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HUNDAN AL PORTAAVIONES
Nota extraida del boletín
del Centro Naval número 817
Autor: Alejandro j. Amendolara
(Primera parte)
A fines de abril de 1982, mientras
los submarinos nucleares británicos tomaban posición en el Atlántico
Sur, se produjo un intenso debate sobre los medios para neutralizar la principal
amenaza argentina: el portaaviones �ARA 25 de Mayo�. El submarino HMS Splendid
estaba en condiciones de lograrlo. Pero la Regla de Enfrentamiento 206 se lo
impedía.
30 de diciembre de 1943. Los operarios del astillero inglés Cammell Laird & Co. festejaban la botadura del portaaviones HMS Venerable para la Royal Navy. Llegaría a principios de 1945 para contribuir al esfuerzo bélico aliado en los tramos finales de la Segunda Guerra Mundial. Difícilmente se hubiera podido imaginar entonces que casi cuarenta años después, ese mismo buque sería frenéticamente buscado por los periscopios de los submarinos de la propia Royal Navy para enviarlo al fondo del océano.
Durante el conflicto de Malvinas en 1982, la amenaza más importante a las intenciones británicasde recuperar las islas la constituía el portaaviones ARA 25 de Mayo - incorporado a la Armada Argentina en 1969, si bien para entonces el buque había sufrido el paso del tiempo y dificultades en su mantenimiento. Su componente aéreo, cazabombarderos Skyhawk, aviones antisubmarinos Tracker y helicópteros, enfrentaba serios problemas en su operatividad originados en el embargo de armas dispuesto por los EE.UU. pocos años antes. El desafío para los servicios de inteligencia británicos era determinar si los aviones Super Etendard, con sus mortíferos misiles Exocet, estaban operativos y si podrían utilizar el ARA 25 de Mayo para operar en alta mar.
Luego de varios informes contradictorios, el Comité Conjunto de Inteligencia británico había llegado a una conclusión para el 19 de abril: los Super Etendard no podrían ser utilizados desde el portaaviones sino que se emplearían desde las bases terrestres. Con ello, la amenaza parecía reducirse. Pero aún quedaban sus aviones cazabombarderos Skyhawk A-4, con un radio de acción máximo de 500 millas náuticas, suficiente para preocupar al almirante Sandy Woodward, coman-dante de la Fuerza de Tareas Británica. De alguna forma, los británicos debían neutralizar el portaaviones.
Pocos días antes, el 12 de abril, el submarinoHMS Spartan había llegado a las aguas próximas a Puerto Argentino, luego de 11días de navegación desde su base en Escocia. Con su arribo se hizo efectiva la Zona de Exclusión Marítima (ZEM), anunciada por los británicos el 9 de abril, consistente en un círculo de 200 millas náuticas de radio a partir de un punto ubicado aproximadamente en el centro de las islas. Pero esta regla sólo se aplicaba a buques argentinos. Esta restricción sería �sin perjuicio del derecho del Reino Unido de tomar cualquier medida adicional que se requiera en ejercicio de su derecho a autodefensa, en los términos del artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas�, cláusula adicional que acompañaba el anuncio de la ZEM.
Dos días más tarde -14 de abril -, el comandante del HMS Splendid, Commander Roger Lane -Nott, envió un mensaje a Northwood anunciando que se encontraba en posición entre las islas y el continente. Poco más tarde se le ordenó dirigirse más al norte para localizar al ARA 25 de Mayo.
La Royal Navy presionaba al Gabinete de Guerra para tener Reglas de Enfrentamiento más flexibles. Los submarinos nucleares (SSN) no podían atacar buques de superficie a menos que fuera en defensa propia, pero sí a submarinos convencionales que fueran detectados. El Gabinete de Guerra se reunió en la mañana del 22 de abril y discutió que si se decidía interceptar al grupo del portaaviones con uno de los submarinos, a éste le tomaría unas 36 horas para llegar a la posición estimada. Entonces, se consideró que como no podía ordenarse un ataque sobre el portaaviones con las reglas de enfrentamiento existentes, no tenía sentido emplear un SSN sólo para exploración.
Pese a ello, el 23 de abril,
el HMS Splendid detectó el portaaviones navegando hacia el sur a
pocas millas de la costa desde su base de Puerto Belgrano. Como el submarino
se encontraba muy alejado de la ZEM, no podía atacarlo. Inmediatamente
transmitió un mensaje para obtener el cambio en las Reglas de Enfrentamiento
y así atacar al buque. Al recibir el rechazo de su pedido, el comandante
del submarino recuerda: �Fue un momento extremadamente frustrante. Realmente
pensé que lo tenía�. El HMS Splendid debió abandonar el
contacto.
