distancia de Huamantanga; el d�a segu�a soleado aunque a lo lejos en los cerros ya se empezaban a formar las nubes de lluvia. Como reza el dicho, cielo de sierra, cojera de perro y llanto de mujer, no has de creer. Paramos a tomar fotos y seguimos hacia Marco por unos cortes muy simp�ticos y f�ciles de seguir. En esta zona la ruta se mantiene en un rango de 200 mts. de desnivel, lo que no es muy exigente aunque suficiente para mantenernos en calor dados los 3,200 msnm en que nos encontr�bamos.
En Marco nos advirtieron que la carretera estaba cortada, que ser�a dif�cil que la camioneta pase. Afortunadamente se nos uni� un poblador local, Hugo Felipe, que ten�a a su cargo el mantenimiento de las carreteras, y aprovech� la movilidad y nuestro apoyo para hacer una limpieza general de la ruta.
El siguiente pueblo en nuestro camino era Sumbilca, a casi 3,500 msnm. Saliendo de Marco nos agarr� sorpresivamente la niebla y el camino se nos complic� con los derrumbes. Luego de unas 5 paradas a limpiar la v�a para que pudiera pasar Christian y de haber descendido m�s de lo que hubi�semos querido, empezamos a subir por una pendiente bastante pronunciada e interminable.
La niebla se pon�a cada vez m�s espesa. Se arranc� la lluvia y nos convirti� el piso ya medio mojado, en un lodazal. Pedalear con impermeable es una experiencia agradable pues uno siente que por fuera lo golpea el agua y por dentro el calor generado se acumula y no se libera f�cilmente, lo que da una sensaci�n de calor tropical. Pero cuando la ruta se extiende m�s all� de lo que quisi�ramos y la altitud empieza a chocar, el calor se escapa y comienza el malestar �no Charlie?
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Llegamos a Sumbilca como a las 2 p.m., mojados, cansados y hambrientos. El agradecido Hugo, a quien le hicimos la "chamba" de la semana, nos present� a su amigo Armando Erazo, quien feliz de la vida nos acogi� en su casa para que su mam� nos preparara una reparadora sopa bien "taip�". C�mo nos habr� visto de necesitados que sac� un queso con papas sancochadas a modo de pique�to, al que le dimos curso en un minuto. Disculpe se�ora la mala educaci�n, pero as� es el hambre.
Armando nos cont� que normalmente los turistas, en su mayor�a cazadores de aves, suelen llegar a partir de mayo, pues en esas pampas existen muchas perdices, palomas, etc. (y hasta las gallinas de los lugare�os son buenas cuando no encuentran perdices ni palomas).
Entre que el almuerzo, un sue�ito reparador ll�mese "papaya dentro del sleeping" y esperar que amainara la lluvia, nos dio las 4 de la tarde. Igual segu�a tapado de neblina pero ya no pod�amos esperar m�s; llev�bamos recorridos algo m�s de 30 Kms. y nos faltaban otros tantos para llegar a Huayopampa.
Lo bueno es que este poblado est� situado a 1,800 msnm, as� es que todo el camino ser�a de bajada. Lo malo fue que la neblina nos impidi� distinguir unos cortes de camino bastante largos; sin embargo, los cortes que s� pudimos utilizar fueron suficiente para calificar esta segunda parte del primer d�a como espectacular. Ni el barro ni el clima pudieron evitar que goz�ramos como s�lo lo sabemos hacer los monta�istas cuando nos toca ese tipo de terreno. El olor a tierra h�meda, a grama verde, a manzanilla, mu�a y otras hierbas desconocidas era tan grato que hasta parec�a terap�utico. La pendiente es fuerte pero siempre queda la alternativa de la carretera.
Luego de dos horas de embarrarnos hasta la coronilla, optamos por seguir por la ruta vehicular pues ya oscurec�a y hab�amos tenido suficiente diversi�n y volatines como para arriesgar el resto del paseo. Por radio supimos que Christian ven�a bajando despacio debido a que el camino estaba muy resbaloso. Continuamos hasta el siguiente caser�o, Piscocoto, donde llegamos junto con la noche. Descansamos media hora hasta que lleg� la camioneta y decidimos seguir pedaleando de noche a la luz de los faros. Faltaba poco para nuestro primer destino y el ambiente estaba bastante m�s c�lido que unas horas antes.
