Leyenda de la Cueva de Salamanca


"Las tradiciones salmantinas guardan en su fatigada memoria [...] la leyenda de la Cueva de Salamanca, como lugar de un viejo culto nigromántico, relacionado con la presencia del Demonio en un punto del subsuelo geológico de la ciudad, donde impartía a la luz de una arruinada vela incombustible clases de adivinación y otras artes diabólicas, durante siete años, a siete estudiantes, de los que uno, como pago obligado por las lecciones dictadas, se quedaba en poder del Maligno".

La cueva de Salamanca, Luciano G. Egido


Escaleras de acceso a la cueva.

Entre las citas literarias de Salamanca, la de mayor fortuna es la de su famosa Cueva, referencia obligada del esoterismo español y frecuente presencia en las antologías de la literatura del barroco. Su inclusión en el texto emblemático de la demonología hispánica, el tratado De disquisitionum magicarum de Martín del Río, de 1600, le confiere un aura privilegiada en el cultivo de las ciencias ocultas, lo mismo que su utilización por Cervantes en su entremés La Cueva de Salamanca, la ennoblece literariamente y le da rango de categoría universal. Los viajeros que visitaban la ciudad nunca dejaban de citarla entre curiosidades turísticas y su fama llego hasta un poema de Walter Scott.
La situación de la cueva, en la cuesta de Carvajal, y su cristianización con el templo levantado sobre ella y la dedicación a San Cipriano, el santo de la magia, hacen creíble la hipótesis de que allí hubiera un lugar de culto primitivo, de adoradores del sol, que se trasformara posteriormente en un refugio de creencias marginales y heterodoxias religiosas. De la creencia popular, originada ene la baja edad media, a la sombre de la ya afamada Universidad de Salamanca, se desprenden dos elementos reales: la propia cueva y la figura del inquilino del Diablo que osó engañarle y huir de su prisión, el marqués don Enrique de Villena.
 

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