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Presente y futuro del
comercio electrónico |
Por Miguel Ángel
Sarasa López
Hasta no hace demasiado tiempo la interacción social a
nivel comercial se efectuaba cara a cara, por teléfono o bien por correo
postal. Sin embargo, gracias a las innovaciones técnicas acontecidas en los
últimos años, se ha producido el nacimiento de un nuevo tipo de comercio, el
denominado comercio electrónico.
El comercio
electrónico es un servicio de la tecnología que permite la realización de
operaciones de negocios y la compraventa de bienes y servicios mediante la
utilización de sistemas electrónicos, como por ejemplo los ordenadores
personales, hoy ya tan habituales en muchos hogares. En definitiva, este nuevo
mercado electrónico nos permite tener en nuestro domicilio una gran galería
comercial por la que podemos pasear de forma fácil y rápida con el ratón de
nuestro ordenador, y todo ello sin movernos de casa.
El comercio
electrónico no es algo totalmente nuevo, si se tiene en cuenta que desde hace
ya más de una década existe un protocolo denominado EDI (Electronic
Data Interchange) para el intercambio electrónico de
documentos. Existen muchas otras variantes de comercio electrónico, como por
ejemplo el denominado home-banking,
que permite al usuario realizar operaciones en sus cuentas bancarias igualmente
desde su ordenador personal.
Todo lo anterior se
hace posible gracias a la existencia de grandes redes digitales de comunicación
a nivel mundial, que facilitan las transacciones entre las partes implicadas.
Entre ellas merece especial mención la red Internet, la cual da cobertura a
millones de usuarios: personas, negocios, empresas, revistas y todo tipo de
sociedades.
Las ventajas del
comercio electrónico son evidentes. El comprador puede ver de manera rápida
todo el escaparate electrónico y no tiene que ir tienda por tienda en busca del
producto deseado. Se optimiza también el tiempo de atención al cliente, que no
tiene que esperar largas colas para ser atendido. Por su parte, el vendedor
también se beneficia, puesto que puede ofertar sus productos sin necesidad de
mostrarlos físicamente al comprador. Otras ventajas del comercio electrónico
son las siguientes:
1) Reduce los
retrasos gracias a la velocidad de transmisión
2) Disminuye el
ciclo de producción, creando mercados más competitivos
3) Hace posible la
igualdad de trato a los clientes independientemente de sus características
individuales: nacionalidad, lugar de residencia, etc.
4) Amplía de forma considerable
el mercado potencial de las empresas
5) Faculta a las
pequeñas y medianas empresas el acceso a mercados que de otra manera tendrían
vetados por su elevado coste
Pese a todo, también
es cierto que este tipo de comercio presenta sus inconvenientes, algunos de
ellos potencialmente peligrosos y todavía por solucionar. Entre ellos, el más
importante es la falta de seguridad en los procesos de compraventa. En el caso
del comercio tradicional, como se ha indicado anteriormente, las mayoría de transacciones se efectúan cara a cara, por
teléfono o por correo. Todas estas actividades pueden considerarse
intrínsecamente seguras. Sin embargo, en el caso del comercio electrónico, la
interacción entre comprador y vendedor se realiza a través de una red abierta
(Internet), que no puede considerarse un canal de comunicación seguro a menos
que se adopten ciertas medidas de protección.
El estudio y
desarrollo de estas medidas de protección es precisamente uno de los objetivos
fundamentales de la criptografía. Ésta proporciona al comercio electrónico las
herramientas necesarias para garantizar, dado el caso, el carácter secreto de
la información intercambiada (confidencialidad), así como la no manipulación de
la misma entre el origen y el destino (integridad).
Sin embargo, el
problema de la identificación de las partes (autenticación) todavía no está del
todo resuelto. A este respecto, conviene señalar que una de las situaciones más
preocupantes actualmente es la publicación de los datos personales y
confidenciales del comprador (como por ejemplo el número de su tarjeta de
crédito) en un medio totalmente abierto como es Internet. Otro tema pendiente
de resolver es el de cómo obtener los resguardos que permitan realizar
posteriores reclamaciones tanto al comprador como al vendedor en el caso de que
alguno de ellos se sienta perjudicado por el otro una vez concluida la
transacción.
Hoy día existen
diferentes protocolos como el SET (Secure Electronic Transaction) o el SSL
(Secure Sockets Layer) que se ocupan de que este tipo de transacciones a
través de redes informáticas sean lo más seguras posibles. Sin embargo, ninguno
de ellos ofrece todavía una seguridad completa, ya que únicamente son capaces
de solucionar de forma parcial los problemas antes apuntados, con lo que tanto
el comprador como el vendedor pueden todavía engañar. Así, por ejemplo, puede
darse la situación de que el comprador pague un producto y posteriormente no lo
reciba, o bien que el vendedor entregue un producto y posteriormente no pueda
cobrarlo. Además, lo que es más peligroso, sin que ninguno pueda demostrar que
ha sido engañado por el otro.
Después de todo lo
dicho, es indudable que uno de los factores que ha contribuido en mayor medida
al éxito y desarrollo del mundo empresarial en los últimos años ha sido la
implantación del comercio electrónico. Esto hace pensar que su protagonismo en
el futuro será incluso mayor que el que tiene hoy en día. Es igualmente cierto
que la evolución futura de este tipo de comercio dependerá de forma directa de
la capacidad de garantizar su seguridad mediante la criptografía, pero tampoco
es conveniente que la psicosis de inseguridad electrónica nos lleve a frenar el
despegue de este comercio en Internet. En definitiva, sería conveniente que
empezásemos a considerar el problema del comercio electrónico no tanto como un
problema de inseguridad sino más bien de confianza.
Publicado en el Boletín del Criptonomicón
#25.
Miguel Ángel
Sarasa López es un criptólogo de