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En una entrevista
que rozó las cinco horas, la voz por detrás de la leyenda de Patricio Rey
explicó al Si cómo y porqué los redondos tuvieron un "atrevimiento
tecno" en su nuevo disco "Ultimo Bondi a Finisterre".
Estrella de rock casi impermeable, el ícono de masas que es Solari
asegura que disfruta de su soledad.
Palermo, sector
"sensible", a la misma hora y a veinte cuadras de la cancha de
Atlanta donde La Renga ratifica su ortodoxia y su convocatoria. Es el
hogar de la pareja Castro (Carmen, alias Negra Poli, la manager) &
Beilinson (Skay, bah, el de las guitarras). Aquí, Carlos Solari (bueno,
El Indio, el que canta) está sentado solo en un living generoso, expulsa
humo de rubio importado y sólo se quitara sus gafas negras una vez que
las palabras echen a rodar como una bola de nieve. Empezará con una pregunta
"¿Escucharon el disco?" y cinco (¡si, cinco!) horas después
esbozará una solicitud: "No quisiera quedar como un square"
(cuadrado, según la terminología de los escritos beatnik). La
charla-ritual cuenta con dos combustibles básicos: whisky y empanadas. De
repuesto, Fernet y/o Coca. La excusa para que este cantante-poeta de
contorno casi budista rapee ante el Sí es, justamente, poco ortodoxa.
Ultimo Bondi a Finisterre, el disco número 10 de los Redondos viene a
cerrar el año como el registro más sorprendente y menos previsible en
años, tal vez desde el elegante Oktubre (1986). Hablamos de una banda con
veinte años de carrera en Buenos Aires e integrantes pisando los
cincuenta a la que se venera como bastión del rocanrol y que se ha
despachado con un disco biónico, casi techno cuyo packaging simula un
cd-rom. Récord de ventas en su primera semana, Finisterre provocó estas
reacciones en el Sí: Gustavo Cerati no tuvo empacho en opinar sobre el
disco de su supuesto polo opuesto y una voz del rock alternativo como
Rosario Bléfari de Suarez los eligió "grupo del año" en la
encuesta. En tanto, Andrés Ciro de Los Piojos ante la misma posibilidad
del ex-Soda optó por "no opinar". Beatniks en los 60, poco
después militantes psicodélicos y artistas clandestinos en los 70,
"unders" diez años después y últimamente los rockeros
independientes más famosos y convocantes del país, ¿van a cerrar el siglo
vestidos de cyberpunks?¿Cómo van a reaccionar los fans? ¿Se puede saber,
Indio
En Marcha
"Entre los fans hay algunos que están muy dispuestos a escuchar esto
y otros que preferirían que uno siguiera haciendo algún tipo de rock and
roll más ortodoxo. Esos son los que menos me gustan porque a mí no me
gusta mucho un joven teniendo gestos conservadores. Creo que, a veces,
los chicos, un poco por rebeldía, prefieren quedarse escuchando esa
pseudo pureza porque en los medios se confunde mucho la vanguardia con la
usina de la moda. Y no me parece una buena decisión. No creo que una
cultura que tenga ambiciones de proseguir en vigencia tenga que tener,
como en este momento, más cultores que innovadores".
- ¿Finisterre surgió a partir de esta necesidad?
- Pertenecemos a la cultura rock, que es una cultura caníbal que ha
incorporado, a través de su historia, desde músicas étnicas hasta la
última tecnología. Este trabajo del sonido, que parece una novedad, en
nuestras demos está desde hace mucho. Yo ya componía a partir de la
computadora y el sampler y después reemplazaba la programación por la
banda, pero quedaban muchas texturas por el camino. Ahora decidimos dejar
las cosas sin que el pulso rockero de los Redondos se apoderara tanto del
asunto. Y, en realidad, el acto fundacional tiene que ver con Luzbola,
que es nuestro estudio propio. La tecnología te permite plagiar,
secuestrar sonidos y eso es rico porque eso amplía el campo posible de la
música. Para nosotros, a esta edad, sería un castigo tener que estar
todos los sábados chan, cha-chan (marca un comás de blue y tararea su
legendaria "Mariposa pontiac"). Eso ya es trabajar de uno mismo,
hacer de clásico. A mí siempre me interesaron más los David Bowie que los
Eric Clapton de esta vida.
