Pr�logo


"AVISO IMPORTANTE: El siguiente poemario no es apto para menores de alma. Se recomienda la supervisi�n de una Musa."

Las p�ginas se deslizan lentamente por entre mis agotados dedos; agotados no por vetustos, si no por muy frecuentemente ejercitados...

Escribir. �C�mo escribir cuando las palabras se atoran en la memoria; cuando las im�genes quisieran seguir desbocado rumbo, y apremia la obligaci�n de concluir una tarea! La tarea es inescapable, y as� mismo la angustia...

Sobre p�ginas humedecidas por el salitre de una playa rec�ndita, yazco solitaria; el coraz�n trenzado, la mirada endurecida. Escasos a�os llevo presenciando los fen�menos, pero �stos ya han esculpido hier�ticos surcos en mi alma.

Todo comenz� con la Bestia. La conoc� en la �urea jaula de mi primavera. La mano alzada contra la piel inocente era la misma mano que brindaba alimento. El guardi�n sarc�stico era el mismo Morfeo que acercaba perfumes de anhelos a mi tierna imaginaci�n. La Bestia entr� desapercibida, camuflageada en las sombras y los dise�os del tapiz de las paredes. Lleg� presagiada por desaf�os y desconsolaciones de artistas expertos en volcar desenfrenadamente los terrores del hombre. Desfil� acompa�ada de comerciales televisivos y avisos impuestos por ejecutivos concernidos.

Nada pod�a deterner a la Bestia. Al filo de la medianoche mi pecho albergaba el fat�dico engendro. La fr�gil l�nea divisoria entre vida y pesadilla hab�ase difuminado sobre espejos quebrados de l�grimas sollozadas por orgullo. Hab�a sido herida de muerte, muerte lenta y dolorosa; proceso catalizado por un veneno inmortal.

Cabalgu� bajo el monumental peso combinado de mi propio cuerpo y el de la Bestia hasta que me top� con la carretera. La carretera. Para seres que albergan Bestias en su seno, s�lo resta la ordal�a de la carretera.

Pr�logo a los "Poemas de la carretera"
de Cindy Aixmar Salgado

 


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