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Toda esa zona es muy acogedora. Huayopampa es un valle andino bajo, y en esta �poca del a�o est� muy verde y con abundante agua. Aprovechamos un canal de riego y a las 6:30 a.m. del segundo d�a nos pusimos a lavar las bicicletas. El amanecer fue tan maravilloso como el anterior: cielo azul marino impecable, la vegetaci�n de miles de tonos de verde intenso, los olores de campo que te impregnan y, lo m�s espectacular, la luminosidad del ambiente. Parec�a todo pintado con colores fosforescentes. Si sumamos a esto la amabilidad y cari�o con que nos recib�a la gente en cada sitio, no hab�a posibilidad de sentirse menos que muy feliz por lo que nos estaba tocando vivir. Gracias Dios por permitirnos estar hoy aqu�.
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Debido a la informaci�n que nos proporcion� la se�ora Ang�lica R�os, quien tiene a su cargo el tel�fono del pueblo y quien adem�s nos prepar� un desayuno tipo "comando", pudimos tomar una v�a con menos desniveles que por la v�a regular hacia nuestra siguiente meta.
Ese d�a ten�amos programado visitar las ruinas de Rupac y luego llegar a dormir a Acos, plan que no pudimos concretar debido a lo que contar� a continuaci�n. Las ruinas est�n sobre los 3,600 msnm, por lo tanto deb�amos subir 1,800 m desde donde nos encontr�bamos. La primera etapa ser�a pedalear hasta Pampas, caser�o a 3,070 msnm, y luego subir a pie el resto pues por datos de F�lix Anaya, antiguo compa�ero de viajes a pedal, sab�amos que no hab�a camino pedaleable hasta arriba.
Salimos a las 9 a.m. hacia Pallac, un peque�o caser�o donde tambi�n podr�amos habernos detenido para visitar unas ruinas cercanas, las que seg�n los pobladores son muy interesantes, no tan grandes como las de Rupac, pero hubiese sido fabuloso ya que est�bamos por el lugar. Lamentablemente no estaba en los planes y no sab�amos cu�nto tiempo nos podr�a tomar, as� es que decidimos no desviar la ruta. Bien comidos, descansados y con las naves hechas un an�s de limpias, empezamos a pedalear r�o arriba, sab�amos que ten�amos por delante una subida fuerte pero est�bamos frescos y el d�a se pintaba radiante. Hab�amos calculado llegar a Pampas a eso de la 1 p.m.. Cu�l ser�a nuestra sorpresa cuando luego de unas dos horas de recia pero muy agradable subida, divisamos al fondo de una quebrada un pueblo que deb�a ser Pampas. Est�bamos a�n a muy baja altitud como para estar llegando y adem�s empez�bamos a descender, por lo que supusimos que hab�a sido un error del mapa, que tiene m�s de 20 a�os!. Nos dirigimos raudos hacia el lugar. No nos quedaba m�s que llegar al pueblo y preguntar.
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Llegamos a las 12, y la pregunta de caj�n al primer curioso que encontramos fue: �d�nde estamos? - En La Florida amigo. - �En La Florida? No puede ser, esto est� 700 m m�s bajo que Pampas, �est�s seguro de que no es Pampas? - Seguro se�or, Pampas est� all� arriba. Y nos se�al�, en forma casi vertical hacia el cielo, un grupo de eucaliptos que asomaban entre unas cumbres cubiertas de pastos verdes.
Esperamos a que llegara la camioneta y nos dirigimos a una casita donde nos ofrecieron mayor informaci�n y comida. La se�ora Maril�, esposa de Miguel Padilla, presidente del comit� de turismo de La Florida, nos dijo que subir desde La Florida hasta las ruinas es demasiado; que ser�a mejor llegar a Pampas y luego, si nos quedaba tiempo, subir a las ruinas; de lo contrario, pod�amos dormir en Pampas y subir muy temprano a las ruinas para aprovechar el que en las ma�anas no llueve pues el camino es de por s� resbaloso, abrupto y con precipicios. Para aumentar las complicaciones, no hab�a v�a carrozable a Pampas pues una parte se hab�a derrumbado con las lluvias.
