Existen
Seis Sentidos, el Sentido de la Vista, el Sentido del Tacto, el Sentido del
Oido, el Sentido del Gusto, el Sentido del Olfato y el Sentido del
Equilibrio.
El
Sentido del Equilibrio es el que nos informa si estamos derechos, o torcidos, es
el que nos permite permanecer de pie sin caernos, andar en bicicleta, y realizar
con éxito casi cualquier ejercicio con nuestro cuerpo. Cuando este sentido se
extropea, es cuando sufrimos Mareos, Vertigo y, en general,
Nauseas.
Este
sentido es un Canal de Percepción, igual que lo son la Vista, el Olfato, el
Tacto, el Gusto y el Oido. Y al ser un Canal de Percepción, genera un
Metaprograma, un modo de trabajar y reaccionar.
¿Cómo
influye el Sentido del Equilibrio en nuestros Metas y cual de ellos
Genera?
Imaginate
que el Sentido del Equilibrio fuera una Valanza Interna con el que todos
Pesaramos Internamente. Esta es una forma de Juzgar que todos Sentimos en
nuestro interior continuamente, sólo que esta Voz habla diferente para cada uno
de nosotros, esta Voz es la que nos anima (o no) a hacer algo, porque lo
consideramos Justo, Beneficioso, Apropiado... o no.
Todos
funcionamos con este sistema, todos usamos este Metaprograma, igual que usamos
los demás, sólo que con distintas medidas.
EL
METAPROGRAMA GANAR-PERDER
Algunas
personas, tienen su Valanza interna "trucada", es decir, que tienen un dedo
puesto en el lado que a ellos les interesa, creando así un
desequilibrio.
Estas
personas actuan así porque creen que en la vida "o Pisas, o te Pisan", y como no
quieren ser Pisados, entonces se preocupan por ser ellos los que pisen
primero.
Estas
personas piensan que todo el mundo actua así, que "todo el mundo es un poco
malo", y por lo tanto creen que están actuando justamente al intentar ganar
ellos más, al aprovecharse de la otra persona, porque creen que si no, será la
otra persona la que se aproveche de ellos.
Así
que estas personas actuan Egoistamente, y sus motivos son siempre Egoistas, sólo
actuan Para
Si Mismos.
Esto
es lo que llamamos un Metaprogramas Ganar-Perder. Donde siempre intentarán que
una persona Pierda en el trato. Porque estas personas creen, erroneamente, que
los recursos son limitados y que tienen que luchar por ellos. Ven la vida como
una "jungla" donde Sobrevivir, así que intentan ser los
depredadores.
Pero
en la vida, existe la Ley Universal que dice "Así como das, se te dará". Así que
las personas que trabajan con este Metaprograma siempre están condenandose al
Fracaso. ¿Por qué?
Bueno,
es fácil de ver. Imaginate que vives con la idea perpetua de que las otras
personas son Malvadas, que están intentando aprovecharse de ti, así que (aunque
no te gusta) te tienes que forzar a Pisarlas y a Aprovecharte de ellas en cada
trato, en cada respiración, en cada momento... ¿Cómo crees que eso influiría en
tu Entusiasmo?
Naturalmente
lo Reduce Totalmente, condenandolo a los estados 3, 2 y 1 a cada momento, porque
una persona que funciona con el Ganar-Perder, está siempre Diferenciando, pues
está intentando imaginar como tú debes de estar intentando engañarle, y como
podrá el engañarte a ti.
Así
¿Cómo podría condenarse más que al fracaso? ¡Está eliminando toda la Belleza de
la Vida para buscar impurezas en todos lados!
De
hecho, es muy común entre los que usan el Meta Ganar-Perder que sufran de
"Nausas", porque el reflejo Fisiológico de aplicar un Meta Ganar-Perder, es una
sensación de desagrado, de nausa, de insatisfacción. Pues quizás consiguieras el
trato más beneficioso y pudieras aprovecharte del otro, pero aún cuando "Ganas",
estás Perdiendo, porque el usar el Meta Ganar-Perder siempre crea la reacción
fisiológica citada, reduce el Entusiasmo, y te condena al
fracaso.
El
Meta Ganar-Perder, es uno de los que definen a la Segunda Ola. Así un Empresario
de Sengunda Ola intentará Aprovecharse de los demás, pero también un Trabajador
de Segunda Ola intentará aprovecharse del Empresario, ganar más dinero del que
merece y trabajar menos de lo justo.
Facil
es de reconocer en Sindicatos de Trabajadores a las personas de Segunda Ola,
porque son las que opinan que los Empresarios están intentando Aprovecharse de
ellos ¿Por qué creen esto? "Cree el Ladrón que todos son de su condición", o
mejor dicho, toda persona tiende a creer que las demás personas usan sus mismos
Metaprogramas, así que esas personas creen que sus Jefes intentan aprovecharse
de ellos ¡Porque es lo que harían si pudieran! Y, de hecho, seguramente es lo
que están haciendo en la realización de su trabajo diario.
Esto
es aplicable a cualquier campo:
Si
un Empresario tiene este Meta, entonces se intentará aprovechar de sus
Trabajadores.
Si
un Trabajador tiene este Meta, entonces se intentará aprovechar de la
Empresa.
Si
un Marido tiene este Meta, entonces se intentará aprovechar de su
Pareja.
Si
un Conductor tiene este Meta, y le ocurre un accidente donde sufre sólo un
arañazo, intentará que el Seguro le pague 1.000 veces más de lo
justo.
Porque
las personas que usan este Meta, tienen un "Dedo" puesto en su balanza interna,
con lo que siempre intentan aprovecharse de los demás al intentar tomar una
Posición de Fuerza, e intentar forzarte ya sea por la Fuerza, el Miedo, la
Manipulación, etc... Y, naturalmente, siempre acaban perdiendo, ya sea de una
forma, o de otra.
Es
fácil reconocer a los que usan este Meta, pues son personas Muy Desconfiadas,
que siempre estarán preguntandote si tú no eres un Estafador y si le entregarás
el Producto, o que como saben ellos que tú no les estás engañando. ¿Recuerdas?
Todo el mundo cree, que el resto de las personas, usan sus propios Metaprogramas
^_^
EL
METAPROGRAMA GANAR-GANAR
Aquellos
que usan el Metaprograma Ganar-Ganar, son los que buscan que ambas partes salgan
Beneficiadas en cada trato.
Un
Amante que da Amor, lo hace porque también Recibe Amor de su
Pareja.
Un
Comerciante que entrega una Mercancía (o Servicio), lo hace porque también
Recibe un Dinero Justo a cambio.
Un
Trabajador que usa este Meta, intenta ofrecer el Mejor Trabajo del que es capaz
y lo hace con ganas, como si estubiera pagando una deuda (no como si hiciera un
favor medio forzado), porque
Recibe
un Dinero Justo a cambio. (En Realidad, todo Trabajador es un Comerciante que
entrega un Servicio, su trabajo, a cambio del Salario. Y todo Empresario es un
Comprador, que adquiere Servicios, trabajo, a cambio de dinero. ^_^ Recuerdalo
antes de contratar a una Secretaria ^_^ )
Una
persona que trabaja con este Metaprograma, trabaja con una filosofía de
Ganar-Ganar, así que trabaja para intentar conseguir un
Bien para Si Mismo Y para los Demás.
Es
importante conseguir esto, porque algunas personas confunden el Meta Ganar-Ganar
con un Metaprograma "Generoso" o "Alturista" ¡Nada más
Equivocado!
Un
Metaprograma "Alturista" es un Metaprograma Ganar-Perder, sólo que invertido.
¿Cómo es esto? Veamos, algunas personas creen que ellos han de salir Ganando y
que sean otros los que Pierdan ¿Verdad?
