Febrero de 2006
LAS COSAS SE HAN SUBVERTIDO
Cuando yo era chico y joven, a la policía la mirábamos con respeto porque era la que nos cuidaba y protegía de los delincuentes, y jamás le tuvimos miedo. Por el contrario, acudíamos a ella cuando nos sentíamos en peligro y los qué sí le tenían miedo eran los “chorros”, asesinos y delincuentes en general. Y a mí me parecía muy bien y lógico que así fuera.
Desde hace unos años, sin embargo, veo con preocupación que a estos servidores públicos les han cambiado las reglas de juego pues si los convocan para imponer el orden, deben ir “desprovistos de armas de fuego”, sólo con gases y balas de goma, exponiéndolos a enfrentarse con encapuchados, armados con palos, hierros… ¿y, por qué no, armas?. Sirva como ejemplo lo sucedido últimamente en Santa Cruz donde, para defender la comisaría, el jefe ordenó a su personal “entregar sus armas reglamentarias, recurriendo a gases y balas de goma”. Resultado: los llenaron de balas, matando a un oficial e hiriendo a varios más, taladrando a balazos la comisaría.
Yo me pregunto: ¿pasará en algún otro país del mundo civilizado algo así? Y razono: esto es como ordenarles a los bomberos que vayan a apagar un incendio desprovistos de mangueras, y me imagino la escena de una multitud que va a prenderle fuego al cuartel, y al jefe ordenando a sus bomberos “entregar las mangueras reglamentarias, recurriendo a baldes y pomos del último corso”. Si no fuera tan serio lo que nos está sucediendo, esta comparación resultaría jocosa.
Bueno, así son las cosas y yo creo que están “patas para arriba”, o sea, “subvertidas” y trato de encontrar una explicación. ¿Será así porque poner orden implica “reprimir” y este verbo puede sensibilizar a nuestros gobernantes, enemigos de la palabra “represor” y, por el contrario, adoradores del “garantismo” que parece estar en el catecismo de los progresistas? Si la cosa pasa por ahí, tengo que deducir que estamos “subvertidos” y, por lo tanto, en manos de “SUBVERSIVOS”.-