El precipicio - III



Hasta fines de la Edad Media los artistas recibían del
poder eclesiástico el encargo de sus trabajos, junto con
los códigos simbólicos y figurativos que debían repetir,
sin pretensiones de originalidad. Durante la época clásica
los gustos de los artistas, que todavía no se los consideraba
creadores estuvieron subordinados a las directivas de
las cortes. Con el crecimiento el capitalismo y la
liberalización cultural burguesa, la tutela religiosa se
debilita, la vida cortesana se disuelve, la aristocracia se
mezcla con la intelectualidad laica y surge un público especial
para las actividades artísticas.
El campo artístico se constituye “como si fuera” un
orden independiente en el que los objetos circulan como
una autonomía que, sin ser absoluta, es infinitamente
mayor que en cualquier otra época. El hecho de que las
obras de arte cuenten con un mercado propio implica
una nueva dependencia, justamente, la del mercado, y
genera la ilusión de que el campo estético es
indiferente a las presiones sociales.
 

            Se aísla al suicida en esta historieta programada el escenario es la calle y el show en la
pantalla, la raíz es el racismo y la industria pornográfica; beben jueces de este vino y también
los ignorantes .
Mujeres al acecho de los dólares sobrantes que se cubren del delirio de los que lavan sus
hogares, con mentiras de buen padre y con aire de grandeza gritan a los cuatro vientos ser
patriota, ser honestos gobernantes.
Y los milicos prendidos atendiendo su delirio.
Nazarenos politizados que se esconden en los countries y egocéntricos puteando la escupida
del obrero, que se cuelga de un andamio.
“ El suspiro de una monja, por las bolas de este fraile”.
Intelectuales discutiendo al pedo, que si la historia se repite o que si un orgasmo es ficticio en
la pantalla del cine.
Mujeres al acecho de los dólares lavados y de los que viven posando en las revistas del
engaño, de los que saben y se borran por una porción de la torta.
Y los utópicos de siempre en la Plaza de la derrota con un puñado de las Madres queriendo
creer en alguien.
Y si nadie es respetado en este sucio asfalto contaminado de inútiles que se quedan bien
callados, será que este tiempo no perdona ni mentiras ni verdades.

                                                                                                        Fernando Vera
 

Lejos de ello, y aún estando
incorporados al mecanismo de venta y
comercialización industrial, existen hoy
artistas capaces de producir y
comunicar su obra de una forma distinta
a la propia del sistema capitalista.
Artistas que ocupan una posición de
mensajeros, un lugar de intercambios e
interpretaciones artistas que absorben y
redistribuyen, por destellos y
ocultaciones, la tonalidad continua,
cargada de sentido, del “NOSOTROS”.

                                                                                                                                                        Laurita
 

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