De
igual manera, existen personas que creen en el "Perder-Ganar", es decir, en la
teoría de que ellos han de Perder, para que otros Ganen. Estas personas tienen
el dedo puesto en el otro lado de la balanza, normalmente porque tienen algún
sentido de culpa interno (o falta de autoestima, o sentimiento de pecado, etc)
que les suele decir que para castigarles por sus deseos egoistas, han de salir
perdiendo en los tratos con los demás. Así que tienden a meterse en asuntos en
los que saben van a salir perjudicados, pues creen que de esta manera van a
conseguir algo de "buen karma" que les beneficie más adelante.
Por
así decirlo, tienen una pequeña parte de razón, pues si tú beneficias a los
demás, eso te beneficiará también a ti (eso es correcto), lo que es erroneo, es
que tú salgas perjudicado por ello.
Toda
persona que quite el dedo de la balanza, podrá ver que lo justo es que todos
salgan ganando ¿Por qué ha de perder nadie?
Si
una persona da algo bueno, ha de obtener algo bueno a cambio. De forma que ambos
salgan ganando, esta es la base del comercio.
Imaginate,
a ti te sobra comida, te sobra tanta que ya estás arto de comer, pero estás
aburrido.
A
tu vecino le sobra una televisión, pero tiene muchisimo hambre.
¿Qué
es lo justo?
¡Exacto!
Para tu vecino, su televisión de sobra carece de valor, igual que para ti carece
de valor la comida que te sobra.
Si
tu le cambias a tu vecino su televisión por comida, entonces habreis llegado a
un trato Ganar-Ganar, tú obtienes algo que deseas, a cambio de algo que la otra
persona desea.
Esto
es aplicable a todos los niveles de la vida, como todo
Metaprograma.
Por
ejemplo, a un Millonario puede sobrarle dinero, así que cambia una parte de ese
dinero a cambio de algo ¿El qué? Quizás algo tan simple como una donación a una
obra de caridad, eso puede darle algo que desea, algo como reconocimiento, o un
sentimiento de generosidad.
Eso
está bien, porque ambas partes salen ganando.
A
un Sanador (de cualquier tipo) pueden sobrarle conocimientos de como curar a la
gente, así que cambia la práctica de esos conocimientos (los Resultados de traer
Salud y Curar), a cambio de dinero, comida, o cualquier cosa que necesite. Así
ambas partes salen beneficiadas.
Pero,
que un Sanador sane a cambio de nada... no, quizás una persona con el Meta
Ganar-Perder pueda engañarle una vez, pero se quedará sin Sanador para otra
ocasión más Grave.
Además,
normalmente todo el mundo tiene un "algo" (o la posibilidad de adquirirlo), a
cambio de que entregar por lo que desea. Sólo que, en muchas ocasiones, es algo
que no tienes en mucha estima ¡Justamente por que te sobra!. ¿Quizás tus
conocimientos? ¿Quizás un pequeño invento sin importancia? ¿Quizás una habilidad
u oficio? ¡Son miles las posibilidades! Con sólo encontrar a la persona (o
personas) que desea obtener ese "algo", podrás intercambiarlo por aquello que tú
deseas, y hacerlo de tal forma que ambas partes salgan Ganando.
Y,
naturalmente, cada vez que se genera un trato en el que ambas partes salen
ganando, entonces se genera un efecto de "sinergia", en el que la suma
Resultante, es Muy Superior al total.
EL
MERCADER
Era
una hermosa mañana, los pájaros cantaban en las copas de los verdes árboles, el
joven sol irradiaba una luz clara que ya empezaba a despertar una cálida brisa
de verano. Kan aspiro fuerte, las suaves fragancias del bosque penetraron en su
espíritu despertando ansias de aventuras.
Desde
la altura, el Joven Samurai podía dislumbrar el poblado, hoy estaba muy animado
pues era día de fiesta. Con los reflejos de un experto Samurai, Kan, calculó de
forma precisa la distancia hasta la rama siguiente y saltó. Era un alto de casi
cuatro brazos metros a una altura de casi seis hombres uno encima del otro. El
joven voló como una gaviota hasta la rama y sacando una larga cuerda la ató
alrededor del tronco del árbol para asegurar su posición.
Desde
aquí podía ver todavía mejor el pueblo. Miles de personas venidas de muchos
kilómetros a la redonda se reunían hoy para comprar, vender y comerciar con
todos aquellos que pudieran. Desde la lejanía se distinguían los caballos, los
carros de frutas y los grandes puestos de telas. Estos últimos eran su objetivo.
Pretendía comprar un trozo de tela de la más alta calidad para regalárselo a la
hija de unos de los cocineros del ejército de su padre.
Era
una joven sólo un poco mayor que él, tenía el pelo más bonito que nunca había
visto. Era negro como la noche, y cuando el sol se reflejaba en sus largos
cabellos parecía que cientos de pequeñas estrellas brillaran resaltando su
hermosura.
Ayer,
mientras comía con su equipo Rosana (como había sabido después que se llamaba)
le había servido la comida, ella le había preguntado "¿Quieres más pescado?" y
él se había quedado embobado mirando su precioso pelo. Todavía se sentía
avergonzado al recordar como los veinte miembros de su equipo que estaban
comiendo con el habían callado de repente y se habían quedado mirándole
sorprendidos, como si estuvieran esperando que él dijera algo. La cara de Kan se
estaba volviendo a teñir de rojo igual que cuando se sonrojó cuando Omius, el
primero de sus Samurais le dijo "Valla valla! Si parece que nuestro joven
superior está creciendo!". Aquello fue vergonzoso ¡Él sólo estaba contemplando
su pelo! ¿Que tenía de malo?. Por desgracia la joven se sintió mucho más
avergonzada que él y se marchó corriendo mientras lágrimas de vergüenza
resbalaban por sus mejillas, en la carrera se le resbaló la bandeja de pescado
cayéndosele encima del vestido. En ese momento Kan había intentado levantarse,
pero Escila, una nueva Aprendiz que se había incorporado hacía poco, le detuvo
agarrándole firmemente el brazo y diciéndole por lo bajo... "No vallas o la
avergonzarás aun más ¿Es que no sabes nada de mujeres?". Kan se había sentado
inmediatamente, tenía 12 años y realmente no sabía nada de mujeres. Así que se
quedó quieto, contemplando como la chica del pelo precioso miraba su vestido y
replicaba "No! ¡Mi vestido nuevo! Esta mancha no se quitará nunca!" y poco
después desaparecía en dirección al río. El joven Samurai había mirado entonces
interrogativamente a su rubia compañera, la cual había comprendido su pregunta y
le había respondido "La chica tiene razón, esa mancha no se quitará nunca. Ya
puede ir comprando una tela para coserse un vestido nuevo!".
Esas
palabras se habían quedado grabadas en la memoria del joven, así que hoy por la
mañana, había cogido su bolsa de dinero y se había puesto de camino al mercado.
Pretendía
comprarle la pieza de tela más bonita que nunca hubiera existido para pedirle
disculpas por haberla avergonzado tanto con su comportamiento. Kan no quería
reconocerlo, pero su corazón latía deseoso de volver a contemplar esa bella
cabellera negra.
Después
de bajar del árbol, y caminar unos pocos minutos más, Kan llegó al enorme
mercado. Este tenía cubierto todas las callejuelas del pueblo, incluida la gran
plaza central, con tenderetes de mercaderes ofreciendo sus productos a gritos.
El barullo, tanto de voces como de personas, era abrumador. Kan estaba
acostumbrado al orden de su ejército y este loco ir y venir embotaba sus
sentidos... no lo suficiente como para no notar una ligera mano que intentaba
sacar su bolsa de su cinturón.
-
¿Qué haces? - Preguntó Kan dándose la vuelta y agarrando mejor su bolsa. Al
mirar sólo encontró a un pequeño chiquillo, de unos seis años de edad, cubierto
por unos harapos roídos. Su piel, debajo de una gran capa de barro y suciedad,
se había vuelto blanca como la leche. Su cara contestaba perfectamente la
pregunta del joven Samurai. Así que antes de que su interlocutor pudiera
contestar añadió... - ¿Por qué haces esto?
