Cuba, ahí empezó de verdad la historia. Aunque nunca llegaron
a llegar. La isla era el destino, el verdadero motor de la idea de viajar.
De allí, tal vez, pasar a otros lados, a conocer otras culturas.
¿ Estados Unidos, México? Por qué no, a partir de
que iban a estar allí, alguien ofrece otras fechas. De paso, el
disco estaba por ser editado en México. Finalmente el Festival de
la juventud de Cuba no se dio, pero sí el resto.
La Renga, una banda de barrio, de repente está allí,
en el norte, donde se supone que todo pasó y se pasa. Fuerte. El
primer desembarco fue Miami, luego vinieron Los Ángeles, New Jersey
y New York.
El centro del mundo, dicen. ¿Existe eso? Es que los norteamericanos
se olvidaron de una cosa; para estar en el centro del mundo (del mundo
o de cada uno) hacen falta los cuerpos y ellos le temen a los cuerpos,
le temen al abrazo y, rara vez, abren sus puertas (aunque sea las de su
casa) al extraño que, por definición yanqui, es sudamericano.
Y luego, el show. Con el Blues de Bolivia, alguien (un chabón re
loco) se subió al escenario, "¿Cómo lo ven a Julio
Iglesias cantando este tema?" preguntó. La cosa era rara: el mozo
pasaba a cada rato. La cerveza estaba, justamente, atrás de la batería.
En todos lados que fueron se encontraron con argentinos, en todos. Gente
que los veía y flasheaba. Los había visto cuando empezaron
en El Galpón, por ejemplo. Después se fueron y ahora, de
repente, los músicos de La Renga están allí. Un flash.
En México tocaron con El Tri, en un lugar en los suburbios del Distrito
Federal. El público, los mismos de siempre. El sentimiento no tiene
fronteras. Captaron lo que se daba. Despedazado por América. Para
la banda: nada o todo. Simplemete un aprendizaje.
Otro fuerte aprendizaje tuvieron los chicos de La Renga cuando fueron
a tocar a España, precisamente con Los Suaves, quienes invitaron
a los rengos tras haber sido invitados por ellos a la Argentina.
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