Por la carretera anaconda
Surcan las alas victoriosas de la tiniebla
el amoroso abrazo del terror alienta
la excusa del tiempo se desvanece
la esencia de la vida prevalece.
Da comienzo el turbulento recorrido
por la espalda de una sauria carretera.
Expelidos del cascar�n al salvaje camino
con manos armadas y almas sedientas.
Desp�dese el monte con nem�sica nostalgia
empuja nuestros cuerpos afuera de la jaula.
Acunados por nanas que riman con escamas
aprendemos del miedo y lactamos de la ma�a.
El misterio rasga su m�tica guitarra.
Inspiraci�n, guerrera de aguda cimitarra
quiebra la cadena que ata nuestros pies;
tercos jerogl�ficos fluyen otra vez.
Haber morado en las fraguas de lo eterno
ante el vest�bulo gen�sico de la tierra.
Natura nos ha alumbrado; dormidos en su puerta
intu�amos el designio siendo a�n presas del sue�o.
Anaconda, anaconda
mantra imperioso
en la carretera de la vida
cuajada de valles vertiginosos.
Observamos el acu�til reflejo
cuanto m�s nos acosa el recuerdo
no es el comienzo del final
si no el final del comienzo.
Natura, Natura, Natura, Natura
nunca se entrega, nunca se deja domar
no perdona del falso la vanagloria
de querer gobernar su furia inmortal.
No hay pasado ni futuro, tan s�lo presente
no hay dios ni demonio ni abismo ni el�seo celeste
lo real, desnudo o virtual, es Natura jugando ajedrez
sus fichas nosotros; las nuestras las suyas.
No somos tales aut�matas los seres humanos
somos de sangre guerreros, poetas, hermanos.
Patr�n diverso fundido en un �nico destino
reptil pentagrama, armonioso caos divino.
Elegidos de entre los hijos de los elementos
para plasmar la realidad del sentimiento
de perdernos al querer hallarnos
y hallarnos al no buscar hacerlo.
Vivimos la vida, prevalecemos en armon�a
si resbalamos en arenas movedizas
resurgimos brav�os de las cenizas
imbatibles Natura nos forj�.
Organismos llamados al portento
exploradores del rept�lico sendero
ojos que descubren lo que siempre supo el Sol
sintiendo, respirando, latiendo, viviendo.
Brinco, salto, el poder est� en el canto
anaconda encarnaci�n de nuestra alma
conton�anse en selv�ticos ritmos las escamas
la verdad grabada en ellas con la punta de una espada.
�Vive la jungla, vive la vida!
�Vive quien no mira atr�s!
Nuestros pies corriendo la carretera anaconda
�la energ�a fluyendo por su escamosa forma!
Anaconda, anaconda, piel polar
�spera y laber�ntica polvareda
anacondas somos todos, parte ya
de la viviente, agreste y humana carretera.
Rayo derramado sobre su cuero
antorcha que ilumina con m�stico reflejo
extasiados marchamos bocabajo
la anac�ndica pupila nuestro espejo.
Bestia, monstruo: orgullo de lo humano
ata�des de cemento, anac�ndicas escamas
en rumba boricua de sones reptilianos
la jungla despidiendo, enviando, azuzando a sus heraldos.
Gotas de esencia: bardos en botella
lanzada al vaiv�n de la ofidia carretera
vetustos anillos relatan la humana historia
�catarata inspirativa en la anac�ndica refriega!
Por la carretera anaconda, culebreantes
trotamos, borrachos de �nimo danzante
embriagados con dulce veneno: prof�tica locura
salpicando de bichos rodantes la serpiente ruta.
Vivimos transitando el camino
devoramos vamp�ricos suspiros.
Vibramos al comp�s del sinuoso ritmo
al que nacimos poetas, �anac�ndico designio!
Seres obsecados con el enigma de perpetuarse
en la sierpe autopista, contorsion�ndose.
Egregio �xtasis, diversiones inenarrables...
�los poetas s� que somos raza de salvajes!
Somos vagabundos incansables
en la carretera anaconda del universo
nuestro hi�nido humor es el destello
de una luna de po�tico reciclaje.
Perenne antorcha adherida a nuestras venas
somos sideral simiente, la nueva raza fiera
de la humana jungla: su libre alma cerrera:
he aqu� nuestra misi�n en la anac�ndica carretera.
Por la carretera anaconda
de Cindy Aixmar Salgado
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