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| Creo en el Cielo y en la Tierra, en lo visible y tambi�n en lo invisible, y creo que aquello que nombramos el Enigma es tan v�lido como lo sabido, y que da origen a �ste. Creo que la mayor experiencia se encuentra en lo desconocido, y que la verdad se debe descubrir a partir del mundo donde vivimos. Creo que aunque me llamen oscuro o rom�ntico, extra�o o irreal, fantasioso o impr�ctico, �sas son palabras de aquellos que se temen a s� mismos, y que temen al enigma de su propio ser. Creo en mi alegr�a y en mi tristeza, en mis deseos de ascender y de sucumbir, creo en mi risa y en mi llanto, en mi serenidad y en mi desesperaci�n, pues creo en mi esp�ritu como algo que no est� limitado por el tiempo, ni por las costumbres. Creo que en mi soledad soy �nico, y que pertenezco, como aquellos que se saben �nicos tambi�n, a una est�tica con aspiraciones de infinito. Creo en la noche y en su misterio, creo en los paisajes de otros mundos que ellos sugieren, creo que son la revelaci�n de una verdad superior a este mundo, y que lo toca para transformarlo. Creo en el viento y en la nada, en la desolaci�n y en el ocaso, pues creo que llevan las verdades que en otras horas se nos presentan en forma de intuiciones y de recuerdos inaprensibles, y que Ello nos llama al sentir nuestra presencia, y nos gu�a para llegar a �l. Creo en los poetas y en los mundos que descubren, creo en los m�sicos y en los mundos que describen, y en todos los artistas y en sus disc�pulos que viven sin vanidad, y que la obra es m�s importante que el individuo, pues pensar de otra manera es venerar al polvo. Creo que esos mundos que describen existen en alg�n lugar, y que todos los sue�os ocurren en una dimensi�n donde las almas comulgan. Creo en lo hermoso y en lo terror�fico, en la vida y en la muerte, en lo que florece y en lo que se corrompe, y creo que todo ello, finalmente, conforma la Belleza. Creo que soy Vac�o y que ese Vac�o es el espejo del Todo, y que llegar� un d�a cuando todos nos reuniremos en una Noche de perfecci�n y de magia en que se abrir�n las puertas del Misterio, para lavarnos el rostro con la sangre vivificadora de nuestras l�grimas, y que m�s que nunca, en el horizonte que nos atrevimos a conocer, ser� claro que nuestra locura ten�a la raz�n. |
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