Ten�amos que decidir si sub�amos con bicicletas por la trocha conocida por la que discurren los lugare�os o por la carretera hasta el sitio donde estaba cortada, para luego rodear el derrumbe y seguir por el cerro hasta Pampas. Despu�s de deliberar, optamos por seguir la trocha de herradura, tal vez m�s dif�cil, pero m�s segura. Cargamos mochilas como para dormir en Pampas y llevamos las bicis, ya que como ciclistas no pod�amos descartar la posibilidad de encontrar "algo pedaleable" ya fuera de subida o bajada. Adem�s, si nos �bamos a tomar fotos en Rupac, deber�a ser con bicicletas!.
La tarde, como de costumbre, se empez� a oscurecer y a nublar, y, a eso de las 3 p.m., comenz� a llover. Terminamos de alistarnos, nos pusimos los impermeables y salimos hacia Pampas. Pudimos pedalear unos 30 mts.; el resto del camino tuvimos que cargar las bicicletas...
Creo que esta parte fue la m�s fuerte. El camino se hac�a m�s empinado y resbaloso a cada paso. Las ramas de los lados del camino atracaban la bici que ven�a cargada sobre la mochila y nos halaba hacia abajo. Con cada subida y bajada de la bici sobre la espalda se fue da�ando el impermeable y el agua empez� a mojarnos el cuerpo. Como una hora despu�s de haber salido, cuando ya est�bamos seguros de que faltaba poco para llegar, apareci� un se�or que ven�a bajando. Verlo entre la niebla densa era como una "aparici�n". Sonriente nos pregunt� si est�bamos locos de subir con esa carga por este camino. �No ven que por ac� no se puede montar bicicleta? Poco le falt� para tratarnos de idiotas y no le faltaba raz�n. Nos sugiri� regresar, dejar las bicis y volver a subir. -Pero si ya vamos a llegar. - �Llegar ad�nde? Para Pampas falta bastante! A pesar de todo no nos desanim�...
Seguimos subiendo y nos fuimos distanciando unos de otros. Agarr� ritmo de tren y no volv� a parar hasta llegar a los eucaliptos que hab�amos visto desde abajo. A pesar de la niebla y la lluvia persistente, pude distinguir a unos 300 m el so�ado pueblo de Pampas. Decid� seguir y buscar a alg�n parroquiano que nos diera asilo, que fuera calentando agua y encendiendo un buen fuego para secar la ropa y desentumecer los huesos. Llegu� por fin al pueblo como a las 6 de la tarde y luego de andar entre sus calles por m�s de 10 minutos me di con la sorpresa m�s desagradable de todo el viaje: Pampas era un pueblo fantasma.
Dej� mis cosas bajo un voladizo para que no se mojaran m�s de lo que estaban y baj� a darle el encuentro a mis compa�eros de desventura. Al principio no me creyeron, pero al llegar y comprobar la cruda y triste realidad, entendieron que dormir�amos mojados, fr�os, sin luz y sin comida caliente.
A escasos 30 minutos de quedarnos a oscuras decidimos ingresar por la fuerza a una escuelita para pasar la noche. Entramos a la habitaci�n y nos quitamos todo lo mojado, o sea, todo. Nos comimos las barras energ�ticas que hab�amos llevado para apuntalarnos durante la caminata y nos enfundamos en nuestras h�medas bolsas de dormir. Pasamos la noche m�s fr�a de nuestra historia, esperando el amanecer como el momento m�s deseado de la excursi�n. Si al fr�o le sumamos el miedo de ver aparecer a un campesino con machete queriendo ajusticiarnos por la invasi�n de domicilio, la pel�cula de Freddie Krugger se quedaba corta. Afortunadamente, antes de que oscureciera pudimos juntar algunas armas contundentes: un inflador, una lata de at�n, el radio port�til y una cuchilla suiza. Uf!
