EL BAUTISMO Y EL ESPIRITU SANTO

El Bautismo y el Espíritu Santo

El elemento central y fundamental del bautismo es el Espíritu Santo, quien a partir de ese momento empieza a vivir en nosotros como en un templo. Su acción es trascendente y transformante, pues nos convierte de creaturas en Hijos de Dios, nos perdona todos los pecados, nos hace hermanos de todos los bautizados (por la filiación divina, no solo por la naturaleza humana), y nos introduce en la Iglesia. A partir de ese momento la vida divina comienza a correr por nosotros de la misma manera que la sabia corre por la vid, pues por el bautismo hemos sido injertados en Cristo. Somos desde ese momento CREATURAS NUEVAS renacidas del agua y del Espíritu. «Mediante el Bautismo, primer sacramento de la fe, la Vida, que tiene su fuente en el Padre y se nos ofrece por el Hijo, se nos comunica íntima y personalmente por el Espíritu Santo en la Iglesia: "El Bautismo nos da la gracia del nuevo nacimiento en Dios Padre por medio de su Hijo en el Espíritu Santo. Porque los que son portadores del Espíritu de Dios son conducidos al Verbo, es decir al Hijo; pero el Hijo los presenta al Padre, y el Padre les concede la incorruptibilidad. Por tanto, sin el Espíritu no es posible ver al Hijo de Dios, y, sin el Hijo, nadie puede acercarse al Padre porque el conocimiento del Padre es el Hijo, y el conocimiento del Hijo de Dios se logra por el Espíritu Santo". San Irinéo» CIC 683 ver también CIC 1213 (#6 – Continuará…).

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