-
Necesito dinero para comer - dijo el niño mirando directamente a Kan con unos
ojos suplicantes - Mi estómago me duele y nadie me da de comer - añadió
llevándose la mano al estómago distraídamente - Por favor señor, no me haga
daño, no pretendía quitárselo todo, sólo una moneda para poder comer - Las
lágrimas recorrían los jóvenes ojos del pillo. A Kan, su tierno corazón le dolía
por la miseria que estaba teniendo que pasar ese desconocido, nadie merecía
llevar ese tipo de vida... y menos aun un niño tan pequeño.
-
No te preocupes, no te voy a hacer ningún daño - Dijo Kan, aunque en la temerosa
mirada del joven ladronzuelo vio que sus palabras no eran creídas. Kan recordó
la experiencia de las palomas con el viejo sabio e intento otra estrategia
distinta - Te voy a dar de comer, ya que tienes tanta hambre, elige tú el sitio
y pide lo que quieras. - Los ojos del niño brillaron de ilusión ante estas
palabras, al ver que su nueva estrategia funcionaba añadió - Tengo dinero de
sobra, así que come todo lo que quieras.
-
Aquí al lado hay una tasca buenísima... y muy económico! - Dijo el pillastre
animado
-
Perfecto! - Respondió Kan - Después de todo yo tampoco he desayunado hoy... se
me ha olvidado! - añadió rascándose la cabeza graciosamente.
El
joven ladronzuelo se lanzó, casi a la carrera a la tasca seguido por el joven
Samurai que no deseaba perderlo de vista ni por un segundo. Al cruzar la esquina
los más sabrosos olores de los manjares más apetecibles llenaron las narices de
Kan. El pillastre enseguida encontró una mesa libre en un rincón apartado y
tapado por las sobras e invitando a sentarse en un banco de madera en frente de
él al joven Samurai levantó la mano para llamar al camarero, igual que si fuera
un gran señor en un restaurante de lujo. El dueño, al ver esto escupió un trozo
de una rara planta que estaba masticando y se encamino hasta la mesa donde
estaban sentados los dos niños.
-
¿Que van a tomar los señores? - Dijo sarcásticamente - ¿Un baso de agua del
pozo? - Y antes de que pudieran decir nada añadió - ¡Anda mocosos largaos!
¡Tengo que atender a los clientes de verdad!
-
Este niño quiere comer, traiga algo para él - Dijo Kan ignorando las palabras
del mesonero.
-
Este niño... - respondió el dueño levantándolo de una oreja e intentando sacarlo
de la mesa - Es un ladrón que ya me ha robado más de una hogaza de pan de las
mesas y que como vuelva a verlo por aquí le voy a cortar el
cuello...
El
mesonero calló instantáneamente al sentir el agudo filo de la espada Katana del
joven Samurai en su garganta.
-
Puede ser... - contestó fríamente Kan, con un tono de voz que heló la sangre en
las venas del apestoso hombre... aun cuando la amenaza provenía de un niño de 12
años de edad - Puede ser que seas tú, apestosa inmundicia, quien quiera cortarle
el cuello a mi amigo - y después de hacer una pausa añadió - pero voy a ser yo
quien te corte el cuello a ti como no le sirvas como es debido.- El rostro del
mesonero estaba blanco como la leche, no esperaba esto de un niño tan joven,
había supuesto que era un ladronzuelo compañero del otro niño y sin embargo
había manejado una espada Katana como si fuera una prolongación de su brazo -
Debería caérsele la cara de vergüenza por no dar de comer a un niño
necesitado... sin embargo aquí tiene - Y poniendo una valiosa moneda de oro
encima de la mesa añadió - Esto pagará todo lo que pueda comer este niño durante
tres años ¿No es así? - El apestoso mesonero asintió con la cabeza - Pues tómelo
y hágalo como yo le digo o vendré y se arrepentirá - dijo saliendo de las
sombras donde estaba sentado y poniéndose a la luz para que pudiera verlo
bien.
El
dueño del local quedó totalmente pasmado al reconocer que el joven vestía las
ropas de un Samurai... incluida la Katana que todavía mantenía apoyada en su
cuello... al final de la cual pudo ver la característica empuñadura
dorada-plateada símbolo de un verdadero Samurai entrenado.
-
S.. Se... Señor! - dijo al fin - Por favor, perdone! - suplicó - Sé que no me he
portado como he debido, tendría que haber atendido a este niño... - rápidamente
añadió - a partir de hoy daré de comer a todos los niños pobres del pueblo...
¡Puedo hacerlo! -
Añadió
- Soy dueño de la posada más grande del ppueblo y todos los días me sobra comida
para darla de comer a un regimiento - y para intentar solucionar las cosas dijo
- a partir de ahora le daré esta comida aa los pobres en vez de tirarla a la
basura ¡Os lo juro! Pero perdonarme la vida por favor!!!
Kan
retiró la katana del cuello del mesonero y posando otra moneda de oro en la mesa
añadió. Ahora tráenos un plato de cada una de las más ricas exquisiteces que
tengas...
-
y mirándolo a los ojos añadió - y no intentes nada raro, yo soy Kan. El hijo de
Kazo, el general de generales. Y en caso de que me pasara
algo...
-
¡No os preocupéis Señor! ¡Yo nunca mancillaría mi comida ni haría nada raro! ¡Y
menos aun con un cliente que paga tan generosamente!!! - y cogiendo las monedas
de la mesa marcho rápidamente a encargar en la cocina los platos ordenados y a
descansar un buen rato para quitarse el susto de encima.
Cuando
desapareció los dos niños se pusieron a reír a carcajada limpia.
-
¿Le has visto la cara Kan? - dijo el ladronzuelo riéndose estrepitosamente - Yo
creía que se iba a hacer pis encima!!!
-
¿Crees que me habré pasado? - Preguntó sintiéndose culpable el joven Samurai -
...quizás no tenía que haber sido tan brusco...
-
¡De eso nada! - Contestó su reciente amigo - ¡Tú no sabes las palizas que me ha
dado por coger trozos de pan rancio de las mesas! ¡Es un indeseable! - y
mirándolo con una cara de agradecimiento infinita añadió - ... y tú lo has
cambiado en un minuto! Los pobres llevábamos meses intentando convencerle de que
nos diera los restos de comida que tira por la noche, pero el mal nacido tiraba
esos restos a cuatro perros asesinos que tiene en la parte trasera del local...
los perros desperdiciaban toda la comida y mientras nosotros nos moríamos de
hambre - y abrazándole añadió - ¡Eres mi salvador! ¿Qué puedo hacer por
ti?
-
Bueno... - dijo Kan pensativo - parece que conoces bien el pueblo ¿Podrías
llevarme a la zona de las telas después de comer?
-
¡Naturalmente! - Dijo mientras empezaba a llenarse la boca con las carnes y las
frutas que empezaban a traer las camareras... pues misteriosamente el mesonero
había desaparecido para todo el día!
-
¿Cómo te llamas? - Dijo Kan sirviéndose un poco en su plato
-
Pibio - Contestó con la boca rebosante de comida - aunque los amigos me llaman
Pio.
Cuando
hubieron acabado de comer, Kan y Pio salieron de la posada para encaminarse a la
zona del pueblo donde los mercaderes ofrecían telas de todos los tipos. Allí Kan
encontró telas fuertes y bastas, las grandes telas con las que se hacían las
tiendas de campaña de los Samurais, ligeras telas de velos y finalmente las
finas telas que utilizaban las mujeres para hacerse sus
vestidos.
-
¿Qué te parece? - Preguntó el joven Samurai al ladronzuelo.
-
A mi me parecen todas preciosas - dijo con la boca abierta.
En
ese momento Kan reparó en que su amigo sólo portaba unos harapos que estaban
totalmente destrozados, por lo que era natural que cualquier trozo de tela le
resultara fantástica.