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Tal como en las pel�culas, cuando amaneci� nos olvidamos de todo el espanto pasado. Nos comunicamos por radio con Christian quien nos envi� con Miguel, el gu�a tur�stico, ropa seca y comida caliente. A las 7 y pico se apareci� el joven y sonriente gu�a. No pod�a creer que hubi�semos dormido en esas condiciones y ni le sorprendi� que hubi�semos roto el seguro del candado de la escuela; sab�a que no hab�a alternativa. Pagamos el valor de la aldaba pero m�s nos quejamos de que por qu� no nos advirtieron que no habr�a nadie. Nos explic� que Pampas es un pueblo de ganaderos; lo ocupan entre los meses de Abril a Setiembre mientras su ganado pasta en la zona; luego cierran todo y bajan a Florida u otros caser�os hasta que vuelva a crecer el pasto, es decir, cumplen el ciclo natural de los n�mades con costumbres sedentarias.
Luego de comer bien y conversar un rato, nos sugiri� que subi�ramos a Rupac como planeamos originalmente y que luego baj�ramos por donde est�n haciendo la carretera nueva. Tal como nos dijo el viejito en la subida �ltima, nos sugiri� no llevar las bicis para as� hacer el recorrido m�s r�pido. Cuando ya casi nos hab�a convencido, se le escap� decirnos que el camino era m�s tendido que el anterior y que tal vez podr�a ser pedaleable. Fue suficiente para que decidi�ramos cargar las cletas hasta arriba si fuera necesario. Saliendo del pueblo hacia las ruinas pudimos pedalear un buen trecho y, para variar, descendimos �Por qu� ser�a que cada vez que tocaba subida fuerte empez�bamos bajando?
Llegamos a una quebrada con cataratas espectaculares que parec�an velos de novia. All� reci�n empezamos a subir y, para variar, cargando las bicicletas. De todos modos est�bamos m�s aliviados porque Miguel hab�a vuelto a La Florida con gran parte de nuestras cosas y como todas las ma�anas est�bamos frescos y animosos.
A pesar del clima agradable y de estar en mejor estado f�sico y an�mico respecto al d�a anterior, la subida nos tom� m�s tiempo de lo programado, m�s tiempo a�n que la subida de La Florida a Pampas. Realmente los que construyeron ese lugar no quer�an que nadie los visitara. Aunque la belleza del sendero nos hizo olvidar el cansancio. La vista del paisaje hacia los valles bajos y lejanos era indescriptible. Posiblemente un aladeltista o parapentista podr�a lanzarse desde estas alturas y llegar muy cerca de Huaral.
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Nos fuimos acercando a las cumbres y a la vez introduci�ndonos en una niebla fantasmal que hac�a que las formaciones rocosas de esas alturas semejaran gigantes guardianes de su ciudadela. Por fin la vimos casi sobre nosotros. Aparentaba estar muy cerca pero tardamos aun mucho en acceder a ella y cada vez por terrenos m�s complicados. Pasamos junto a una especie de terrapl�n desde donde se domina mejor toda el ala de la monta�a. Posiblemente constitu�a una zona de vigilancia. Seguimos subiendo y finalmente llegamos a Rupac.
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Lamentablemente, ni siquiera el gu�a sab�a qui�nes hab�an construido esas edificaciones ni qu� antig�edad ten�an. Si alguien las est� estudiando debe ser en secreto porque para lo imponentes que son es deprimente pensar que nadie sabe de su existencia o, si saben, no profundizan los estudios tal vez por falta de fondos. Nos cont� Miguel que suelen venir estudiantes de arquitectura, pero sus fines no son los de desentra�ar los misterios del origen sino entender c�mo, despu�s de sabe Dios cu�nto tiempo, pueden tener techos intactos y todo construido en piedra. De todas las ruinas que hemos visitado en el Per� son las �nicas con techos perfectos, sin goteras ni resquebrajamientos. Las habitaciones son c�lidas a pesar de la altura y el viento. La distribuci�n interior es helicoidal. Todos los cuartos se conectan entre s� y est�n distribuidos en diferentes niveles. Lo que vendr�a a ser la cocina tiene una chimenea que pr�cticamente roza las paredes de todas las habitaciones y las calienta. No soy la persona id�nea para decir de qu� se trata; s�lo s� que nos impresion� mucho y que vali� la pena el esfuerzo de llegar hasta all�. L�stima que no hubi�semos planificado mayor tiempo para esta visita; un d�a entero es lo menos que se necesita para tener una visi�n completa.