Ese día se envió un mensaje de advertencia al gobierno argentino, difundido ampliamente en los medios: El Gobierno de Su Majestad desea dejar en claro que cualquier aproximación por parte de buques de guerra argentinos, incluyendo submarinos, embarcaciones auxiliares o aviones militares que puedan constituir una amenaza e interferir con la misión de las fuerzas británicas en el Atlántico Sur, se enfrentarán a una respuesta adecuada. Ante la proximidad de la Fuerza de Tareas a las Malvinas y los nuevos informes de inteligencia, el día 24 se ordenó nuevamente al HMS Splendid realizar exploración y prepararse para acciones ofensivas contra el portaaviones.
El 26 de abril, a la altura de Comodoro Rivadavia, el HMS Splendid avistó
a dos destructores argentinos, el ARA Hércules y el ARA Santísima
Trinidad, navegando hacia el sur a lo largo de la costa argentina, acompañados
de tres fragatas armadas con misiles Exocet. Luego de una persecución
de 24 horas, inexplicablemente, recibió la orden de suspender la persecución
para ir a buscar el portaaviones más hacia el norte. �No podía
entender por qué querían que me alejara de los escoltas, cuando
en el curso normal - por definición - el portaaviones debía reunirse
con ellos o viceversa�, manifestó Lane-Nott. Ese mismo día se
presentó en Chequers la necesidad de preparar específicamente
un ataque sobre el portaaviones. Todos los ministros coincidían en que
resultaba esencial proteger a la fuerza anfibia de desembarco en el momento
de máximo peligro.
El primer paso era el cierre de la pista aérea de Puerto Argentino para evitar que cualquier aeronave pudiera interferir en un desembarco. El ARA 25 de Mayo quedaría entonces relegado para un delicado segundo paso.
En esa reunión del Gabinete de Guerra, el Primer Lord del Almirantazgo, Sir Henry Leach, advirtió que las defensas aéreas británicas podrían quedar muy expandidas de no neutralizar el portaaviones. John Nott, secretario de Defensa, se preocupaba por la �horrible lógica� que veía con el ataque a los aeropuertos como una movida después de aquélla. William Whitelaw,secretario de Interior, se preguntaba si la opinión pública estaba lista para el hundimiento de un portaaviones.
Mientras que la Primer Ministro, Margaret Thatcher, tenía la visión de que sería más aceptable que los ataques sobre los aeródromos, que podían ser interpretados como poniendo en riesgo a civiles. Si bien Leach compartía la posición, insistió en que era esencial anular el portaaviones par-a la seguridad de la fuerza anfibia, y que se necesitaba hacerlo a más tardar para el 3 de mayo.
Se asumió que era una decisión muy trascendente como para tomarla en ese momento, por lo que en una nueva reunión Nott debía presentar las Reglas de Enfrentamiento apropiadas por si resultaba necesario atacar al portaaviones, y sobre la posibilidad de realizar una advertencia previa al gobierno argentino.
Resultaba esencial para la seguridad de la Fuerza de Tareas británica que se tomaran medidas preventivaspara neutralizar un ataque. Al día siguiente - 27 de abril -, Lewin propuso un borrador que inclu&ía: la naturaleza, alcance y tiempos de la amenaza impuesta por el portaaviones; las operaciones disponibles para el Comandante de la Fuerza de Tareas para proteger la fuerza anfibia; las implicancias de inducir la amenaza, ya sea autorizando ataques preventivos o declarando zonas especiales; las ventajas y desventajas de otorgar una advertencia de las intenciones británicas, y la acción a tomar en relación a los sobrevivientes de un eventual ataque.
Entonces surgió el problema más crítico: la Regla de Enfrentamiento 206. Bajo esta regla, se delegaba la autoridad para asumir que el ataque de una unidad enemiga era el primero de un conjunto de ataques múltiples coordinados. Así, se podría atacar a todas las unidades amenazantes� para reducir el eventual riesgo sobre la Fuerza de Tareas. El alcance del concepto �unidad amenazante� podría variar, pero en casi todos los supuestos incluía el portaaviones. Pero la regla - que aparentaba ser suficiente - sólo se aplicaba a aeronaves o buques de la Royal Navy, no a los submarinos.
Continuará...