-
¿Tenéis ropa para niño? - Preguntó Kan al mercader
-
Sí, en la parte de atrás joven señor - y lanzando una codiciosa mirada a la
repleta bolsa del joven Samurai añadió - ¿Queréis finos trajes de fiesta
quizás?
-
No - contesto Kan, y después de mirar a su amigo añadió - Pio necesita una ropa
más práctica ¿No tenéis un Kimono del estilo de los Samurais?
-
Voy a mirar y le traeré algo de su talla - Dijo desilusionado el mercader, un
kimono era una prenda corriente y barata, mientras que un traje le hubiera
aportado muchos más beneficios.
-
¿Un Kimono? - Preguntó Pio mirando de arriba a bajo a Kan - Te lo agradezco
mucho... pero destacaría demasiado!
En
ese momento volvió el mercader con una codiciosa mirada en sus
ojos.
-
Perdonarme joven Señor, pero Kimonos no tengo - y mostrando el bulto que traía
escondido añadió - Pero tengo este precioso y ... resistente - dijo resaltando
la palabra
-
traje para vuestro amigo - La prenda en cuestión era un traje de cuerpo entero
que parecía muy práctico y discreto. Era de una sola pieza y se abrochaba por un
lado con unos lazos de cuero blando. Sobre una tela gruesa y resistente estaban
cosidas laminas de cuero, y en su interior un suave forro prometía un agradable
confort. Kan miró disimuladamente a su amigo, el cual estaba visiblemente
enamorado de esa práctica prenda.
-
Muy bien ¡Nos la quedamos! - Sentenció Kan - ¿Qué cuesta? - dijo abriendo su
bolsa en la que relucieron muchas monedas.
-
Una moneda de oro Señor - dijo alargando rápidamente el mercader para tomarla el
mismo de la bolsa... por si el niño no sabía distinguirla
naturalmente.
-
¡LADRÓN! - Gritó Pio... dejando totalmente paralizado al mercader que sólo se
atrevió a retirar su mano vacía lentamente.
-
¿Qué dices? - Preguntó el Joven Samurai a su amigo.
-
Qué es un Ladrón! Esta prenda no vale más de cinco monedas de bronce - Regateó
el Joven Pillastre.
-
¿De verdad? - dijo Kan mirando sorprendido al Mercader - Si me dijisteis una
moneda de Oro!
-
¿De oro dije? - dijo tímidamente, para reaccionar ante el regateo y contestar -
Quise
decir
de Plata... quizás me confundí al decir Oro, pero iba a tomar una de Plata. Que
es su valor justo y exacto.
-
Tomar entonces - Dijo Kan poniéndole una moneda de plata en las manos - Me
parece justo! ¿Puede cambiarse en vuestra tienda mi amigo?
-
¡Naturalmente! - Y señalando una cortina colgada contra una esquina de la calle
dijo - ahí puede cambiarse el señorito.
Pio
corrió detrás de la cortina y se cambio rápidamente... y después de rebuscar
entre los pliegues de los harapos los dejó tirados en una zona oscura de la
calle.
-
Así si alguien los necesita podrá utilizarlos - Exclamó
alegremente.
Kan
miró los roídos harapos dudando de que sirvieran ni de cama a un gato callejero.
Callándose
sus pensamientos miró a su reciente amigo y quedó sorprendido ante el porte que
desvelaban estas nuevas ropas en sus carnes.
-
¡Guau! ¡Qué bien te quedan! - Exclamó asombrado
-
¿De verdad? - y mirándose en un espejo de bronce situado cerca del cambiarropa
exclamó - ¡Parezco un niño normal!
Ante
el comentario a Kan se le calló el alma al suelo.
-
¿Por qué estás en las calles? - Preguntó el joven Samurai.
-
Mis padres murieron hace seis meses, una peste mató a toda mi familia y a todos
mis parientes... - Por las mejillas del niño caía una solitaria lágrima - yo
enfermé también, pero un día desperté curado en una habitación llena de
cadáveres... los aldeanos creían que estaba muerto y me tiraron junto a los
demás. Yo conseguí salir... y escapé hasta aquí temiendo que me volvieran a
encerrar en esa habitación. - Y después de tomar aire añadió - Desde entonces
vivo de lo que puedo... mi padre era un mago, un malabarista, me enseñó muchos
trucos... como sacar una moneda de una bolsa atada a un cinturón! Sin embargo no
me gusta hacerlo si no es en un espectáculo de magia, mi padre me advirtió que
hacerlo en la calle está mal y que es robar... - y mirando al suelo terminó por
decir - pero mi estómago...
Kan
no sabía que decir, tenía el corazón destrozado. De momento no sabía que podía
hacer, pero se prometió que después de encontrar la tela que buscaba encontraría
una solución!
-
Estás telas no son demasiado buenas - cortó el incómodo silencio Pio - Aquí
detrás del biombo he oído a una señoras decir que cerca de aquí hay un mercader
que tiene unas telas mucho mejores que estas. ¡Quizás sea lo que estás
buscando!
-
¡Sí! - Respondió entusiasmado Kan - ¡Quiero la mejor tela del pueblo! ¿Dónde
dijeron que era?
-
Allí enfrente, en esa casa verde! - Dijo señalando una pequeña casa pintada de
verde que contaba con una extraña verja delante de su puerta. Tanto la verja
como la puesta estaban cerradas, sin embargo vieron que en esos momentos salía
de las casa una señora con un gran trozo de tela rosa muy fina y una gran
sonrisa en su cara. -
Preguntemos
a la señora! - Y después de acercarse a la mujer con la tela en la mano preguntó
- ¿Venden telas ahí?
-
Sí hijito sí, y las mejores del pueblo!!! - Y acariciando el gran trozo de tela
rosa que
llevaba
en las manos añadió - Este trozo de tela es de una calidad muy superior a estas
telas que venden por la calle. Y además me ha salido por un precio muy bueno
¡Mis amigas se van a morir de envidia con el vestido que me voy a hacer! - Y
dando por terminada la conversación se marchó corriendo a su casa a empezar a
hacerse su deseado vestido.
-
Esto quiero hacerlo sólo - dijo Kan - Necesito estar concentrado - y después de
ver la cara de pena de su amigo añadió - ¿Por qué no tomas estas monedas y vas a
jugar a esas atracciones que están en la plaza? Puedes ver el espectáculo de
magia y venir a buscarme cuando termine ¿Lo harás?
-
Sí ¡Vendré a buscarte! - Contestó ilusionado al ver la sincera mirada de su
amigo Samurai - ¡Suerte con tu compra! - añadió, y marchó corriendo a contemplar
en espectáculo de magia que ya estaba comenzando.
Kan
se dirigió a la verja, había una campanilla y tirando de la cuerda la hizo
sonar. Una criada de unos veinte años salió de la casa y abriendo la verja
invitó a pasar al joven Samurai. Después de acompañarle hasta el salón de dentro
de la casa y sentarle en unos cómodos cojines le indicó que esperara unos
minutos.
Kan
miró a su alrededor, el Salón era grande y espacioso, su suelo estaba cubierto
por una bella alfombra de muy alta calidad, en las paredes lucían unos
exquisitos tapices y la ventana estaba tapada por una blanca y fina seda
translucida que permitía pasar la cálida luz del Sol mientras guardaba la
intimidad de la estancia. Aparte de estos adornos, ninguna otra tela había en la
estancia. Kan extrañado ante la diferencia de este local y los de los mercaderes
de la calle se preguntaba si realmente venderían las más finas telas en este
sitio.
Al
momento entró un hombre alto, de mediana edad, con la cara rasurada y un pelo
muy negro finamente cortado. Vestía un traje de una seda exquisita que producía
un muy agradable sonido al frotarse pliegue contra pliegue. El hombre olía a
menta y a incienso, en una agradable fragancia que penetraba lentamente por los
pulmones. Kan no pudo resistir la tentación de acariciar la suave tela que
conformaba el traje del hombre.