Y vali� la pena tambi�n como ciclistas ya que a pesar de ser una bajada de grado superior, en ese punto arrancamos la bajada m�s larga del viaje. Desde los 3,600 msnm llegamos hasta los 1,400, en el puente donde empalmamos con la carretera principal a Acos.
Al comienzo de la bajada el camino es empinado, estrecho, resbaloso, espinoso y con un peque�o precipicio al costado. El que se atreve a bajarla montando descubre que es una bajada fuerte, muy t�cnica e interminable. Hasta llegar a los velos de la novia nos tom� alrededor de una hora. Tal vez en Mayo o Junio sea m�s f�cil, con piso seco, pues el barro espanta un poco, especialmente cuando te resbalas hacia el peque�o precipicio...
De los velos a Pampas pedaleamos casi todo el trecho, a pesar de ser en subida. En Pampas s�lo paramos a parchar una llanta pues, para variar, arranc� la lluvia. De aqu� para adelante otra vez estar�amos descubriendo el camino. Deb�amos llegar hasta donde nos esperaba la camioneta al final de la carretera interrumpida por el huaico.
Retrocediendo un poco en la historia, cuando llegamos a los velos hicimos comunicaci�n radial con Christian y convinimos en que dada la hora y el aspecto del cielo, ser�a mejor que subiera por la carretera hasta donde fuese posible y nos esperara all� por si acaso. Medida que fue muy acertada por lo que luego sucedi�.
Nos dirigimos, como nos indic� Miguel, hacia la parte alta del pueblo, por donde encontrar�amos una huella que se alejaba casi horizontalmente hacia el oeste. La encontramos y descubrimos que era perfectamente pedaleable; la lluvia se hab�a convertido en una suave gar�a y la niebla se estaba levantando; m�s que molestar, esto le otorgaba un aire misterioso al ambiente. Fue un caminito de lo m�s entretenido pues sin variar mayormente de nivel presentaba peque�os obst�culos, curvas, bajadas, subidas y una vegetaci�n bastante soportable, por decir algo, en comparaci�n con las anteriores llenas de espinas y ramas duras. Estuvimos en ese plan por media hora durante la cual pudimos ver la carretera a lo lejos. Esta se encontraba como 100 m m�s abajo que nosotros. Buscando un camino que conectase el nuestro con la carretera, terminamos retrocediendo y lanz�ndonos por una trochita casi vertical ya que el cansancio estaba acabando con nuestra paciencia. En este tramo, Charlie sufri� un percance al chocar contra un cactus bastante grande y una de las tantas espinas que se clav� le atraves� el dedo de lado a lado. Luego de ver que no pod�amos hacer nada al respecto, decidimos llegar cuanto antes a la camioneta para llevarlohasta la posta m�dica de La Florida.
A los pocos minutos y luego de varios resbalones llegamos hasta la carretera. De ah� a la camioneta no nos demoramos nada. Ya m�s tranquilos vimos que la espina era m�s que nada dolorosa pero el dedo no sangraba, as� es que lo subimos a la camioneta y Giovanni y yo nos fuimos montando hasta Florida donde, luego de comprobar en la posta que la �nica forma de sacar esa espina era con un buen tajo, decidimos mejor irnos a almorzar donde la se�ora Maril�. Nos tomamos fotos con todos los familiares. Nos volvieron a pedir que consigui�ramos apoyo para la investigaci�n de las ruinas. Nosotros, a nuestra vez, les sugerimos que ellos fueran adelantando con la se�alizaci�n de los caminos de herradura.
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Luego, antes de que nos ganara la tarde y aprovechando que la lluvia estaba a�n en las cumbres, partimos hacia Acos, siempre en bajada y utilizando cuanto corte de camino se nos aparec�a por delante. Conforme baj�bamos el clima se iba poniendo m�s c�lido y el paisaje m�s �rido. Casi llegando al puente el valle es muy parecido a la zona de Chontay en Cieneguilla. Contando el tiempo desde Rupac, llev�bamos bajando m�s de 4 horas. Luego de cruzar el puente entramos a la carretera principal del valle del r�o Chancay y empezamos a subir hacia Acos, pueblo frutalero de gente encantadora. Al llegar vimos a unas personas que descansaban frente a su vivienda; les hicimos algunas preguntas y, como toda la gente que hab�amos ido encontrando y a diferencia de los pobladores de otras serran�as, ellos nos hicieron m�s preguntas y comentarios a nosotros. Nos impresion� su gracia y amabilidad. Nos regalaron manzanas de su huerto y cuando lleg� la camioneta con Charlie y Christian, les ofrecieron a ellos tambi�n. Qu� gusto sentirse tan bien acogido!; ojal� fuese as� en todas partes.