- ¿En que basás ese apunte de una juventud conservadora que marcaste
antes?
- Yo creo que hay muchos fundamentalismos, en esta época, de todo
tipo. Yo escucho lo que opinan los chicos sobre homosexuales y me asusta.
Nunca me pareció que el pasado fuera mejor. Y mirá que quizás uno podría
tener derecho, porque esta cultura fue muy rica en sus comienzos, ¿no? Mi
vida, el cariño que yo le tengo a él (Skay) y el respeto que le tengo a
ella (Poli), están antes que cualquier fundamentalismo. Me importa un
pito el rock and roll, así de simple, si es algo que me va a poner una
circunstancia square. Mi negocio es la vitalidad.
- ¿Esos jóvenes conservadores representan el fracaso de la cultura
rock?
- No...creo que todo ha mejorado mucho. Por ejemplo, hoy se hace más
difícil que ciertos personajes estén libres por la vida. La psicodelia,
ese lugar tan extremo, ha hecho de uno un tipo lejano de la confrontación
ideológica vigente. Pero aun así, esta pequeña aventura de Pinochet en
Inglaterra me sacó una lagrimita de un ojo. Me fue imposible sustraerme.
- ¿Cómo te cayó la opinión de Cerati sobre Finisterre?
- En ningún momento supe si era una crítica medianamente elogiosa o
no. A él le interesó el disco porque, supuestamente, es un camino
trillado medio por ellos, por U2. Sinceramente no encuentro mucho nexo en
esas cosas, porque sino el primero que se compra una máquina, es el que
tiene la patente de lo que se puede hacer. Con respecto a la lírica, yo
no tuve en ningún momento una pretensión como dice él de hacer
futurología.
- El dice que ahora están más cerca de lo que Soda sería hoy que de
Los Piojos y La Renga...
- Me interesa lo que hacen Los Piojos con toda esa mano del candombe.
Y no conozco la intimidad de La Renga, para pensar a priori que copian el
plan de los Redondos, aunque tampoco niego que sea así. Pero realmente no
me parece que musicalmente se parezcan en nada a nosotros. Además, de
movida, los Redondos no se parecen a los Redondos.
- ¿Y cuáles son los Redondos de hoy?
- Desgraciadamente parece que hemos cometido un atrevimiento. Y a mí
lo que me gustaría es que se atrevieran todos los demás. Cuando eso
suceda, dejaré de escuchar mi colección de 1700 cedés y estaré viendo a
quien salta por encima de los decorados del rock and roll.
- Vos decís que no hay futurología pero prima la idea de un universo
virtual y hasta cantás sobre un Dios digital...
- Son audiogames, son unos juegos, dramas musicales. Y lo hicimos en
la forma de un compact porque generalmente los chicos nuestros, la
mayoría, no tienen mucha parafernalia de CD-Roms. Está focalizado en esa
especie de frontera, que podría ser una Ciudad del Este (frontera
Iguazú-Paraguay) del futuro.
- ¿Estuviste ahí alguna vez?
- Sí, estuve más de una vez. La Blade Runner del subdesarrollo
tendría que pasar ahí.
- ¿Y ustedes, de qué lado de la frontera están?
- Somos unos tipos que pasan en un bondi mirando a los personajes del
gueto del futuro, no a los de la parte áurea, top. Estamos hablando de
los que están marginados. Por un lado los destellos de Cyberbabel, y por
otro, el castigo de Cybersiberia. Yo prefiero, a disgusto de mucha gente,
una situación medio distante de las cosas para verlas. No creo que tenga
que estar en una barricada para decir lo que tengo que decir
estéticamente.
¿Dónde está el piloto?
