El precipicio - II





   La gran mentira se monta a la puta verdad.
La idiotez costumbrista del “tenemos aguante”
quiebra por darle la razón a la no bienvenida represión.
Si la unidad no comienza “por casa” es inútil
censurar esa violencia.
Sabemos que pelear por una bandera, por un barrio,
es pura mierda folclórica.
Y en este espacio que compartimos todos somos
de un mismo barrio y alzamos la misma bandera.
El fanatismo implantado entre las bandas sirve para
justificar esa lógica policial; es justo ahí donde la
unidad se  debilita y el corazón queda asilado y
congelado.
Y si en esta movida de tirar en forma pareja les
molesta, ya el problema pasa a ser de los que aún no
entendieron nada.
Que la violencia se calma con violencia es parte de esa
lógica policial, que nosotros tratamos de expulsar de
raíz de nuestro sentir.
Este riesgo asume su hermandad con el peligro,
mientras que lo irracional pasa por el delirio del
gobernante y la miseria golpea nuestra puerta.
El viejo sistema reniega de este presente, para esperar
nervioso su final; mientras tanto, el permanecer
indiferente es la peor de las drogas que hace su efecto
en el no te metas.
Esa indiferencia nos quiere asustados y comprimidos,
con el alma sucia y la cabeza podrida.
Entonces el espacio que hoy construimos apunta hacia
una nueva conciencia comprometida.
Cada uno responde a sus sentimientos y el respeto del
que tenemos a nuestro lado.
Protegernos es que la renguera sea lo menos
dificultoso de sobrellevar.

       Fernando Vera


 

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