-
¡Sí! ¡Esto es lo que busco! - Dijo plenamente convencido.
-
¿Mi traje? - Preguntó el hombre con una mueca de sorpresa que no ocultaba una
cálida sonrisa.
-
No perdón! - respondió Kan - La tela! Busco una tela de la más alta
calidad.
-
¿Para qué la quieres? - Preguntó
-
Para una... amiga - contestó el joven sonrojándose.
-
Entiendo - Contestó el hombre - ¿Y cómo es ella?
-
Preciosa - respondió Kan automáticamente sin haberlo pensado, después pensando
que no sería bastante añadió - Es un poco mayor que yo, un par de dedos más
baja... Y tiene un pelo negro precioso! - Aseguró.
-
Ya - dijo sonriendo ligeramente el hombre - ¿Y cómo es su piel?
-
¿Por qué lo pregunta? - Preguntó extrañado Kan
-
Para poder escoger la tela ideal para tú... amiga. - dijo sonriendo - es
imprescindible saber como es su piel, su cara, sus volúmenes, su personalidad,
su edad y sus costumbres. Sólo así podremos escoger la tela
ideal.
-
Ah! No lo sabía - respondió simplemente el joven Samurai - Pues como ya te dije
debe tener uno o dos años más que yo, tiene el pelo muy negro, brillante y
largo... hasta aquí
-
dijo señalándose la cadera - su piel es muy pálida, blanca como la luna. Es
delgada, pero no demasiado. Tímida y vergonzosa... aunque tengo oído que también
tiene buen genio cuando lo saca! Ayuda a su padre en la cocina y le gusta pasear
sola por el campo y el bosque por las tardes... - e intentando hacer memoria
añadió - y creo que no sé nada más.
-
Es más que suficiente! - dijo el hombre - Sólo necesito un dato más. - y
mirándole añadió - La tela, es para un vestido ¿No? - Kan asintió con la cabeza
- Y ese vestido es para trabajar o para ppasear?
Kan
medito un momento, no estaba seguro, sin embargo si la tela iba a ser la
mejor... mejor sería que fuese para pasear.
-
Para pasear! - Añadió al fin Kan.
-
¿Y tú siempre vistes con esos colores?
-
Sí - Respondió automáticamente, y al darse cuenta de la pregunta añadió - ¿Por
qué lo preguntas?
-
Bueno, si tu novia va a llevar el vestido cuando salga contigo a pasear por el
bosque será conveniente que no desentone con tus colores...
El
hombre calló cuando vio la cara de sorpresa del joven. Kan se había quedado
totalmente quieto, sin respirar siquiera ante la impresión, sólo sus pestañas se
movían pestañeando continuamente... era una estampa de un muñeco de feria a
tamaño real!
-
Perdona. - dijo avergonzado el hombre por su suposición - no quería ofen...
bueno! Lo que quiera que se llame el estado en que estas.
Kan
dando cuenta de que estaba haciendo el más completo de los ridículos intentó
recuperar la compostura desviando la atención hacía otra cosa.
-
¿Qué tipo de tela me llevo entonces? - Preguntó directamente.
-
Lo mejor es una Seda, la más fina y exquisita de las telas. Es suave y un poco
transparente, pero no demasiado. Dos capas bien colocadas son suficientes para
formar el más pudoroso y bello de los vestidos. Con una textura ideal para la
fina piel de tu... amiga - dijo sonriendo - El color habrá de ser tenue y suave
para que haga juego con su blanca piel mientras que crea un bello contraste con
el negro pelo de tú amiga. Quizás un... - y saliendo de la habitación añadió -
Espera un momento que te traigo unas muestras.
Kan
estaba ya más tranquilo... ¿Qué le habría hecho pensar que era su novia? Si él
todavía no tenía de eso... a pesar de las continuas insistencias de su madre,
que aseguraba que ya tenía edad para comprometerse con algo más que con sus
artes marciales. ¿Tendría razón? Los demás chicos con los que solía jugar de
pequeño ya estaban todos prometidos o casados. y tenían su misma edad... cuando
Kan estaba pensando esto entró el elegante hombre con tres trozos de la más
bella tela.
-
Yo te aconsejo este azul suave, es como el cielo... pero un poquito más suave y
brillante, para que resalte la belleza y la inocencia de su portadora - Y
mientras decía esto puso el trozo de tela encima de una larga mesa que había en
la estancia. - Este otro es del mismo verde que los retoños de primavera. Un
color muy bueno para pasear por el bosque - Posó el bulto al lado del otro - Y
este blanco es también ideal, contrastará con su negro pelo. Aunque si ella es
demasiado pálida parecerá un fantasma... eso sí, muy bello.
Como
a Kan le parecía un disfraz de fantasma no sería el mejor regalo apartó la tela
blanca a un lado. Después miro los dos trozos de tela restantes y decidió
quedarse con el azul suave, pues era de un color parecido al que la hija del
cocinero había manchado, sólo que mucho más bello y brillante, además la tela
era exquisitamente bella y agradable al tacto. Sería un regalo
perfecto!
-
¿Cuánto cuesta? - Preguntó Kan echando mano a su bolsa.
-
El telar completo cuesta diez monedas de plata - Kan quedó sorprendido de que le
dijeran un precio tan justo, sin duda por un producto de esta calidad le habrían
pedido cien veces más en la calle... si hubiera conseguido encontrarlo! - sin
embargo sólo necesitas llevarte un par de brazas, con lo que serán solo cuatro
monedas de plata.
-
Me lo llevo todo - y posando las diez monedas de plata encima de la mesa añadió
- Muchísimas gracias por tus consejos. Siin tu ayuda no habría encontrado nunca
una tela de esta calidad.
-
Muchas gracias! - Respondió agradecido el hombre - Espera, guarda la tela entre
este mantón de cuero blando, así no se te estropeará por el camino. - Y mientras
protegía envolviendo la tela en cuero añadió - Por cierto ¿Quién te ha
recomendado mi casa?
-
Bueno, en realidad nadie - y al ver la cara de extrañeza de su interlocutor
añadió - En realidad pregunté a una señora que salió de su casa con una tela
rosa magnífica.
-
Ah! ¡Ya me extrañaba a mi! - Y sonriendo añadió - Así que parece que fue la mano
del destino la que te trajo a mi casa.
-
¿Usted vive de esto verdad? - Preguntó Kan
-
Sí claro, es mi negocio! - y acordándose añadió - Y por cierto, mi nombre es
Hano. Con las prisas de tu compra nos olvidamos de presentarnos. Y tú Samurai te
llamas...
-
Kan, hijo de Kazo - Respondió orgulloso.
-
¿El general de generales Samurai? - Preguntó sorprendido.
-
Así es! - Y dando cuenta de una cosa añadió - Y siendo usted comerciante...
¿Cómo es que no está en la calle pregonando sus productos a gritos en un
tenderete????
-
Bueno, es una larga historia, permíteme que traiga un poco de
té.
Al
momento volvió con una gran bandeja de plata cargada de un té que despedía un
delicioso aroma a menta.
-
Este es té mezclado con menta, una exquisitez que se toma en unos países muy
lejanos. - Y después de servir una taza para cada uno empezó a contar su
historia -
Cuando
quise abrir mi negocio no contaba con dinero suficiente para abrir un puesto en
la calle. Las autoridades te cobran altos impuestos por ello, y además existen
unos gastos inevitables entre comprar la madera y las pinturas. - Hano tomó un
trago de su lujosa taza y continuó - La otra opción era coger mis telas e ir a
venderlas por las casas, llamando en todas las puertas igual que hacen los
vendedores ambulantes, en cuanto a esa opción... bueno, simplemente yo no valgo
para eso! - mirando fijamente al joven añadió - Yo soy una persona muy tímida y
aunque es cierto que enseguida conecto con la gente y que me gusta tratar con
las personas soy incapaz de hacer una sola venta o de regatear
decentemente...
