Bombas y bombitas
[Mex Urtizberea]
[Diario LA NACIÓN, 10/02/06]
Ha estallado el carnaval y como sucede en esta época, está latente en todas partes y en cualquier momento la amenaza de recibir, de improviso, una bombita.
Depende del barrio o de la zona y según las costumbres de sus habitantes, las bombitas difieren ligeramente unas de otras: pueden ser sólo de agua, en ciertos casos, o llevar un poquito de arena (si es que la maldad se ha apoderado de quien las confecciona, pues éstas, además de mojar, pican) o bien ser de uranio o plutonio o, eventualmente, de neutrones o de hidrógeno. Por supuesto que pueden ser radiológicas o molotov o de fusión nuclear, así como de fisión nuclear, incluso de fisión-fusión-fisión, o atómicas, a secas.
También según el barrio, la zona o las costumbres (el color local es lo fundamental en el carnaval) hay vecinos que responden a las bombitas tirando otras bombitas. En algunos casos resulta más entretenido servirse de pistolas de agua o, en lugar de agua, otro proyectil. Y hay quienes se defienden tirando papel picado pues es todo lo que tienen para arrojar.
De modo que en estos días carnavalescos que corren, las diversas culturas se han abocado a la producción de su cotillón: en los Estados Unidos se ha comenzado a construir la bombita más grande de la historia (catorce metros de altura y trece mil kilogramos, advirtieron). El gobierno de Irán ha hecho saber que ya tiene todo dispuesto para fabricar bombas atómicas. El régimen de Corea del Norte avisó, el carnaval pasado, que tiene una terminada y en las inmediaciones de la embajada danesa de varias zonas ya se ha procedido a arrojar bombitas incendiarias.
Además de la guerra de bombitas, lo típico de estas fechas es impresionar con grandes despliegues de carrozas y comparsas, que alguien diga que es carnaval y que automáticamente todos aprieten el pomo, hacer sonar más fuerte que nadie las matracas y cornetas, encandilar con los brillos y lentejuelas e impactar con coreografías sofisticadas para conseguir dejar sin aliento a los que miran expectantes.
Y, por supuesto, la gran satisfacción en todo corso, el destino final de cada paso y movimiento, es ver cómo se impone entre los otros el propio rey Momo.
Claro que no sólo de bombas y bombitas vive el hombre en este carnaval. Naturalmente, también de máscaras.
Sigue en vigencia la de Ben Laden, la del Pato Donald, la de El Llanero Solitario, y demás enmascarados, así como han caído en desuso otras como las de Gandhi y John Lennon, mientras que en algunos barrios se han convertido en un boom absoluto la máscara antigás, que los vecinos tienen siempre a mano por si se arma el baile.
Aparentemente, todo el año es carnaval en este mundo en el que vemos desfilar hombres-bomba, coches-bomba y luego autobombas, y recibimos noticias-bomba sobre construcciones de bombas justo cuando lo estábamos pasando bomba mirando a nuestros hijos jugar al carnaval en paz.-