Se sabe: Solari detesta explicar letras. Pero la referencia a un tal
"Walter" en la canción que abre el album ("Walter invade
la tierra", canta) , lo compromete esta vez a aclarar que no se
trata de Bulacio, aquel fan asesinado por la policía hace 7 años, sino de
su baterista, Walter Sidotti (¡qué autorreferenciales!). Para más, el
disco cierra piropeando a una "Sole", que -a aclarar de nuevo-
no es la de Arequito ni la de Catamarca, sino su admirada Soledad Rosa,
la anarquista argentina que se suicidó en Italia. Tampoco es fácil,
lograr que don Solari hable de sí mismo. Pero hagamos la prueba tras un
paréntesis en donde el cantante compara a su banda con Boca ("Hace
una campaña con la delantera más goleadora, la defensa menos vencida, el
goleador del campeonato, todos los equipos quedaron allá lejos y parece
ser que no está bien, que no es un equipo bueno y le adjudican culpas a
los demás", ¿qué tal?).
-¿Qué diferencias hay entre Carlos Solari y El Indio?
- Muchas veces la imagen pública mejora tu intimidad. Este tanito (se
señala) no es El Indio al que, por suerte, se le exige que sea más
honesto y no que demuela hoteles o se fume el cigarro más grande. Cómo no
vas a ser un poco más elegante que los demás, que están sujetos al hecho
de andar mendigando que te salga una nota en tal lado. Yo prefiero no
tener una vida de exteriorización. No me gusta hacerme cargo de la
franela pública de miles de personas: no podés ir al cine, no podés ir al
restorán. A mí realmente me sofoca. ¡Y encima la pelada se ve de lejos!
- ¿Y que hacés?
- Generalmente, para poder tener un poco de ojo de libertad me tengo
que ir a otro lado. No podés ni ir a ver a los amigos que tocan en un pub
porque en tu mesa hay más quilombo que mirando el escenario y le terminás
cagando la noche. No me llevo nada bien con el asunto de la popularidad.
Está claro.
- ¿Y cuál es el límite de las salidas? ¿Vas al supermercado?
- No, no, no. Yo tengo...(duda) hay un montón de gente... Pero eso
desde toda la vida, digo. (N de R: Poly interviene para explicar que El
Indio nunca fue muy salidor). Es decir, el que trabaja en lo que le
gusta, trabaja full-time, no marca tarjeta. Estás tomando sol, en la
pileta, y se te ocurre algo y te vas hasta la casa, agarrás el papelito y
escribís. Gracias a Dios, es una esclavitud perversa que me gusta.
- En otras épocas, la noche alimentaba tu escritura. ¿Qué paso con
eso?
- A mí me gustaba la noche cuando había una bohemia totalmente
diferente. El mono y la resaca valen la pena si tuviste una noche
enamorada de la vida. Cuando simplemente fue un gasto para estar en el
candelero, me hace daño. Hoy prefiero levantarme a las 6 de la mañana,
ver los pájaros y meterme a componer.
- ¿Esa exposición que empuja al encierro es un precio que hubo que
pagar?
- No, no...(duda, le cuesta arrancar por primera vez en la
entrevista) es la cosa más grata que a mí me pasa. Acordate que uno se ha
forjado en una cultura que, por un montón de vicios y de actitudes de
vida, el anonimato y la clandestinidad eran siempre lo mejor. Entonces,
que de pronto, estés donde estés, siempre hay alguien mirándote, o
chiquitas que podrían ser tus hijas te dejan besitos, no es una cosa
cómoda.
- ¿Estás condenado a la soledad entonces?
- No, yo disfruto de mi soledad. Yo soy un tipo bastante lector,
estoy suscripto a más de un diario, más de una revista y un montón de
cosas, y veo que nos utilizan desde como epígrafes, para abajo de la
foto, para titular, todo el tiempo. O sea, los Redondos no funcionamos en
una especie de Tupperware del purgatorio. Eso es lo que nos diferencia de
La Cofradía de la Flor Solar (el grupo de rock-comunidad alternativa que
alumbró La Plata hacia 1968). Casualmente estos tres que ves acá (Skay,
Poli y él, claro) son aquellos que se hicieron cargo de la realidad,
donde el viaje de las experiencias no ordinarias podían tener cabida en
el exterior y funcionar. Así que yo le debo tanto a La Cofradía como a la
biblioteca de mi tía Irma o a mi profesor de judo de los 12 años. Bueno,
igual, éste es el último año de los Redondos.
-¿Cóoomo?
- No, era
una jodita para Patricio Rey. (Risas a granel)
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