Como ya estaba oscureciendo y nos sent�amos bastante cansados y sucios, decidimos cargar todo en la camioneta y seguir hasta Collpa. Sus ba�os termales eran una de las razones de nuestro viaje y cada d�a despu�s de cada embarrada y despu�s de cada noche fr�a dese�bamos m�s que nada estar ah�. Ahora se estaba convirtiendo en obsesi�n y est�bamos dispuestos a ba�arnos en esas aguas antes de volver a dormir, pasara lo que pasara.
La carretera de Acos hasta Collpa est� impecable; es un afirmado bien mantenido y los 31 Kms. que separan las dos localidades los hicimos en menos de una hora. Tal como nos lo hab�amos prometido, nos metimos con ropa y todo a las pozas. Como ya eran pasadas las 8 de la noche, no hab�an m�s lugare�os ni turistas que interrumpieran, as� es que sacamos todos los utensilios necesarios, desde escobillas de alambre hasta champ�, y quedamos como nuevos.
Fue uno de los momentos m�s relajantes de mi vida. Liberamos toda la tensi�n acumulada en los 3 d�as de ir descubriendo caminos nuevos, de sortear el barro y soportar la lluvia y de dormir donde y como se pudiera. Nos quedamos remojando en aguas con una temperatura de m�s de 400C, que seg�n la descripci�n del sabio Raymondi tienen tanto cloruro de Litio como las m�s famosas aguas termales de Alemania, adem�s de ser muy ricas en sales y minerales ben�ficos para el organismo, tales como Magnesio, Yodo, etc.
Mientras lav�bamos la ropa, los zapatos y nos ba��bamos como Dios manda, habr�an transcurrido unos 40 minutos, que en realidad son excesivos para estar en esas aguas; lo recomendable es estar unos 15 minutos. Salimos de all� y con las justas pudimos cargar nuestras cosas (l�ase exceso de ablandamiento). Tomamos dos habitaciones en el peque�o hotel y luego de comer bien, dormimos como beb�s hasta el d�a siguiente.
Como cada ma�ana, nos volvi� a impresionar el paisaje y la maravilla del sol iluminando los caser�os de la comarca, con todos sus deslumbrantes colores. La tierra absorbe tan r�pidamente el agua que no parec�a que hubiese llovido el d�a anterior. Tambi�n hay algo muy impactante y que no puede ser apreciado con la misma intensidad en otros meses m�s secos: el olor de la naturaleza; es una mezcla de aromas fuertes y penetrantes; a cada paso se descubre novedades para el olfato y lo saltante es que no son aromas de flores - pues no es �poca de floraci�n - son los aromas esenciales de la vida de la tierra, con su vegetaci�n nueva que en unos meses m�s florecer� y luego dar� sus frutos.
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A esta altitud, 3,200 msnm, el valle se abre y forma como un embudo que en sus lados tiene desperdigados varios pueblitos y campos naturales delimitados por �rboles, en su mayor�a eucaliptos. Como Collpa est� en la parte baja, es mejor subir a mayor altura para poder apreciar en forma panor�mica todo el entorno.
En esta fresca e iluminada ma�ana decidimos subir hacia Santa Catalina, unpoblado muy pintoresco que cuenta, al igual que otros pueblos cercanos, conuna plaza de toros que podr�a ser la envidia de algunos lugares de la campi�a lime�a. Tambi�n es interesante ver el buen estado de conservaci�n en que se encuentran su iglesia y lo que debe ser la casa municipal, ambas de origen colonial. Cuenta tambi�n Sta. Catalina con un albergue para los que no logren conseguir una cama en Collpa. Ya de aqu� se empieza a ampliar el horizonte. Pero mejor subir m�s.
