EL ALBATROS      

Por divertirse, a veces, suelen los marineros
cazar albatros, grandes p�jaros de los mares,
que siguen, de su viaje languidos compa�eros,
al barco en los acerbos abismos de los mares.

Pero sobre las tablas apenas lo arrojan,
esos reyes del cielo torpes y avergonzados,
sus grandes alas blancas miseramente aflojan,
y dejan caer cual remos a sus costados.

!que zurdo es y que debil ese viajero alado!
�l, antes tan hermoso !Que comico en el suelo!
con una pipa uno el pico le ha quemado,
remeda otro, renqueando ,del inv�lido el vuelo!

El poeta es como ese pr�ncipe del nublado
que puede huir las flechas y el rayo frecuentar
en el suelo entre ataques y mofas desterrados
sus alas de gigante le impiden caminar

 

LA FUENTE DE SANGRE

Creo sentir, a veces que mi sangre en torrente
se me escapa en sollozos lo mismo que una fuente.
Oigo perfectamente su queja dolorida,
pero me palpo en vano para encontrar la herida.

Corre como si fuera regando un descampado,
y en curiosos islotes convierte el empedrado,
apagando la sed que hay en toda criatura
y ti�iendo doquiera de rojo la Natura.

A menudo tambi�n del vino he demandado
que aplaque por un d�a mi terror. �Pero el vino
torna el mirar m�s claro y el oido m�s fino.

Tampoco en el amor el olvido he encontrado :
ha sido para m� un lecho de alfileres,
hecho para saciar la sed de las mujeres


HIMNO A LA BELLEZA

Bajas del hondo cielo o emerges del abismo,
belleza? tu mirada infernal y divina
confusamente vierte crimen y beneficio,
por lo que se podr�a al vino compararte.

Albergas en tus ojos al poniente y a la aurora,
cual tarde huracanada exhalas tu perfume;
son un filtro tus besos y un �nfora tu boca
que hacen cobarde al h�roe y al ni�o valeroso.

Del negro avismo emerges o bajas de los astros?
Como un perro, el destino sigue ciego tu falda,
al azar vas sembrando el luto y la alegr�a
y todo lo gobiernas sin responder de nada.

Caminas sobre muertos, Belleza y de ellos ries;
el horror, de tus joyas no es la menos hermosa
y el crimen, entre todas tus costosas preseas
danza armoniosamente sobre el vientre triunfal.

La aturdida falena vuela hasta ti, candela,
crepita, estalla y grita: Bendigamos la llama!
El amante, jadeando sobre su bella amada
semeja un moribundo que su tumba acaricia.

Que tu llegues del cielo o el infierno, que importa?
Belleza, inmenso monstruo, pavoroso e ingenuo,
si tu mirar, tu risa, tu pie, me abren las puertas
de un infinito que amo y nunca conoc�.

Sat�nica o divina, que importa? Angel, Sirena,
que importa? Si t� vuelves - hada de ojos de raso,
resplandor, ritmo, aroma, oh mi se�ora �nica!
menos odioso el mundo, mas ligero el instante.

A UNA MENDIGA PELIRROJA
 

Pelirroja y blanca ni�a
cuya haraposa basqui�a
permite ver tu pobreza
y tu belleza.

Para m�, poeta astroso,
tu cuerpo todo pecoso,
tu joven cuerpo enfermizo,
tiene su hechizo.

Llevas con m�s gallard�a
que reina de fantas�a
sus conturnos y sus fastos,
tus zuecos bastos.

Que en vez de un harapo escaso
soberbio traje de raso
pliegues arrastre de prez
hasta tus pies;

que en vez de las medias rotas,
a las miradas devtas
en tu pierna �ureo pu�al
brille fatal;

que nudos mal ajustados
muestren a nuestros pecados
tus bellos senos, radiosos
como dos ojos;

y que para desnudarte
haya antes que suplicarte,
y con los brazos rechaces
dedos audaces,

perlas de brillos diversos,
de Maes Bellau versos,
por tus galanes rendidos
a ti ofrecidos,

y chusma de rimadores
brind�dote sus primores,
atisbar tu pie quisiera
en la escalera.

M�s de un paje ebr�o de amor
m�s de un Ronsard y un se�or,
para gozar espiar�a,
tu bizarr�a.

En tus galantes salones
besos habr�a y blasones�,
y m�s de un Valoy a tu ley
ser�a grey!

-Sin embargo vas husmeando,
las basuras rebuscanso,
de alg�n Vefour a la entrada,
de encrucijada;

vas codiciando al pasar
alhajitas de bazar,
de que no puedo oh, perd�n,
hacerte d�n.

Ve, pues , sin otro ornamento,
diamante, perlas, unguento,
que tu magra donosura!
!Oh mi hermosura!

 

EL VAMPIRO

T�, que en mi coraz�n dolido
entras como una cuchillada
t�, que fuerte como un reba�o
de demonios, loca y ornada,

de mi alma humillada vienes
a hacer tu lecho y tu dominio,
infame a quien estoy ligado
como el galeote a sus grillos,

como a su juego el jugador,
como el borracho a la botella,
como el gusano a la carro�a,
!oh, maldita, maldita seas!

Encargu� a la veloz espada
de mi libertad la conquista,
y le he dicho al veneno p�rfido
que socorra mi cobard�a.

Ay, que la espada y el veneno
desde�osos me han respondido:
"De que te hacen de esa maldita
esclavitud,t� no eres digno.

!Imb�cil! Si nuestros esfuerzos
te libraran de su dominio,
tus besos resucitar�an
el cad�ver de su vampiro.


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