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Las aplicaciones de un
mapa conceptual son ilimitadas. En particular, es en las ciencias de
la educación en donde han sido mayormente
utilizadas.
Los mapas conceptuales
dirigen la atención, tanto del estudiante como del profesor, sobre
el reducido número de ideas importantes en las que deben
concentrarse en cualquier tarea específica de aprendizaje. Un mapa
conceptual también puede hacer las veces de mapa de carretera si
donde se muestran algunos de los caminos que se pueden seguir para
conectar los significados de los conceptos de forma que resultan
proposiciones. Una vez que se ha completado una tarea de
aprendizaje, los mapas conceptuales proporcionan un resumen
esquemático de todo lo que se ha aprendido.
Puesto que se produce más
fácilmente un aprendizaje significativo cuando los nuevos conceptos
o significados conceptuales se engloban bajo otros conceptos más
amplios, más inclusivos, los mapas conceptuales deben ser
jerárquicos; es decir, los conceptos más generales e inclusivos
deben situarse en la parte superior del mapa, y los conceptos
progresivamente más específicos y menos inclusivos, en la
inferior.
Las relaciones
subordinadas entre conceptos pueden cambiar en diferentes segmentos
de aprendizaje, por lo que en un mapa conceptual, cualquier concepto
puede -elevarse- a la posición superior, y seguir manteniendo
todavía una relación proposicional significativa con otros conceptos
del mapa.
Aunque no comprendemos el
funcionamiento de los mecanismos específicos que actúan en el
cerebro y que nos permiten almacenar la información, es evidente que
las redes neuronales que se establecen son bastante complejas, con
muchas conexiones cruzadas entre las células cerebrales en
acción.
La elaboración de mapas
conceptuales es una técnica destinada a poner de manifiesto
conceptos y proposiciones. Hasta este momento, sólo se pueden hacer
conjeturas sobre el grado de acierto con que los mapas conceptuales
representan los conceptos que poseemos, o la gama de relaciones
entre conceptos que conocemos (y que podemos expresar como
proposiciones). En el proceso de elaboración de los mapas podemos
desarrollar nuevas relaciones conceptuales, en especial si, de una
manera activa, tratamos de construir relaciones proposicionales
entre conceptos que previamente no considerábamos
relacionados.
Todas las investigaciones
citadas demuestran que el uso de mapas conceptuales hechos por el
profesores incrementan tanto el aprendizaje como la retención de
información científica. Los estudiantes producen mapas como
herramientas de aprendizaje.
Puesto que los mapas
conceptuales constituyen una representación explícita y manifiesta
de los conceptos y proposiciones que posee una persona, permiten a
profesores y alumnos intercambiar sus puntos de vista sobre la
validez de un vínculo proposicional determinado, o darse cuenta de
las conexiones que faltan entre los conceptos y que sugieren la
necesidad de un nuevo aprendizaje.
En suma, la riqueza del
conocimiento puede ser incrementada por el uso de mapas
conceptuales. Diversos autores sugieren que los estudiantes que
hacen o analizan mapas conceptuales tendrán un conocimiento base
amplio y, por lo tanto, estarán más disponibles a resolver problemas
en comparación a aquellos estudiantes que han aprendido por
memorización.
Últimamente, se ha probado
la eficacia de diferentes tipos de presentaciones ( mapas
conceptuales, texto sobre líneas o listas) sobre aprendizaje entre
estudiantes con diferente cantidad de conocimiento previo. Se
encontró que estudiantes con menor conocimiento previo aprendió
mejor con mapas conceptuales que las otras dos presentaciones
lineales.
En conclusión, el concepto
de -mapeo- (diagramación) parece ser un buen método para estimular
el aprendizaje significativo entre estudiantes con diferente
preparación académica, una situación típicamente encontrada en
clases de ciencia introductoria
http://www.edu.net.co/docentes/formacion/mapas.htm
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