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De aqu� seguimos subiendo hacia Santa Cruz de Andamarca, tal vez el m�s importante pueblo de la regi�n e igualmente limpio y pintoresco como el anterior; es decir, no ha sido contaminado por la modernidad ni la huachafer�a. Esta localidad se encuentra a menos de 7 Km. de Collpa y la distancia la recorrimos en poco m�s de una hora considerando las paradas para tomar fotos y otros menesteres.
Desde este punto ya se tiene una visi�n bastante completa de la zona. Al frente, al otro lado del r�o y casi al mismo nivel en el que nos encontramos, apreciamos los caser�os de Pacaraos y m�s abajo, a su izquerda, Rovira. Sobre Rovira, casi al filo de los cerros, contra el cielo, Viscas. Hacia la derecha de todos ellos, una extensa pampa de �rboles y chacritas por donde deben serpentear los caminos de herradura que al final inevitablemente llegar�n a las aguas termales. M�s abajo, sobre nuestra ladera, hacia el oeste, est� Chauca, un poco m�s alto que Santa Catalina que se encuentra hacia el este, hacia donde est� Collpa.
Escogimos probar la bajada que pasa por Chauca. De all� se sigue por una trocha casi horizontal entre �rboles y acequias hacia Sta. Catalina. Antes de llegar se desv�a hacia abajo y empieza el descenso hacia la carretera y luego por �sta se llega nuevamente a Collpa. Toda la vuelta nos tom� algo m�s de tres horas, siendo lo m�s largo y divertido el regreso por los caminos de herradura.
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He expuesto en detalle este �ltimo d�a porque quiero sugerir, para los que no desean cansarse tanto, que lleguen en su propia movilidad directamente hasta Collpa y que desde all�, como centro de operaciones, exploren toda el �rea. Hay rutas para todos los niveles: desde paseos con se�ora e hijos hasta bajadas Kamikaze y senderos ultra t�cnicos. Adem�s, no es s�lo para ciclistas; el valle es rico en ganader�a y por lo tanto debe ser f�cil encontrar lugares donde fabriquen quesos artesanales.
La carretera sobre la que est� Collpa es una troncal que une Huaral con Cerro de Pasco; es por esto que la mantienen en tan buen estado. Si sigui�ramos subiendo por ella llegar�amos al famoso bosque de piedras de Huayllay. La visita a este lugar podr�a ser el paseo completo de un d�a. De Collpa al bosque se llega en auto en casi dos horas; luego se recorre todo el lugar en bicicleta durante una hora y se regresa a Collpa descendiendo desde m�s de 4,200 msnm. La bajada debe tomar unas tres horas. Adem�s de Huayllay existe toda la inmensa puna, perfectamente pedaleable, cubierta de lagos y lagunas de indescriptible belleza, todo sobre los 4,000 m, lo que le da al paseo una caracter�stica �nica ya que en pocas partes del mundo se puede hacer eso y regresar en unas horas a ba�arse en aguas termales.
Me tiene gratamente sorprendido que estando m�s cerca que sitios similares como Chur�n o Chiuch�n, teniendo una v�a de acceso en excelente estado - pues desde Huaral se cubren en menos de 2 horas los 86 Km. que separan a Collpa de esa ciudad - se conserve toda la zona tan limpia, sana y descontaminada del comercio depredador y de las malas costumbres de gente inescrupulosa especialista en convertir las zonas de inter�s tur�stico de nuestro pa�s en tragamonedas donde reina la mediocridad y la indiferencia ante el deterioro de nuestro patrimonio.
Ojal� que todos los que de nosotros queramos ir o volver nuevamente hagamos algo por mantener todo en su estado natural, alterando la ecolog�a lo menos posible y si pasamos la voz, que sea a gente responsable que pueda hacer algo por su pa�s, no s�lo divertirse a costa de �l.
Este viaje lo pudimos realizar con la ayuda de mapas que aunque bastante desactualizados, nos sirvieron para planear tiempos y distancias diarias. Si alguien desea hacer la ruta completa y/o quisiera informaci�n m�s detallada pueden llamarme al 929 7070.