-
Sin embargo me has vendido un gran trozo de tela - protestó Kan
-
Oh no! - respondió ofendido Hano - Yo simplemente me he limitado a aconsejarte
sobre la tela que necesitabas y a ayudarte a escoger la mejor para tu amiga. Soy
experto en telas, eso es cierto. Me formaron grandes maestros sobre el tema y se
escoger el trozo de tela más conveniente en cada caso. Por eso he tenido éxito.
Kan
asintió mudamente para darle la razón, en ningún momento había intentado
"venderle", es decir, empaquetarle un trozo de tela que no necesitaba o cobrarle
de más, de hecho todo el tiempo había estado escuchando sus necesidades y
después le había recomendado la cantidad exacta de la tela exacta que
necesitaba. Después la decisión de comprársela a él y de coger más cantidad de
la cuenta había sido del joven Samurai... de hecho el dueño del negocio de telas
le había aconsejado que gastase menos de lo que finalmente
gastó.
-
¿Y entonces como llevas tu negocio? - preguntó intrigado Kan.
-
Pues de la única forma que yo podría hacerlo - Contestó Huno tomando otro sorbo
de té - Como no sirvo para vender y no tenía dinero para abrir un puesto de
comercio en la calle... pues abrí mi propio negocio de telas en el Salón de mi
casa - El hombre sonrío con orgullo ante su gran idea. Kan todavía dudaba de que
realmente la idea hubiera sido tan buena, no acaba de comprender como se podía
llevar un negocio sin un puesto en el mercado, y así se lo dijo.
-
Pero... ¿Como puedes vender entonces? - Kan le miró extrañado - No tienes
expuestas tus telas, alguien que pase por la calle no puede adivinar que tu
vendes telas... ¿No tienen ventaja sobre ti los Mercaderes de
afuera??
-
Eso es lo que me decían mis familiares cuando les conté mi idea - Huno se reía
abiertamente - sin embargo yo fui más inteligente que ellos, supe ver la
realidad sin dejarme influenciar por los estándares
predefinidos.
-
¿Qué quieres decir? - Pregunto el joven Samurai
-
Todo el mundo cree que para llevar un negocio con éxito hace falta tener un
tenderete en la calle para exponer tus productos... o si no lo tienes ir picando
por las puertas de las casas para intentar vender ¡¡¡No pueden estar más
equivocados!!! -
Huno
estaba entusiasmando por lo inteligente que había sido - ¿Te has fijado en los
tenderetes de fuera?
-
Sí - respondió Kan - De allí vengo!
-
¡Exactamente! - Contestó enérgicamente Huno - ¡De allí vienes! - Y después de
mirarle durante un segundo para aumentar el misterio añadió - En la calle la
competencia es increíble, cientos de Mercaderes tienen sus tenderetes y se hacen
una competencia mordaz unos a otros. ¿Por qué? Porque existen tantos puestos que
los ciudadanos normales ya no saben donde ir. La mercancía de todos los puestos
es muy parecida, los precios también... y todos son personas desconocidas en las
que uno nunca sabe si puede confiar... ¿Estás de acuerdo con esto que te
digo?
Kan
asintió con la cabeza, recordó como el mercader de la calle había intentado
cobrarle de más por una prenda, recordó como todas las mercancías eran más o
menos iguales, recordó la avariciosa mirada de los mercaderes... a los que
solamente les importaba su oro, no sus necesidades ni sus gustos. Lo único que
querían era vender para obtener beneficios. Realmente era bastante desagradable
comprar en esos puestos... Era imposible encontrar a un solo mercader totalmente
honrado!
-
Pues yo me di cuenta de que lo que la gente buscaba era alguien en quien poder
confiar y... que les aconsejase sinceramente! - continuó orgullosamente Hano -
así que decidí abrir mi propio negocio, totalmente distinto a los demás. ¡Eso
hace que no tenga competencia! - Kan estaba sorprendido ante la simpleza y lo
obvio de la solución tomada por Hano... así como de la realidad de la situación,
nunca había visto las cosas de esa forma - Además yo tuve muchos menos problemas
que cualquier mercader al principio. - Al ver la mirada interrogante del joven
decidió aclarar más el asunto -
Normalmente,
para abrir un tenderete en la calle tienes que pedir permiso a las autoridades,
rellenar mil y un papeles, pagar impuestos abusivos, desperdiciar el dinero en
arreglar el local... y luego pasarte horas y horas en tu tenderete esperando a
que los clientes se acerquen y te compren algo... ¡Es un riesgo increíble! -
aseguró - Para ganar dinero de esta forma tienes que poder disponer de toneladas
de dinero antes... y si no lo tienes pedirlo prestado a un usurero que andará
toda la vida detrás de ti cobrándote intereses... - Entonces exclamó alegremente
- ¡Yo lo hice más fácil!
Simplemente
abrí mi negocio en el Salón de mi casa, lo adorné un poco... y el dinero que
tenía, en vez de gastarlo en impuestos y tonterías... lo invertí en conseguir
las mejores telas de la más alta calidad. Dicen que "Paño de oro sólo se vende!
¡Y es verdad!
Kan
estaba impresionado ante la inteligente filosofía de Huno.
-
Lo primero que hice - Continuó Hano entusiasmando - fue avisar a TODAS mis
amistades y familiares de que había abierto mi propio negocio de telas. - Hano
sonrío recordando aquellos tiempos - Les envíe cartas a todos con pequeños
catálogos describiéndoles mis telas y su alta calidad. A todos las personas que
conocía les informaba de que tenía un negocio de telas de la más alta calidad...
- Kan empezaba a comprender mientras el hhombre hablaba - Al principio me
preguntaban porque preferían comprar a un amigo que a un desconocido ¡Esto es
obvio! De un desconocido no te puedes fiar... pero en un amigo confías, así que
se sentían más seguros comprándome a mi. - el hombre señaló las telas - Cada
amigo que me compraba quedaba encantado por dos cosas. La primera que yo siempre
le aconsejaba sinceramente sobre lo que necesitaba, y la segunda porque mis
telas son de la más alta calidad ¡No tengo competencia en este sentido! - dijo
acariciando las sedas que tenía encima de la mesa - Además mis precios, aunque
no son baratos... tampoco son demasiado altos, intento ser justo en ellos, de
tal forma que mis clientes paguen exactamente lo que vale la tela y que yo me
lleve un buen beneficio. - Hano se rió feliz -
Además
mis márgenes son mucho mayores porque no tengo ningún gasto, no tengo que pagar
un local ni impuestos sobre él. Naturalmente doy a las autoridades la parte que
les corresponde... pero como no tengo otros gastos ¡Gano mucho más que los
mercaderes de la calle! ¡Y sin tantos problemas!
-
¿Y cómo haces saber a tus clientes que tienes nuevos productos? - Preguntó Kan -
y
¿Cómo
consigues nuevos clientes?
-
Oh! ¡Muy fácil! - dijo sonriendo ante la sencillez de su método - Simplemente
les escribo cartas. Suelo dedicar una parte del día a escribir cartas a mis
amistades y a mis clientes informándoles sobre mis productos, sus cualidades y
alguna oferta especial que hago de vez en cuando. Esa es toda la publicidad que
necesito - y añadió - En cuanto a cómo consigo nuevos clientes... ¡Me los buscan
mis clientes!
-
¿Cómo es eso? - Preguntó extrañado el Joven Samurai
-
Muy fácil! Mis clientes están todos muy satisfechos de mis productos, así que me
recomiendan a sus amistades... no es raro que un cliente me traiga a cuatro o
cinco clientes en un par de meses... lo cual hace que mi clientela vaya
creciendo poco a poco.
-
Es maravilloso - exclamó el joven - y todos lo hacen? ¿Todos te traen
clientes?
