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De chiquilín te miraba de afuera...
Por “Lacrimógeno”
Especial, con pase a tribuna
Hay mi canchita querida, cuándo yo te vuelva a ver.... Duelen estos pasos
congelados hasta las medias. Me imagino al Narigón declarando entre la
humedad del vestuario, el vestuario de los últimos años, porque el tiempo
-esa selva de la que nadie escapa- se llevó los recuerdos de aquél de abajo
de la local donde se defendía a capa y espada la rojiblanca.
Ya no sale más el Pincha por el túnel donde alguna vez rodearon a los
jugadores de Atlético Tucumán y “le dieron” para que aflojen y entendiesen
que esa vez no podían ni empatar. Chamuyan que
ahora viene el Estadio de la nueva generación, que acá no va más, que no
sueñe más con el farolito, que me olvide de este amor. Y uno se tendrá que
acostumbrar, como un día se acostumbró a no ver más a la abuela Matienza, o aquella bandera del Leoncito con la frase
de “Campeón torneo Sobernaría Nacional”. Ahora
todo parece borrado por un mouse, por la amarga
computación. Uno añora, uno siente, uno recuerda, mirá
pibe, ves esos hinchas de Central, ninguno debe saber por qué su técnico
salió como un león del banco para correr a un fotógrafo robusto y de “mostacholes”, el fotógrafo del HOY; el Gordo y
Miguelito, enfermos de un complot ganador en los ochenta... cuando salía el
equipo, uno sacaba la foto y al toque el “6” iba y le palmeaba la “zapan”
al otro. Ayer, cuando el místico reportero le apuntó de foco y alma al DT visitante, éste se acordó de la vieja y eterna
cábala y lo entró a correr... “Minga me vas a tocar” reía como un niño
Carlos Cermele, que le bajaba el pulgar y
retrocedía, parecía una plaza de toros el sector de los bancos.
Se hacen angustiosos estos años “dos mil”. Gracias a Bilardo uno va el
domingo a la cancha y vive un poco la vida. Porque insisto, podrá avanzar
la tecnología, pero a la camiseta Topper nunca
podrán copiarla los ingenieros pisoteadores de
recuerdos. Ni van a entender que ir llegando por la 60 y divisar a la
multitud detrás del humo de los chori, saltar el
mismo cordón que saltaste de la mano del viejo, es lo máximo. Ningún
estadio supermillonario lo podrá reemplazar. No
te cambio torre gigante por ombú, ni piletón despintao’ por pista atlética, me resisto atado a la
mesita de la intendencia, me bancaría el tufo del
baño un día entero, pero ni con esas grúas con que montaron el circo de la
32 me van a sacar de los domingos en esta casita de mi querer.
Bilardo y Miguel empataron 0 a 0. El Gordo Carlos Cermele
(que ama este lugar como si lo hubiesen parido ahí mismo) sacó muchas fotos
pero no pudo “revelar” (perdón, “escanear”)
ningún festejo. En la zona de cabinas mi amigo Fede
Bulos dejó pegadas las formaciones, como dijo por lógica suposición “es la
última transmisión acá”. Pasan dos pibes, Panchito
y Lautaro, investigan con ojos adolescentes el
lugar por donde pasaron Ardizzone, Panzeri, Muñoz, flashan con
los pupitres de la prensa escrita, espían el vip
de los visitantes... son dos pibitos que, como
muchos adultos de hoy, quisieran contarle a los hijos de mañana algo que,
de tablón o de hormigón, quizás no veremos más... ¿que inventarán, un
anfiteatro? Los chicos pasearon, disfrutaron, pisaron curiosos aunque ya
doña Marta (la simpática de relaciones públicas) había retirado las masas
finas y las copitas de champán. Perdieron, “pebetes”.
Por suerte no hubo quilombo en la tarde fría y
soleada de la casi despedida... no hicieron caso al “donde se matan hoy el
Pincha y los Canallas” que cantan Los Redonditos
de Ricota. Al respecto, aprobada “la voz del estadio” poniendo unos acordes
de Skay (eso es honrrar
la ciudad!) el guitarrista ricotero
oriundo de Villa Lenci y Pincharrata.
Melancolía final. Silencio de estadio vacío, con duendes y fantasmas.
Camino por la uno... estación, el pito que resuena en el tinglado
entristece mucho más... Tolosa, por una ventana
creo escuchar al pasar que perdió Ginasia, já, de Santa Fe arrastraron la inundación los triperos.
Adentro mío suena una canción, una que Baglietto
interpreta lindo, un temón bien para el anochecer
de domingo cuando llegás al bar del barrio
después de ver un partido desabrido... cantá Baglietto, cantame un poco
más... “aburridos jugadores con los naipes marcados siempre en el siete, la
radio que habla sola y que transmite el empate de Ferro y de Platense...
cero a cero”. Bueno, 0 a 0 de Estudiantes y de Central, se’gual.
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