La Iglesia es el medio
particular de las Energías increadas que el Espíritu Santo comunica al mundo:
la Iglesia es la revelación incorporada y activa de Dios en la humanidad de los
que la aceptan por la fe. Es como la extensión de la Encarnación. Es el Cuerpo místico del Cristo en el cual
Es en la Iglesia, bajo
la forma de la Iglesia, que
Por el Espíritu Santo
que habita en el Cristo y en la Iglesia, el Señor continúa ejerciendo su
potencia en la Iglesia, no sólo por palabras, sino por acciones directas, en
particular, ejerce su potencia por los Sacramentos, las Liturgias y su
respuesta fiel a las plegarias de
La Iglesia mantiene su
lazo con el Cristo por la fe que se manifiesta en la plegaria: plegaria para la
curación de las enfermedades, para la protección contra los enemigos, para el
éxito de todo lo que es bueno, para la iluminación del espíritu, para una vida
sin pecado, para la salvación.
Los fieles vienen a la
Iglesia para invocar, por sus oraciones y por" las oraciones del
presbítero, la ayuda de Dios en todas sus necesidades. Invitan al presbítero a
su casa para que ruegue por ellos. [...] En la oración, el alma pierde su
rigidez, se hace sensible, receptiva, abierta a la energía de Dios.
La Iglesia es el lugar y
la forma de la potencia de Dios que perpetuamente actúa entre los hombres y en
ellos porque es el lugar de la oración. La oración
solicita la acción de Dios y Dios actúa gracias a la oración.
La Iglesia es el lugar
del encuentro sensible entre nuestra oración y la potencia de Dios. EI sentido
de la oración en
Tanto la oración por la
cual se pide la acción de Dios como la respuesta divina son obra del Espíritu.
La Iglesia constituye el campo de operaciones del Espíritu, el lugar donde se
realiza la salvación.
Hay que recordar que la
oración de los creyentes en sus casas y en cualquier lugar son también
oraciones en la Iglesia, porque la Iglesia está allí donde se encuentra uno de
sus miembros.
La oración implica una salvación
que se realiza en sinergia. La Iglesia aparece así como la comunidad orante de
los que saben que por la oración reciben la potencia transformadora y salvadora
del Cristo, de los que se hicieron sensibles a esta potencia y son capaces de
experimentarla.
La oración es la
teología más completa, la teología conducida a su fin. La oración no es una
especulación sobre Dios o sobre la fe, es la experiencia de Dios en la
manifestación de su energía, que responde a la oración y acrecienta en el
hombre la sed de orar: se hace la experiencia de la acción salvadora de Dios.
“Si
eres teólogo, oras en verdad, y si oras en verdad, eres teólogo”. (Evágrio eI Póntico, s. IV)
El Espíritu despierta en
los fieles un sentimiento de responsabilidad ante Dios para la salvación de sus
hermanos... Toda oración de la Iglesia y sus miembros es una epiclesis que pide
y recibe el Espíritu Santo como potencia de Dios:
Rey del
Cielo, Consolador, Espíritu de Verdad. Tú que estás presente en todas partes y
que llenas todo; Tesoro de bien y Donador de Vida, ven y habita en nosotros.
Purifícanos de toda mancha y salva nuestras almas, Tú que eres bondad.
Y el Espíritu otorga una
de sus energías increadas. Esto, porque esta invocación se realiza en el único
Cuerpo del Cristo y pide la potencia del Espíritu del Cristo; y este Espíritu,
animando el cuerpo místico, distribuye a cada uno el don que le es necesario
para sí, para el fortalecimiento de la comunidad eclesial, para el
enriquecimiento del cuerpo místico del Cristo. EI Espíritu introduce en la
profundidad del hombre la energía divina que nos unifica en el Hijo y nos hace
participar de la relación del Hijo con el Padre. EI Espíritu que recibimos con
el Cuerpo y
Mons. Dom ++ Paulo
Jorge de Laureano – Vieira y Saragoça
(Mar Alexander I
da Hispânea)