-
Casi todos - dijo el elegante hombre girando la cabeza hacia un lado, y con una
picara sonrisa añadió - a los que no lo hacen les pregunto si conocen a alguien
a quien pueda interesar mis productos, anoto sus direcciones y les escribo una
carta diciéndoles que su amigo me ha dado su dirección y que les recomienda mis
productos únicos, les describo mis productos y les digo que si quieren alguna
referencia que le pregunten a su amigo.
Kan
reconoció internamente que era una jugada muy inteligente y decidió que a partir
de ahora les preguntaría a todas las personas que rechazasen ser Samurais si
conocían a alguien a quien pudiera interesarle, eso haría que pudiera reclutar a
mucha más gente, también decidió recomendar a todos su Samurais que hicieran lo
mismo que él.
-
Por cierto joven Kan... ¿Conoces a alguien que le pueda interesar mis telas de
alta calidad? - Preguntó Hano como si tal cosa.
-
Sí claro! - respondió automáticamente Kan - Escribe a mi madre, al palacio de
Kazo, el general del generales. Compra muchísimas telas, estoy seguro de que
estará encantada con tus productos... Y también a Escila, es una mujer Samurai
muy bella que siempre anda mirando trapitos... puedes mandarles mi
recomendación.
-
Muchas gracias! ¿Te importaría darles mi tarjeta?
-
¿Tarjeta? ¿Qué es eso? - Preguntó curioso Kan
-
Mira, es esto - Y le tendió un bello trozo de cuero con unas letras y dibujos
grabadas a fuego en él. - Tiene escrito mi dirección y una breve descripción de
los productos que llevo, es una buena arma de publicidad. Como es muy original
llama la atención y hace que las personas que quieran comprar una tela se
acuerden de mi. - y después de un momento de silencio añadió - Naturalmente
también les mandaré una carta, así les picará la curiosidad y querrán comprobar
por si mismas la calidad de las telas. - Hano sonrió - como verás utilizo
técnicas poco comunes para llevar mi negocio.
-
¡Por mi Katana que SÍ! - respondió Kan - Aunque por el lujo que veo en tu
habitación y en tus vestidos te debe de ir muy bien!
-
Sí, es cierto! - le dio la razón el hombre acariciando su caro traje - al
principio no tenía muchos clientes, pero ahora ya son casi cien!
-
No son muchos para un negocio - respondió Kan escéptico.
-
No para un negocio normal - le dio la razón Hano - sin embargo mis clientes son
muy fieles, y siempre que tienen que comprar algo vienen a mi, en la práctica
atiendo a dos o tres clientes cada día. - Y haciendo un gran gesto con su brazo
para cubrir todo su salón añadió - vienen a mi casa, nos reunimos en este salón,
me cuentan lo que necesitan, yo les aconsejo y se marchan con la mercancía que
necesitan... y muy contentos. - y terminó diciendo - Además, como mis márgenes
son amplios me proporcionan unos ingresos bastante altos... como bien puedes ver
por el lujo que me rodea.
-
¡Eres un genio! - Halagó Kan al hombre - ¡¡¡Vaya olfato para los negocios!!! Has
logrado tener un gran éxito en un mercado tan saturado como es el de las telas
gracias a tus técnicas!
El
hombre sonrío tiernamente por única respuesta, era agradable que le reconocieran
sus méritos cuando al principio le habían tachado de loco. Ahora que tenía éxito
los hechos demostraban que tenía razón. Era agradable que alguien se lo
reconociera.
-Bueno,
entonces me marcho. - Dijo al fin Kan - Le daré tú tarjeta a mi madre y a Escila
con mis recomendaciones... llevas las mejores telas de la comarca, estoy seguro
que más adelante vendrán de muy lejos para comprarte!
-
Muchas gracias - contestó sencillamente Hano - serás bien venido siempre que
vengas Samurai.
En
ese momento entró la mujer que le había abierto la puerta y conducido a Kan al
Salón con un paquete en la mano.
-
Toma este regalo - dijo tendiéndoselo - es un osito de seda que cosí para mi
hijo... - y una mueca de tristeza cubrió su rostro - tú podrás darle mejor
uso.
-
¿Qué le pasó? - Preguntó el joven Samurai temiendo una
desgracia.
-
Nada - contestó Hano por la mujer - Mi esposa y yo nunca hemos llegado a tener
hijos... parece que el destino nos niega esa última cosa que nos haría ser
totalmente felices.
-
¿Tú mujer? - preguntó Kan, ella tímidamente asintió afirmativamente con la
cabeza -
¡Oh!
Debeis disculparme! En un principio creí que era una criada... por la forma de
moverse. - y agachando la cabeza en una reverencia ante la mujer añadió -
¡Discúlpeme señora! ¡Discúlpeme!
-
¡No te preocupes joven Samurai! - respondió ella graciosamente - Suele pasar,
incluso es bueno para el negocio. Yo antes era la criada de mi querido esposo...
con el tiempo nos enamoramos y nos casamos. - dijo enseñando un dorado anillo en
su dedo que indicaba que estaba casada - El siempre insiste en que me vista como
una señora... sin embargo yo me siento más cómoda con ropas sencillas, paso
desapercibida en el mercado y nadie me molesta.
De
repente a Kan se le ocurrió una idea brillante... ¡El destino estaba de su
lado!
-
¿Desde hace mucho que deseáis un hijo? - Preguntó a la mujer.
-
¡Una eternidad! - contestó - o al menos eso me parece a mí. ¡Daría todas la
riquezas de mi marido por un hijo al que cuidar!
Kan
miró de reojo a Hano y vio que estaba acostumbrado a este tipo de comentarios de
la mujer, así que decidió preguntar.
-
¿Y si yo te diera uno?
-
¿Cómo? - Preguntó extrañada la mujer.
-
Conozco a un huérfano que apenas tendrá seis años. Es un chico muy alegre y
guapo, tiene una gran habilidad con las manos y necesita mucho amor... y un
techo que le proteja del frío invierno. No tiene a nadie que lo cuide y le
quiera... quizás podrías cuidarlo como si fuera tu propio hijo, abrazándolo y
queriéndolo como a tal. - Y mirando a Hano añadió - Y así tú tendrías a alguien
a quien enseñar tus conocimientos sobre telas... un niño que haría muy feliz a
tu mujer ¿Qué te parece?
-
¡En vaya compromiso me has metido! - contestó el hombre - Primero le metes las
ganas a mi mujer de cuidar a ese niño y después me cargas la responsabilidad a
mi!
¿Seguro
que eres un joven Samurai y no un anciano Clérigo?
-
Puedo ser más malo si quereis - contestó sonriendo Kan con cara de
pillastre.
En
ese momento sonó la campanilla de la verja y la mujer fue a abrir la puerta, al
momento volvió con un niño.
-
Este niño tan mono pregunta por ti Kan - dijo la mujer - dice ser tu
guardaespaldas - añadió acariciando el pelo de Pio.
-
Es de quien te había hablado - dijo directamente Kan a la mujer con
tranquilidad, después de todo estaba haciendo una buena obra para ambas partes.
Pio necesitaba unos padres y la pareja necesitaba un hijo. Así que lo más lógico
es que vivieran juntos.
-
¡Yo no he hecho nada! - Respondió automáticamente el niño.
-
Ja! Parece que está acostumbrado a armarlas! - Rió Hano nervioso viendo la
encerrona en la que le estaban metiendo... no es que le disgustase la idea de
adoptar al niño, el estaba tan deseoso como su mujer, sin embargo quería saber
si el niño le gustaba realmente a su esposa - No sé, no sé ¿Tú que dices
cariño?
-
Es precioso dijo agachándose para ponerse a su altura.
-
Gracias - contestó Pio sin saber de que iba el asunto - No me iras a vender
verdad Kan???
-
¿Yo? - Contestó el joven Samurai sorprendido ante la pregunta de su amigo - solo
estoy aconsejando a este matrimonio tan amable... - dijo recordando las palabras
de Hano - y encontrando la mejor solución para todos - dijo sonriendo orgulloso
ante su ingeniosa respuesta.
-
Pero dará mucho trabajo - replicó Hano - No sé cariño, si fuera algo más
mayor...
El
hombre calló inmediatamente al ver la fulminante mirada de su esposa, y
abrazando al niño como si fuera suyo dijo.
-
Hano! Como no adoptemos a este niño vas a dormir en el cuarto de las telas
durante toda tu vida - y terminando de decir esto empezó a llenar de besos la
cabecita del niño que los recibía con el mismo agradecimiento que un sediento
gotas de agua.
-
Bueno! ¡Parece que no me queda opción! - contestó su marido haciéndose el hombre
perjudicado... aunque su corazón estaba rebosante de alegría por su reciente
adopción
-
¡Puedes considerarte nuestro hijo desde este mismo momento! - dijo mirando a
Pio.
El
pequeño niño, incapaz de contestar por la emoción, se abrazó contra su nueva
madre llorando de alegría.
-
¡Mamá! - dijo al fin entre suspiros y lloros.
-
Eh... creo que sobro - dijo Kan incómodo - me marcho a llevar mi paquete ¿Puedes
pasar a verme mañana al campamento? - preguntó a Pio, este asintió entre
sollozos de alegría.
De
repente una nube de humo apareció tras una ligera explosión, momentos después el
humo se había disipado y Kan había desaparecido haciendo gala de uno de sus
trucos Samurai.
En
la calle Kan se seco la frente, podía oír las exclamaciones de sorpresa dentro
de la casa y los sollozos de todos por la gran felicidad que les había traído
ese día el destino.
Se
puso a caminar feliz por la buena obra que había hecho... y por haber conseguido
la tela que buscaba. Estaba tan contento que se puso a correr hasta el
campamento, sus pies parecían flotar sobre la hierba mientras él corría y corría
cargado de energía y felicidad.
-
Hola mamá! - Dijo Kan viendo a su madre al entrar en el palacio.
-
Kan ¿De dónde vienes tan sudado? - Preguntó extrañada, los ejercicios físicos se
hacían por la tarde y aun no era medio día.
-
Del mercado, de comprar una tela para un vestido - dijo sencillamente, y después
de darle un beso a su madre añadió - voy a cambiarme a mi habitación, quiero
entregar la tela antes de comer en el campamento.
Su
madre asintió con una extraña sonrisa en su boca que el joven Samurai no pudo
identificar, como tenía prisa fue a lavarse y a cambiarse rápidamente. Poco
después salía de la casa perfumado y limpio. Su madre, a la que no se le había
pasado un solo detalle por alto mando a Gui, un Samurai experto en camuflaje que
siguiera a su hijo y le informara después de todo lo que había hecho, así como
dónde llevaba el paquete.
Kan
vio a su amiga a las afueras de la enorme tienda que servía como cocina al
ejército.
Había
supuesto que estaría aquí, puesto que sólo faltaba una hora para comer. Estaba
sentada sobre la hierba con su larga cabellera negra extendida sobre su espalda,
el Sol se reflejaba en su pelo dando aquella sensación de que las estrellas
vivían entre sus cabellos. El joven Samurai estaba silenciosamente colocado a su
espalda, y se sorprendió cuando vio que su mano estaba a punto de acariciar ese
pelo que le tenía tan fascinado. Retiró la mano con un brusco movimiento que
puso sobre alerta a Rosana, que se dio la vuelta rápidamente mientras que
poniéndose de pies se fijaba en Kan.
-
Perdona - dijo el joven Samurai - No quería asustarte.
-
Hola! - Respondió la joven - No te preocupes, estoy acostumbrada con tanto
Samurai por los alrededores - dijo sonriendo - te acabas acostumbrando cuando
vives en un campamento Samurai.
Kan
sonrío, nunca lo había pensado! Para él era de lo más normal encontrarse de
repente con un amigo a un lado o con su padre en su espalda tocándole el hombro
con su mano, símbolo de que le había pillado por sorpresa.
-
¡Tienes razón! ¡No me había dado cuenta! - Dijo rascándose la cabeza
despistadamente - ¡Qué observadora eres! - Rosana se río ante la idea de que ese
joven Samurai, que según decían era el más prometedor de todo el ejército no se
hubiera dado cuenta de algo tan obvio. - Eh... Rosana, quiero pedirte disculpas
por mi comportamiento de ayer, no pretendía avergonzarte de esa
manera.
-
No fue culpa tuya - contestó ella sentándose sobre la hierba e invitando que el
joven Samurai se sentara a su lado - fue culpa de ese maleducado de Omius que me
puso en ridículo delante de todos... - y haciéndole un guiño de complicidad a su
nuevo amigo añadió - hoy he añadido cinco guindillas a su plato ¡Va a saber lo
que es bueno ese sinvergüenza!
Kan
agradeció internamente que le echara la culpa a su Samurai y no a él... parecía
que los rumores sobre su terrible genio eran fundados!
-
Yo quería darte esto para compensarte por el incidente... - y tendiéndole el
paquete de cuero espero a que lo cogiera.
Rosana
miró el paquete extrañada, tenía una forma extraña y supuso que sería una bolsa
de shurikens o alguna otra arma rara Samurai... de todas formas lo tomó para no
ofender al joven y después de dudar si abrirlo ahora o más tarde decidió que ya
que el chico se había tomado la molestia debería agradecérselo en el momento.
Bajo la atenta mirada de Kan empezó a desatar las correas que mantenían cerrado
el paquete para encontrarse... ¡Con el trozo de tela más bonito que había visto
nunca! Su color era perfecto! un azul claro precioso, su tacto era
increíblemente suave... ¿Podría ser...? Sí! ¡Era Seda! Seda de verdad! Cuando lo
acariciaba sonaba un delicado sonido que hacía desear tenerlo puesto, acarició
el trozo de tela contra su cara y miró feliz al joven.
-
Kan, es precioso! ¿Cómo has podido escogerlo tan bien? - Y antes de que el joven
pudiera contestar añadió - ¿Por qué me lo has regalado? ¡No hacía falta! pero...
¡Es tan precioso! No sabía que fueras experto en telas! - Y abrazándolo de
alegría añadió - ¡Oh Gracias Kan!
El
joven Samurai no sabía que hacer, no había esperado una reacción tan exagerada
por parte de Rosana, en el fondo no era más que un trozo de tela... o así lo
veía él! Sin embargo estaba feliz por su amiga... y cerró los ojos para poder
aspirar mejor el ensoñador perfume que surgía de los cabellos de la chica. Ella
le soltó y empezó a medir si la tela sería suficiente para coserse un vestido...
mientras tanto Kan no se había dado ni cuenta de que la había soltado y estaba
idiotamente sentado con los ojos cerrados balanceándose ligeramente... sólo
despertó al oír el gritito de alegría que soltó la chica al comprobar que tenía
para más de dos vestidos con aquel trozo de tela tan hermoso.
-
¡Eres un cielo! - le dijo - ¡Hoy tendrás ración doble! - y echó a correr hasta
su casa para guardar el trozo de tela en un sitio donde fuera imposible que se
estropeara -
¡Gracias
Kan! - Gritó mientras se alejaba.
Kan
siguió un rato sentado viendo como se alejaba graciosamente sin darse cuenta de
que dos personas le observaban a escondidas, una Gui, el Samurai mandado por su
madre para espiarle y otra el Cocinero, el padre de la joven.
Para
cuando despertó de su ensoñación ambos habían marchado y ya era hora de comer.
Kan se levanto feliz por los acontecimientos del día. Había encontrado una
familia para un niño y había hecho feliz a una nueva amiga... Aun y así el joven
Samurai no acababa de comprender por qué su corazón, loco de alegría. Intentaba
escapar de su pecho para seguir a aquella joven en su graciosa
carrera.
Un Fuerte Abrazo!!! Equipo Red León Samurai